¿Por qué mi bebé suda cuando lo amamanto? Causas y soluciones
Si tu bebé suda mucho, lo primero que deberíamos dejar claro es que suele ser algo común y natural. En la mayoría de los casos, si el bebé suda mucho se debe a las etapas de sueño y de alimentación.
Causas comunes de la sudoración en bebés
Tal y como ya os mencionábamos, si el bebé suda suele estar asociado a un proceso natural de su cuerpo y regulación de temperatura. En este sentido, es frecuente que si el cuerpo suda, o suda mucho, sea porque el bebé necesita regular su temperatura corporal.
Tened en cuenta que las glándulas sudoríparas están repartidas a lo largo del cuerpo, pero en ciertas zonas tienen mayor presencia. Por ejemplo, como ya os imagináis, en la cabeza, las axilas o los pies. En la guía práctica para padres y sus recién nacidos de la AEP (Asociación Española de Pediatría), dan algunos comentarios sobre la normalidad de cuando el bebé suda mucho. La actividad corporal del bebé es mucho mayor y la temperatura con la consecuente sudoración, es algo frecuente.
La siguiente pregunta que se suele desprender del por qué suda mucho mi bebé, son las causas. Es decir, vale, entendemos que lo hace para regular su exceso de calor en el cuerpo. La verdad es que las preguntas relacionadas con la sudoración de nuestro peque, suelen surgir de la inquietud o preocupación por si podría haber una anomalía en este procedimiento.
Cuando como mamás y papás nos preguntamos si mi bebé suda mucho, suele estar relacionado con estas 6 situaciones comunes. Si hacemos un repaso de las situaciones más frecuentes de sudoración, encontramos 6 ocasiones en las que el bebé suda:
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- Mi bebé suda mucho de la cabeza: Sudar por la cabeza suele estar asociado a que puede ser la vía de escape para eliminar exceso de temperaturas. En este sentido, es doblemente sensible a que sea una zona con mayor sudor en el bebé.
- Mi bebé suda mucho en la espalda: En la barriga y especial la espalda, es donde mayor temperatura alberga el cuerpo de nuestros peques. En relación, los aumentos de temperatura son más considerables en esta zona del cuerpo y la espalda permite la sudoración para bajar el calor. Además, suele ser una parte muy en contacto con la ropa de abrigo y que según el producto, transpira poco.
- Mi bebé suda al tomar leche: Este caso concreto suele ser causa de los procesos de alimentación. Por un lado, por el aumento de actividad del bebé. Y por el otro, por el cambio de temperatura entre él y el alimento ingerido. Al alimentarse el niño “se activa” y es fácil que empiece a sudar más.
- Mi bebé suda mucho de noche: Resume la mayoría de los puntos anteriores. El exceso de abrigo en los bebés, su actividad corporal y la importancia de productos que transpiren y estén pensados para su confort.
Por tanto, cabe destacar la importancia de escoger la ropa adecuada y apropiada para el bebé en cada situación. La mayoría de las veces es nuestra sobre preocupación que nos hace que abriguemos de más a nuestros peques y que los pobrecitos pasen calor. En este sentido, debemos tener en cuenta que muchos de los productos que forman parte de la vida del bebé, ofrecen superficies de estructura plástica o recubiertas de poliestireno.
Sudamina o miliaria
Como bonus de este tema, también hay mamis que vemos que si mi bebé suda mucho le salen granitos. Bien, la Asociación de Pediatría nos habla de la sudamina, también llamada miliaria, y como provoca unos granitos en forma de cabeza de alfiler. Es una erupción o sarpullido que aparece con frecuencia en la piel, y en especial, en los recién nacidos. Su causa es la obstrucción de las glándulas del sudor. Al ser benigno y algo común, lo más recomendado es cuidar su piel. Como por ejemplo, evitar la obstrucción gracias a los tejidos textiles de alta calidad.
Cómo prevenir la sudoración excesiva
Como hemos podido ver, la AEP indica la normalidad de que el bebé sude. Pero si quieres evitar la sudoración excesiva, se puede actuar de manera preventiva. Claro está, debemos tener en cuenta que más del 70% del cuerpo es agua y es super importante de que el bebé esté bien hidratado. Por tanto, el algodón de alta calidad u orgánico suelen ser una gran opción para que nuestro bebé no sude demasiado. Estará más a gusto, con mayor confort y se sentirá mejor. Permiten una mucho mayor transpiración, estando fresquitos calentitos cuando lo necesiten.
Tal y como venimos comentando, si el bebé suda en exceso, la mayoría de los casos es como de consecuencia del material con el que está en contacto. Y esto va desde la ropa a las superficies con las que está en contacto a diario. En especial, aquellas estructuras plástica y tejidos recubiertos de poliestireno, presente en la mayoría de productos.
