Placenta Previa: Tipos, Riesgos y Tipo de Parto
La placenta previa consiste en la inserción de la placenta en el segmento inferior del útero, pudiendo ocluir el orificio cervical interno. Es la primera causa de hemorragia del tercer trimestre, la segunda causa de histerectomía obstétrica y la tercera causa de transfusión durante la gestación, parto y puerperio.
¿Qué es la Placenta Previa?
La placenta es un órgano materno-fetal que se desarrolla durante el embarazo. Esta estructura se encuentra en el útero y se encarga de suplir las necesidades básicas del feto a través de la madre: la respiración, la alimentación y la excreción. Entendemos por placenta previa el hecho de que la placenta esté insertada en la parte baja del útero, lejos de su lugar habitual, que es el fondo del útero.
La incidencia de placenta previa ha aumentado y actualmente se produce en 1 de cada 200 gestaciones. Esta anomalía de la inserción placentaria se presenta entre un 0,4-0,5% de los embarazos.
Tipos de Placenta Previa
Cuando se coloca en la zona baja del útero o segmento uterino inferior, sobre el cuello uterino o cerca de él, la llamamos placenta previa. Y según dónde se localiza la placenta en relación al mismo, podemos diferenciar los casos más leves de los más severos, y sus implicaciones clínicas.
Si esto no sucede, habrá un problema de placenta previa, en el que se pueden diferenciar los siguientes tipos:
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- Placenta de inserción baja: es aquella placenta localizada en el segmento uterino inferior pero que no llega a alcanzar el orificio cervical interno. Se denomina placenta baja a la que está cerca (a menos de 2 cm) de la abertura del cuello del útero. Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas.
- Placenta previa marginal: la que llega al borde del orificio cervical interno, pero no lo sobrepasa. La placenta está al lado del cuello uterino pero no cubre la abertura.
- Placenta previa parcial: la placenta cubre parte de la abertura cervical.
- Placenta previa u oclusiva total: se localiza centralmente y ocluye por completo el cérvix uterino. La placenta cubre toda la abertura cervical. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva.
Por tanto, los diferentes tipos de placenta previa se distinguen dependiendo de la severidad de obstrucción uterina. Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.
Causas y Factores de Riesgo
La causa específica de la placenta previa es desconocida. La causa de la placenta previa se desconoce. Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta.
Se desconocen las causas concretas por las que aparece la placenta previa, pero la principal hipótesis la relaciona con una vascularización alterada de la capa interna del útero (endometrio), estando asociados una serie de factores de riesgo que podrían aumentar las posibilidades de padecerla.
Los factores de riesgo para sufrir una placenta previa incluyen los traumatismos previos en el útero y en su vascularización. No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación:
- Embarazo múltiple.
- Cicatriz uterina anterior.
- Multiparidad.
- Mujeres fumadoras.
- Edad materna avanzada.
- Malformaciones uterinas.
- Embarazo gemelar o embarazo múltiple.
- Haber tenido varios embarazos previamente.
- Poco tiempo entre dos partos.
- Haber tenido un parto previo por cesárea.
- Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas.
- Tabaco y abuso de cocaína.
Diagnóstico de la Placenta Previa
El diagnóstico deberá ser confirmado mediante una ecografía. El diagnóstico de placenta previa es clínico y su confirmación, ecográfica. Por lo tanto el diagnóstico de la placenta previa se realiza mediante una ecografía en la que se observa que la posición de la placenta no es la adecuada.
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Generalmente se detecta en la ecografía del segundo trimestre, y es un diagnóstico relativamente frecuente en este momento (hasta en un 5% de todos los embarazos), aunque la mayoría no será placenta previa al término de la gestación.
Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias.
Síntomas
La placenta previa puede ser asintomática y la mujer no nota nada durante todo el embarazo. Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida. Si presenta algún síntoma, será fundamentalmente el sangrado vaginal (también llamado metrorragia), que puede ocurrir en cualquier momento de la gestación, aunque es más frecuente que se presente en el tercer trimestre.
En una tercera parte de los casos el sangrado se produce antes de la semana 30 de la gestación; este grupo es el que tiene mayor riesgo de necesitar transfusiones sanguíneas, de sufrir partos prematuros y de mayor mortalidad perinatal. Entre un 10% y un 20% de los casos se producen además contracciones uterinas dolorosas.
Tratamiento
Ante una hemorragia por placenta previa debe recomendarse reposo. Si las hemorragias son muy repetidas se deberá ingresar a la paciente. Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación. También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre.
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La paciente debe ingresar en un centro hospitalario en la primera hemorragia para una cuidadosa monitorización tanto materna como fetal. La mayor parte de las hemorragias por placenta previa suelen detenerse por sí solas. Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales. Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia.
Parto con Placenta Previa
Si la placenta es oclusiva total el parto vaginal es imposible y hay que realizar una cesárea. En los casos de placenta previa oclusiva parcial, puede considerarse el parto vaginal, aunque los riesgos son considerables y en la mayoría de los casos se opta por la cesárea.
En placentas previas totales o parciales se debe realizar cesárea. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm. Si la hemorragia es moderada y el embarazo es mayor de 34 semanas, o si el sangrado se va incrementando progresivamente tras haberse interrumpido después de una hemorragia inicial, se debe realizar una cesárea si la paciente ha recibido corticoides durante el embarazo (y por tanto se supone una adecuada maduración de los pulmones del feto).
Si no los hubiera recibido porque su primera hemorragia se produjo después de la semana 34, se debe realizar una amniocentesis para valorar la madurez pulmonar del feto. Si la amniocentesis indica que los pulmones del feto están maduros se debe realizar una cesárea. Las cesáreas de urgencia en pacientes inestables se realizan bajo anestesia general.
Riesgos y Complicaciones
La placenta previa aumenta el riesgo de sufrir hemorragias vaginales. Por este motivo, las mujeres con placenta previa precisan más transfusiones sanguíneas, extirpaciones del útero (histerectomías) tras el parto, ligaduras de las arterias uterina e iliaca o embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis, que las embarazadas que no sufren esta complicación. El compromiso fetal depende del materno. La placenta previa incrementa en 8 veces el riesgo de sufrir un parto prematuro.
Otras posibles complicaciones incluyen:
- Rotura prematura de membranas: En gestantes con mucho líquido amniótico.
- Implantación anormal de la placenta o placenta accreta.
- Mala presentación del feto.
- Retraso del crecimiento intrauterino.
- Vasa previa y cordón umbilical velamentoso.
- Anomalías congénitas.
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