Placenta Previa Oclusiva Total: Definición, Causas y Tratamiento

02.11.2025

La placenta es un órgano materno-fetal que se desarrolla durante el embarazo. Esta estructura se encuentra en el útero y se encarga de suplir las necesidades básicas del feto a través de la madre: la respiración, la alimentación y la excreción. Algunos problemas durante el embarazo pueden surgir como consecuencia de alteraciones en la placenta. Uno de estos casos es la placenta previa, que se produce cuando ésta crece en la parte más baja del útero y cubre toda la abertura del cuello uterino o parte de ella.

Se habla de placenta previa cuando esta se posiciona cubriendo parcial o completamente el orificio cervical interno o cuello del útero. Entre un 0,3 y un 0,8% de los embarazos se ven afectados por esta anomalía, dependiendo de las características del grupo de población investigado.

¿Qué es la Placenta Previa Oclusiva Total?

La placenta previa es una forma anómala de colocación de la placenta. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva. La placenta previa oclusiva es un tipo de placenta previa y que también se conoce como placenta previa total. Esto significa que la placenta crece en la parte más inferior del útero, por lo que la abertura del cuello uterino queda cubierta por completo. Cuando la placenta es oclusiva al final del embarazo no permite el parto vaginal y habría que hacer una cesárea.

Tipos de Placenta Previa

En un embarazo normal la placenta se desplaza en el útero a medida que éste crece. Al principio del embarazo, lo normal es que la placenta se coloque en la parte baja del útero y a medida que éste crece, se va desplazando y subiendo. A medida que avanza la gestación y el útero crece, la placenta se va desplazando por el útero.

Durante los primeros meses de embarazo, es común que la placenta se encuentre en la parte más baja del útero, pero conforme avanzan las semanas de embarazo, la placenta va creciendo y situándose en la parte superior. Una vez llega el tercer trimestre de embarazo, la placenta mide unos 22 cm y pesa alrededor de 0,5 kg. En este momento de la gestación, la placenta deberá estar ya en la parte superior del útero para dejar libre el canal del parto.

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Si esto no sucede, habrá un problema de placenta previa, en el que se pueden diferenciar los siguientes tipos:

  • Placenta de inserción baja: la placenta se encuentra en el segmento inferior del útero pero no alcanza la abertura del cuello uterino. Se denomina placenta baja a la que está cerca (a menos de 2 cm) de la abertura del cuello del útero. Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas. No se debe confundir la placenta baja con la placenta previa.
  • Placenta previa marginal: la placenta está al lado del cuello uterino pero no cubre la abertura. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.
  • Placenta previa parcial: la placenta cubre parte de la abertura cervical.
  • Placenta previa total: la placenta cubre toda la abertura cervical.

Por tanto, los diferentes tipos de placenta previa se distinguen dependiendo de la severidad de obstrucción uterina. Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.

Causas de la Placenta Previa

La causa de la placenta previa se desconoce. La causa exacta de la placenta previa es desconocida. Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta. La porción inferior del útero no es la adecuada para que se inserte la placenta porque es más delgada, con menos musculatura que la zona superior.

No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación. Son los siguientes:

  • Causas uterinas.
  • Causas placentarias.
  • Malformaciones uterinas.
  • Embarazo gemelar o embarazo múltiple.
  • Haber tenido varios embarazos previamente.
  • Poco tiempo entre dos partos.
  • Haber tenido un parto previo por cesárea.
  • Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas.
  • Edad materna avanzada.
  • Tabaquismo y abuso de cocaína.

Se asocia una mayor probabilidad de sufrir placenta previa en los casos en que la embarazada ha pasado por alguna cesárea con anterioridad, cuando tiene un alto número de embarazos previos o de abortos tanto espontáneos como inducidos, cuando su edad es avanzada y cuando ya se ha tenido una placenta previa en otro embarazo. Los factores de riesgo para sufrir una placenta previa incluyen los traumatismos previos en el útero y en su vascularización.

