Salmonelosis y Lactancia Materna: Tratamiento y Prevención
La salmonelosis es una infección que afecta al aparato intestinal y está causada por una bacteria llamada Salmonella. Se considera una de las enfermedades de transmisión alimentaria más comunes y extendidas. En España, continúa siendo también una infección relativamente común, siendo la segunda causa de gastroenteritis bacteriana.
¿Qué es la salmonelosis?
La salmonelosis es una enfermedad diarreica causada por la bacteria salmonella, cuya incidencia aumenta considerablemente en verano por el calor y el aumento de las comidas fuera del hogar. Los casos más comunes de salmonelosis se dan por ingerir alimentos de origen animal infectados, como carne de vacuno y pollo, huevos o leche, pero la salmonella también puede esconderse en las verduras.
¿Cómo se contrae esta infección?
La salmonelosis está causada por la Salmonella, una bacteria omnipresente y resistente, capaz de sobrevivir durante varias semanas en un ambiente seco y varios meses si permanece en el agua. Generalmente, se contrae al ingerir comida o líquidos contaminados por la bacteria, que puede hallarse presente en alimentos que contengan huevo crudo o leche no pasteurizada como salsas, helados, crema y masas de pastelería; en brotes de semillas como la soja; en carnes poco cocinadas -sobre todo, las de ave y la carne picada- y en moluscos o mariscos que vivan en agua contaminada.
También pueden estar contaminados los vegetales regados con este tipo de aguas insalubres, en contacto con estiércol por ejemplo. Los huevos y sus derivados fueron los principales alimentos asociados a los brotes que se produjeron ese año en España, seguidos a gran distancia de la carne y productos cárnicos. Cabe recordar, no obstante, que cualquier alimento puede estar infectado por la salmonella si ha sido manipulado por una persona infectada con las manos sucias o si el alimento entra en contacto con otros que están contaminados -contaminación cruzada-.
La salmonelosis también se puede transmitir de persona a persona por vía fecal-oral o por el contacto con animales infectados, como las mascotas, en las que suele estar muy presente y que, además, a menudo no presentan síntomas.
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¿Cuáles son los síntomas de la salmonelosis?
El nivel de gravedad de la salmonelosis depende de factores propios del huésped o paciente, como su estado general de salud y del serotipo de Salmonella que causa la infección. Los síntomas suelen empezar a manifestarse de manera brusca entre las doce y treinta seis horas posteriores a la ingesta de la comida infectada, aunque este margen puede ampliarse y abarcar entre las seis y las setenta y dos horas.
Los más habituales son fiebre alta, escalofríos, dolor abdominal y de cabeza, náuseas o vómitos y diarrea, que puede ser acuosa o contener sangre. Tanto los vómitos como la diarrea pueden derivar en un cuadro de deshidratación, especialmente en pacientes más vulnerables como niños y ancianos.
La salmonelosis puede cobrar mayor gravedad si la bacteria llega a la sangre, lo que es más probable que suceda en pacientes con VIH o con cáncer, que hayan sido tratados recientemente con quimioterapia, así como en personas trasplantadas de algún órgano. También son más vulnerables las personas que sufren enfermedades crónicas como la diabetes o una patología que afecta a los glóbulos rojos, llamada drepanocitosis, así como quienes toman dosis altas de corticoides u otros fármacos depresores del sistema inmune.
Tratamiento de la salmonelosis
La salmonelosis y sus síntomas suelen durar de cuatro a siete días, sin que la mayoría de las veces sea necesario un tratamiento antibiótico, que, además, podría contribuir a aumentar la resistencia de la salmonella a este tipo de medicamentos. Sí se administrarán antibióticos en caso de que la bacteria alcance el torrente sanguíneo y, desde este, se extienda a otras partes del cuerpo, ya que, en este caso, existe riesgo de muerte. Los antibióticos también pueden ser necesarios si la persona infectada es un paciente inmunodeprimido o pertenece a otro tipo de riesgo.
Generalmente, el tratamiento persigue evitar la deshidratación, para lo cual es necesario reemplazar los líquidos y electrólitos. Tanto adultos como niños pueden tomar soluciones de rehidratación oral -a no ser que el médico indique lo contrario- para reponer las sustancias perdidas a raíz de los vómitos y la diarrea. En general, es necesario el reposo y que las comidas sean ligeras y libres de grasas.
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De igual modo, pueden ser recomendables también los antidiarreicos y, en los casos de mayor gravedad, el paciente puede requerir ser hospitalizado con el fin de administrarle líquidos por vía intravenosa y, eventualmente, antibióticos.
