Probióticos para Bebés: Beneficios y Riesgos

28.10.2025

La microbiota comienza a configurarse incluso antes del nacimiento. La comunidad microbiana que conformará la microbiota de los bebés se ve influida por la de sus madres en gran medida, y en ella impactan diferentes factores.

Factores que Influyen en la Microbiota del Bebé

Si un bebé nace por parto vaginal, se impregna de los lactobacilos, microorganismos beneficiosos, que forman parte de la microbiota de las vaginas sanas. Sin embargo, si nace por cesárea, adquiere menos lactobacilos y más bacterias propias de la piel o del entorno hospitalario.

También influye enormemente el tipo de lactancia. Los bebés alimentados con lactancia materna tendrán una microbiota intestinal dominada por bifidobacterias, ya que la leche materna contiene estos microorganismos y, además, en su composición se encuentra un tipo de azúcar (llamado Human Milk Oligosaccharides) que no va a nutrir al bebé, sino que favorece el crecimiento de estos microorganismos beneficiosos.

Con la introducción de la alimentación complementaria, en torno a los 6 meses de vida, la microbiota sufre una transición, pasando de ser poco diversa y estar dominada por bifidobacterias a tener una mayor diversidad y riqueza. En torno a los 1000 días de vida se alcanza una microbiota más madura y estable.

Introducir alimentos sólidos demasiado pronto (antes de los 4 meses) desplaza microorganismos asociados a los bebés por otros más relacionados con adultos, e incrementa el riesgo de obesidad y de patologías mediadas por el sistema inmune.

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Hay otros factores además de la alimentación que ayudan a la maduración de la microbiota en los más pequeños. Un ejemplo es la convivencia con mascotas con pelo, que favorece una mayor diversidad y riqueza microbiana en los niños. Tanto es así, que estos niños con mascotas muestran un riesgo menor a desarrollar alergia, especialmente si este contacto es en el primer año de vida. También tener hermanos parece que favorece la configuración de una microbiota más madura. Por otro lado, crecer en ambientes rurales aumenta la exposición a microorganismos no patógenos, mejorando el desarrollo y respuesta del sistema inmunitario.

Probióticos, Prebióticos y Simbióticos

Dentro de los alimentos funcionales han adquirido un papel relevante los probióticos, prebióticos y simbióticos, con importantes funciones en la prevención y tratamiento de las enfermedades, en la regulación del metabolismo y en la calidad de vida de los niños y adolescentes.

Los probióticos son microorganismos vivos, no patógenos, agentes biológicos con un impacto significativo en la composición de la microflora intestinal, tanto cualitativa como cuantitativamente, que, además, pueden inhibir el crecimiento de la flora patógena. Este hecho es muy importante desde el punto de vista fisiológico, ya que la microflora intestinal tiene a lo largo de todo el ciclo vital una gran influencia en el mantenimiento de la homeostasis, de la función intestinal, de la inmunomodulación, como barrera a la colonización por patógenos intestinales y diseminación bacteriana intestinal, en la alergia, en la absorción de la lactosa, en el metabolismo, en la producción de vitaminas y factores de crecimiento, en la síntesis de antimicrobianos y en la neutralización de toxinas, mutágenos y tumorígenos y como fuentes de energía.

Los prebióticos son ingredientes alimentarios no digeribles, fundamentalmente hidratos de carbono y en menor medida proteínas, cuya fermentación bacteriana en el colon favorece el crecimiento selectivo y la actividad de un número limitado de bacterias, principalmente bifidobacterias y lactobacilos, en detrimento del crecimiento de patógenos en la flora colónica. La mayoría de las bifidobacterias está adaptada a la utilización de prebióticos, pero otras especies de bacterias son capaces también de metabolizarlos. Los componentes alimentarios que parecen ejercer el mejor efecto prebiótico son los fructooligosacáridos (FOS), como la chicoria y la inulina, y también la lactulosa. El número de bifidobacterias fecales se encuentra incrementado por la ingesta de FOS de forma dependiente de la dosis, convirtiéndose, por tanto, en una alternativa potencial a la administración directa de probióticos. Los prebióticos se ingieren a través de alimentos naturales o incorporándolos a alimentos como productos lácteos, bebidas, pastelería, cereales, etc.

