Sudores Nocturnos: Causas Relacionadas con la Regla, el Embarazo y la Menopausia

03.11.2025

Los sudores nocturnos son una condición que puede afectar a hombres y mujeres, pero en particular, las mujeres pueden experimentarlos debido a cambios hormonales asociados con diferentes etapas de su vida, como la menstruación, el embarazo y la menopausia.

Sudores Nocturnos y la Menstruación

La menstruación es un proceso normal en la vida de toda mujer, aunque los periodos lleguen con síntomas que pueden ser muy molestos (calambres abdominales, irritabilidad, dolor en los senos y más), representan la capacidad de traer vida al mundo y la fertilidad femenina. Esta última fase del ciclo menstrual corresponde a la evacuación de la capa superficial de la mucosa del útero (endometrio) que se ha formado para albergar al óvulo.

Más allá de los signos clínicos típicos del proceso menopáusico, existen una serie de síntomas que se pueden presentar antes del sangrado. En estas líneas, exponemos los síntomas, las causas y el tratamiento del síndrome premenstrual.

El síndrome premenstrual (SPM) hace referencia al conjunto de cambios físicos y psicológicos que tienen lugar antes de que comience la menstruación. Suelen aparecer durante la primera mitad del ciclo menstrual (a los 14 días) y cesan 1-2 días después tras el inicio de la menstruación. Según estudios, la prevalencia de este síndrome en todo el mundo es del 47,8% de las mujeres. De las afectadas, hasta el 20% experimentan síntomas lo suficientemente severos como para que sus tareas diarias se vean dificultadas. Es necesario diferenciar este cuadro clínico del trastorno disfórico premenstrual (TDPM).

El TDPM va un paso más allá y se presenta con síntomas de depresión graves, irritabilidad y tensión antes de la menstruación. Está reconocido como un problema psiquiátrico en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) y requiere un tratamiento tanto farmacológico como conductual. Los síntomas del síndrome premenstrual suelen aparecer entre 3 y 10 días antes de la menstruación y pueden llegar a interrumpir la actividad diaria. En general, estos síntomas empeoran en gravedad y recurrencia a medida que se aproxima la menopausia.

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Además, los signos clínicos del síndrome premenstrual pueden parecerse mucho a los de otros trastornos, tanto médicos como psiquiátricos. Las causas del síndrome premenstrual no están del todo claras. De todas formas, como ocurre de forma conjunta con los cambios hormonales típicos del ciclo menstrual, se ha propuesto a la desproporción hormonal (el exceso de estrógeno y la deficiencia de progesterona) como posibles agentes causales. Más allá de mecanismos hormonales y cerebrales, el SPM también se relaciona a factores sociales, biológicos, psicológicos y culturales.

El síndrome premenstrual abarca una gran variedad de signos clínicos y síntomas. Por esta razón, no existen pruebas específicas que puedan diagnosticarlo con toda seguridad. Dependiendo del cuadro, se puede requerir un historial clínico completo de la paciente y un examen físico, con especial hincapié en la zona pélvica. Hacer un seguimiento de los síntomas en un calendario, apuntando su momento de aparición y severidad, puede ayudar a confirmar el diagnóstico del SPM.

El tratamiento del síndrome premenstrual está centrado en reducir los síntomas y su efecto sobre la actividad diaria. La farmacoterapia puede ser parte de la solución, pero llevar un estilo saludable y adoptar ciertos cambios conductuales siempre es el primer paso para abordarlo.

Cambios en el estilo de vida: practicar ejercicio de forma regular, evitar situaciones estresantes y mantener hábitos de sueño sanos es muy importante para manejar la sintomatología. Terapia cognitivo-conductual: este abordaje psicológico tiene el objetivo de ayudar a la paciente a cambiar los pensamientos poco adaptativos (o disfuncionales) que están en la base de la problemática. Antidepresivos: los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (SSRIs) pueden ser de utilidad para reducir el componente emocional negativo de este síndrome y del trastorno disfórico premenstrual. Pueden tomarse de forma continuada o limitar su dosis a las 2 semanas previas al inicio de la menstruación.

