Placentofagia: Beneficios Nutricionales y Riesgos de Comer la Placenta

03.10.2025

La placentofagia, o el acto de comer la placenta después del parto, es una práctica que ha ganado popularidad en los últimos años. Se come en batidos, cocinada o cruda y, normalmente, debido a su sabor y difícil textura, en cápsulas, triturada. Se ha convertido en moda de estrellas de cine y práctica entre mujeres que reivindican el poder sobre su parto. Este método controvertido puede entrañar riesgos, según alerta la comunidad médica.

¿Qué es la Placentofagia?

La placentofagia es la práctica de comer la placenta tras el parto, una tendencia que ha ganado popularidad en los últimos años. Su nombre, como su carne, no es que suene agradable: placentofagia. Y se trata, como el título indica, de comer la placenta, un órgano efímero bañado en hormonas y mística. Puede ingerirla la madre tras el parto o personas ajenas, seducidas por sus supuestos beneficios.

Función de la Placenta Durante el Embarazo

La placenta es un órgano temporal que se forma en las primeras semanas de gestación y cumple funciones esenciales para el desarrollo del feto. La placenta se comienza a formar desde que el embrión se implanta en la pared uterina, siendo el órgano de conexión entre la madre y su bebé. La placenta es un órgano complejo que actúa como interfaz entre la madre y el feto. Este órgano tan especial, el único del cuerpo humano con “fecha de caducidad”, es vital para el desarrollo del feto y para la protección del embarazo. Proporciona oxígeno, nutrientes y hormonas, y actúa como filtro frente a sustancias nocivas. De hecho, su principal función consiste en transmitir los nutrientes al bebé, aunque también absorbe algunos de los desechos del pequeño, los cuales pasan al torrente sanguíneo para que la madre los elimine.

No obstante, la placenta también tiene una función endocrina, interviene en la producción de hormonas, entre ella la gonadotropina coriónica humana, que es fundamental para que la gestación progrese. Además, sintetiza estrógenos y progesterona, que desempeñan un papel importante en el metabolismo materno y estimulan el crecimiento del bebé. Sin placenta no hay embarazo viable. Este órgano tan especial, el único del cuerpo humano con “fecha de caducidad”, es vital para el desarrollo del feto y para la protección del embarazo. Pero también tiene una misión importante en el momento del parto.

¿Por Qué Algunas Madres Deciden Comer la Placenta?

Tras el parto, la placenta suele desecharse, ya que ha cumplido su propósito. Sin embargo, cada vez más mujeres deciden conservarla para consumirla, inspiradas en prácticas ancestrales de la medicina tradicional china, donde se usaba placenta seca para tratar la anemia y fortalecer el sistema inmune. Algunas figuras del mundo de espectáculo, como Kim Kardashian o Tom Cruise, han defendido sus bondades nutricionales. Se publican libros de recetas y cada vez más madres realizan esta práctica en distintos países del mundo.

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Quienes la toman piensan que ayuda a prevenir la depresión postparto (el principal motivo por el que se acude a ella, según las encuestas); que estimula la leche materna, que aporta hierro y nutrientes, que devuelve la energía a la madre, por los minerales y hormonas que contiene. Los partidarios de la placentofagia defienden que su consumo evita la depresión postparto debido a las cantidades residuales de oxitocina que almacenan esos desechos.

Métodos de Consumo de la Placenta

Existen varias formas de consumir la placenta:

  • Cruda, troceada o añadida a batidos.
  • Cocinada, como cualquier otra carne, aunque el calor puede reducir sus nutrientes.
  • Encapsulada, tras un proceso de deshidratación y pulverización, para tomarla como suplemento.
  • Infusiones, extrayendo la esencia de la placenta.

Las placentas que toman las madres a veces se cocinan (normalmente al vapor), muchas se encapsulan, tras deshidratarse y triturarse, o se ingieren crudas en estos batidos, trituradas.

Riesgos Asociados a la Placentofagia

Los expertos advierten que la placenta puede contener bacterias y toxinas que no siempre se eliminan con la deshidratación o la cocción. Esto podría representar un peligro para la madre y el recién nacido, especialmente si la leche materna se contamina. El principal problema de los residuos placentarios es que, para conocer la verdadera calidad placentaria y sus garantías, habría que controlar la alimentación que ha llevado la madre durante la gestación y todos los medicamentos que tomó. "Los estudios disponibles coinciden en que no hay ningún beneficio", afirmó la doctora Alicia Damiano, investigadora principal del Conicet y profesora en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires.

