Mi hijo se queda con la mirada perdida: Causas y qué hacer
Si algo agobia a los padres es una sospecha de que el desarrollo neurológico va mal. Y no es para menos, el peso y la talla pueden afectar al futuro de tu hijo, pero su capacidad intelectual es evidente que mucho más, si tienes sospechas de que el desarrollo de tu hijo no va bien, fíjate en su mirada. Y si su mirada te hace sentir que las sospechas tienen fundamento, consulta al pediatra.
Valorar el estado de desarrollo de un niño es bastante más complejo, dada la importancia de los primeros años, la intervención temprana es crucial, por ello es fundamental la detección precoz de cualquier síntoma, los más frecuentes del desarrollo suelen incluir casi siempre una “mirada perdida” o “poco despierta”.
Sin embargo no podemos asustarnos al primer síntoma, pues no mirar a los ojos significa que puede tener alguna dificultad o no sea nada más que timidez o inmadurez del niño, es importante observar si nuestro hijo se relaciona con otros niños, los busca o es capaz de jugar con ellos, también si al contar sus hazañas o juegos, mira a cualquier lado menos a la cara de su interlocutor, pero lo relata todo muy bien.
Epilepsia infantil
La epilepsia infantil es el trastorno neurológico más frecuente en los niños, con una expresividad clínica variable y que evoluciona de muy diversas formas y gravedad. El principal síntoma o manifestación de la epilepsia son las crisis con convulsiones producidas por descargas eléctricas excesivas de las neuronas del cerebro. Sin embargo, solo se considera epilepsia cuando ocurren más de una crisis no provocada y recurrente. Solo se confirma un diagnóstico definitivo de epilepsia en el 1% de los niños.
Es importante destacar que la mayor parte de los casos de epilepsia infantil tienen un buen progreso y obedecen al tratamiento. La evolución de este trastorno en el niño varía en función de la etiología de la epilepsia (es decir, las causas), la edad del paciente y el tipo de epilepsia de que se trate. En la mayoría de los casos, es posible controlar la epilepsia con medicamentos antiepilépticos y unos buenos hábitos higiénicos. No obstante, el pronóstico de la epilepsia infantil varía mucho en función de la causa, la edad del paciente y el síndrome epiléptico que padezca.
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La probabilidad de alcanzar una remisión completa (periodo libre de crisis que se mantiene en el tiempo) a los 3 años del inicio del tratamiento es de entre el 59% y 68%, aumentando esta probabilidad hasta entre el 80% y el 90% para remisiones iniciales (periodo libre de crisis en algún momento de la evolución del paciente).
Existen numerosos factores que pueden provocar las crisis epilépticas en los niños. Algunos niños pequeños, entre 1 y 4 años, padecen convulsiones coincidiendo con fiebre elevada. La epilepsia es un trastorno complejo que tiene numerosas manifestaciones, lo que hace que haya muchos tipos de crisis cada uno con sus síntomas y sus características propias.
La epilepsia afecta al cerebro, y el cerebro de los niños es inmaduro y excitable lo que hace que pueda reaccionar de manera dispersa a los estímulos. Los síndromes epilépticos son un conjunto de síntomas que incluyen crisis y que se agrupan según los patrones y signos comunes que presentan.
Algunos tipos de epilepsia incluyen:
- Epilepsia ausencia infantil: Se presenta durante el primer año de vida, en lactantes.
- Crisis febriles: Estas crisis suelen comenzar entre el año y los 3 años de edad, son muy frecuentes cada día y con resistencia a los medicamentos.
- Epilepsia infantil con ausencias: Es la epilepsia más frecuente durante la infancia, afecta al 30% de niños con epilepsia, entre los 5 y los 13 años de edad. Los desencadenantes habituales son la privación del sueño y la fotoestimulación.
Diagnóstico de la epilepsia
Un aspecto fundamental a la hora de controlar bien la epilepsia es tener un diagnóstico rápido y certero, descartando otros trastornos paroxísticos no epilépticos que afectan al 10% de la población infantil. La realización de una historia clínica minuciosa por parte de un neuropediatra es esencial para determinar la etiología de la epilepsia.