La mayoría de las mujeres que adoptan cambios conductuales, psiquiátricos y/o farmacológicos para el síndrome premenstrual consiguen aliviar sus síntomas.

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Sudores Nocturnos y el Embarazo

Los sofocos o bochornos son una molestia bastante común que puede ocurrir durante el embarazo. Estos sofocos son un calor repentino que nota la embarazada, sobre todo, en pecho, cabeza y cuello, pese a que no haya temperaturas elevadas en el exterior. No obstante, para aliviar los síntomas de los sofocos del embarazo, que se pueden ver incrementados por el calor del verano, existen algunas recomendaciones que pueden ser de utilidad.

Los llamados sofocos del embarazo son una sensación de calor que la gestante nota de repente, sobre todo, en la cabeza, el cuello y el pecho. Estos sofocos son inesperados, ya que pueden producirse aunque el ambiente no sea caluroso. No obstante, la sensación puede ser aún más molesta en verano por las altas temperaturas.

La duración del bochorno puede ser variable, desde unos segundos hasta algunos minutos, y estos pueden ocurrir por el día o tratarse de sofocos nocturnos, dificultando el descanso de la embarazada. Es importante mencionar que, en principio, no tienen efectos negativos para el bebé. En cualquier caso, si la temperatura de la embarazada asciende por encima de los 37,5-37,7oC, lo recomendable es ir al médico. De este modo, se podrá evaluar si hay alguna infección que esté produciendo fiebre. Además, si la temperatura supera los 39oC, se debe acudir a urgencias, ya que la embarazada puede estar sufriendo un golpe de calor.

Causas de los sofocos durante el embarazo

Los sofocos pueden aparecer tan pronto como en las primeras semanas de gestación, pero es posible que se produzcan durante todo el embarazo. No obstante, las causas de los sofocos parecen ser diferentes según si la mujer se encuentra al comienzo del embarazo, o en el segundo o tercer trimestre.

Sofocos en el primer trimestre

Aunque no se conoce el mecanismo exacto, la aparición de estos arrebatos de calor en el primer trimestre de embarazo, tal y como sucede con los sofocos en la menopausia, se relaciona con los cambios hormonales de la mujer. La regulación de la temperatura está controlada, de forma que la temperatura corporal se mantenga alrededor de los 37oC. No obstante, las hormonas como los estrógenos y la progesterona pueden influir en este control de la siguiente manera:

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  • Estrógenos: promueven la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que favorece que el calor se disipe y, por tanto, una menor temperatura corporal.
  • Progesterona: favorece que el calor se mantenga y la temperatura corporal aumente.

De este modo, la temperatura corporal materna subirá unas décimas en el primer trimestre de embarazo debido a la influencia de la progesterona.

Sofocos en el segundo y tercer trimestre

Una vez que la gestación va más avanzada, las causas de los sofocos se relacionan más con el peso que la embarazada ha ganado y con los cambios que se producen en su cuerpo por el tamaño que va adquiriendo el bebé al final del embarazo. Además, se produce un incremento en la tasa metabólica, ya que hay un nuevo ser gestándose. Por ello, sube la temperatura corporal materna.

Por este motivo, es muy común que la mujer en las últimas semanas de embarazo se sienta, en general, más sofocada y que, incluso, tenga la percepción de cierta sensación de ahogo.

¿Cómo combatir los sofocos del embarazo?

Los sofocos en el embarazo son bastante molestos, ya que incluso pueden dificultar el descanso de la futura madre. No obstante, hay algunas recomendaciones para intentar reducir su aparición o, al menos, aliviar los síntomas del acaloramiento:

  • Beber suficiente agua, para mantener una buena hidratación. Para ello, será muy útil tener una botella de agua siempre a mano.
  • Ducharse con agua tibia.
  • Usar ropa holgada, ligera, transpirable (por ejemplo, de algodón) y de colores claros. Para reducir la sensación de agobio será mejor evitar la ropa sintética y ajustada.
  • No tomar comidas picantes. Es preferible que la gestante incluya en la dieta frutas que, además, contribuirán a la hidratación.
  • No practicar ejercicio físico extenuante.
  • Mantener los espacios bien ventilados.
  • Tener preparado un abanico y un atomizador con agua para refrescarse durante el sofoco.

