Placenta Baja en el Segundo Trimestre: Riesgos y Cuidados

25.10.2025

Durante el embarazo, las ecografías son esenciales para evaluar la salud tanto de la madre como del bebé. Uno de los aspectos que se revisan es la posición de la placenta. La placenta es un órgano temporal que se desarrolla dentro del útero durante el embarazo, unido a la pared uterina, generalmente en la parte superior, lateral, delantera o trasera. Su función principal es proporcionar oxígeno y nutrición al bebé, además de eliminar los desechos.

¿Qué es la Placenta Previa?

Cuando la placenta se localiza en la zona baja del útero, cubriendo total o parcialmente el cuello uterino, se conoce como placenta previa. Esta condición puede impedir un parto natural.

La incidencia de placenta previa es de aproximadamente uno de cada 200 nacimientos y tiene un origen multifactorial. El riesgo de presentarla se incrementa con la edad materna avanzada, multiparidad (haber tenidos más hijos), cirugías uterinas previas, técnicas de reproducción asistida, abortos previos y con el consumo de tabaco. Dejar de fumar cuando deseas quedarte embarazo es una buenísima decisión.

Tipos de Placenta Previa

Según la ubicación de la placenta en relación con el cuello uterino, se pueden distinguir varios tipos:

  • Placenta de inserción baja: Se localiza en el segmento uterino inferior, pero no alcanza el orificio cervical interno.
  • Placenta previa marginal: Llega al borde del orificio cervical interno, pero no lo sobrepasa.
  • Placenta previa u oclusiva total: Se localiza centralmente y ocluye por completo el cérvix uterino.

Se denomina placenta baja a la que está cerca (a menos de 2 cm) de la abertura del cuello del útero. Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas.

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Factores de Riesgo

Los factores de riesgo para sufrir una placenta previa incluyen los traumatismos previos en el útero y en su vascularización.

  • Mujeres que ya han tenido un bebé.
  • Con cicatrices en el útero.
  • Placenta previa en un embarazo anterior.
  • Gestación de más de un feto.
  • Embarazada y fumadora.
  • Consumen drogas.
  • Malformaciones uterinas.
  • Embarazo gemelar o embarazo múltiple.
  • Haber tenido varios embarazos previamente.
  • Poco tiempo entre dos partos.
  • Haber tenido un parto previo por cesárea.
  • Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas.
  • Edad materna avanzada.
  • Tabaco y abuso de cocaína.

Síntomas de la Placenta Previa

La placenta previa puede ser asintomática, pero el síntoma más común es el sangrado vaginal, también llamado metrorragia, que puede ocurrir en cualquier momento de la gestación, aunque es más frecuente en el tercer trimestre. Suele ser indoloro y la sangre que se pierde es roja y abundante, a veces acompañada de coágulos. Se trata de una urgencia obstétrica y requiere atención médica inmediata.

Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida. Entre un 10% y un 20% de los casos se producen además contracciones uterinas dolorosas. Existe tendencia a que el sangrado se interrumpa espontáneamente, con la ayuda del reposo. Sin embargo, lo habitual es que comience de nuevo días o semanas después con sangrados mayores e intervalos cada vez más cortos.

Complicaciones Asociadas

La placenta baja puede dar lugar a complicaciones en el embarazo:

  • Hemorragia: La placenta baja aumenta el riesgo de hemorragia durante el embarazo y el parto. Esta hemorragia puede ser grave y poner en peligro la vida de la madre y el bebé.
  • Parto prematuro: La placenta baja a menudo se asocia con un mayor riesgo de parto prematuro, lo que puede tener consecuencias negativas para la salud del bebé.
  • Problemas de desarrollo fetal: Si la placenta cubre completamente el cuello uterino (placenta previa total), puede interferir con el crecimiento adecuado del bebé.
  • Cesárea: En muchos casos, las mujeres con placenta baja requerirán una cesárea programada en lugar de un parto vaginal para evitar el riesgo de hemorragia grave durante el parto.

Diagnóstico de la Placenta Previa

El diagnóstico se realiza fundamentalmente a través de la ecografía. Generalmente se detecta en la ecografía del segundo trimestre, siendo un diagnóstico relativamente frecuente en este momento (hasta en un 5% de todos los embarazos), aunque la mayoría no será placenta previa al término de la gestación. En un embarazo normal la placenta se desplaza en el útero a medida que éste crece.

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Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias. Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina). La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa.

Cuidados y Recomendaciones

Si te han diagnosticado una placenta previa, debes llevar una vida tranquila, sin realizar grandes esfuerzos, acudir a todos los controles programados por tu obstetra y matrona y seguir todas sus recomendaciones.

  • Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación.
  • También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre.
  • La paciente debe ingresar en un centro hospitalario en la primera hemorragia para una cuidadosa monitorización tanto materna como fetal.

Manejo del Sangrado

La mayor parte de las hemorragias por placenta previa suelen detenerse por sí solas.

  • Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales.
  • Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia.

Parto con Placenta Previa

En placentas previas totales o parciales se debe realizar cesárea. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.

Si la hemorragia es moderada y el embarazo es mayor de 34 semanas, o si el sangrado se va incrementando progresivamente tras haberse interrumpido después de una hemorragia inicial, se debe realizar una cesárea si la paciente ha recibido corticoides durante el embarazo (y por tanto se supone una adecuada maduración de los pulmones del feto). Si no los hubiera recibido porque su primera hemorragia se produjo después de la semana 34, se debe realizar una amniocentesis para valorar la madurez pulmonar del feto. Si la amniocentesis indica que los pulmones del feto están maduros se debe realizar una cesárea.

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Las placentas previas estables (sin sangrado o con sangrado mínimo) deben cumplir 36-37 semanas de gestación para programar el parto.

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