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El EEG es una prueba no invasiva e indolora que no conlleva ningún riesgo para el niño y permite observar la actividad eléctrica de las neuronas de su cerebro (las ondas cerebrales). Las ondas cerebrales se recogen mediante unos electrodos colocados sobre el cuero cabelludo y el rostro del niño que lo transmiten a un ordenador. De esta forma se pueden registrar la actividad cerebral anómala -si la hubiera- entre las crisis.
En todos los niños menores de 5 años, el EEG implica un registro de sueño espontáneo. En esta prueba, los padres pueden ayudar llevando objetos que ayudan a tranquilizar al niño y favorecer su sueño, como chupetes, peluches o mantitas. En el caso de los niños mayores de 4 años, se recomienda acostar a los niños, la noche anterior, hacia medianoche y que los despierten en torno a las 5 de la madrugada, con el objetivo de obtener un registro de la siesta después de un buen almuerzo.
En ocasiones, el EEG se combina con una grabación de vídeo del niño, de forma que también queda registrado en imágenes su comportamiento durante el sueño. En el caso de sospecha de epilepsia fotosensible se recomienda realizar la prueba de estimulación luminosa en la que se expone al niño a luces intermitentes, tanto con los ojos abiertos como cerrados.
Tratamiento de la epilepsia
En la actualidad, la epilepsia es relativamente fácil de tratar con medicación en función del tipo de crisis epiléptica, además de evitar la incidencia de las crisis y mantener unos hábitos saludables que contribuyan a evitar la reducir la probabilidad de que ocurran. Hoy en día contamos con tres generaciones de medicamentos antiepilépticos de diferentes mecanismos de acción y eficacia. Es el neurólogo quien debe seleccionar el que mejor se adapta a cada paciente, valorando el menor número de efectos secundarios.
Los medicamentos más modernos son comparables en eficacia y tienen menos efectos adversos que los de generaciones anteriores y suelen ser bien tolerados por los niños. Aparte de las diferencias en la "generación", los antiepilépticos se dividen en diferentes grupos según su mecanismo de acción: algunos son efectivos para un cierto tipo de canales nerviosos, y otros tienen un efecto combinado en varios procesos a la vez.
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La mayor parte de los niños con epilepsia suele tener una capacidad cognitiva dentro de la normalidad. En este escenario, hay que valorar la causa de la epilepsia, ya que en el caso de niños con parálisis cerebral o retraso mental, existe un mayor riesgo de sufrir epilepsia. Los niños con epilepsia pueden llevar una vida completamente normal, pero debe tenerse presente que existen una serie de condiciones de orden neuropsicológico que acompañan a los síntomas generales de epilepsia.
Trastornos del sueño
Algunos trastornos del sueño pueden manifestarse con síntomas que incluyen la mirada perdida:
- Sonambulismo: Niño que estando dormido, se levanta de la cama y hace actividades que pueden ser habituales. Presenta mirada fija y perdida, desorientación y menor reactividad a estímulos, se levanta, después vuelve a la cama o puede seguir durmiendo en cualquier otro lugar. Es difícil despertarlo y si se hace se muestran confusos y desorientados. Tienen amnesia del episodio. Suelen ser episodios únicos cada noche, de unos 10 minutos de duración. Suele iniciarse a partir de los 6-8 años (máxima prevalencia a los 12 años), y desaparece antes de los 15 años. Hay una incidencia familiar.
- Bruxismo: Rechinar los dientes durante el sueño. Aunque se haya relacionado con la presencia de parásitos intestinales, no siempre es así. Puede haber un sustrato emocional (estrés, ansiedad). Los niños pueden tener dolor en mandíbula, sensibilidad de los dientes, o dolor de cabeza al despertar.
- Hablar en sueños: Desde sonidos ininteligibles hasta frases coherentes, con contenidos afectivos, o de acontecimientos recientes. Favorecida por fiebre, ansiedad o tensión emocional.
