Parvovirus B19: Tratamiento y consideraciones en niños

03.11.2025

De entre las enfermedades más contagiosas en la infancia, destaca la enfermedad de la bofetada. Causada por el parvovirus B19, esta infección típica de la primavera apenas da problemas en los menores.

Sin embargo, ante el aumento de forma “inusual” del número de casos, las autoridades sanitarias alertan de que puede suponer complicaciones graves a mujeres embarazadas (y a sus bebés) y personas con ciertas patologías. A continuación, te contamos más acerca de esta afección y qué precauciones se deben tomar.

¿Qué es el parvovirus B19?

El parvovirus humano B19 (Erythrovirus B19) es un virus muy pequeño perteneciente a la familia de los Parvoviridae. Muy contagioso, puede infectar a cualquier persona, aunque sobre todo lo hace a niños (en edad preescolar o escolar), adolescentes y jóvenes. Diferente al parvovirus canino, circula especialmente a final del invierno y en primavera.

Cómo se contagia

El parvovirus humano B19 se transmite principalmente por vía aérea, a través de las gotitas de saliva que se emiten al hablar, toser o estornudar, y por contacto mano-boca. Además, las mujeres embarazadas pueden transmitirlo a sus bebés.

El infectado contagia durante el periodo de incubación (entre 4-28 días) y de forma especial desde cinco días antes de la aparición del síntoma más significativo; una vez que surge, ya no transmite el parvovirus. Asimismo, este virus puede transmitirse en transfusiones de sangre y productos hematológicos. Y también se han dado casos a través de tatuajes.

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¿Qué causa el parvovirus en los humanos?

El parvovirus B19 es la causa de una enfermedad infantil muy común, conocida con múltiples nombres. En la jerga médica se la llama megaloeritema, eritema infeccioso y quinta enfermedad, porque históricamente fue la quinta de las enfermedades comunes de la infancia con sarpullido (por detrás del sarampión, escarlatina, rubeola y enfermedad estafilocócica).

Pero popularmente se la denomina como la enfermedad de la bofetada, porque el signo más típico de esta afección consiste en un eritema intenso en las mejillas, como si al afectado le hubiesen dado una torta en la cara. De hecho, al parvovirus humano B19 también se le conoce como virus del sopapo, virus de la bofetada o virus del cachete.

Signos y síntomas de la enfermedad de la bofetada

Esta enfermedad, por lo general, no es grave, y al pasarla, se consigue que el niño no vuelva a contraerla de nuevo ni de adulto (se hace inmune). Además, en torno al 25 % de los infectados son asintomáticos.

Cómo empieza el virus de la bofetada

Comienza con síntomas inespecíficos, por lo que es difícil identificarla pronto:

  • Dolor de cabeza.
  • Dolor muscular y de articulaciones, malestar.
  • Mocos.
  • A veces, fiebre.

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Al cabo de unos días, brota la erupción típica de la enfermedad en sus dos mejillas y el menor deja de contagiar: durante dos o tres días, una “doble bofetada” pinta de color rojo brillante sus papos.

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El exantema aparece después también más tenue en el tronco y se esparce hacia brazos, muslos y nalgas. A veces, en el caso de niños mayores y adultos, pica. Y en ocasiones, su aspecto se confunde con otras manifestaciones cutáneas, por lo que la consulta con el pediatra a estas alturas resulta imprescindible.

Este segundo sarpullido dura en torno a siete días, pero puede que en las siguientes semanas la erupción aparezca y desaparezca o intensifique su intensidad según los cambios de temperatura, la exposición al sol, el estrés y el ejercicio físico.

En el caso de adolescentes y adultos, sobre todo mujeres, puede que sufran dolor en las articulaciones (artrialgia), ya que esta enfermedad también es capaz de producir inflamación en muñecas, rodillas y tobillos (artritis).

Enfermedad de la bofetada: diagnóstico y tratamiento

Como la erupción cutánea es tan característica, no suele ser necesario hacer ninguna prueba más para diagnosticar la enfermedad, aunque en situaciones especiales podría realizarse un estudio de anticuerpos.

En general, el megaloeritema es una enfermedad leve y benigna que no precisa tratamiento. Los peques se recuperan de ella rápido y sin complicaciones. Únicamente sería necesario tomar un analgésico infantil (ibuprofeno o paracetamol), si hubiera fiebre, dolor o malestar.

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Una vez aparece el exantema, el niño o niña no contagia, por lo que si se encuentra bien, puede acudir al centro escolar sin mayor problema, tal y como recomienda la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).