Productos recomendados
- Fundas para sillas de coche: Con un tacto muy suave gracias a sus tejidos de alta calidad y orgánicos, ayuda a un sueño reparador y un mejor viaje. Evita roces y subidas de temperatura por la falta de transpiración. Además, puedes lavarlas siempre que lo necesites.
- Colchonetas para silla de paseo: Confeccionadas localmente con algodón de gran calidad, su punto clave es el tejido 3D. Entre los tejidos se aloja una espuma muy esponjosa que facilita la transpiración de la piel con el tejido.
En ambos casos, evitamos que la piel esté en contacto con la estructura plástica y los tejidos recubiertos de poliestireno original del producto, ya que este material provoca un aumento en la sudoración. Todos los productos son altamente transpirables y evitan la obturación del sudor. Se producen con algodón de alta calidad, permitiendo que sean confortables y respetuosos con todos los peques. Siguiendo esta pasión, ya contamos con una parte de nuestros productos hechos con algodón orgánico. Cuida tanto la sudoración del bebé como el método de producción local. Todo lo que hacemos, lo hacemos pensando en el confort de los bebés. Así que si crees que tu bebé suda mucho y quieres evitar los excesos, todos nuestros diseños están pensados para su máximo bienestar y cuidado.
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Crisis de lactancia y sudoración
Las crisis de lactancia o brotes de crecimiento son etapas durante la lactancia en las que el bebé reclama más el pecho con el fin de aumentar la producción de leche y de esta forma ajustarla a sus necesidades de crecimiento. Aunque sabemos que las crisis de lactancia se pueden dar a ciertas edades, estas edades son siempre orientativas. Es imprescindible conocer bien las crisis de lactancia para poder identificarlas y saber que son normales y cómo actuar.
Tipos de crisis de lactancia
- Crisis de lactancia de los 15-20 días: El bebé aumenta la demanda de pecho porque necesita ajustar la producción de leche a sus necesidades de crecimiento. La manera que tienen el bebé de aumentar esta producción es mamando. Cuando más succione el pecho, más leche producirá. Veremos que el bebé se pelea con el pecho y quiere mamar todo el rato o muy a menudo. Como que toma mucho pecho puede que aparezcan regurgitaciones. Esto no significa que tu leche no alimente o que se quede con hambre. No obstante, es importante en esta crisis controlar el peso del bebé y que haya recuperado su peso al nacer, pues es un indicador de que todo está yendo correctamente. Esta crisis suele durar 3-4 días.
- Crisis de lactancia de las 6-7 semanas: El bebé aumenta la demanda de pecho pero a la vez se enfada con el pecho, parece que lo rechace o que no quiera mamar, da tirones… Esto se produce porque en este momento la leche hace un cambio temporal en su sabor, se vuelve más salada. Este cambio les descoloca y por eso pueden mostrarse más inquietos al pecho. Esta crisis suele durar alrededor de una semana.
- Crisis de lactancia de los 3 meses: Es una de las crisis de lactancia más importante y la que supone un mayor número de abandonos de la lactancia, por este motivo es tan importante conocerla muy bien. Existe un claro aumento de la demanda de pecho por parte del bebé y además cambia el sistema de producción de la leche. El pecho ya no es un almacén de leche sino que pasa a ser una fábrica. Necesitamos que el bebé succione un par de minutos para que el pecho entienda que debe empezar la eyección de la leche. Esto provoca que el pecho se vuelva más blando, pero como veis, esto no significa que no tenga leche. Estos dos minutos de espera hasta la eyección de la leche se hacen eternos para el bebé, por lo que se desespera y se enfada. Veremos que el bebé se enfada con el pecho y da tirones. También hace tomas más cortas porque come de forma mucho más eficaz y con pocos minutos pueden tener todo el alimento que necesitan. No ganan tanto peso como al principio porque no lo necesitan y hacen menos cacas. Además, están muy pendientes del mundo que les rodea y esto hace que se distraigan muy fácilmente, están más pendientes de lo que pasa a su alrededor que de mamar al pecho, por este motivo también puede ser que aumenten las tomas nocturnas, ya que por la noche no tienen tantos estímulos y se puede concentrar mejor en mamar. Esta crisis puede durar hasta 1 mes, ya que el bebé tiene que adaptarse al nuevo funcionamiento del pecho.
- Crisis de lactancia de los 12 meses: Al año de vida la velocidad de crecimiento disminuye y los niños y las niñas pierden el interés en la comida, pero en cambio, aumentan la demanda de pecho. En este punto hay madres que pueden optar por retirar la lactancia con el objetivo de que sus hijos coman más sólidos, pero no debemos olvidar que la leche materna continua siendo muy nutritiva para un peque de un año. Esta crisis puede durar hasta los 15-18 meses, ya que es cuando la velocidad de crecimiento suele incrementarse e nuevo y por tanto vuelven a tener más interés en comer.