Otro uso posible de los prebióticos es en combinación con bacterias probióticas. Esta combinación es conocida como simbiótico y puede ofrecer ventajas al mejorar la supervivencia e implantación de los probióticos en el tracto intestinal, ya que su sustrato específico está disponible desde el momento de la ingestión. Algunos posibles simbióticos son la combinación de bifidobacterias con FOS y lactobacilos con lactitiol.

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Probióticos y la Microbiota Infantil

Las propiedades de los pre y probióticos se ponen de manifiesto desde los primeros meses de vida, ya que la composición de la microflora intestinal está muy influida por el tipo de alimentación. En el momento del nacimiento, el tracto gastrointestinal es estéril, pero a las pocas horas, las bacterias ingeridas durante el parto colonizan con rapidez el intestino neonatal y pronto alcanzarán un número que es 10 veces superior al de las células del organismo.

Tras la colonización inicial, la flora intestinal se mantiene bastante constante durante la vida, siendo difícil cambiarla de forma permanente, pues el sistema inmunológico intestinal aprende a reconocer y tolerar las especies bacterianas presentes ya en las primeras etapas de la infancia.

En los lactantes alimentados con leche materna se desarrolla fundamentalmente una flora de grampositivos, lactobacilos, bifidobacterias, enterococos, destacando como gramnegativos Escherichia coli, mientras que en los alimentados con leche de fórmula (de inicio o continuación) sin suplementar con probióticos ni prebióticos la flora es más compleja, predominando E. coli, bacteroides y otros anaerobios y menos bifidobacterias, como se demuestra al usar métodos de identificación y detección molecular (FISH).

En los alimentados con leche materna, dados los componentes específicos que ésta aporta (lactoferrina, lisozima, fibronectina, mucina, oligosacáridos, nucleótidos, N-acetilglucosamina, glucosa, galactosa, fructosa, lípidos, IgA secretora y otros factores bifidogénicos), junto a una menor cantidad de proteínas, se favorece el crecimiento selectivo de bifidobacterias y el ambiente intestinal tiene más capacidad inmunomoduladora y antimicrobiana que en los alimentados con leche de fórmula.

Estas diferencias favorecen la no proliferación de patógenos y, por tanto, la menor incidencia de infecciones gastrointestinales, urinarias y respiratorias en los alimentados con leche materna. La ingestión de leche de fórmula adicionada de bifidobacterias produce, ya al mes de vida, una prevalencia de su colonización, casi similar a la de los alimentados con leche materna y significativamente mayor a la de los alimentados con fórmula sin microorganismos. Estas leches de fórmula adicionadas con probióticos (bifidobacteria latis, BL, S. thermophilus) consumidas de forma prolongada son bien toleradas, mantienen un crecimiento normal en niños de 1-3 años, recuperan el crecimiento de malnutridos, mejoran la motilidad intestinal y el ritmo y el tipo de heces y disminuyen el riesgo de infección y de eritema del pañal.

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La administración en los primeros meses de vida de leche de fórmula enriquecida con galacto y fructooligosacáridos es bien tolerada, mantiene un crecimiento y una masa mineral adecuados, e incrementa de manera significativa y con rapidez el porcentaje de bifidobacterias endógenas y la habilidad para mantener estable la flora intestinal.

El uso de leches de continuación, preparados lácteos de crecimiento y otros alimentos infantiles, como papillas, enriquecidos con probióticos y prebióticos promueve un incremento del número y la actividad de lacto y bifidobacterias, una mejor función intestinal y un crecimiento adecuado, como pone de manifiesto el hecho de que el suplemento de una papilla con 2-4 g/día de FOS en lactantes a partir del cuarto mes y seguidos durante 8 semanas produce un aumento altamente significativo de unidades formadoras de colonias (UFC) de bifidobacterias por gramo de heces significativamente superior al grupo control (29,8 x 109 frente a 7,3 x 109; p < 0,01) y de lactobacilos (2,8 x 109 frente a 1,3 x 107; p < 0,05).

