Placenta Previa Marginal: Definición, Causas y Riesgos
La placenta previa es una forma anómala de colocación de la placenta que se produce cuando la placenta se encuentra situada en un punto en el que obstruye el cuello uterino de la madre. Se habla de placenta previa cuando esta se posiciona cubriendo parcial o completamente el orificio cervical interno o cuello del útero. Entendemos por placenta previa el hecho de que la placenta esté insertada en la parte baja del útero, lejos de su lugar habitual, que es el fondo del útero.
Esta anomalía de la inserción placentaria se presenta entre un 0,4-0,5% de los embarazos. Entre un 0,3 y un 0,8% de los embarazos se ven afectados por esta anomalía, dependiendo de las características del grupo de población investigado. La incidencia de placenta previa ha aumentado y actualmente se produce en 1 de cada 200 gestaciones. No se debe confundir la placenta baja con la placenta previa. Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas. Se establece la distancia de 2 cm desde el borde de la placenta hasta el orificio cervical interno para clasificarla de inserción baja.
Tipos de Placenta Previa
Existen cuatro tipos de placenta previa:
- Tipo I. Placenta baja.
- Tipo II. Placenta marginal.
- Tipo III. Placenta oclusiva parcial.
- Tipo IV. Placenta oclusiva total.
Por tanto, los diferentes tipos de placenta previa se distinguen dependiendo de la severidad de obstrucción uterina. Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.
En el caso de la placenta previa marginal, la placenta está al lado del cuello uterino pero no cubre la abertura.
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Cuando la placenta es oclusiva al final del embarazo no permite el parto vaginal y habría que hacer una cesárea.
Causas y Factores de Riesgo
La causa específica de la placenta previa es desconocida. La causa de la placenta previa se desconoce. Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta. La porción inferior del útero no es la adecuada para que se inserte la placenta porque es más delgada, con menos musculatura que la zona superior.
No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación. Son los siguientes:
- La multiparidad, cuantos más hijos previos más riesgo de placenta previa.
- Edad de la madre, es más frecuente en mujeres a partir de 35 años.
- Cicatrices uterinas previas: el riesgo de presentar placenta previa aumenta con el número de cesáreas previas. Las alteraciones del endometrio por legrados anteriores vigorosos también aumentan el riesgo de placenta previa.
- Tabaquismo: las mujeres fumadoras tienen un riesgo aumentado de placenta previa.
- Raza: es más frecuente en mujeres de raza negra o asiática que en mujeres de raza blanca.
- Malformaciones uterinas.
- Embarazo gemelar o embarazo múltiple.
- Haber tenido varios embarazos previamente.
- Poco tiempo entre dos partos.
- Haber tenido un parto previo por cesárea.
- Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas.
- Edad materna avanzada.
- Tabaco y abuso de cocaína.
- Otros factores predisponentes son el retraso en la fecundación y en la posterior implantación.
Síntomas
El síntoma más típico de la placenta previa es el sangrado indoloro de sangre roja y brillante que puede ser escaso o abundante. Además, a partir de la semana 24 de gestación, un sangrado vaginal de color rojo brillante e indoloro puede indicar que existe placenta previa. Es el síntoma principal de esta anomalía, pero no sucede en todos los casos. Suelen repetirse los episodios de sangrado y pueden ir aumentando en intensidad según avanza la gestación. Los episodios de sangrado no suelen tener repercusiones fetales a no ser que el sangrado sea tan abundante que produzca un shock hipovolémico en la madre. En una tercera parte de los casos el sangrado se produce antes de la semana 30 de la gestación; este grupo es el que tiene mayor riesgo de necesitar transfusiones sanguíneas, de sufrir partos prematuros y de mayor mortalidad perinatal.
Diagnóstico
El diagnóstico se realiza por ecografía que puede ser abdominal pero la transvaginal es más segura y fiable en su diagnóstico. La placenta previa se diagnostica mediante ecografía, en la que se observa si la posición de la placenta es la correcta o no. Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias.
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Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina). La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa. El diagnóstico deberá ser confirmado mediante una ecografía.
Si se detecta esta afección antes del tercer trimestre de embarazo, no hay por qué alarmarse, ya que es muy probable que la placenta varíe su posición a medida que el útero se agrande. Tan solo el 30% de las mujeres con placenta previa antes de la semana 24 de embarazo aún la mantienen en esa posición en el momento de dar a luz.