- Crisis de lactancia de los 2 años: Aunque os pueda sorprender, a los 2 años también hay una crisis de lactancia. Suele ser una crisis complicada porque el niño o niña vuelve a reclamar mucho más pecho, como si fuera un bebé pequeño, la madre no se espera este comportamiento a esta edad y además existe mucha presión social en relación a la lactancia prolongada. Reclaman el pecho nerviosos y con determinación, incluso con cierta exigencia. Si se les dice que no o que tienen que esperar, se irritan y se enfadan, ya que lo quieren de forma inmediata. A esta edad los niños y niñas están en pleno desarrollo emocional, están centrados en el yo y en la autoafirmación. Empiezan a tener cierta autonomía y a hacer cosas por sí mismos y esto les genera mucha inseguridad. Para poder afrontar esta inseguridad recurren a su sitio seguro, a su refugio: el pecho de la madre, que lo conocen desde que nacieron. Esta crisis suele durar unos meses, hasta que el peque coge más seguridad en sí mismo y después la demanda de pecho se normaliza. Alrededor de los 3 años puede aparecer otra crisis de lactancia. No es una crisis tan conocida como las anteriores ya que son pocas las madres que prolongan su lactancia hasta esta edad. En este caso se debe a una crisis también en relación al desarrollo emocional del niño/a.
¿Qué podemos hacer si nos encontramos frente una crisis de lactancia?
- Lo primero y más importante es detectar que estamos frente una crisis de lactancia y mantener la calma. Conocer que es una etapa transitoria y que forma parte del desarrollo normal de la lactancia.
- Intentaremos acompañar al bebé en esta crisis y ofrecerle el pecho las veces que necesite. Debemos recordad que está ajustando la demanda de pecho a su crecimiento.
- Debes confiar en ti y en tu lactancia. En condiciones generales, si la madre no lo desea, no es necesario recurrir a una suplementación de leche artificial en respuesta a estas crisis.
- Necesitaremos mucha paciencia. Puede ayudarnos buscar una tribu de madres que estén pasando por una situación similar.
- Y por último recuerda que si tu bebé no aumenta de peso, muestra señales de malestar, cambios en su ritmo deposicional, vómitos o tienes cualquier otra duda en relación a su salud, es muy importante que consultes con tu pediatra.
Mitos sobre la lactancia y la sudoración
Dentro del oído encontramos la Trompa de Eustaquio, mide entre 3 y 4 cm y comunica la faringe con la parte posterior del tímpano. Su principal función es regular la presión del oído medio a la vez que mantenerlo ventilado. Dicho esto tenemos que tener en consideración dos cosas.
La primera es que existe amplia evidencia de que los bebés amamantados tienen menos riesgo de padecer otitis o infecciones en el oído, sin tener que recibir la leche materna en una postura concreta. De hecho, los bebés que toman el pecho en la postura tradicional de cuna también permanecen acostados en posición horizontal sobre los brazos de su madre, aunque curiosamente solo se nombre el riesgo de infección cuando madre y bebés están tendidos en la cama. En segundo lugar, la leche materna es un líquido vivo, un líquido que tiene la capacidad de inhibir la multiplicación de virus y bacterias, y que no causa inflamación sobre los tejidos.
Por todo ello, no hay razón para evitar dar el pecho tendida por miedo a las infecciones de oído, se trata de un mito de lo más extendido que no tiene fundamento alguno.
Cólicos del lactante
Se habla de cólico del lactante cuando un bebé sano y bien alimentado padece episodios repetidos de llanto intenso al menos 3 horas al día, 3 días a la semana durante al menos 3 semanas (la llamada regla del tres de Wessel). Suele aparecer a partir de los 15 días de vida, es especialmente frecuente en torno al mes y medio, y desaparece hacia los 4 meses de edad. Se trata de un trastorno benigno que no tiene trascendencia médica -no se trata de una enfermedad- y el cuadro suele desaparecer por sí solo, de manera espontánea y sin dejar secuelas.
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Síntomas de los cólicos
Además de llorar de manera inconsolable durante varias horas -especialmente durante la tarde y la noche- el lactante puede:
- Sufrir un llanto de inicio repentino.
- Encoger las piernas repetidamente sobre el abdomen.
- Mostrar el vientre algo abombado y aparentemente lleno de gases (lo que ha llevado a pensar con frecuencia que se trata de espasmos en el tubo digestivo).
- Cerrar los puños con fuerza.
- Enrojecer por el esfuerzo.