- Terrores nocturnos: Aparecen al inicio del sueño, consisten en: gritos, los padres le encuentran sentado, aterrorizado, gesticulando, con verbalización de contenido terrorífico, acompañado de palidez, sudoración y palpitaciones y activación motoras. Se resiste a que le toquen o sujeten, movimientos de defensa, o de huida apresurada. No reconoce ni parece ver a los padres ni responde a los intentos de calmarlo. Es difícil despertarle, y si se hace, no recuerda el episodio. Cede en pocos minutos espontáneamente. Se inician entre los 2 y los 4 años y desaparecen progresivamente, aunque pueden persistir hasta la adolescencia. Es más frecuente en varones.
- Confusión al despertar: Pueden parecerse a los terrores anteriormente descritos, pero sin contenido terrorífico. Suelen llamar a los padres, emitir palabras ininteligibles, a veces con irritabilidad o agresividad. No se consuelan ni responden adecuadamente a las preguntas. Los intentos para acabar con el episodio pueden hacer más intensos los síntomas. Puede haber palpitaciones o sudoración. Ceden en pocos minutos sin recordar lo sucedido. Comienza típicamente a los 5 años.
- Pesadillas: Son sueños con experiencia de miedo que generalmente produce un despertar con sensación de angustia. Se producen más frecuentemente al final de la noche y a diferencia de los terrores, el niño se despierta de forma completa, orientado, recuerda el sueño y lo relata con detalle. Se calma con relativa facilidad con los padres.
- Movimientos rítmicos del sueño: Movimientos o conductas ausentes de significado, repetitivos, que se asocian a la transición vigilia-sueño. Se inician entre los 6 y 12 meses y desaparecen espontáneamente antes de los 3-4 años. Los movimientos pueden consistir en balanceos del cuerpo, con el niño en postura de gateo, movimientos o giros de cabeza golpeándose contra la almohada. Suelen ser suaves y esporádicos y no son motivo de alarma para los padres, aunque en ocasiones son muy frecuentes e intensos, crean gran angustia y pueden requerir tratamiento farmacológico.
- Mioclonías del sueño: Son contracciones musculares involuntarias al inicio del sueño, más frecuentes en las piernas. El niño no es consciente de los episodios, pero a veces hay sensación de "caída", que le puede despertar, y acompañarse de un grito. Ocurren a cualquier edad.
- Calambre nocturno: Sensación dolorosa de agarrotamiento, habitualmente en gemelos o pie, que provoca el despertar. Dura segundos o minutos.
- Síndrome de piernas inquietas: Sensación desagradable de hormigueo en las piernas cuando están en reposo, tanto en sentado como tumbado, y que provoca una necesidad irresistible de moverlas. Más frecuentes a última hora de la tarde y en la primera mitad del sueño, pudiendo causar despertares frecuentes. Es más frecuente en niños hiperactivos y asociarse a anemia.
- Narcolepsia: Los niños con narcolepsia desarrollan somnolencia excesiva y "ataques incontrolables de sueño" durante los cuales se quedan dormidos contra su voluntad. En ocasiones se observan caídas bruscas desencadenadas por emociones fuertes (risa, sustos…). Comienza por lo general durante la pubertad, pero puede hacerlo antes.
¿Qué es la epilepsia?
La epilepsia es un trastorno del cerebro. Es una enfermedad común. La pueden tener hasta el 1% de los niños menores de 14 años. El ataque o crisis convulsiva se produce por descargas eléctricas que son anormales y excesivas en las neuronas. Estas suelen ser de corta duración: desde segundos a minutos. Durante las crisis el niño puede perder el control de su cuerpo.
Las convulsiones pueden estar causadas por varios motivos. Las convulsiones por la fiebre se dan en el 3-5% de todos los niños y siempre con fiebre. También puede haber convulsiones por la bajada de azúcar, meningitis, golpes fuertes en la cabeza, drogas, intoxicaciones etc. En este caso, cuando se cura la enfermedad no hay más convulsiones.
A veces, las crisis pueden ser favorecidas por: la fiebre, los destellos fuertes de luces intermitentes (discotecas, TV, videojuegos), la falta de sueño, el estrés, la regla, el alcohol o las drogas. También si no se toma la medicación todos los días y a las dosis que se recetan. Si sólo se ha tenido una sola crisis no quiere decir que se tiene epilepsia. En la epilepsia, las convulsiones se dan más de una vez.
La epilepsia no es una enfermedad psiquiátrica ni afecta siempre a la inteligencia. No se contagia.
