¿Por qué mi bebé no quiere comer alimentos complementarios? Causas y soluciones
Las mayores preocupaciones de las familias en torno a la alimentación suelen ser que sus bebés no coman o que rechacen alimentos a la hora de comer. Aunque cada caso es particular y siempre se debe analizar de forma personalizada, hay algunos factores comunes que suelen influir.
Introducción a la alimentación complementaria
En primer lugar, si tu bebé ha empezado la alimentación complementaria recientemente, puede que tengas la percepción de que apenas come. Pero como su propio nombre indica, la alimentación en esta etapa tiene el objetivo de complementar a la leche que es su alimento principal. Es normal que no ingiera muchos alimentos porque antes del año obtiene prácticamente todo el aporte calórico y nutrientes que necesita de la leche.
Recuerda que la alimentación entre los 6 y 12 meses tiene la función de que el bebé se relacione de forma positiva con los alimentos, aprenda, experimente con las diferentes texturas, sabores y siente las bases de su futura alimentación.
¿Cuándo y por qué mi bebé rechaza alimentos?
Aunque se encuentre en la fase de alimentación complementaria, pueden aparecer momentos de rechazo de comidas. Y es que, tal y como indica la Asociación Española de Pediatría, es más probable que tu bebé rechace alimentos si introduces los sólidos más tarde de los ocho o nueve meses.
Esto ocurre porque los bebés que se acostumbran a comer siempre triturados tienen más problemas para aceptar los alimentos en su formato original porque son texturas, formas, colores y sabores que no reconocen. Esta dificultad para aceptar alimentos nuevos o texturas que no les resultan familiares también recibe el nombre de neofobia alimentaria.
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Sin embargo, a partir de los 10 meses o el año, también es posible que, a pesar de haber introducido alimentos sólidos o practicado el BLW, de un día para otro comience a rechazar diversos alimentos. Esto es muy frecuente y se le conoce como la crisis del año.
La crisis del año: Rechazo y/o reducción de ingesta
El rechazo de alimentos y la reducción de la cantidad de ingesta alimentaria suelen ser motivos de alarma para las familias, pero son dos características comunes durante la etapa de la crisis del año. Esta crisis no siempre comienza cuando cumplen el año. Hay bebés que empiezan alrededor de los 10 meses y puede durar hasta los dos años o más. ¡Recuerda, cada bebé es distinto!
Cuando los niños atraviesan esta etapa hay días que no comen prácticamente nada y/o presentan una fuerte selectividad alimentaria, es decir, rechazan alimentos. A su vez, estas “huelgas de hambre” se intercalan con periodos en los cuales comen una buena cantidad de comida y toleran mejor los alimentos que suelen coincidir con sus picos de crecimiento.
El crecimiento alrededor del año se ralentiza. Es decir, no crecen a la misma velocidad que cuando son recién nacidos, por tanto, se reduce la cantidad de calorías diarias que necesitan para desarrollarse. Así que, por un lado, no necesitan tanta energía para crecer, y por otro, tienen una gran curiosidad por explorar el entorno debido a su desarrollo neurológico y la comida deja de ser una novedad para ellos.
Por estos motivos, ya no le dedican tanto tiempo a las comidas y tienen preferencia por otros estímulos que les resulten más atractivos. De manera que, los bebés desarrollan una estrategia muy práctica durante esta etapa que consiste en obtener de las comidas la máxima cantidad de energía en el menor tiempo posible. Por esta razón, tienden a rechazar más las verduras y las frutas, ya que su aporte calórico es inferior al que proporcionan las proteínas y los hidratos de carbono.
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Las familias suelen angustiarse cuando sus peques atraviesan esta etapa y aunque se debe analizar cada caso, en principio no se trataría de nada patológico. Ahora bien, si tu bebé además de comer poca cantidad o rechazar alimentos empieza a perder peso y/o notas que tiene menos energía, te recomiendo acudir al pediatra para que valore si su estado de salud es adecuado.
Otros motivos por los que un niño/a puede no querer comer
Uno de los motivos más frecuentes en la consulta del pediatra es el tema de la alimentación. Sin duda es uno de los temas que genera más preocupación y angustia a las familias.