Enfermedades Gastrointestinales y Probióticos

Existen claras evidencias de los efectos nutricionales, preventivos y terapéuticos de los probióticos (Lactobacillus casei rhamnosus LGG, L. casei, L. reuteri, L. plantarum, L. salivarius, L. johnsonii, B. bifidum, Streptococcus thermophilus y Saccharomices boulardii) sobre las enfermedades del tracto gastrointestinal, en la diarrea aguda viral o bacteriana, postantibióticos y quimioterápicos, del viajero, en la intolerancia a la lactosa, en la alergia a alimentos, en la colitis, en el síndrome del colon irritable, en la enfermedad inflamatoria intestinal, en la inhibición de la colonización gástrica y actividad del Helicobacter pylori, en el estreñimiento y en el cáncer.

Diarrea Aguda

El tracto gastrointestinal no es sólo importante en la homeostasis por su papel principal en la digestión y absorción, sino también por su función inmunomoduladora. El intestino es un importantísimo órgano linfático y la mucosa intestinal es una barrera protectora contra la colonización de patógenos y contra antígenos, ya sean microorganismos o alimentos. El control de las infecciones mediante estrategias diferentes de la antibioterapia, que lleva implícitos el riesgo de desarrollo de resistencias y la disminución de la flora no patógena, se convierte en una prioridad. El uso de probióticos representa una alternativa biometabólica prometedora en la prevención y el tratamiento de la diarrea.

En cuanto a los mecanismos potenciales del efecto de los probióticos en la enfermedad diarreica, se debe tener presente:

  1. La producción de sustancias antibacterianas (bacteriocinas, lactacinas, lactocinas, helveticinas, bifidinas, etc.). La inhibición de la adhesión de patógenos y la competición por receptores en la mucosa intestinal.
  2. La producción de ácidos grasos de cadena corta, que acidifican el lumen intestinal, inhibiendo bacterias, como las coliformes, y manteniendo el trofismo de la mucosa.
  3. La disminución de la permeabilidad intestinal.
  4. La acción competitiva de estos agentes por nutrientes luminales.
  5. La inmunomodulación: el aumento de la IgA secretora, la regulación de citocinas intestinales y de la respuesta inmunitaria contra patógenos.

Se ha demostrado la inhibición de la adherencia de patógenos y actividad bacteriana utilizando un cultivo de la línea celular Caco-2 en un modelo in vitro, tras la administración de Lactobacillus casei rhamnosus (Lcr35). Junto al aporte de probióticos, la administración de prebióticos favorece la multiplicación de las bifidobacterias y los lactobacilos, que compiten con los receptores de los patógenos en la mucosa intestinal, favoreciendo por tanto una acción antiinfecciosa.

Lactobacillus casei rhamnosus (Lcr 35) es un buen ejemplo de la eficacia de los probióticos contra la colonización y crecimiento de patógenos en el tracto gastrointestinal, ya que inhibe la adherencia del E. colli enteropatógeno (EPEC), E. colli enterotoxigénico (ETEC) y Klebsiella pneumoniae a la mucosa intestinal, y presenta una actividad antibacteriana con inhibición del crecimiento de K. pneumoniae, Shigella flexneri, Salmonella typhimurium, Enterobacter cloacae, Pseudomona aeruginosa, Enterococcus faecalis y Clostridium difficile.

Prevención de la Diarrea Aguda

En un estudio en niños de 6-24 meses de edad malnutridos, pertenecientes a una población indígena peruana, que recibieron LGG o placebo 6 días/semana durante 15 meses, los que reciben probiótico presentaron significativamente menos episodios de diarrea/niño/año y la diarrea estaba menos presente en los mayores de 18 meses, en especial en los no alimentados con leche materna.

