¿Por qué mi bebé de 1 año no quiere comer? Causas y soluciones

10.12.2025

Uno de los motivos más frecuentes de consulta al pediatra es la alimentación. Es común escuchar a los padres decir: "Es que mi niño no me come" o "mi niña come poco". Sin duda, es uno de los temas que genera más preocupación y angustia en las familias.

Los niños comen la cantidad necesaria para cubrir sus necesidades de crecimiento y energía. Pero entre el primer año de edad y los 5 años es normal que pierdan un poco el apetito. No obstante, mientras tenga un buen nivel de energía y esté creciendo con normalidad, lo más probable es que la pérdida de apetito sea un proceso natural.

¿Por qué mi hijo no tiene hambre?

El crecimiento entre los 1 y 5 años es más lento y necesitan menos calorías y al parecer tienen menos apetito (esto se llama «anorexia fisiológica»). La cantidad que un niño decide comer es controlada por el centro del apetito localizado en su cerebro.

Muchos padres tratan de obligar a su hijo a comer más de lo que necesita, porque temen que la falta de apetito del niño pueda afectar a su salud o causar una deficiencia nutricional. Si el pediatra que controla al niño no observa ningún problema en el desarrollo del niño no hay que forzarlo a comer ya que podría producir sentimientos negativos hacia la comida.

Además, existen otras causas comunes por las que un niño/a puede no querer comer:

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  1. Presencia de una enfermedad aguda: Es frecuente que los niños/as pierdan el hambre en el contexto de una infección como un resfriado, una gastroenteritis, amigdalitis, otitis u otro.
  2. Cambios en la rutina habitual: Cualquier cambio en la rutina habitual de un niño/a puede provocar alteraciones puntuales en la alimentación o también en el sueño.
  3. Desequilibrio entre las expectativas y lo que realmente necesita el niño/a: Hay peques sanos con un desarrollo normal y un crecimiento correcto que comen poco pero lo suficiente para ir creciendo dentro de sus gráficas de crecimiento.
  4. Etapas normales del crecimiento: El crecimiento no es un proceso lineal, los peques irán regulando su ingesta en función de sus necesidades.
  5. Exceso de ingesta de alimentos muy calóricos pero poco nutritivos que desplazan el resto de alimentación: Algunos ejemplos de estos alimentos serían las galletas, los yogures de sabores, los zumos envasados, los batidos, los dulces, las patatas chips.

¿Qué pueden hacer los padres?

Dejar que el niño decida cuánto va a comer a la hora de la comida. Casi todos los niños comen una cantidad suficiente. Si el niño tiene hambre, comerá. Si no es así, tendrá hambre a la siguiente comida.

  • Realizar 5 comidas al día pero con moderación en los tentempiés de media mañana y media tarde.
  • No picar entre horas para evitar que el niño se sacie y luego no tenga hambre. Hay que asegurarse de que el niño llegue a la hora de la comida con el estómago vacío.
  • El niño debe comer solo y se ha de fomentar su autonomía.
  • Hacer la hora de la comida agradable y que el niño participe en la elaboración de los platos.
  • Evite que la conversación en la mesa se centre exclusivamente sobre la comida.
  • No prolongar la hora de la comida: dar un tiempo razonable para comer.
  • Tomar demasiada leche puede llenar a los niños y disminuir su apetito. Limite la cantidad de leche a 500 ml al día ya que la leche contiene tantas calorías como la mayoría de los alimentos sólidos.

Falta de apetito en niños de 2 a 3 años

Durante esta etapa, es habitual que los niños experimenten una disminución natural del apetito debido a un ritmo de crecimiento más lento y a la necesidad de menos calorías. Además, factores como infecciones leves, cambios en la rutina diaria, estrés emocional o aburrimiento con la comida pueden influir en su apetito.

Los signos de falta de apetito incluyen rechazo constante a los alimentos, disminución en la cantidad de comida ingerida y pérdida de interés en las comidas que antes disfrutaban. Es importante observar si estos síntomas persisten y si se acompañan de otros signos como pérdida de peso o cambios en el estado de ánimo.

Soluciones y tratamientos

  • Establecer rutinas alimentarias: Ofrecer comidas y refrigerios pequeños y frecuentes puede ayudar a mejorar el apetito.
  • Ambiente positivo durante las comidas: Crear un entorno tranquilo y sin distracciones favorece una mejor alimentación.
  • Involucrar al niño en la preparación de alimentos: Esto puede aumentar su interés por la comida.

Falta de apetito en niños de 3 a 4 años

En esta etapa, la falta de apetito puede deberse a factores como cambios en el crecimiento, enfermedades, estrés emocional, problemas dentales o hábitos alimenticios inadecuados. Es fundamental identificar y abordar estos factores para ayudar al niño a recuperar su apetito de manera saludable.