- Presencia de una enfermedad aguda: Es frecuente que los niños/as pierdan el hambre en el contexto de una infección como un resfriado, una gastroenteritis, amigdalitis, otitis u otro. Suele ser una perdida de hambre reciente y transitoria, y cuando se resuelva el episodio, el hambre vuelve. Ante un peque que no tiene hambre, lo primero que siempre tenemos que descartar es que no haya ningún signo de alarma que haga sospechar una enfermedad. Algunos signos de alarma son: la fiebre, las diarreas, los vómitos, el dolor de barriga, la tos…
- Cambios en la rutina habitual: Cualquier cambio en la rutina habitual de un niño/a puede provocar alteraciones puntuales en la alimentación o también en el sueño. Esto lo podemos ver en el contexto de viajes, si ha habido el nacimiento de un hermanito o hermanita, con el inicio de la escuela o de la escuela infantil… Los niños son muy sensibles a los cambios así que es normal que hasta que no se adapten a la nueva situación puedan comer menos.
- Desequilibrio entre las expectativas y lo que realmente necesita el niño/a: Hay peques sanos con un desarrollo normal y un crecimiento correcto que comen poco pero lo suficiente para ir creciendo dentro de sus gráficas de crecimiento. En estos casos es habitual que coman menos de lo que la familia espera de ellos. Debemos revisar qué expectativas en relación a la alimentación tienen los padres para ajustarlas a la realidad y hacer un registro dietético para comprobar que la ingesta sea la adecuada tanto en relación a la energía como en los nutrientes.
- Etapas normales del crecimiento: El crecimiento no es un proceso lineal, los peques irán regulando su ingesta en función de sus necesidades. Por ejemplo, durante el primer año los bebés crecen muy rápido y por tanto ingieren más cantidad de alimentos. Pero a partir del año de vida este ritmo va más lento. A partir de los 2 años el crecimiento va mucho más despacio, nuestro cuerpo se autoregula y se adapta a la nuevas necesidades, por lo que el peque pasa a comer menos. Es totalmente fisiológico, como no necesita crecer tanto como el primer año, tampoco necesita comer tanto. Además, a esta edad es más difícil que se mantengan sentados en la mesa ya que tienen mucho interés por el mundo que les rodea.
- Exceso de ingesta de alimentos muy calóricos pero poco nutritivos que desplazan el resto de alimentación: Algunos ejemplos de estos alimentos serían las galletas, los yogures de sabores, los zumos envasados, los batidos, los dulces, las patatas chips… Todos estos son alimentos poco saludables y de baja calidad nutricional. Un exceso en su ingesta puede generar una falsa pérdida de hambre, ya que son alimentos que sacian y que por tanto desplazan la ingesta de otros alimentos saludables como la fruta o la verdura.
Recordad, cada niño/a es diferente y su interés por la comida puede ser que vaya cambiando con el tiempo. Ante cualquier duda, siempre es recomendable que consultéis con vuestro pediatra.
Consejos para superar la crisis del año si tu bebé rechaza alimentos
Mi primera recomendación es que tengas mucha paciencia y confíes en las señales de hambre y saciedad de tu hijo porque su organismo tiene la capacidad de autorregularse basándose en sus necesidades.
Aunque te preocupe que no coma lo suficiente, nunca le fuerces ni le obligues a comer. Ya que esto puede hacer que asocie las comidas con momentos desagradables y traer una serie de consecuencias negativas:
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- Provocar que su mecanismo de hambre-saciedad se atrofie y no sepa reconocer correctamente las señales de su organismo.
- Dar lugar a la aparición de enfermedades metabólicas como la obesidad o la diabetes.
- Desarrollar trastornos alimentarios en el futuro.
- Repercutir en el vínculo afectivo entre tu peque y tú.
¿Debo de darle otros alimentos si rechaza alimentos?
Otro punto importante es que no dejes de ofrecerle todos los alimentos a pesar de que los rechace, ya que de lo contrario podría no volver a aceptarlos. Los primeros años son cruciales para que tu bebé consolide sus preferencias alimentarias, por ende, si quieres conseguir que tenga unos hábitos saludables, debe tener acceso a todos los grupos de alimentos. Si dejas de ofrecerle algunos alimentos porque suele rechazarlos, fomentas que cada vez acepte menor variedad de alimentos. ¡Y no queremos que al final solo coma cuatro cosas!
Otra de las estrategias que enseño a las familias es cambiar el formato de los alimentos para hacerlo más divertido y llamativo para los peques. Por ejemplo, puedes ofrecer las verduras en pizzas, hacer hamburguesas con formas, presentar los platos haciendo dibujos sencillos con los alimentos, etc.
También te animo a involucrarles en las elaboraciones dejándoles que participen en el proceso de cocinado ya que favorece la aceptación de los alimentos a la vez que les ayuda a desarrollar su autoestima y a sentirse realizados.
Estos son algunos consejos generales que pueden ayudarte a afrontar esta etapa.
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