¿Qué síntomas puede presentar el niño epiléptico?
Se llama convulsión focal si las descargas eléctricas se dan en una parte del cerebro. Se llama convulsión generalizada si afecta a todo el cerebro a la vez. Pueden causar o no pérdida de conocimiento.
Hay muchos tipos:
- Crisis de ausencia: El niño se queda con la mirada perdida o está ausente durante unos segundos.
- Convulsión generalizada: Pérdida brusca del conocimiento, caída al suelo, rigidez y sacudidas de brazos y piernas.
Otros síntomas pueden ser: como si el niño estuviera aturdido, movimientos como de masticar, caminar sin rumbo, habla confusa, mareo brusco con caída al suelo, sensaciones o emociones extrañas, sacudidas masivas, súbita y breves de una o más partes del cuerpo, etc. Puede hacerse caca o pipí encima. Tras la crisis pueden quedar somnoliento o aturdido durante unos minutos.
¿Qué puede causar la epilepsia?
En más mitad de los niños no se sabe la causa. Se dice que son idiopáticos. En muchos casos hay antecedentes en la familia. Cada vez se identifican más alteraciones de los genes o de los cromosomas que se asocian con epilepsia.
En menos de la mitad de los casos hay un problema específico. Pueden ser: una meningitis, malformaciones, traumatismos, problemas durante o después del nacimiento, trastornos metabólicos, tumores cerebrales o accidentes cerebrovasculares.
¿Cómo se diagnostica?
Se miran los síntomas. El pediatra hará una historia, preguntando duración, tipo de movimientos, si hay pérdida de conocimiento o parte del cuerpo afectada. También hará una exploración completa al niño. Después podrá pedir:
- Electroencefalograma (EEG): Mide la actividad eléctrica del cerebro con unos sensores que se ponen en el cuero cabelludo. No duele. Busca cambios en la actividad eléctrica cerebral y puede localizar el lugar de la lesión. También puede ser necesario uno más largo que incluya el sueño. Es la mejor prueba para hacer el diagnóstico.
En ciertos casos se pueden tomar imágenes del cerebro con una TAC o una resonancia magnética si se sospecha una anomalía cerebral. A veces se piden: análisis de sangre y estudios genéticos.
¿Tiene tratamiento la epilepsia?
Los medicamentos para la epilepsia frenan las crisis pero no curan la enfermedad. Si se toman con regularidad las crisis se pueden controlar o reducir en la mayoría de los casos. No todos los medicamentos son válidos para todos los tipos de epilepsia.
A veces su médico tendrá que variar la dosis o el tipo de fármaco, en función del control de las crisis, Si el control es malo puede ser necesario asociar varios fármacos. Ningún medicamento para la epilepsia es perfecto. Como pasa con todos los medicamentos, es posible que haya efectos secundarios. Los más comunes son el cansancio, el niño parece más lento y alteraciones en el ánimo o la conducta. Si los padres notan algo raro deben hablar con su pediatra. Si los efectos secundarios son importantes puede ser necesario cambiar el tratamiento aunque esté bien controlado.
En muy pocos niños que toman medicinas y siguen teniendo crisis puede ser que le hablen de: la cirugía cerebral, la implantación de un marcapasos en el nervio vago o seguir ciertas dietas.
¿Se puede curar?
Va a depender del tipo de epilepsia, la edad de inicio, si tiene otra enfermedad asociada y si se controlan las crisis con medicación. El pronóstico de la epilepsia en los niños suele ser mejor que en el adulto. A largo plazo, el 70% de los niños no tienen convulsiones y de éstos el 80% no necesitan tomar medicinas. Del 30% que sigue con convulsiones entre 15-20% no responde a las medicinas.
Desarrollo infantil y la mirada perdida
Cuando los pequeños crecen y se desarrollan puede ser que algo no se dé correctamente. Los bebés podrán tener la mirada perdida, los ojos introvertidos o problemas de percepción. Será muy importante controlar esta complicación, ya que podrá ser síntoma de alguna enfermedad.