Salmonelosis y lactancia materna
Según el Comité de Lactancia Materna de la AEP, entre las enfermedades que no requieren el abandono de la lactancia figuran: hepatitis A, hepatitis B (con la administración de inmunoglobulina antihepatitis B y la primera dosis de la vacuna antes de las 24 horas de vida del bebé), rubéola, parotiditis, salmonelosis, malaria, hipotiroidismo e hipertiroidismo materno, quistes benignos y fibroadenomas en las mamas.
Hay pocas enfermedades de la madre que recomienden el abandono de la lactancia natural. Incluso ante patologías graves, los especialistas creen que lo mejor es valorar cada caso y considerar los beneficios de la lactancia frente a los posibles riesgos de la salud del lactante. Muchas veces la solución pasa por escoger los medicamentos más apropiados y compatibles con la lactancia, por extraer la leche antes de la administración del fármaco o por su tratamiento (pasteurización y congelación) para inactivar determinados virus.
Claves para prevenir la salmonelosis
Aplicar algunas medidas básicas puede reducir el riesgo de contraer o contagiar la salmonelosis:
- Cuida tu higiene personal. Lávate con frecuencia las manos con agua y jabón, especialmente después de ir al baño, sonarte la nariz, cambiar pañales, tocar animales o sacar la basura.
- Sé cuidadoso con lo que comes. No tomes leche sin pasteurizar ni alimentos elaborados con ella, evita los huevos crudos y productos que los contengan, así como la carne cruda o poco cocinada y el agua no tratada (por ejemplo, de lagos, ríos, etc.). Tampoco tomes frutas y verduras sin lavarlas bien previamente.
- Toma precauciones especiales con los huevos. No compres ni consumas los huevos que no estén bien etiquetados o que no lleven fecha de consumo preferente, así como los que estén sucios o rotos. No los casques en el borde del recipiente donde vayas batirlos y no separes las claras de las yemas usando la propia cáscara del huevo. Asegúrate de que la yema queda bien cuajada al cocinarlo. No es recomendable lavar los huevos, porque la humedad favorece la entrada de la salmonella en su interior.
- Manipula adecuadamente los alimentos. Ello significa seguir normas básicas como lavarse bien las manos antes de empezar a cocinar y tras cada tos o estornudo, así como limpiar cuchillos y demás utensilios tras el contacto con alimentos crudos. También las encimeras y superficies de cocina deben quedar limpias después de cada uso.
- Conserva la comida correctamente. Los alimentos o productos ya cocinados no deben permanecer a temperatura ambiente durante más de dos horas, sino que han de guardarse hasta su consumo en el frigorífico. Las carnes, pescados y productos de repostería deben estar siempre refrigerados o congelados -a una temperatura inferior a los 4.4ºC en el frigorífico y a los -18ºC en el congelador-. Además, cualquier mayonesa o salsa casera debe consumirse tras su elaboración y es mejor que no guardes las cantidades que puedan sobrar.
- Pon orden en tu frigorífico. Evita que las carnes y pescados puedan escurrir sobre alimentos que vayan a comerse en crudo, introduciéndolos en recipientes cerrados dentro del frigorífico. Igualmente, evita que los alimentos crudos estén en contacto con la comida preparada.
- Cocina bien los alimentos. Asegúrate de que su interior alcanza los 70º, de manera que pescados, carnes -especialmente las de aves- y mariscos queden bien hechos por dentro. En el caso de los huevos, las yemas han de quedar también suficientemente cocinadas.
- Ten precaución también fuera de casa. Cuando comas en bares, cafeterías, restaurantes y otros establecimientos hosteleros, rechaza los alimentos que, precisando de refrigeración, estén expuestos a temperatura ambiente. Cuando comas al aire libre, no dejes al sol los alimentos preparados o dentro del coche, sino que lo más adecuado es que los lleves en una nevera portátil. Y evita consumir hielo a menos que esté hecho con agua potable.
- Quédate en casa si estás enfermo. No acudas al trabajo en ese caso, o si es tu hijo el que ha enfermado, no lo lleves al colegio.
Tabla: Medidas para prevenir la salmonelosis
| Medida | Descripción |
|---|---|
| Higiene personal | Lavado frecuente de manos con agua y jabón. |
| Alimentos | Evitar leche no pasteurizada, huevos crudos, carne poco cocinada. |
| Huevos | Comprar huevos etiquetados y cocinarlos bien. |
| Manipulación | Lavar utensilios después del contacto con alimentos crudos. |
| Conservación | Refrigerar alimentos cocinados y evitar dejarlos a temperatura ambiente por más de dos horas. |
| Cocción | Asegurarse de que los alimentos alcancen una temperatura interna de 70°C. |
| Precaución fuera de casa | Evitar alimentos refrigerados expuestos a temperatura ambiente y consumir hielo hecho con agua potable. |
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