¿Qué siente un niño cuando le pegas? Consecuencias psicológicas

26.10.2025

El castigo ha sido una de las herramientas más utilizadas para modificar el comportamiento de los niños a lo largo de la historia. En los últimos años, el uso de esta herramienta, especialmente cuando se utiliza aplicando consecuencias aversivas para el/la niño/a, ha sido objeto de debate dentro de la psicología general infantil, especialmente en el área de crianza, ya que son muchos los estudios que demuestran que los efectos secundarios que genera pueden superar en gran medida a las ventajas que obtenemos de aplicarlo.

Impacto emocional del castigo físico

Cuando un niño es golpeado, experimenta una serie de emociones negativas que pueden afectar su desarrollo psicológico. Estas reacciones pueden ir desde miedo, tristeza, ira, vergüenza, culpa, inseguridad, humillación, resentimiento, etc. Tiene sentido que se generen estas emociones ya que están en una posición de desigualdad en la que no se pueden defender y muchas veces no entienden por qué están recibiendo ese castigo.

Estas emociones dificultarán que se dé un aprendizaje adaptativo, ya que el/la menor aprenderá a actuar solo para evitar las represalias (por ejemplo, mintiendo, no saliendo a la pizarra por miedo a equivocarse, alejándose de sus padres, etc.).

Consecuencias a largo plazo

El/la menor también puede aprender que es adaptativo volverse agresivo/a porque es lo que les funciona a sus padres (no olvidemos que los padres o cuidadores son el principal modelo para sus hijos), por lo que puede ocurrir que aprenda a aplicarlo en su día a día habitual y en su futuro. También puede ocurrir todo lo contrario y que aprenda que la única forma de proceder en situaciones en las que alguien comete una injusticia hacia mí, es no hacer nada porque no tengo el poder de cambiar nada ni de defenderme.

¿Por qué los padres recurren al castigo?

Castigar suele llevar menos tiempo ya que los efectos son más inmediatos. Educar en cambio, conlleva más tiempo porque tenemos que pararnos a explicarle al niño por qué no está bien que pegue a su hermana y tenemos que manejar las posibles reacciones emocionales que vaya a tener el niño, como rabietas, llantos o que vuelva a intentar pegar a su hermana.

Lea también: ¿Cuándo experimenta dolor el feto?

El hecho de que el comportamiento que queremos eliminar se reduzca, hace que sea más probable que volvamos a utilizar este método en el futuro, ya que nosotros también obtenemos algo cuando lo aplicamos (se elimina ese comportamiento que nos genera malestar y eso es muy reforzante).

Factores que influyen en la eficacia del castigo

La intensidad del estímulo aversivo. Para que sea útil, la intensidad tiene que ser elevada, pero sin pasarse porque si no, los efectos secundarios sobrepasarán a las ventajas, y si la intensidad es demasiado baja, corremos el riesgo de que el niño se habitúe al castigo y deje de responder a él.

La aplicación del castigo debe ser consistente y aplicarse siempre que se de la conducta que queremos eliminar. Si a veces lo aplicamos, y a veces no, el/la niño/a se dará cuenta y puede que “se la juegue” para ver si en esa ocasión no hay represalias.

Es importante que el castigo se aplique justo después de que se haya realizado el comportamiento inadecuado, para que sea más eficaz.

Alternativas al castigo físico

A pesar de que, en algunas ocasiones el castigo pueda funcionar, debemos tener en cuenta que es una estrategia que no educa en valores, sino que dejan de actuar inadecuadamente por miedo a las reprimendas, deteriora el vínculo entre los niños y los padres, genera emociones muy negativas y enseña estilos de resolución de problemas evitativos, conformistas o agresivos.

Lea también: Síntomas físicos tras la muerte fetal

Entonces, si no castigamos, ¿qué podemos hacer para que nuestros hijos nos hagan caso? Sabemos que educar a los hijos no es una tarea fácil.