Cuando los bebés crecen, vamos siendo conscientes de cómo se está produciendo su desarrollo. Así, en algunas ocasiones, podremos apreciar que los pequeños no crecen cómo deberían y, por eso, debemos estar alerta. Puede ser que el bebé tenga la mirada perdida, los ojos introvertidos y problemas de percepción, síntomas que podrán ser posibles indicios de alguna anomalía mental, aunque también podrá depender de la edad del pequeño.
La mirada recurrente en los niños puede indicar la presencia de dos tipos de padecimientos: visuales o del sistema nervioso. Por eso, los especialistas recomiendan mantener un control en el comportamiento visual de los pequeños y estar pendientes de cómo evoluciona. Si creemos que no lo hace cómo debería habrá que acudir a un especialista para que realice una pequeña revisión.
Lo primero que debemos saber es que los órganos visuales tienen un tiempo de adaptación para su funcionamiento correcto. Y, por eso, incluso después del parto, cada ojo continúa acostumbrándose a la recepción de los estímulos hasta llegar a su estado más óptimo.
Si tenemos contacto directo con nuestro hijo podemos notar que tiene unos movimientos extraños en los ojos. Esto se notará en el caso de que, por ejemplo, veamos que no enfoca cuando le estamos dando el biberón, y nos podrá indicar que se trata de un problema de estrabismo. Hay que tener en cuenta que una mirada dispersa podrá ser normal, pero hasta cierto punto.
Cuando los niños son muy pequeños, sus ojos podrán estar un poco desorbitados hacia adentro, lo que indicará que los órganos visuales están aún adaptándose a cumplir su función. En estos casos, los padres podrán desarrollar algunas actividades y ejercicios que ayudarán a los pequeños. No obstante, este contratiempo deberá superarse cuanto antes, principalmente, a partir del sexto mes de vida.
En el caso de que esto no suceda, el especialista podrá diagnosticar una enfermedad e iniciar un tratamiento médico. Además, cuanto más tiempo pase, más complicado será realizar la corrección. También, podrás observar que tu pequeño tiene la mirada perdida y que mire hacia otro lado cuando interactuamos con él. Así, existe la posibilidad de que se trate de un problema en su sistema nervioso y, en la actualidad, esto se relaciona con la presencia de algún grado en autismo de los niños. Por eso, en el caso de que tengamos alguna sospecha, lo mejor será consultar con un pediatra.
Será este quien encargará una revisión oftalmológica para llegar a un buen diagnóstico. Otras señales que tendremos que tener en cuenta será si el bebé no fija la mirada. Los niños, a partir de los tres meses, deben ser capaces de fijar y coordinar su mirada. Si no pueden y sus ojos se mueven constantemente probablemente es que hay algún problema. También, puede ser que el niño no siga a los objetos con la mirada, algo que será normal hasta cierta edad y se puede trabajar con ejercicios.
Otra posibilidad podrá ser que el pequeño mueva los ojos hacia una determinada dirección. Este síntoma demostrará poco control de los órganos oculares, así como una falta de alineación. El lagrimeo también podrá ser una posibilidad y se producirá cuando el bebé presente lágrimas constantes en los ojos, incluso cuando no haya llorado. Por eso, podría existir algún fallo en la función del parpadeo.
Esto no tendrá que suponer un estrés para el pequeño, ya que, en los primeros meses de vida, es normal que el niño no controle del todo su mirada. A partir de la quinta o la sexta semana, sí que el bebé deberá ser capaz de enfocar la vista. Además, de forma general, puede ser que esta falla ocular solamente se dé en uno de los ojos. Si a los dos o a los tres meses, este problema persiste, lo más recomendable será que el niño sea revisado por un especialista.
Un pequeño con un semestre de vida ya debe ser capaz de observar prácticamente como un adulto. Así, como ya hemos comentado, los padres tendrán una labor importante, ya que tendrán que ser los encargados de hacer los ejercicios estimulantes.
Tabla resumen de tipos de epilepsia
| Tipo de Epilepsia | Edad de Inicio | Características |
|---|---|---|
| Epilepsia ausencia infantil | Primer año de vida | Lactantes |
| Crisis febriles | Entre 1 y 3 años | Frecuentes, asociadas a fiebre |
| Epilepsia infantil con ausencias | Entre 5 y 13 años | Más frecuente en la infancia |
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