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La placenta previa se presenta en 1 de cada 200 mujeres embarazadas en el tercer trimestre de gestación. La incidencia de placenta previa ha aumentado y actualmente se produce en 1 de cada 200 gestaciones. La placenta previa incrementa en 8 veces el riesgo de sufrir un parto prematuro.

Diagnóstico de la Placenta Previa

El diagnóstico de placenta previa es clínico y su confirmación, ecográfica. La placenta previa se diagnostica mediante ecografía, en la que se observa si la posición de la placenta es la correcta o no. Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias. Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina). La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa.

Si se detecta esta afección antes del tercer trimestre de embarazo, no hay por qué alarmarse, ya que es muy probable que la placenta varíe su posición a medida que el útero se agrande. Tan solo el 30% de las mujeres con placenta previa antes de la semana 24 de embarazo aún la mantienen en esa posición en el momento de dar a luz.

Si la mujer presenta un sangrado vaginal a partir de la semana 20, es necesario acudir al ginecólogo para realizar una ecografía y comprobar si se debe a una placenta previa o a algún otro problema. La evolución de esta complicación dependerá de la intensidad de los sangrados y de la semana exacta de embarazo. La probabilidad de tener placenta previa en el momento del parto aumenta en función de la edad gestacional.

En concreto, alrededor del 70% de las mujeres presentará placenta previa en el momento de dar a luz si el diagnóstico se hace a partir de las 30 semanas. También es más probable que persista si se trata de una placenta previa completa, en lugar de una marginal o parcial.

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Síntomas de la Placenta Previa

La mayor parte de mujeres con placenta previa antes de la semana 20 de gestación son asintomáticas. Además, a partir de la semana 24 de gestación, un sangrado vaginal de color rojo brillante e indoloro puede indicar que existe placenta previa. Es el síntoma principal de esta anomalía, pero no sucede en todos los casos. El diagnóstico deberá ser confirmado mediante una ecografía.

Los síntomas de placenta previa se suelen presentar cuando ésta persiste en un estado más avanzado del embarazo, a partir de las 20 semanas. Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida. El principal síntoma es la hemorragia vaginal indolora de sangre roja brillante y de intensidad variable. Entre un 10% y un 20% de los casos se producen además contracciones uterinas dolorosas.

El sangrado ocurre porque el cuello uterino comienza a dilatarse y rompe los vasos sanguíneos de la placenta y del área donde está implantada. Este sangrado puede detenerse por sí solo y volver a empezar unos días después. En ocasiones, el sangrado vaginal no ocurre hasta el comienzo del trabajo de parto. Existe tendencia a que el sangrado se interrumpa espontáneamente, con la ayuda del reposo. Sin embargo, lo habitual es que comience de nuevo días o semanas después con sangrados mayores e intervalos cada vez más cortos.

En una tercera parte de los casos el sangrado se produce antes de la semana 30 de la gestación; este grupo es el que tiene mayor riesgo de necesitar transfusiones sanguíneas, de sufrir partos prematuros y de mayor mortalidad perinatal. La placenta previa solo sangra si se desprende. La capacidad de crecimiento del segmento inferior del útero supera a la de la placenta y puede producir pequeños desprendimientos del borde placentario que dejan al descubierto vasos sanguíneos que pueden producir hemorragias.

Tratamiento de la Placenta Previa

El procedimiento a seguir cuando se detecta un caso de placenta previa depende mucho de la semana de gestación y de la cantidad de sangre que haya perdido la madre. En función de la intensidad de la hemorragia vaginal y el tipo de placenta previa, la manera de proceder será la siguiente:

  • Sangrado leve y placenta previa baja o marginal: el médico mandará reposo absoluto en cama, reducir actividades y descansar la pelvis, lo que implica no mantener relaciones sexuales ni usar tampones.
  • Sangrado abundante y placenta previa parcial o total: es probable que la mujer sea hospitalizada para estar más vigilada y tratada con transfusiones de sangre. El aumento de sangrado puede poner en riesgo la salud de la madre y del bebé.

Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación. También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre. Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia. La paciente debe ingresar en un centro hospitalario en la primera hemorragia para una cuidadosa monitorización tanto materna como fetal. La mayor parte de las hemorragias por placenta previa suelen detenerse por sí solas.

Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales. Si la hemorragia es moderada y el embarazo es mayor de 34 semanas, o si el sangrado se va incrementando progresivamente tras haberse interrumpido después de una hemorragia inicial, se debe realizar una cesárea si la paciente ha recibido corticoides durante el embarazo (y por tanto se supone una adecuada maduración de los pulmones del feto).

Si no los hubiera recibido porque su primera hemorragia se produjo después de la semana 34, se debe realizar una amniocentesis para valorar la madurez pulmonar del feto. Si la amniocentesis indica que los pulmones del feto están maduros se debe realizar una cesárea. Se trata de una urgencia obstétrica. Las cesáreas de urgencia en pacientes inestables se realizan bajo anestesia general.

Parto con Placenta Previa

A continuación, el médico tendrá que tomar una decisión sobre el tipo de parto, que en la mayoría de casos será programado. La forma de proceder a la hora de dar a luz con placenta previa va a depender del tipo que sea y de su gravedad.

En caso de embarazo con placenta previa sin complicaciones, se programa un parto vaginal o cesárea sobre la semana 37. No se recomienda que el embarazo llegue a término porque el riesgo asociado a la placenta previa podría ser mucho peor que el hecho de tener un parto prematuro. Por ejemplo, habría que proceder a una cesárea urgente si aparece una hemorragia grave en las últimas semanas de gestación.

En general, la mayoría de mujeres con placenta previa parcial o total darán a luz a través de una cesárea, ya que un parto vaginal podría causar un sangrado intenso que podría ser mortal para la madre y el bebé. Se debe realizar cesárea siempre que la placenta previa sea total o parcial.

En caso de embarazo con placenta previa que presenta sangrados abundantes y otros factores de riesgo, se procederá a hacer una cesárea si la mujer está de al menos 36 semanas. Antes de esto, es posible que sea necesario administrar corticosteroides para acelerar el proceso de maduración pulmonar del feto.

Si la mujer tiene menos de 35 semanas de embarazo, ésta permanecerá ingresada para controlar los sangrados y, en caso de sufrimiento fetal y/o hemorragia imparable, se procederá también a la cesárea. Por este motivo, las mujeres con placenta previa precisan más transfusiones sanguíneas, extirpaciones del útero (histerectomías) tras el parto, ligaduras de las arterias uterina e iliaca o embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis, que las embarazadas que no sufren esta complicación.

Complicaciones Asociadas

La placenta previa aumenta el riesgo de sufrir hemorragias vaginales. El compromiso fetal depende del materno. Las complicaciones y la mortalidad de los recién nacidos de embarazos con placenta previa ha disminuido mucho en los últimos años, debido a las mejoras en el manejo obstétrico, a las cesáreas y a la mejora en los cuidados neonatales.

Además de la hemorragia, la placenta previa puede asociarse a otras complicaciones:

  • Implantación anormal de la placenta o placenta accreta. La placenta accreta es la que se adhiere en exceso a la pared del útero y cuesta que se desprenda tras el parto, causando una hemorragia vaginal al desprenderse. Para tratarla puede ser necesario tener que extirpar el útero (histerectomía).
  • Mala presentación del feto. La ubicación de la placenta en la porción inferior del útero predispone a que el feto no tenga una presentación normal de cabeza (cefálica).
  • Retraso del crecimiento intrauterino.
  • Vasa previa y cordón umbilical velamentoso.
  • Anomalías congénitas.

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