¿Es peligroso que mi hijo adolescente sea otaku? Guía para padres
Últimamente, ¿te parece que tu hijo adolescente te habla en chino? Que si Kirito, que si Kuriso, que si Naruto… Y cuando le dices que no sabes quiénes son esos personajes, te responde que es porque no eres otaku. Lo miras en internet, pero no termina de quedarte claro lo que significa. Y te preocupas, claro: ¿será peligroso que tu hijo adolescente sea otaku?
La verdad es que hay mucha confusión en torno a los otakus, pero hoy traemos información sobre este fenómeno, para que te tranquilices y puedas valorar en qué punto está tu adolescente.
¿Qué significa exactamente otaku?
Otaku es una palabra japonesa que significa, simplemente, fan, aunque se emplea para ridiculizar a las personas apasionadas del manga y el anime (las historietas y las películas de animación japonesas).
En Japón, otaku no significa solo que a una persona le gusten estos entretenimientos, sino que le gustan demasiado, que es capaz de incumplir sus obligaciones sociales (estudiar o trabajar) por quedarse mirando su anime, que tiene entretenimientos infantiles mucho más allá de la infancia y la adolescencia.
Fuera de Japón, aunque existe esta idea de que el otaku está infantilizado, y es un poco friki, el término es menos despectivo. En Occidente, un otaku es un aficionado a los animes, el manga y los videojuegos asociados a ellos, alguien que está al tanto de los productos de merchandising, de los nuevos episodios y series que se crean, a quien le gusta estar informado de lo que se mueve en ese mundo.
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El fenómeno aterrizó entre nosotros en los años 90, pero se ha visto muy respaldado por internet, pues la red ha facilitado la rapidez en la transmisión de la información.
¿Es malo que mi hijo adolescente sea otaku?
Ser otaku no es, en sí mismo, ni bueno ni malo. Por eso vamos a comentar, punto por punto, los principales peros que las familias ponen en este sentido.
Es negativo pertenecer a un grupo social muy cerrado en la adolescencia
Podríamos decir que los otakus son como una tribu urbana: personas que se unen porque tienen una pasión en común, y esta misma pasión les da una identidad que les diferencia de los otros (que no conocen ese mundo tan particular del anime y el manga).
Contrariamente a lo que muchas veces se cree, pertenecer a un grupo, en la adolescencia, no impide la formación de una personalidad propia, sino que supone un primer paso para ello: ayuda al adolescente a salir del núcleo familiar.
Más adelante llegará el cultivo de sus propios gustos; de momento, tener el reconocimiento de su grupo de iguales es suficiente. Así, el pertenecer a un grupo al que le gusta el anime puede ser, simplemente, una vía para encontrarse a sí mismo.
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El anime esconde violencia y pornografía bajo apariencia inocente
Como hemos dicho antes, anime solo significa serie de animación japonesa, y dentro de este formato hay diferentes géneros.
Toda madre o padre debe saber que hay mangas y animes que son extremadamente violentos, y también que son pornográficos. Eso no significa, claro, que todo el manga o el anime lo sea (Heidi, por ejemplo, es un anime).
Así que, de la misma manera que no sería justo condenar toda la industria cinematográfica de Hollywood solo porque algunos de sus títulos sean exclusivos para adultos, no deberíamos rechazar todo el anime por esta razón.
Los adolescentes que ven anime terminan haciéndose adictos
Ya hemos hablado en este blog de cómo el cerebro adolescente, por el estadio del desarrollo en que se encuentra, es especialmente sensible a las adicciones, a la recompensa rápida.
La estructura de los mangas y los animes, siempre en episodios que terminan en tensión para incitar a ver el siguiente no es nada nuevo (existe desde hace siglos). Lo que sí es relativamente nuevo es la posibilidad de seguir viendo episodios, uno detrás de otro, sin fin, porque están disponibles: ahí está el riesgo de que se convierta en una adicción.
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Pero ese riesgo, el de no ser capaz de parar de ver episodios, no es exclusivo de los adolescentes otakus.
Por otro lado, el fenómeno otaku tiene una particularidad, y es que se trata de un ocio transmediático, que se da en varios planos a la vez: el manga, el anime, los videojuegos, el merchandising, el cosplay… De manera que puede parecer que el adolescente no hace nada más en su tiempo de ocio, y esto suele preocupar.