Complicaciones en embarazadas y enfermos crónicos

Aun así, la enfermedad puede complicarse en imnunodeprimidos, con problemas hematológicos de base o embarazadas. De hecho, en estas personas es donde el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) pone el foco de atención por los riesgos que tiene en ellas la infección por parvovirus:

  • Mujeres embarazadas de menos de 20 semanas de gestación: En el 5-9 % de los embarazos con infección de parvovirus puede provocar muerte fetal y aborto espontáneo en las primeras semanas. Hay casos de malformaciones congénitas, pero no suficiente evidencia. Considerando que entre un 30-40 % de las mujeres se podrían infectar, el riego es de bajo a moderado.
  • Personas inmunodeprimidas y trasplantadas: La infección puede ocasionarles anemia crónica, pancitopenia (glóbulos rojos, blancos y plaquetas en sangre en menos cantidad de lo normal), pérdida o disfunción del injerto y complicaciones específicas de los órganos (miocarditis, hepatitis…). El riesgo es moderado.
  • Personas con enfermedades hematológicas crónicas: A personas con enfermedad de células falciformes, talasemia, anemia hemolítica, etc. el parvovirus humano puede provocarles anemia aplásica transitoria (la médula espinal no produce suficientes células nuevas), que puede ser mortal si no se diagnostica a tiempo. El riesgo también aquí es moderado.

Cómo prevenir la enfermedad de la bofetada

No hay vacuna contra el parvovirus. Además, es muy difícil de prevenir, puesto que es en el periodo de incubación y con síntomas muy inespecíficos -o incluso sin síntomas- cuando más contagia. Así que los expertos recomiendan:

  • Extremar la higiene, sobre todo con lavado de manos frecuente con agua y jabón o gel hidroalcohólico.
  • No compartir alimentos, bebidas, utensilios o cubiertos.
  • Evitar el contacto con enfermos o con entornos donde puede haber: las mujeres embarazadas que tienen un riesgo más elevado de contagio son quienes tienen hijos pequeños y trabajadoras de guarderías y profesoras.

Tabla resumen: Parvovirus B19 y grupos de riesgo

Grupo de Riesgo Posibles Complicaciones Nivel de Riesgo
Mujeres embarazadas (<20 semanas) Muerte fetal, aborto espontáneo Bajo a Moderado
Personas inmunodeprimidas Anemia crónica, pancitopenia, complicaciones de órganos Moderado
Enfermedades hematológicas crónicas Anemia aplásica transitoria Moderado

Es una infección típicamente infantil, de mayor incidencia entre los 4 y los 14 años, que origina fiebre, dolor de garganta y articular. Los niños desarrollan una erupción rosada en los carrillos «como una bofetada».

La infección se pasa una vez en la vida.

Síntomas de la infección por parvovirus

La mayoría de embarazadas que se infectan con el parvovirus B19 tienen bebés sanos. En menos del 5% de los casos puede producir abortos espontáneos. El riesgo mayor de muerte fetal por Eritema Infeccioso es en las primeras 20 semanas de embarazo.

En los casos graves, la infección por parvovirus B19 puede ocasionar, en el bebé, inflamación del corazón (miocarditis) y daño de la médula ósea (generando una anemia muy severa). Si el daño en el corazón es muy severo puede originar hidrops fetal (acumulo excesivo de líquido en los tejidos del bebé). El hidrops se puede diagnosticar y controlar por ecografía durante el embarazo; en algunos casos desaparece y el bebé nace sin secuelas. En otros, puede producir la muerte del feto.

La mayoría de bebés infectados nacen sin problemas y sanos.

Diagnóstico

El ginecólogo puede saber el estado de inmunidad de la embarazada solicitando un análisis de sangre.

Prevención y tratamiento

No hay tratamiento ni vacuna para esta infección vírica. Tan solo se puede controlar la evolución del feto si ha habido infección materna.

¿Cómo es el eritema infeccioso?

El eritema infeccioso, megaloeritema o “enfermedad de la bofetada o del cachete” es una infección común en la infancia y muy contagiosa, causada por el parvovirus B19. Se caracteriza por un sarpullido color rojo intenso y brillante que aparece en las mejillas. Su apariencia semeja el eritema de una bofetada y de ahí su nombre común.

Otro nombre común de esta afección es quinta enfermedad, ya que ocupa el quinto lugar en una lista histórica de seis infecciones frecuentes en la infancia caracterizadas por sarpullido y/o eritema (enrojecimiento de la piel). En ella, el eritema infeccioso se encuentra por detrás del sarampión, la escarlatina, la rubeola y la enfermedad de Filatov-Dukes (patología que aún genera dudas hoy en día sobre si es o no otra enfermedad exantemática incorrectamente diagnosticada), y por delante de la roséola o exantema súbito.

Suele tratarse de una infección leve cuya recuperación es posible sin problemas en el plazo de una a tres semanas de reposo, sin necesidad de recurrir a medicamentos. En los adultos se da el megaloeritema, que sí puede llegar a cobrar gravedad, al igual que en las mujeres embarazadas, personas con el sistema inmune deprimido o con algunas formas graves de anemia.

¿A quién afecta el eritema infeccioso?

De distribución mundial, el eritema infeccioso es más frecuente en escolares (niños de 5 a 15 años), aunque puede aparecer a cualquier edad y no es infrecuente en adolescentes. Muchas personas desarrollan esta infección vírica, pero nunca llegan a saberlo.

¿Cómo se contagia?

Como se comentaba al inicio, el microorganismo que provoca la quinta enfermedad es el parvovirus B19, un tipo de virus exclusivo de la especie humana.