Cuando el llanto cede, se vuelve a encontrar con un aspecto normal.
¿Cómo se superan los cólicos del lactante?
Como afirma la Asociación Española de Pediatría (AEP) en su “Guía práctica para padres”, no existe ningún remedio con eficacia demostrada para los cólicos del lactante, simplemente se debe ser paciente y esperar a que las crisis acaben desapareciendo por sí solas, alrededor de los cuatro meses de edad. En cualquier caso, esta asociación apunta las siguientes posibles medidas de actuación:
- Mantener la lactancia materna, al tiempo que la madre evitar ingerir sustancias excitantes. Si se opta por la lactancia artificial, las tomas deben ser muy regulares, tanto en horario como en frecuencia. Al finalizar, se debe ayudar al bebé a expulsar el aire.
- Coger al bebé y abrazarlo contra el pecho para que sienta nuestro calor. También se le puede arrullar en una mantita, cambiarle de postura, darle un baño o realizarle un masaje relajante.
- Suplementos a base de probióticos. Podrían mejorar un poco los síntomas en algunos niños, pero no existe suficiente evidencia científica que lo demuestre.
Consejos adicionales
- Ármate de paciencia. No hay que ponerse excesivamente nerviosos si nuestro bebé llora, ya que el llanto es un proceso normal que constituye su manera de expresar emociones y necesidades. Siempre que no presente otros síntomas, es normal que un bebé llore.
- Descarta otras causas. Cuando el niño esté llorando, comprueba primero que no tiene hambre y que no necesita un cambio de pañal. Tras esto, puedes cogerlo en brazos y mantenerlo en la posición en la que se encuentre más cómodo (boca arriba o abajo, horizontal o vertical, con los brazos o sobre su pecho, etc.) intentando transmitirle tranquilidad.
- Recurre a los masajes. Una vez que lo tienes en brazos, puedes mecerlo e incluso darle un masaje relajante en el abdomen o la espalda mientras lo tienes en tu regazo, ya que eso le ayudará a calmarse. Los lactantes que sufren cólicos a menudo buscan y piden consuelo de sus padres o cuidadores por lo que estos no deben sentirse culpables por cogerlos.
- Reduce los estímulos y busca su relax. El llanto agudo tensa al bebé, por lo que es importante que intentes relajarle, por ejemplo poniéndole un poco de música o un ruido sordo como el secador de pelo o la lavadora. El chupete también puede ayudar, ya que el reflejo de succión es instintivo. Además, algunos bebés necesitan oscuridad o sentirse protegidos para tranquilizarse, por lo que acostarlos o arrullarlos en una mantita puede resultar útil en estos episodios.
- Llévale de paseo. En ocasiones, también el movimiento reconforta a los bebés que sufren cólicos. Por eso, puede resultar efectivo llevarlo a pasear en el coche, en su carrito o, incluso, sentarlo en un asiento vibrador.
- Claves de la lactancia. Si el bebé toma la leche con mucha avidez es posible que trague demasiado aire. En caso de tomar la leche materna, hay que asegurase de que vacíe bien un pecho antes de cambiarlo al otro, pues la leche que sale al vaciar por completo el pecho es más rica en grasa y energía, y sacia mejor el hambre. Además, prescindir de estimulantes como la cafeína o la teína en la dieta de la madre podría ayudar a que el bebé se mantenga un poco más sereno. Al menos, es conveniente hacer la prueba.
- Establece una rutina para las tomas. Sobre todo, si el bebé toma el biberón, las tomas deben ser regulares tanto en horario como en frecuencia, y conviene seguir siempre los mismos pasos al hacerlo. También en el momento del baño debe seguirse una rutina, pues repetir secuencias permite al niño saber qué va a suceder y, por tanto, sentirse más seguro.
- Ayúdale a eliminar los gases. Tanto si se le ha dado el pecho como si ha tomado biberón, es necesario ayudar al bebé a eructar. En el primer caso, hay que sujetarlo unos minutos después de la toma en posición vertical para que pueda expulsar los gases. Y si se le da biberón, se debe elegir una tetina con el orificio del tamaño adecuado y asegurar que esté siempre llena de leche, para evitar que le entre aire.
- Tu descanso también cuenta. El llanto frecuente y prolongado de un bebé puede alterar la vida familiar, pues el cansancio y la preocupación se van acumulando. Por eso, padres y madres deben dar prioridad a su descanso, relevándose en su cuidado, buscando ayuda de personas del entorno. Es muy importante que ambos progenitores se impliquen en la crianza de su hijo.
- Acude al pediatra siempre que sea necesario. El médico nos ayudará a descartar problemas de salud si tenemos dudas o si vemos que el bebé presenta algún otro signo de malestar.
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