Enfoque en la comunicación y la empatía

Los adultos, los padres en este caso, somos responsables de que nuestros hijos aprendan cómo relacionarse con los demás con respeto de una forma sana y con empatía. Otro problema sería que el niño pegue para dar salida a una emoción que no sabe canalizar, en ese caso, igual que en los demás.

Aquí los padres pueden hacer que los niños se sienten y que haya un diálogo pacífico en el que se respeten los turnos de palabra. Este proceso lo podemos hacer en un lugar tranquilo, en el que investiguemos quien empezó pelea y que desencadenante ha habido (una burla o un insulto) para que todos comprendan por qué ha ocurrido y se expresen.

Enseñando a resolver conflictos

«¿Qué puede hacer tu amigo para que te puedas sentir mejor?» Esto se lo preguntaremos a todos y podemos ayudarles haciéndoles sugerencias como: «¿Te gustaría que tu amigo te pusiera un poco de hielo? «Ahora que ya estáis mejor, podéis llegar a un acuerdo.

En cualquier caso, hay un punto común que es la enseñanza del pedir perdón. Expresar el arrepentimiento si de verdad lo sienten, si no no sirve para nada. Si lo sienten, es la llave para poder seguir jugando.

Lea también: ¿Cuándo notarás a tu bebé?

Los adultos, los padres no podemos admitir la violencia y debemos buscar nuestra posición dándoles luz para que ellos encuentren la solución pacífica. El conflicto es importante mientras dura, así que tendremos que trabajar con los niños también que hay que aprender a pasar página.

Los niños necesitan tener experiencias y antes de integrar un aprendizaje es posible que tengan que repetir varias veces los mismos errores. Que tú le grites, le castigues o le hagas reproches, no le va ayudar, debemos acompañarles y guiarles con amor y paciencia.

Consejos prácticos para padres

  • Mantén la calma: ¡IMPORTANTÍSIMO! Cuando tu hijo muestra agresividad, es natural que te sientas molesto o enojado. Sin embargo, intenta mantener la calma. Gritar o castigar severamente no suele ser efectivo y puede empeorar la situación. Responder con calma modela un comportamiento más adecuado.
  • Comunica tus sentimientos: Habla con tu hijo sobre cómo te sientes cuando te pegan. Usa un lenguaje simple y directo. Por ejemplo, puedes decir: “Me duele cuando me pegas.
  • Fomenta la empatía: Ayuda a tu hijo a comprender cómo se sienten los demás. Puedes preguntar: “¿Cómo crees que se siente tu hermano cuando lo golpeas?”. Esto puede abrir la puerta a conversaciones sobre los sentimientos.
  • Enseña alternativas: Enséñale a tu hijo formas apropiadas de expresar su enojo o frustración.
  • Establece límites claros: Es importante que haya consecuencias cuando tu hijo actúa de manera agresiva, sobre todo si sientes que te está faltando al respeto (y no es necesario llegar al punto de la agresión física, con agresiones verbales es suficiente).
  • Modela comportamiento positivo: Los niños aprenden observando a los adultos. Asegúrate de modelar comportamientos positivos y manejo de conflictos en tu propia vida.
  • Promueve el juego y la comunicación: El juego puede ser una forma efectiva para que los niños expresen sus emociones y desarrollen habilidades sociales.
  • Sé constante y paciente: Cambiar el comportamiento lleva tiempo, así que sé paciente contigo mismo y con tu hijo.
  • Observa el entorno: A veces, la agresividad puede estar relacionada con situaciones estresantes en la vida de tu hijo, como cambios en la familia o en la escuela.
  • Busca ayuda profesional: Si la agresividad de tu hijo persiste o es muy intensa, considera buscar la ayuda de un terapeuta infantil.

El impacto de los gritos en el desarrollo infantil

Todos conocemos familias donde los gritos son la forma de comunicación normal. Cuando los niños son pequeños la pareja se comunica así. No se trata de que siempre estén discutiendo, no nos referimos exclusivamente a esos casos, sino de hogares en los que el ruido es elevado, la tele siempre está puesta y en casa existe la norma no escrita de que quién grita es quién se hace escuchar.