En un estudio aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo, en niños de 1-36 meses de edad hospitalizados por razones extraintestinales, en un grupo se administraron 6 x 109 UFC/día de LGG y en otro placebo. El grupo control desarrolló diarrea por rotavirus más frecuentemente que el que recibió probióticos, seis frente a un episodio (16,7 frente a 2,2%), así como para todos los tipos de episodios de diarrea, 12 por sólo tres (33,3 frente a 6,6%; p < 0,002). Niños menores de 2 años que asisten a guarderías, alimentados con leche enriquecida con probióticos, presentan menos episodios infecciosos y menos días de ausencia por enfermedad que los controles. Todos estos estudios ponen de manifiesto el valor de los probióticos como preventivos de infección, especialmente de diarrea por rotavirus.

Tratamiento de la Diarrea Aguda

En niños bien nutridos de 4-45 meses de edad, ingresados en el hospital por diarrea, se administró a un grupo leche fermentada enriquecida en L49 y a otro grupo placebo. En los que recibieron probiótico se redujo significativamente la duración de la diarrea (p < 0,001; en el 82% la infección es por rotavirus). Cuando se analizó sólo el grupo de infección por rotavirus, el descenso de la duración de diarrea fue más significativo. En la convalecencia, el 90% del grupo que recibió LGG desarrolló anticuerpos IgA específicos a rotavirus, frente a sólo el 45% del grupo control.

En un estudio aleatorizado y controlado, pero no ciego, el grupo de niños con deshidratación media o moderada que recibió LGG a dosis de 3 x 107 UFC presentó una duración significativamente menor de la diarrea que el grupo control. El 61% tenía rotavirus y la persistencia en heces fue también significativamente menor en el grupo que recibió probióticos (p < 0,002).

En un reciente estudio multicéntrico, doble ciego, controlado con placebo, que comprende a niños de 1 mes a 3 años de 11 países europeos, Egipto e Israel ingresados en el hospital por diarrea aguda causada en el 35% de los casos por rotavirus, en el 32,6% por bacterias o protozoos y en el 32,4% por etiología no determinada, se administró a un grupo LGG a dosis de 1010 UFC/250 ml de solución de rehidratación oral (SRO ad libitum) y al otro placebo. La duración de la diarrea fue de 71,9-35,8 h en los pacientes del grupo placebo y de 58,3-27,6 en el grupo LGG (p < 0,003). Los más beneficiados fueron los afectados por rotavirus, con una duración de 56,2-16,9 h, frente a 76,6-41,6 h en el grupo control (p < 0,008). Cuando se valoró el porcentaje de pacientes en que la diarrea duró más de 6 días, sólo estuvo presente en el 2,7% en el grupo LGG, frente al 10,7% en el grupo control (p < 0,001). En los niños con etiología bacteriana demostrada, las diferencias entre los dos grupos no fueron significativas.

El Cólico del Lactante y los Probióticos

El cólico del lactante es un fenómeno muy común sobre todo en los primeros 4 meses de vida, se caracteriza por un llanto prolongado y recurrente que tiene una causa justificada y no se resuelve atendiendo al bebé. Es un trastorno multifactorial, aunque su causa exacta se desconoce, se asocia con alergia a la proteína de la leche, intolerancia a la lactosa, reflujo gastroesofágico, exceso de gas, etc. Y cada vez es más evidente que un desequilibrio en la microbiota intestinal puede contribuir a su desarrollo.

Diversos estudios apuntan a que la colonización aberrante de la microbiota en esta etapa temprana de la vida podría causar los cólicos del lactante. Se describen diferencias en la microbiota de los niños que sufren este problema: tienen una menor abundancia relativa de Bifidobacterium, Lactobacillus y una mayor proporción de enterobacterias y otras bacterias gram negativas.