Entre los riesgos se incluyen la exposición a metales pesados como cadmio, plomo y mercurio, que pueden acumularse en la placenta, y un mayor riesgo de infecciones tanto para la madre como para el lactante. "Se sospecha que al ingerir la placenta, la persona estaría recibiendo estrógenos y eso la pone en mayor riesgo de que se formen coágulos", dice la misma doctora, aunque aclara que esta relación es todavía una hipótesis. La preparación de la placenta en cápsulas no elimina por completo las bacterias que puede contener la placenta, lo que puede ser perjudicial para ti y tu bebé, advierten los expertos. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EE. UU. Identificaron el riesgo de erradicación inadecuada de patógenos infecciosos durante el proceso de encapsulación.

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Advertencias de las Autoridades Sanitarias

Por otro lado, aunque muchas mujeres afirman haber obtenido beneficios de comer su placenta, las autoridades sanitarias de Estados Unidos previenen frente a los vendedores de cápsulas de placenta que realizan afirmaciones médicas que no se han demostrado científicamente. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos advirtieron de esto después de que un recién nacido desarrolló una infección por estreptococo del grupo B después de que la madre tomara cápsulas de placenta. Esta bacteria puede provocar septicemia y meningitis en recién nacidos, ambas enfermedades graves.

Ausencia de Respaldo Científico

Hasta la fecha no hay estudios científicos serios de ninguna naturaleza que avalen la placentofagia en humanos. Como se ha indicado, al no existir estudios científicos serios al respecto, es imposible decir cómo afecta la placentofagia a la lactancia materna. Todo lo publicado hasta la fecha son especulaciones y no conclusiones basadas en estudios científicos. No hay justificación médica para la placentofagia en relación con la lactancia materna. No hay justificación médica para esta práctica.

Desde el “Royal College of Obstetricians and Gynaecologists” (RCOG) se ha afirmado que “no hay ninguna justificación médica para la placentofagia. Los animales se comen su placenta para obtener nutrientes, pero en seres humanos bien alimentados, no hay beneficios, no existen razones para hacerlo”.

Riesgos de Infección

Este peligro estaría en la contaminación de la placenta por acción bacteriana o viral. Los patólogos argumentan que las placentas pueden estar colonizadas por bacterias y que de hecho algunas están infectadas, como ocurre con el Staphylococcus aureus, presente en la vagina de un 10% de las mujeres.

La Placentofagia en el Contexto Cultural y Mediático

Este fenómeno se ha perdido en la especie humana y actualmente es objeto de especulación mediática, no médica. Algunos estudios consideran que es una práctica que se realiza principalmente en Occidente por mujeres blancas de clase media y que está creciendo en popularidad. Internet ha expandido la placentofagia gracias a foros sobre la crianza, el auge de las medicinas alternativas, y el parto natural. Quienes lo defienden exponen muchas veces una resistencia a la medicalización y hablan del control de la madre sobre el parto. También citan cuestiones cercanas a la espiritualidad.

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Investigaciones y Estudios

La placentofagia humana es un campo que se está empezando a estudiar. Con Jodi Selander, fundador de la organización Placenta Benefits, la cual publicó el primer estudio de placentofagia humana que examinó la motivación y experiencias de las mujeres al consumir placenta (Selander et al, 2013). El estudio fue llevado a cabo utilizando los resultados de una encuesta hecha a 189 mujeres mayores de 18 que ingirieron su placenta después de dar a luz.

La mayoría de mujeres han declarado la ausencia de efectos negativos al consumir su placenta. Sin embargo, algunas experimentaron un aumento de calambres uterinos y sangrado vaginal, problemas digestivos, sofocos, lactación excesiva, aumento de acidez, manchas en la piel y náuseas. Incluso con los efectos negativos sufridos por algunas, 98% de los participantes indicaron que volverían a ingerir la placenta.

Con la mayoría de las mujeres informando de los beneficios y pocas sobre los efectos negativos, el estudio indica que esas mujeres habían tenido una experiencia positiva consumiendo su placenta. En consecuencia, no es posible determinar si los beneficios reportados fueron debido al consumo de la placenta o un efecto placebo causado por la creencia de la mujer en que los beneficios ocurrirían. El tamaño del ejemplo y la falta de comparación del grupo también dificulta sacar conclusiones claras.

Efectos Reportados Porcentaje de Mujeres
Ausencia de efectos negativos Mayoría
Aumento de calambres uterinos y sangrado vaginal Algunas
Problemas digestivos Algunas
Sofocos Algunas
Lactación excesiva Algunas
Aumento de acidez Algunas
Manchas en la piel Algunas
Náuseas Algunas

Aunque aún falta la evidencia científica en el campo de la placentofagia, muchos afirman que la ingesta de placenta puede prevenir la depresión posnatal.

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