El grito tiene una finalidad muy concreta en la naturaleza: es una señal de alarma que genera miedo, expectativa y activación. Entendiendo esta base biológica es fácil deducir que desarrollarse en un entorno donde los gritos son continuados hace que el cerebro de la persona se mantenga en constante alerta.

Pero la naturaleza es muy práctica y si vive en estado de alerta, generando estrés crónico, buscará la manera de defenderse. Un estilo de comunicación agresiva genera respuestas defensivas de la misma intensidad y con una importante carga emocional.

Hay numerosos estudios que han demostrado cómo afectan los gritos emitidos con regularidad sobre el desarrollo del cerebro infantil. Es fácil que los niños aprendan a responder a los gritos con conductas agresivas o defensivas. Si el hijo ha aprendido a inhibirse, a encerrarse en sí mismo para aislarse de la violencia, aparecerán síntomas depresivos.

Estrategias para evitar los gritos

  • Entrena para parar antes de gritar, cálmate antes de actuar, piensa en lo que quieres expresar y en otra forma de decirlo.
  • Reconoce y evita tus estresores. Cuanto más acumulemos más fácil será perder el control.
  • No culpes a los demás si pierdes los nervios.

Consecuencias del castigo corporal

El castigo corporal en niños es un tema que genera preocupación y debate a nivel global. Además de que es inmoral y es delito, hay otras muchas razones por las que nunca debes pegar a un niño. No importa cuál fue su comportamiento ni el nivel estrés de la situación, pegar nunca será una opción. Puede incluso tener profundas consecuencias emocionales y psicológicas para el menor.

Muchos padres frustrados recurren a darles cachetes a sus hijos pensando que de ése modo aprenderán, cuando la realidad es que sólo están cultivando una semilla de odio y rencor. Como dice la psicóloga infantil Beatriz Cazurro, "todo lo que no es buen trato, es mal trato".

Razones para no pegar a un niño

  • No mejora el comportamiento: Para que un niño mejore su comportamiento a la larga debe sentirse bien primero y si se está portando mal es porque hay algo en su interior que no le permita estar completamente bien y eso es lo que debemos trabajar desde las emociones. Cuando se pega a un niño, ¿crees que se sentirá mejor? En absoluto, si le pegas se siente peor y peor se siente generando un ciclo negativo difícil de romper. Pegar a un niño destruye la autoestima y aumenta la ira.
  • Les vuelve agresivos: La violencia sólo genera más violencia, y esto también pasa en los niños. Pegar a un niño sólo les enseña a ser más agresivos con ellos mismos y con los demás, siendo una de las principales razones por las que un niño se vuelve violento. Existen numerosas investigaciones que muestran cómo el castigo corporal en la infancia y el comportamiento agresivo o violento en la adolescencia y en los adultos está estrechamente ligado.
  • Es maltrato infantil: Pegar a un niño, sacudirle, castigarle sin parar de forma abusiva e incluso usar la violencia tanto física como psicológica es maltrato infantil. No importa la cultura o el país, tampoco importa si está permitido o si se ve como algo «normal». La realidad es que hacer a daño a un niño de cualquier modo y de forma intencionada, es maltrato infantil.
  • Los niños no aprenden: El castigo físico no enseña a los niños a resolver los conflictos de forma eficaz y humana. Cuando un niño se asusta, deja de aprender en seco. Un niño que es castigado sólo se preocupará por los sentimientos de enfado que tiene y pensará en formas de venganza (aunque sólo sean fantasías). Por todo esto, se le priva al niño de la oportunidad de aprender métodos eficaces para resolver el problema. Un niño castigado no aprende a cómo poder controlar o prevenir situaciones similares en el futuro.
  • Se rompe el vínculo emocional: El castigo interfiere con la unión entre padres e hijo, ya que no es la naturaleza humana querer a quien nos hace daño. El verdadero espíritu de colaboración sólo puede surgir a través de un fuerte vínculo basado en los sentimientos mutuos de amor y respeto. El castigo sólo frenará de forma temporal el mal comportamiento por miedo, hasta que el niño tenga edad suficiente para resistirlo y hacer frente a los padres. En cambio, la cooperación basada en el respeto durará permanentemente haciendo que la felicidad esté en el hogar.

