¿Se puede dejar de querer a un hijo adulto? Explorando la psicología del amor filial
¿Y si no le quiero? ¿Y si no le he querido nunca? Estas preguntas, difíciles de pronunciar, suelen llegar en voz baja a las sesiones de terapia, casi como si fueran confesiones de un crimen.
Quien las dice, a menudo lo hace mirando al suelo, tragando saliva, con miedo al juicio. Porque decir "no quiero a mi padre" parece más peligroso que admitir cualquier otro pensamiento. Socialmente, no hay espacio para el hijo o la hija que no siente amor por su padre.
La realidad es que hay muchas personas que no sienten amor por su padre, y no por falta de voluntad, sino por lo que no recibieron. Desde que nacemos, se nos inscribe en un guión afectivo. Un padre es alguien a quien se debe amar. Como se ama el aire, el país de origen o la infancia. Es un vínculo que viene “por defecto”, al menos en la narrativa social.
Los padres representan, simbólicamente, la protección, la ley, la estructura. Pero ese guión choca con la realidad emocional de millones de personas. Hay quienes no recibieron amor, ni presencia, ni cuidado, ni mirada. Otros recibieron castigo, distancia emocional, exigencia inalcanzable o incluso violencia. Y en esos casos, el amor no puede florecer.
Entonces, se instala un doloroso dilema: ¿cómo se puede querer a alguien que ha sido una fuente constante de sufrimiento o vacío? En psicología sistémica se habla de lealtades invisibles. Son pactos inconscientes que establecemos con nuestra familia, muchas veces sin darnos cuenta. Uno de ellos es el pacto de amar a los padres, aunque nos duelan.
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De justificarlos, aunque nos rompan. De no hablar mal de ellos, aunque nos hayan herido. Romper ese pacto interno -empezar a decirse a uno mismo que no se quiere a ese padre, que no se siente vínculo afectivo, que no hay amor- es profundamente liberador, pero también aterrador.
Estas frases nos muestran el nivel de culpa, miedo y confusión que puede generar una verdad emocional legítima. Porque decir “no le quiero” puede despertar sentimientos infantiles de estar transgrediendo una ley sagrada. Pero en realidad, solo estás escuchando tu experiencia interna. Estás siendo honesto.
No querer a un padre no es lo mismo que odiarle. No es sinónimo de desearle daño, ni de ignorar sus circunstancias vitales, ni de renegar de todo lo que ha sido. Significa, simplemente, que no hay amor. No hay calor emocional. Cada historia es única. Y en muchas, el hijo o la hija tuvo que asumir un rol adulto muy temprano, cuidando emocionalmente a su padre, intentando ganarse su afecto, adaptándose para no ser castigado o rechazado. Eso también deja huella.
Uno de los procesos más importantes para quienes no quieren a su padre es el duelo. No el duelo por su muerte biológica, sino el duelo por la relación que no existió. Por ese padre que se necesitaba y no llegó. Este duelo es particularmente duro porque no se suele validar. La sociedad espera que uno honre a sus padres, no que los llore en vida. Pero hacer este duelo es clave.
Porque hasta que no se llora lo que no fue, uno sigue esperando, en silencio, que ocurra. Llorar lo que no pasó, aunque parezca extraño, es el primer paso para dejar de esperarlo. Algunas personas, al permitirse pensar “no quiero a mi padre”, sienten una especie de endurecimiento emocional. Como si para sobrevivir a ese pensamiento, tuvieran que volverse fríos o cínicos. Pero no es necesario irse al extremo.
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Se puede no querer sin odiar. Se puede tomar distancia sin romper del todo. El proceso terapéutico ayuda a encontrar ese equilibrio. A nombrar la herida sin cronificarla. A soltar la culpa sin perder la compasión por uno mismo.
Hay algo más. A veces, cuando una persona se permite dejar de forzarse a querer, algo se desbloquea. No siempre. Pero en algunos casos, al soltar la exigencia interna, empieza a emerger una forma de vínculo más honesta, más liviana, menos idealizada. No es el amor filial que nos venden las películas. Y si eso no ocurre, también está bien.
Porque lo importante no es cómo termina la historia, sino que tú puedas elegir desde un lugar de consciencia emocional. No desde el deber. No desde la culpa. Decir “no quiero a mi padre” no te hace menos persona. No te convierte en un monstruo. No borra tu capacidad de amar ni tu humanidad.
Y si tú estás en ese punto -en ese lugar íntimo, complejo, lleno de silencios- quiero decirte esto: Tu experiencia importa. Tu verdad tiene valor.
Entendiendo la Complejidad de las Familias Reconstituidas
Las familias reconstruidas es un término que cada vez se emplea más en nuestra sociedad, aunque desde nuestro punto de vista no es el más acertado. En una familia reconstruida pueden existir fricciones que deben de saber gestionarse.