Si la mujer presenta un sangrado vaginal a partir de la semana 20, es necesario acudir al ginecólogo para realizar una ecografía y comprobar si se debe a una placenta previa o a algún otro problema.
Tratamiento
El tratamiento de la placenta previa depende de varios factores. El principal es el tiempo de embarazo ya que en caso de embarazo a término el tratamiento es la finalización del embarazo. El procedimiento a seguir cuando se detecta un caso de placenta previa depende mucho de la semana de gestación y de la cantidad de sangre que haya perdido la madre.
En embarazos pretérmino, la actitud debe ser conservadora y expectante mientras la madre y el feto no corran riesgo. Se procede entonces a la maduración pulmonar fetal con tratamiento intramuscular con corticoides. Si se produce un deterioro en el estado materno o fetal a pesar de ser un parto prematuro debe procederse a la extracción fetal.
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Si la hemorragia es leve, se puede esperar hasta la semana 36, cuando el bebé ya esté lo suficientemente maduro como para realizar una cesárea. Si la hemorragia es abundante y no se detiene, lo más probable es que se requiera la hospitalización de la embarazada. Si el bebé ya está maduro para salir, se realizará una cesárea.
Manejo según el tipo de sangrado
- Sangrado leve y placenta previa baja o marginal: el médico mandará reposo absoluto en cama, reducir actividades y descansar la pelvis, lo que implica no mantener relaciones sexuales ni usar tampones.
- Sangrado abundante y placenta previa parcial o total: es probable que la mujer sea hospitalizada para estar más vigilada y tratada con transfusiones de sangre. El aumento de sangrado puede poner en riesgo la salud de la madre y del bebé.
Vía de parto
La vía del parto depende del tipo de placenta previa y de varias consideraciones clínicas. En general, la mayoría de mujeres con placenta previa parcial o total darán a luz a través de una cesárea, ya que un parto vaginal podría causar un sangrado intenso que podría ser mortal para la madre y el bebé. La placenta oclusiva total es una contraindicación para el parto vaginal. En los otros casos depende de la evolución y el especialista es quien decide cual es el tipo de parto más adecuado a cada caso.
En los casos de placenta previa oclusiva parcial, puede considerarse el parto vaginal, aunque los riesgos son considerables y en la mayoría de los casos se opta por la cesárea.
Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.
Consideraciones adicionales
- Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación. También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre.
- La paciente debe ingresar en un centro hospitalario en la primera hemorragia para una cuidadosa monitorización tanto materna como fetal. La mayor parte de las hemorragias por placenta previa suelen detenerse por sí solas.
- Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales.
- Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia.
- Las placentas previas estables (sin sangrado o con sangrado mínimo) deben cumplir 36-37 semanas de gestación para programar el parto.
Riesgos y Complicaciones
Es importante que el médico os supervise tanto a ti como al bebé para reducir posibles complicaciones. Los riesgos de tener placenta previa incluyen:
- Sangrado intenso. Puede ocurrir durante el parto o más adelante. La placenta previa aumenta el riesgo de sufrir hemorragias vaginales. Por este motivo, las mujeres con placenta previa precisan más transfusiones sanguíneas, extirpaciones del útero (histerectomías) tras el parto, ligaduras de las arterias uterina e iliaca o embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis, que las embarazadas que no sufren esta complicación.
- Parto prematuro. El sangrado puede ser motivo para someterte a una cesárea de emergencia aunque no hayas llegado a término. La placenta previa incrementa en 8 veces el riesgo de sufrir un parto prematuro.
- Implantación anormal de la placenta o placenta accreta. La placenta accreta es la que se adhiere en exceso a la pared del útero y cuesta que se desprenda tras el parto, causando una hemorragia vaginal al desprenderse. Para tratarla puede ser necesario tener que extirpar el útero (histerectomía).
- Mala presentación del feto. La ubicación de la placenta en la porción inferior del útero predispone a que el feto no tenga una presentación normal de cabeza (cefálica).
- Retraso del crecimiento intrauterino.
- Vasa previa y cordón umbilical velamentoso.
- Anomalías congénitas.
El compromiso fetal depende del materno. Las complicaciones y la mortalidad de los recién nacidos de embarazos con placenta previa ha disminuido mucho en los últimos años, debido a las mejoras en el manejo obstétrico, a las cesáreas y a la mejora en los cuidados neonatales.
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