El contagio es más frecuente durante la primavera lo que produce brotes en esta época, que suelen tener lugar en el entorno escolar, aunque puede suceder en cualquier época del año.

Se transmite principalmente por vía respiratoria de persona a persona al inhalar las gotitas de saliva (gotículas) que una persona infectada expulsa al respirar, hablar, toser o estornudar, o por contacto mano-boca. La infección por parvovirus B19 también puede producirse a través de la sangre de personas infectadas si entra en contacto con la piel y también la madre puede transmitir el virus al feto a través de la placenta.

La persona infectada es capaz de transmitir la enfermedad únicamente durante el periodo de incubación y antes de que aparezca el sarpullido. Una vez este se presenta, el contagio es improbable.

¿Con qué síntomas se manifiesta?

A menudo, la enfermedad no presenta síntomas. En caso de que sí los haya, se manifiestan entre los cuatro y catorce días posteriores a la exposición al virus. Los más comunes son síntomas parecidos a los de la gripe:

  • febrícula
  • síntomas catarrales leves
  • malestar general
  • dolor de cabeza
  • dolor muscular
  • secreción nasal

Posteriormente, aparece en ambas mejillas una erupción cutánea de color rojo brillante (eritema) que posteriormente se extiende como exantema (sarpullido rojizo) a brazos, tronco, glúteos y extremidades. Suele ser simétrico y normalmente respeta las palmas de las manos y pies. En estas áreas del cuerpo, adquiere un tono rosáceo y un leve relieve que dota a la mancha un aspecto parecido al de un encaje o filigrana. Estas lesiones pueden producir picor.

La duración es de 5 a 10 días aunque puede persistir y empeorar con la exposición a la luz solar, el ejercicio físico y el calor ambiental o el estrés.

En niños mayores de diez años, adolescentes y adultos, no es común que se presente el sarpullido característico del eritema infeccioso, sino que el principal síntoma es el dolor e inflamación de las articulaciones, especialmente en muñecas, rodillas y tobillos.

¿Qué complicaciones puede provocar?

Pueden producirse complicaciones en los siguientes grupos de riesgo:

  • Mujeres embarazadas. El eritema infeccioso puede afectar a los glóbulos rojos del feto y generar anemia grave y exceso de líquidos e hinchazón (edema fetal). Raramente, puede provocar aborto espontáneo o muerte intrauterina.
  • Personas con anemia falciforme, drepanocitosis o anemia hemolítica. Dado que la infección por parvovirus es capaz de detener la producción de glóbulos rojos, puede desencadenar una crisis anémica en las personas con estos tipos de anemia
  • Personas con el sistema inmune deprimido. En personas que sufren VIH, están en tratamiento oncológico o han tenido un trasplante de órganos, la infección por parvovirus B19 también puede provocar anemia grave y, asimismo, la infección puede volverse crónica.

¿Cómo se diagnostica y se trata?

El diagnóstico habitualmente se hace por la clínica (síntomas y signos). En algunos casos (especialmente mujeres embarazadas, historia de anemia o agravamiento del cuadro) se pueden realizar pruebas serológicas.

Se trata de una afección leve y benigna, cuyos síntomas suelen desaparecer después de una a tres semanas, sin necesidad de tratamiento antiviral específico. Solamente es necesario el reposo en casa y aumentar la ingesta de líquidos. Si hubiera fiebre, molestias o dolor, se puede usar analgésicos y/o antinflamatorios no esteroideos. Si existe comezón, puede ser necesario recurrir a antihistamínicos.

En el caso de personas con anemia grave, puede requerirse el ingreso hospitalario y las transfusiones de sangre y, en personas con el sistema inmune debilitado, puede ser necesario tratar la infección con anticuerpos por medio de inyecciones de hemoglobina.

Una vez que se ha padecido la enfermedad, se obtiene la inmunidad de por vida. No obstante, la erupción puede reactivarse durante las semanas o meses siguientes en respuesta la exposición a la luz, el sol el calor -por ejemplo, al hacer ejercicio físico o darse un baño- o en caso de estrés. También el dolor e inflamación en las articulaciones, especialmente en adultos, puede durar semanas, meses o, incluso, años, pero suele remitir con el tiempo sin que queden secuelas.

Cómo prevenir el eritema infeccioso

No existe ninguna vacuna que permita prevenir la quinta enfermedad, pero sí se pueden tomar las medidas habituales para reducir el riesgo de enfermedades que se contagian por vía respiratoria. Entre ellas, se encuentran las siguientes:

  1. Lávate y lava a tus hijos las manos con frecuencia. Hazlo con agua templada y jabón durante al menos quince segundos, prestando especial atención a la zona entre los dedos y debajo de las uñas.
  2. Toma las debidas precauciones al toser o estornudar y enseña a tus hijos a hacerlo. Es necesario cubrirse la boca y la nariz con el antebrazo o pañuelos desechables. Desecha estos después de usarlos.
  3. No compartas alimentos ni bebidas. Evita también que lo hagan tus hijos, sobre todo en el entorno escolar.
  4. Limpia y desinfecta las superficies que tocan los niños. Hazlo con un producto antibacteriano y de manera regular.

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