Sangrado Vaginal Durante la Lactancia: Causas y Consideraciones

10.12.2025

Después de dar a luz, el cuerpo de la mujer experimenta una serie de cambios y adaptaciones. Uno de los aspectos que genera más dudas es el sangrado vaginal durante el período de lactancia. Es fundamental comprender las diferentes causas de este sangrado y cuándo es necesario buscar atención médica.

El Puerperio y los Loquios

Después de tener un bebé, el útero de la madre necesita aproximadamente quince días para volver a su tamaño y posición normal. Este período de recuperación, conocido como puerperio o cuarentena, suele durar alrededor de 40 días. Durante este tiempo, es común que la mujer presente loquios, que son sangrados causados por la herida que deja la placenta en el útero. Inicialmente, los loquios son de color rojo fuerte, pero gradualmente disminuyen su intensidad hasta desaparecer.

La Lactancia Materna y la Menstruación

La lactancia materna influye significativamente en la reaparición de la menstruación. Las mujeres que amamantan a sus bebés suelen experimentar un retraso en la vuelta de la regla en comparación con aquellas que optan por la alimentación con biberón.

Cuando el niño succiona el pezón, se inhibe la prolactina (PRL), aumentando sus concentraciones en sangre y esto inhibe la secreción de GnRh desde el hipotálamo. De esta manera se disminuye la producción de gonadotropinas reduciendo así la fertilidad y las posibilidades de embarazo. La aparición de esa regla suele coincidir con una mejora en la recuperación postparto de la madre.

En función de la opción de alimentación escogida, la regla tardará más o menos tiempo en volver:

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  • Biberón: Si la madre elige alimentar a su bebé con biberón, la regla puede tardar entre 8 y 10 semanas en volver a ser regular.
  • Lactancia materna: Si la madre decide dar el pecho a su hijo, la recuperación del ciclo menstrual tardará más en llegar. Este retraso se puede prolongar entre 3 y 6 meses, generalmente debido a la hormona prolactina.

Es necesario que la prolactina vuelva a su nivel normal (previo al embarazo) para que los ciclos menstruales sean de nuevo regulares. Por ello, en principio, la mujer no tendrá la regla durante la lactancia.

Primer Ciclo Menstrual Tras el Embarazo

Además de la forma de alimentación del menor, existen otros factores que pueden influir en la vuelta del ciclo menstrual tras el nacimiento del bebé. Algunos ejemplos son:

  • La cantidad de sangre que se haya perdido durante el parto.
  • Si se trata o no del primer parto vaginal.
  • La herencia genética de la mujer.

Aunque este primer periodo es probable que sea anovulatorio (sin óvulos), en algunas ocasiones no ocurre así. Por ello, se recomienda el uso de preservativos, preferiblemente sin látex, para prevenir correctamente un nuevo embarazo. De hecho, se aconseja usar protección durante todo el periodo de lactancia aun en ausencia de menstruación, pues no se sabe exactamente en qué momento va a bajar de nuevo la regla.

Cómo es la Primera Regla Postparto

La primera menstruación después del parto suele ser bastante abundante. También es común que en esta primera regla varíen los síntomas menstruales. Las mujeres que antes de haber sido madres padecían reglas dolorosas, notarán una cierta mejoría en su situación debido a la desaparición de la rigidez muscular del útero.

A medida que la situación va normalizándose y el útero vuelve a su estado habitual, las reglas vuelven a ser como eran previamente al embarazo. No obstante, hay mujeres a las que el ciclo menstrual les varía de forma permanente tras la gestación.

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Por otro lado, en esta primera regla tras el parto, es recomendable utilizar compresas de algodón en lugar de tampones debido a la sensibilidad existente en la zona.

Hemorragia Postparto

La hemorragia postparto es una complicación obstétrica temida, definida como la pérdida hemática superior a 500 ml tras un parto vaginal o 1.000 ml tras una cesárea. La hemorragia postparto precoz (HPP) ocurre durante las primeras 24 horas tras el parto y es generalmente la más grave. Las causas de HPP incluyen:

  • Atonía uterina
  • Traumas/laceraciones
  • Retención de productos de la concepción
  • Alteraciones de la coagulación

El diagnóstico es clínico y el tratamiento debe incluir medidas generales de soporte vital y otras más específicas de carácter etiológico.

Ante una HPP es crucial una actuación inmediata y secuencial. Se recomienda disponer de un plan de acción previamente establecido y que resulte familiar al personal de la maternidad. La conducta inicial ha de centrarse en mantener y/o recuperar la estabilidad hemodinámica de la paciente.

El tratamiento de la atonía uterina puede incluir:

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  • Oxitocina (Syntocinon): 10 U im ó 10-40 U/l en dilución. Es la terapéutica de primera elección en la actualidad.
  • Metilergonovina (Methergin): 0,25 mg im ó 0,125 mg iv cada 5 minutos (máx. 5 dosis). Contraindicado en HTA.
  • PG F2 alfa (Carboprost, Hemabate): 250 µg im cada 15 minutos (máx. 8 dosis).
  • PG E1 (Misoprostol, Cytotec): 400-600 µg vo o vía rectal.
  • Carbetocina (Duratobal): 0,1 mg iv en bolo lento en dosis única.

En caso de sobredosis puede producir hipertonía y tetania (que pueden conducir a una rotura uterina y HPP) e hiponatremia (que puede llegar a provocar una verdadera intoxicación acuosa con somnolencia, cefalea, convulsiones y coma). El tratamiento consiste en la administración de O2, regular el balance hidroelectrolítico con inducción de diuresis y administración de anticonvulsivantes si precisa.

En casos de placentación anormal (acretismo placentario) puede resultar imposible extraer toda la placenta sin dañar el útero (provocando, por ej., una inversión uterina). En tales circunstancias, si el sangrado es controlable farmacológicamente, es preferible dejar parte de la placenta en la cavidad.

Cuándo Preocuparse

Si estás embarazada y presentas un sangrado durante el primer trimestre, debes asustarte si éste asocia dolor intenso en el abdomen o es muy abundante. Y durante el posparto, debes de preocuparte cuando el sangrado es más abundante que una regla, o asocia mal olor o fiebre o presentas malestar o mareo.

Las hemorragias posparto forman parte del proceso de curación, pero hay que tener cuidado con algunas cosas. Por ejemplo, una hemorragia más roja, más abundante, con coágulos grandes, fiebre o secreciones malolientes pueden ser signos de infección.

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