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Las personas que tienen hijos de relaciones anteriores y las personas que entablan relaciones sentimentales con ellas deben de ser conscientes de dicha situación, pues de no ser así, estarán forzando una relación por no ser realistas y responsables partiendo de la premisa de partida de la relación con la consciencia adecuada.
Que existan hijos en una nueva pareja que no son comunes puede ser difícil de gestionar, pero no necesariamente, pues se deriva de la falta de planificación sentimental. Si se delimitan espacios, poner límites, crean comportamientos saludables.. etc no tiene que ser ningún impedimento a que la relación del padre o madre con sus hijos sea compatible con la nueva relación de pareja.
Causas Comunes del Malestar en la Convivencia
Las causas más comunes del malestar de la convivencia son:
- Falta de intimidad y espacio personal.
- Diferencias en la crianza y educación.
- Conflictos de lealtad y roles confusos.
En definitiva, se tratan de problemas de base en la relación de pareja en la que se consigue asentar la relación sentimental y el hecho de que alguno o ambos miembros de la pareja tengan hijos.
Siempre es posible compatibilizarlo si existe el compromiso, dedicación y actitud adecuada. Si no se tiene la consciencia necesaria ni se potencian las habilidades que compatibilicen la situación, el malestar irá aumentando hasta desencadenar en situaciones desagradable y enfrentamiento que se podrían evitar si se fuera más realistas y se aceptar tanto las partes más favorables como las menos favorable de la nueva pareja, pues no existen las relaciones perfectas, sino las que tienen la consciencia y dedicación suficiente como para que sea viable, justa y satisfactoria para todos.
Falta de Intimidad y Espacio Personal
En ocasiones las relaciones de pareja se ven limitadas por la falta de intimidad y cantidad y calidad de relaciones sexuales condicionadas por la existencia de hijos convivientes.
Es algo lógico, pues no se tiene la misma intimidad y espacio temporal entre dos personas que conviven solas que cuando tienen el condicionamiento de la convivencia con hijos de uno o ambos miembros de la pareja. A tal efecto es importante ponernos en la piel de los hijos, pues para ellos en ocasiones tampoco es fácil pasar a convivir con el nuevo novio o novia de nuestra madre o padre.
Diferencias en la Crianza y Educación
Las diferencias en la crianza y la educación es un motivo de graves fricciones, pero no debería de existir, pues se debería de partir de la base de que quien cría y educa a los hijos es su padre o su madre, sin perjuicio de que la pareja al convivir pueda tener un papel secundario.
Se debe de respetar el modelo educativo del padre o madre de los hijos, proponer cambios, pero no llegar al conflicto por ello, pues en todo caso lo que se debería es tomar la decisión de dejar de convivir y mantener la relación de pareja que corresponda.
Conflictos de Lealtad y Roles Difusos
Los conflictos de lealtad son muy duros, pues en ocasiones distorsiona el asentamiento pacífico y saludable de las nuevas parejas sentimentales cuando existen hijos de uno o ambos miembros de la pareja.
Los roles difusos pueden llevar a confundir que una cosa es ser pareja de la madre o el padre, y otra que se llegue a cubrir una figura paterna o materna inadecuada. En ocasiones es por que la propia persona se autoproclama con el papel de padre o madre de los hijos de la pareja, pero en otros casos se trata de la tendencia a responsabilizar a la nueva pareja con el rol de padre o madre. Es importante aclarar la base de las relaciones para poder desarrollarla sin malentendidos.
Estrategias para Mejorar la Convivencia
De las cosas más importantes como estrategia para mejorar la convivencia cabe destacar:
- Establecer límites claros y realistas.
- Fomentar la comunicación acierta con la pareja.
- Buscar actividades compartidas y tiempo de calidad juntos.
Los problemas no se superan solos, sino que se deben de afrontar. La estrategia podría ser un simple cambio de actitud que busque su reflejo en el comportamiento de los demás y que por medio de la comunicación canalice las ganas de sacar adelante la relación en todos los miembros de la convivencia.
La mejor manera de mejorar la pareja y la convivencia es mejorar nuestra actitud y esperar que eso redunde en un beneficio de la actitud de todos los demás.
Establecer Límites Claros y Realistas
De no establecer límites claros y realistas podremos estar ante relaciones anárquicas en las que cada uno hace lo que quiere y existen disfuncionalidades y asimetría de poder en cada relación lo que acabe siendo un caos.
Los límites deben de ser razonables y justos, en este caso, se marcarán pautas de respeto y tolerancia que permitirán la cohesión y consolidaciones de modelos de convivencia sostenibles y gratificantes para todos. No tener límites o pretender límites excesivos pueden ser un foco de conflicto.
Fomentar la Comunicación Abierta con la Pareja
La comunicación abierta en la pareja es la clave, pues de no ser así la relación irá a la deriva y será mucho más vulnerable a los avatares que se vayan produciendo en todos los ámbitos.
La comunicación es la base de la confianza y el entendimiento y será el punto de partida del desarrollo de la relación. Una ausencia o mala comunicación puede llevar a relaciones injustas, insanas o insatisfactorias en las que reine la falta de coordinación.
Buscar Actividades Compartidas y Tiempo de Calidad
Buscar actividades compartidas y tiempo de calidad es fundamental, pues de no desarrollar nada juntos la relación puede acabar resultando monótono y ese desgaste lleve a hacerla insatisfactoria.
Buscar actividades compartidas no es hacer grandes cosas juntos, sino pequeñas actividades gratificantes para ambos pueden ser de gran envergadura o sencillas y simples, suelen funcionar igualmente. El tiempo de calidad es fundamental y esencial, después será mejor cuanto más tiempo compartido mejor, pero siempre que sea de calidad.
Alternativas si la Convivencia No es Viable
Las alternativas que pueden existir si la convivencia de pareja e hijos de uno o ambos miembros de la pareja no es posible, son las siguientes:
- Mantener relaciones LAT en las que cada uno viven en su casa.
- Terapia familiar o de pareja para optimizar la relación.
- Replantear la continuidad de la relación.
Toda relación de pareja es voluntaria y debería de ser gratificante y satisfactoria para ambos miembros de la pareja. Es difícil de valorar, pues todas las relaciones tienen cosas mejores y peores, pero el cambio puede ser en positivo, pues está la relación en constante evolución como todo lo demás.
Hay que saber crear y mantener relaciones satisfactorias y saber terminarlas en el momento adecuado cuando deban de serlo para evitar un desgaste que puede acabar en enfrentamientos, malestar y daño emocional.
Mantener una Relación sin Convivencia (LAT)
Las parejas LAT cada vez son más frecuentes pues evitan los problemas de convivencia que son uno de los principales causas y futuros de ruptura.
Las parejas LAT tienen la limitación de requerir dos viviendas y ello requiere un mayor esfuerzo económico. La convivencia es más ahorrativa y en España uno de los principales problemas de las familias es el pago del hogar.
No siempre es posible establecer relaciones de pareja LAT, tienen la limitación de no tener las ventajas de la convivencia, pero también hay que destacar evitar los problemas de la convivencia. Cada relación será diferente y habrá que potenciar aquello que sea más conveniente en cada caso.
Considerar la Terapia Familiar o de Pareja
Considerar la terapia familiar y de pareja es una excelente opción. No siempre será posible por el coste económico que ello supone, pero es mucho más importante y necesario que otros gastos que las personas contradictoriamente están acostumbradas a desembolsar.
Es importante irse de vacaciones, tener un buen coche, tener la ropa que nos gusta, un buen móvil… etc pero también habría que replantearse que es igual o incluso más importante una terapia familiar y de pareja para construir relaciones saludables y conscientes.
Evaluar la Continuidad de la Relación
Para evaluar la continuidad de la relación hay que ser realistas y contestar a tres preguntas.
- ¿Ambos quieren mantener la relación?
- ¿Ambos están dispuestos a hacer lo que es necesario para mantener la relación sanamente?
- ¿Es posible mantener la relación de manera viable?
En definitiva, es saber si los dos quieren la relación aceptándola como es, si están dispuestos a hacer lo que es necesario y si es realmente posible que funcione y tenga futuro.
Aspectos Legales y Derechos en la Convivencia
Los aspectos legales son importantes, pues existen derechos en el mero hecho de que exista convivencia.
Derechos y Obligaciones de las Parejas No Casadas
Los derechos y obligaciones de parejas no casadas y sin hijos son muy limitados, pues en casos de matrimonio sí constituye domicilio conyugal y en caso de hijos igualmente constituye domicilio familiar.
En casos de derechos y obligaciones de parejas no casadas habrá que atenderse al Código Civil, de hecho, no suelen firmarse documentos adecuados al acuerdo de convivencia, por lo que habrá que ver quien de los miembros de la pareja tiene derecho a usar el inmueble, ya sea por ser el titular del contrato de alquiler o propietario del inmueble.
El otro tendría una situación de mero precarista, persona que a pasado a la convivencia con el consentimiento del otro y que podrá ser echado del inmueble extrajudicialmente o, en su defecto, judicialmente.
Implicaciones Legales de la Convivencia con Hijos Ajenos
Las implicaciones legales de la convivencia con hijos ajenos no suponen ninguna connotación, más allá de la evidencia de que los menores tienen una especial protección.
Ello supone que al igual que no se puede echar a la fuerza a una persona que convive en una casa, no se puede echar a sus hijos, de hecho, podría constituir un posible delito de coacciones que en caso de hijos menores es especialmente grave.
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