Pero si tu hijo adolescente sigue teniendo amistades (aunque también sean otakus), si su desarrollo no parece estancado, si es capaz de parar de ver anime para hacer otras tareas (ir al instituto, comer, dormir…), probablemente no tengas de qué preocuparte.
Por el contrario, si crees que tu hijo tiene dificultades continuadas para llevar una vida saludable al margen de su afición, entonces sí que te aconsejo que consultes a un especialista en salud mental. Y hazlo también si tienes dudas, pues solo un especialista sabrá valorar las particularidades del caso de tu hijo adolescente.
El anime infantiliza a mi hijo adolescente
Es verdad que en ocasiones no nos gusta que nuestros hijos vean dibujos animados y lean comics más allá de una edad, pues nos parecen géneros infantiles, pero en el manga, como en Europa, hace tiempo que la historieta dejó de ser exclusivamente infantil, y hoy se escriben para personas adultas. Así que lo más probable es que los gustos de tu hijo, dentro del anime y el manga, vayan evolucionando hacia historias menos infantiles.
¿Y los hikikomori?
Hay una categoría especial dentro de los otaku. Son los hikikomori. Los hikikomori son personas que se recluyen en su casa y que solo se dedican a sus ocupaciones otaku.
En realidad, y sin querer aventurar un diagnóstico psiquiátrico que tampoco nos corresponde, la actitud de estas personas parece cercana a la depresión: faltos de habilidades sociales, tienen miedo al fracaso, presión escolar, desencanto social… Así, encuentran en el manga y el anime una manera de evadirse del mundo, como otras personas la encuentran en las drogas o en el alcohol.
Y evidentemente, sí, estas personas (que son las menos) tienen un problema. En Japón, de hecho, se trata ya de un problema social mayor.
¿Puede el anime ser bueno para mi hijo adolescente?
Desde Adolescencia Positiva pensamos que cualquier afición (siempre que no tenga un componente destructivo) es positiva en la adolescencia. Aficionarse a algo, sentir que se es bueno en algo, suele tener una repercusión positiva en todas las personas: mejora el autoconcepto y la autoestima, y aumenta la tolerancia a la frustración.
En la adolescencia, además, las aficiones suelen ser la puerta para mejorar algunas habilidades: la concentración, la constancia, el trabajo en los objetivos a medio y largo plazo, el descubrimiento de las propias pasiones.
Algunos ejemplos:
- Muchos adolescentes aficionados a los mangas son capaces de recitar los nombres de personajes de sagas completas, conocen fechas de publicación, autores, editoriales… Probándose a sí mismos y a otras personas que tienen una gran memoria (que podrán usar en el contexto escolar, si quieren).
- Otros terminan, por ejemplo, recreando sus propios mundos ficticios a través del dibujo, como prueba la gran cantidad de manuales para aprender a dibujar al estilo manga.
- Los hay, también, que se deciden a aprender japonés (el número de personas que aprende japonés creció un 71% entre 2012 y 2018).
- Hay, incluso, un fenómeno, conocido como fan-sub, en el que personas de diferentes países traducen de forma altruista mangas recién publicados, en ocasiones con horas de diferencia con respecto a la salida en japonés. Un fenómeno que, aunque vulnera los derechos de autor, es tolerado por las editoriales japonesas, que ven así aumentar los seguidores de estos productos.
- Relacionado con otro aspecto de los intereses otaku, algunos adolescentes se lanzan al mundo de la creación de videojuegos animados por una pasión que nace de los productos manga y anime.
¿Qué hago si mi hijo adolescente consume manga o anime?
Si tu hijo adolescente te dice que es otaku, piensa lo primero que al decírtelo da prueba de una gran confianza en ti: eso ya debería hacerte pensar que no hay nada raro en su afición.
No obstante, en lugar de sospechar o decirle que no te gusta ese tipo de ocio, interésate por lo que ve o lee (así puedes asegurarte, también, de que no hay pornografía o extrema violencia ocultas), pregúntale por sus aficiones, déjale que te cuente las historias que le interesan, los problemas de los protagonistas: sentir que comprendes y apoyas sus gustos es un paso importante para su autoestima.
Puedes aprovechar, también, para hablarle de cómo algunas de las series de anime no son apropiadas para su edad; así allanas el terreno para que, si un día se topa con una, no se sienta culpable y pueda decírtelo con confianza.
Y, por último, mantente vigilante, pero confía.
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