Alternativas al castigo físico

  • Mantener la calma y practicar la respiración como técnica de autocontrol
  • Da opciones a los niños.
  • Sé flexible.
  • Sé un buen ejemplo.
  • Usa consecuencias lógicas.
  • Retira a los niños de las situaciones de conflicto.
  • Informa a los niños de las consecuencias antes de que suceda el conflicto.
  • Dile a tus hijos qué deben hacer en cada momento.
  • Sé creativo ante situaciones conflictivas.
  • Sé firme pero amable.
  • Haz acuerdos y negocia con tus hijos antes de tiempo -así sabrán qué hacer en cada momento y las consecuencias-.

Técnicas de control emocional para padres

Una de las habilidades esenciales que deben desarrollar los padres para no utilizar castigos corporales es el control emocional. El aprender a manejar su estrés y frustración de una forma efectiva se puede traducir en respuestas más racionales y empáticas a los comportamientos desafiantes de sus hijos.

  • La práctica de la meditación o la respiración consciente.
  • Tomarse tiempo para sí mismos, una forma muy fácil de autocuidado que les ayudará a recargar energías.

Abordar la agresividad infantil

La causa viene porque es su forma de mostrar sus sentimientos y comunicarse. Los niños/as a esa edad todavía no saben cómo gestionar y canalizar ciertas emociones. En estos casos, los padres tienen que tener paciencia y enseñarles poco a poco cómo gestionar esas emociones; cómo enseñarles a identificar y gestionar esas emociones.

Estrategias para padres

  • Mantener la calma y tener paciencia. Es lo más importante y lo primero que tenemos que hacer cuando presenciamos un manotazo de nuestro hijo/a.
  • Ponte en su lugar. Los niños a esa edad todavía no controlan sus emociones y cómo expresarlas.
  • Hazle saber que está haciendo algo mal. Mantener una postura seria y firme diciéndole que «no se muerde, que duele».
  • No tengas una respuesta negativa. Nunca, bajo ningún concepto, utilices la violencia para enseñarle que no se tiene que pegar.
  • No tengas malas palabras hacia el menor. Recuerda que los niños/as a esa edad no son conscientes de lo que hacen. Evitar decirles «ya no te quiero» o «qué malo eres».

Con la intervención adecuada, esta conducta se resuelve con el tiempo, con la madurez del niño y con el desarrollo del lenguaje. No deja de ser un aprendizaje social para el pequeño que, correctamente gestionado por los adultos, le dará muchísimas habilidades y recursos. A partir de los cuatro años, de manera progresiva van sustituyendo estas conductas impulsivas por otras más reflexivas y comunicativas.

El mensaje contradictorio: "No se pega, pero defiéndete"

Una de las instrucciones más contradictorias que a menudo se les da es: «No se pega», pero al enfrentar una situación de agresión, algunos padres y madres pueden llegar a decir: «Si te pegan o insultan, devuélvesela».

Muchos padres tienen miedo de que sus hijos sean víctimas de acoso o maltrato, y es comprensible. La intención detrás del mensaje «devuélvesela» puede ser empoderar al niño para que se defienda, para que no sea visto como «débil» o «presas fáciles».

Consecuencias de mensajes contradictorios

  • Confusión moral: Al recibir instrucciones mixtas, los niños pueden sentirse confundidos sobre cuándo es aceptable y cuándo no lo es usar la violencia o la agresión verbal.

Enseñando habilidades de afrontamiento

  • Representa con tu hijo una situación en la que alguien podría insultar o ser agresivo. Luego, permítele responder usando la comunicación asertiva y otras habilidades.
  • Dibuja un semáforo y asigna un color a cada nivel de emoción: verde (calmado), amarillo (precaución, un poco molesto) y rojo (muy molesto o enfadado). Cuando discutan situaciones conflictivas, pídele que identifique en qué color del semáforo se encontraba.

tags: #que #siente #un #niño #cuando #le

Publicaciones populares: