Fiebre Puerperal: Causas, Síntomas y Tratamiento
La fiebre puerperal, conocida también como sepsis puerperal, es una condición médica seria que puede afectar a mujeres después del parto.
Históricamente, ha sido una causa significativa de mortalidad materna, pero gracias a los avances en la medicina y la higiene, su incidencia ha disminuido notablemente.
En el pasado, la fiebre puerperal era una de las principales causas de muerte materna. Hoy en día, las infecciones posparto están bien controladas. La administración de antibióticos ha conseguido disminuir la frecuencia y la gravedad de la fiebre puerperal.
¿Qué es la fiebre puerperal?
La fiebre puerperal es la manifestación clínica de una infección en la mujer después de haber dado a luz, es decir, durante la etapa del puerperio. Esta infección puerperal es debida a las heridas o complicaciones ocasionadas en el aparato genital durante el parto.
La fiebre puerperal es una infección bacteriana que puede ocurrir después del parto, caracterizada principalmente por fiebre alta.
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Tradicionalmente, se define como la presencia de fiebre de 38°C o más en al menos dos de los primeros diez días postparto, excluyendo las primeras 24 horas.
Se considera que padece una infección puerperal toda mujer que en su periodo postparto presenta una temperatura superior o igual a 38ºC en al menos dos determinaciones separadas por un intervalo de 6 horas, excluyendo las primeras 24 horas postparto.
Aunque desde la introducción de los antibióticos han disminuido considerablemente la frecuencia y gravedad de este tipo de infecciones, todavía suponen un gran problema clínico.
Diagnóstico de la Infección Puerperal
La aparición de fiebre en los días posteriores al parto no siempre es indicativo de una infección o sepsis puerperal. Para considerarse como tal, es necesario que se cumplan los siguientes requisitos:
- La fiebre es igual o superior a los 38 °C en al menos 2 ocasiones separadas de un intervalo de 6 horas.
- La fiebre aparece entre las 24 horas después del parto y las 6 semanas siguientes, periodo conocido como puerperio.
- En las primeras 24 horas después del nacimiento del bebé, la temperatura debe ser superior a los 38.5 °C para considerar que tiene relevancia clínica.
La subida de leche también puede provocar un aumento de la temperatura de la madre durante unas horas, pero no cumple con los requisitos para considerarse que existe una sepsis puerperal.
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Durante el diagnóstico de una infección puerperal, es necesario identificar el foco de infección por una parte, y cuál es el agente causante por otra, es decir, los microorganismos infecciosos.
Para ello, el médico tendrá que valorar los posibles factores de riesgo intrínsecos de la madre, así como los factores de riesgo relacionados con el parto. Además, éste llevará a cabo una exhaustiva exploración física, incluyendo las mamas y la revisión vaginal. También mandará realizar las pruebas complementarias que sean necesarias: analítica de sangre, hemocultivo, cultivo de orina, cultivo endometrial, etc.
Es muy importante poder identificar los microorganismos causantes de la infección para poder aplicar el tratamiento más adecuado.
Causas de la Fiebre Puerperal
La fiebre puerperal es causada por la entrada de bacterias en el útero durante el proceso de parto.
Suele tratarse de una infección polimicrobiana, esto es, con mezcla de diversos gérmenes que suelen habitar en el intestino, en el periné, en la vagina y en el cuello uterino, y que aprovechan la modificación de la flora habitual de la vagina y las lesiones del parto para colonizar el aparato genital femenino.
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En general, las infecciones puerperales son consecuencia de una falta de higiene en la atención durante el parto o el puerperio, aunque también puede suceder que una parte de la placenta se quede en el interior del útero y dé lugar a complicaciones.
Como ya hemos indicado, los microorganismos más frecuentes causantes de la fiebre puerperal son los que se encuentran en la flora vaginal, en la piel o en la flora intestinal: Streptococcus agalactiae, Streptococcus pyogenes, Staphylococcus Aureus, Escherichia coli, etc.
Causas Principales
A continuación, vamos a exponer las causas principales que dan lugar a la fiebre puerperal:
- Endometritis puerperales: una infección bacteriana que se halla en el interior uterino, en concreto en el endometrio, donde ha estado anclada la placenta durante los 9 meses de gestación. Además de fiebre, suele presentar dolor abdominal bajo, útero aumentado de tamaño y doloroso, sangrado continuado y flujo (loquios) maloliente. Sólo el 15% de los cuadros es tardío, debutando a partir de la primera semana de postparto.
- Infección de la herida quirúrgica: ya sea por la episiotomía en el parto vaginal o por la incisión abdominal de una cesárea. En general, ocurre aproximadamente en el 5% de los partos, debutando en los primeros 7 días tras la cirugía. Los microorganismos causantes de la infección generalmente proceden de la piel, como Staphylococcus Aureus. Es muy importante cuidar bien estas heridas para prevenir el riesgo de infección.
- Mastitis puerperal: consiste en una infección de los pechos debida a la lactancia. La fuente de infección proviene de los microorganismos de la boca o faringe del bebé lactante (estreptococos y anaerobios) y con menor frecuencia de la piel (Staphylococcus Aureus), por lo que es necesario un tratamiento antibiótico de cobertura amplia. Suele debutar a las 2 - 3 semanas del inicio de la lactancia, con una frecuencia del 2-10% de las madres que lactan.
- Infecciones urinarias: debidas generalmente a los múltiples sondajes que se realizan durante el parto asociados a la epidural. Son provocados por bacterias del tracto genital como Staphylococcus Aureus o Escherichia coli. Aparecen en los primeros días postparto (2-5 días).
- Otras infecciones sistémicas: pielonefritis, cistitis, tromboflebitis, etc.
Factores de Riesgo
Existen varios factores de riesgo que pueden aumentar la probabilidad de desarrollar una fiebre puerperal.
Los factores de riesgo que predisponen a una mujer a sufrir una infección después del parto pueden ser intrínsecos (relacionados con la historia clínica de la mujer) o extrínsecos (relacionados con el personal sanitario e instrumentos utilizados durante el parto).
Éstos son los siguientes:
- Trabajo de parto prolongado
- Parto instrumental
- Mujer con antecedentes de infecciones de vías urinarias o vaginales
- Obesidad
- Anemia o desnutrición
- Ruptura prematura de membrana
- Extracción manual de la placenta
- Cesárea de urgencia
- Relaciones sexuales días previos al parto
- La anemia o la desnutrición
- El déficit inmunológico o las enfermedades sistémicas.
- La ausencia de controles prenatales o el bajo nivel socioeconómico.
- La presencia de bacterias en el liquido amniótico en el momento de la cesárea
- El coito cerca del final del embarazo
- La vaginosis bacteriana, una infección de transmisión sexual
Cabe destacar que no todas las mujeres que presenten alguna de estas condiciones va a padecer una infección puerperal. Para poder prevenirla, será necesario extremar los cuidados higiénicos de la zona íntima durante el embarazo y después del parto.
¿Cuáles son los síntomas de la fiebre puerperal?
Los síntomas de la fiebre puerperal pueden variar de leves a graves y generalmente comienzan dentro de las primeras 24 a 72 horas después del parto.
Los síntomas de infección puerperal no suelen aparecer hasta que transcurren 3 o más días desde el parto, si aparecen antes es porque la infección ya estaba antes del parto; y si ocurre mucho después, es debido a otra causa distinta del parto.
Evidentemente, la fiebre alta es el síntoma principal de una infección durante el posparto. Sin embargo, hay otras manifestaciones que indican que algo no marcha bien en las mujeres que acaban de dar a luz.
A continuación, vamos a comentar los posibles signos y síntomas de una infección puerperal:
- Fiebre alta
- Malestar general.
- Palidez.
- Sudoración fría.
- Escalofríos.
- Taquicardia.
- Cefalea.
- Loquios (secreciones vaginales típicas del puerperio) abundantes y malolientes.
- Dolor abdominal.
En otras ocasiones, sobre todo cuando existen complicaciones o la infección se propaga, se acompañan de dolor abdominal, útero no contraído y dolor a la palpación del abdomen. Los loquios (secreciones vaginales postparto) suelen ser abundantes, purulentos y malolientes.
Sin embargo, a veces, la única manifestación clínica de la fiebre puerperal es la fiebre baja.
Tratamiento
El tratamiento típicamente implica la administración de antibióticos para combatir la infección. La selección del antibiótico dependerá del organismo causante de la infección y de su sensibilidad a diferentes medicamentos.
El tratamiento de la sepsis puerperal debe llevarse a cabo bajo supervisión médica siempre. En general, se prescriben antipiréticos y analgésicos para bajar la fiebre y reducir el dolor.
A continuación, es indispensable la administración de antibióticos para actuar sobre los microorganismos infecciosos. En caso de no saber cuál es el agente causante concreto, se utilizará un antibiótico de amplio espectro como la amoxicilina.
En función de los resultados de los cultivos y el antibiograma, podrá modificarse el antibiótico para curar la infección. Por otra parte, es fundamental mantener una buena higiene íntima durante todo el puerperio. Lo más recomendable es lavar y desinfectar los genitales externos al menos 2 o 3 veces al día.
Los casos más graves de infección puerperal requieren el ingreso hospitalario de la mujer. Por tanto, ante la aparición de los síntomas comentados en este artículo, es recomendable acudir a urgencias cuanto antes.
En el caso de confirmar la existencia de una infección puerperal, se administrarán antibióticos para eliminar los microorganismos causantes. Frecuentemente se emplean fórmulas que combinan varios antibióticos, dependiendo de la sensibilidad mostrada frente a los gérmenes que provocaron la infección o de la posible alergia que presente la madre.
Por ejemplo, se pueden administrar conjuntamente, Penicilina y metronidazol, clindamicina y gentamicina, ampicilina sulbactam o cefalosporinas más clindamicina o metronidazol. En muchos de esos casos, el tratamiento antibiótico debe administrarse dentro de un hospital, y si se complica se requiere de otras medidas más agresivas como la cirugía o el ingreso en unidades de cuidados intensivos.
Mientras, los síntomas de la sepsis puerperal pueden variar, pero es importante prestar atención a signos como fiebre alta, escalofríos, dolor abdominal intenso, flujo vaginal con mal olor, taquicardia y confusión.
Complicaciones de la fiebre puerperal
La detección temprana y el tratamiento son cruciales para prevenir complicaciones graves. Sin tratamiento, esta condición puede llevar a complicaciones potencialmente mortales como septicemia, shock séptico y fallo multiorgánico.
Si la infección no es prevenida o correctamente tratada, se pueden producir una serie de complicaciones a corto o largo plazo, entre las que destacamos:
- Endometritis: es la infección de la mucosa uterina que se manifiesta como un útero no contraído, loquios fétidos o purulentos, y puede acompañarse de dolor abdominal o hipersensibilidad.
- Miometritis: es una infección más avanzada del propio útero y son mayores los síntomas anteriores, con sangrado y secreción purulenta abundantes.
- Salpingitis: es una infección que alcanza las trompas de Fallopio. El dolor es mucho más intenso y se necesita ingreso urgente. A veces puede formarse un abceso y englobar incluso a los ovarios
- Celulitis pélvica: es un cuadro infeccioso grave que afecta a las paredes vaginales y que puede propagarse a los miembros inferiores.
- Tromboflebitis pélvica séptica: se trata de una infección de las venas que irrigan los genitales internos, sobre todo las ováricas, muy poco frecuente en la actualidad pero de gran gravedad.
- Pelviperitonitis: es la forma más avanzada y grave de la infección puerperal. En casos donde no se dispone de tratamiento antibiótico puede evolucionar a un shock séptico y la muerte de la madre.
Las consecuencias de la sepsis puerperal pueden variar en gravedad dependiendo de varios factores, como la prontitud en el diagnóstico y tratamiento, la salud general de la paciente y la presencia de complicaciones adicionales.
- Daños en diversos órganos del cuerpo, como los riñones, el hígado, los pulmones y el corazón.
- Shock séptico, en los casos más severos donde la fiebre puerperal puede desencadenar que la presión arterial disminuya peligrosamente y el flujo sanguíneo a los órganos vitales se vea comprometido.
- Muerte materna, en los casos más graves y no tratados adecuadamente.
Prevención de la Fiebre Puerperal
La prevención de la fiebre postparto comienza con una atención prenatal adecuada.
La mejor forma de prevenir la fiebre puerperal se hace evitando o tratando los factores de riesgo. De todos ellos, quizá el más importante sean las medidas que habitualmente se realizan en los partos, manteniendo las medidas de asepsia y otros cuidados perinatales.
Además, no debemos olvidar la propia higiene materna después del parto, junto a una buena alimentación, un descanso materno adecuado y la protección de las relaciones inmediatamente después del parto.
En cuanto al tratamiento, la fiebre puerperal requiere una intervención médica inmediata.
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