Además de la disminución en la ingesta de alimentos, pueden presentarse síntomas como irritabilidad, fatiga o pérdida de peso. En ese sentido, se estima que hasta un 20-30% de niños sanos y un 80% de niños con necesidades especiales sufren algún tipo de trastorno de la alimentación.

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Las causas por las que un bebé no quiere comer son variadas. Los problemas para comer en los bebés pueden aparecer desde el inicio de la vida del niño. No obstante, se pueden dar en cualquier etapa.

Los bebés no quieren comer por diferentes razones. Puede tratarse de niños que comen poco, niños con una ingesta selectiva y niños con un rechazo global de la alimentación. A veces, se debe a que son niños muy activos, enérgicos y curiosos y están mucho más interesados en jugar y hablar que en comer. En otras ocasiones sí se debe a problemas psicológicos importantes o bien a enfermedades orgánicas.

En este grupo, se incluyen a los bebés que tienen lo que se conoce como neofobia. Esto puede darse al iniciar la alimentación complementaria o bien más adelante. Por otra parte, hay niños pequeños que tienen una selectividad alimentaria leve, por lo que se les tacha de "caprichosos".

Cualquier situación traumática con la alimentación puede causar miedo a comer en los niños. Dentro de este grupo también se incluyen a los lactantes cuyos padres interpretan su llanto como hambre cuando no lo es.

Para ello, se debe establecer un horario regular de comidas: se debe programar un número de tomas (4-5 al día) y con cantidades acordes a la edad. Tampoco hay que obligar, insistir o presionar al niño para que coma.

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Una de las causas es que, a partir de los 2 años, los niños crecen más despacio. Durante el primer año de vida el crecimiento es muy rápido. El peso al nacer se duplica a los 5 meses, se triplica al año y se cuadriplica a los dos años. Por lo tanto, a partir de los 2 años las necesidades de alimento son menores.

Como no crecen de forma continua, y además la velocidad a la que crecen es menor, hay temporadas que tienen más apetito y otras en las que “no comen nada”. Los padres pueden estar preocupados porque los niños comen pocas cantidades.

A veces, a la hora de las comidas los padres se desesperan y se sienten impotentes, cuando sus hijos no quieren sentarse en la mesa, o cuando al ponerles la comida dicen frases como: “esto no me gusta”, “esto no lo quiero”, “yo quiero esto otro”… Sobre todo si se acompañan de enfados y “pataletas”.

La cantidad la debe decidir siempre el niño, según su apetito y necesidades, y no los adultos. Por lo tanto, es mejor poner poca cantidad en su plato y dejarle que pida más si lo desea.

Los gustos y desagrados del niño por la comida deben ser respetados dentro de lo razonable: no hace falta “comer de todo” desde los 2 años, sino que tome algún alimento de cada grupo (alguna fruta, verdura etc). A los dos años están muy interesados en hacer las cosas por si mismos.

El menú se puede adaptar de forma razonable a los gustos de los niños. Si el niño no quiere probar un alimento no hace falta cambiarlo y preguntarle que otra cosa quiere.

El que coma cuando está distraído, ya viendo la televisión o entreteniéndole, conlleva que el niño no desarrolle un control sobre lo que come, y puede ingerir más de lo que necesita. Si no quiere comer, se le puede dejar sin alimento hasta la siguiente comida. De forma tranquila.

Un niño puede decir “esto no me gusta”, “esto no lo quiero” y está afirmando su personalidad. Cuidado con los alimentos lácteos ya que puede no querer ningún alimento más que leche o derivados.

Hay niños que comen con mucha lentitud. Al niño no hay que meterle prisas para comer. El adulto establece qué tiempo se le va a dar al niño para comer y explicárselo.

En resumen, los padres son los encargados de que los alimentos sean variados y nutritivos, pero la cantidad siempre la deciden los niños. Esta actitud ayudará a prevenir la obesidad, además de conseguir que toda la familia disfrute con las comidas.

¿Cuándo acudir al Pediatra?

Ante cualquier duda, siempre es recomendable que consultéis con vuestro pediatra.

Para que el pediatra pueda descubrir si hay algún problema de fondo, es necesario definir exactamente qué quieres decir cuando afirmas que tu bebé no come. ¿Tu hijo siempre ha comido bien? No todos los bebés, y las personas en general, muestran la misma actitud ante la comida. ¿Come menos o rechaza la comida? No es lo mismo que no coma absolutamente nada, a que tolere y acepte solo ciertos alimentos. ¿Qué edad tiene?

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