Esta disbiosis en los bebés puede favorecer procesos de fermentación y la producción de gas en el intestino, así como el aumento de la permeabilidad intestinal, el incremento de señales pro-inflamatorias y la inflamación de bajo grado. Se cree que la disbiosis y la inflamación sistémica alteran la función del sistema nervioso asociado al intestino y también del sistema nervioso central, que estarían detrás de la dificultad de detener el dolor y del llanto en los bebés que sufren cólico de lactante.

Se han estudiado diferentes combinaciones probióticas en cólico de lactante. Una de las especies más estudiadas es L. reuteri. Se ha empleado L. reuteri solo o en combinación con B. lactis, S. thermophilus o incluso con L. rhamnosus GG.

Probióticos y Niños: Siguiendo las Guías Médicas

Muchos médicos insisten en la necesidad de seguir las guías y recomendaciones de las sociedades científicas para diseñar estrategias terapéuticas que sean eficaces y seguras para los más pequeños de la casa.

El portal italiano Microbioma.it recoge una entrevista a la investigadora Mariella Baldasarre, de la Universidad de Bari, en la que explica que el médico pediatra «tiene la responsabilidad de recetar productos que no solo sean eficaces, sino que sean seguros, ya que en la edad pediátrica hay un mayor riesgo de aparición de intolerancias alimenticias».

¿Cuándo Utilizar Probióticos en Niños?

La experta italiana toma de referencia las recomendaciones de la ESPGHAN (The European Society for Paediatric Gastroenterology Hepatology and Nutrition) sobre el uso de probióticos en Pediatría, una tendencia también apoyada por otras instituciones, como la American Academy of Pediatrics, «que asegura que los probióticos pueden favorecer el bienestar de los niños y ayudar en el tratamiento de algunas patologías».

La ESPGHAN recomienda el uso de probióticos en Pediatría especialmente en tres supuestos:

  • Gripe estomacal aguda
  • Diarrea provocada por antibióticos
  • Diarrea nosocomial

En el primer supuesto, los probióticos no son el único tratamiento, según Baldassarre, pero su utilización puede ayudar a reducir de forma importante el número de días que el niño o la niña presenta sintomatología. También reduce el tiempo durante el que se producen descargas de heces.

¿Qué Probióticos Utilizar en Niños?

La ESPEGHAN especifica también qué cepas probióticas son las recomendables en estas tres situaciones:

  • Lactobacillus rhamnosus GG
  • Saccharomyces boulardii
  • Lactobacillus reuteri

Probióticos en Niños: Prevención

Otro de los objetivos de utilizar probióticos en Pediatría es el de la prevención. Y ahí tiene una gran relevancia la dosis. «Para la prevención de la diarrea por antibióticos es importante suministrar dosis que van desde 1 hasta 10 millones de bacterias vivas y vitales, porque dosis inferiores no sirven», especifica la doctora.

La suministración probiótica tiene que seguir, obligatoriamente, después de que se haya terminado la tanda de antibióticos, «para así favorecer la recuperación del equilibrio de la microbiota», según la experta.

Características de los Probióticos en Niños

Para que sea seguro, no debe tener:

  • Plásmidos portadores de resistencia bacteriana
  • Alérgenos que puedan provocar el desarrollo de una intolerancia
  • Fructosa, porque puede activar la intolerancia a la lactosa

Los rasgos que sí debe tener son:

  • Shelf-life
  • Bacterias en condiciones de llegar intactas al colon, consiguiendo sobrevivir a las secreciones gástricas del estómago (esto se consigue gracias a la microencapsulación y a las técnicas de 4ª generación)

Tabla resumen de probióticos y sus usos

Probiótico Uso
Lactobacillus rhamnosus GG Gripe estomacal aguda, Diarrea provocada por antibióticos, Diarrea nosocomial
Saccharomyces boulardii Gripe estomacal aguda, Diarrea provocada por antibióticos, Diarrea nosocomial
Lactobacillus reuteri Gripe estomacal aguda, Diarrea provocada por antibióticos, Diarrea nosocomial, Cólicos del lactante

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