Además, será importante que la embarazada busque siempre la sombra y evite salir en las horas más calurosas del día.

Síndrome de los pies calientes

El síndrome de los pies calientes puede ser también frecuente en las mujeres embarazadas. Se trata de dolor y sensación de calor, ardor o quemazón en los pies, especialmente, en la planta y en los dedos. En este caso, el síndrome de los pies calientes en la embarazada parece que está más relacionado con la retención de líquidos y una mala circulación. Para aliviar los síntomas de este síndrome, puede ayudar un masaje antes de irse a dormir, así como utilizar calzado cómodo y plano.

Sudores Nocturnos y la Menopausia

Si sufres sofocos, tus ciclos ya no son regulares y tienes alrededor de 45 años de edad, es probable que estés entrando en la menopausia o “climaterio”. Se trata de la etapa vital en la que la mujer nota que se retiran sus ciclos menstruales. Esta etapa se produce debido a la pérdida progresiva de la función ovárica. Es decir, la producción de óvulos se va agotando y esto repercute en que se producen menos estrógenos.

Se le llama coloquialmente menopausia a la época en la que a las mujeres se les retira la regla. Sin embargo, desde el punto de vista médico, la menopausia es estrictamente el tiempo transcurrido desde la última menstruación hasta pasado un año.

La premenopausia puede durar varios años y comienza con pequeñas irregularidades en los ciclos menstruales que se van acentuando con el tiempo. Hacia el final de esta etapa ya suelen darse irregularidades evidentes, con varias semanas o meses entre menstruaciones. Cada mujer es distinta y, mientras que algunas apenas notan síntomas en la menopausia, otras los padecen con intensidad durante meses o incluso años. La bajada de estrógenos provoca cambios en el centro regulador de la temperatura corporal que está situado en el hipotálamo (glándula hormonal que está situada en el centro del cerebro).

Estos cambios provocan desajustes en el control de la temperatura corporal, que se traducen en sensación súbita de calor intenso (sofocos) y el aumento de la sudoración, especialmente por la noche. Se estima que un 25% de las mujeres que tienen síntomas de la menopausia los padecen de forma severa. La afectación sobre la vida diaria de la mujer dependerá de su intensidad y frecuencia. Existen factores pueden contribuir a que los síntomas sean más molestos: el estrés, las comidas copiosas, el alcohol y la ingesta de comidas muy calientes o frías pueden afectar negativamente.

Tratamientos para los sofocos menopáusicos

Existen diferentes tratamientos para aliviar los sofocos y sudores nocturnos asociados a la menopausia:

  • Terapia Hormonal Sustitutiva (TSH): Como su nombre indica, se trata de suministrar estrógenos para paliar los efectos que tiene su pérdida sobre el cuerpo de la mujer. Este tratamiento debe valorarse e individualizarse en las mujeres que padezcan síntomas muy intensos. La TSH tiene efectos beneficiosos sobre el área genital, previene la osteoporosis temprana y los problemas cardiovasculares.
  • Tratamiento no hormonal: CimiNocta ® es un complemento alimenticio a base de Cimicifuga racemosa, Melatonina y vitamina B6 que mejora los sofocos de la menopausia y ayuda a conciliar el sueño. Además la vitamina B6 contribuye a reducir el cansancio y la fatiga.

Perimenopausia o Premenopausia

Los términos perimenopausia y premenopausia suelen usarse indistintamente para describir el mismo proceso: la etapa previa a la menopausia. Sin embargo, ambos conceptos no significan exactamente lo mismo. Los explicamos a continuación:

  • Premenopausia es el periodo de tiempo anterior a la última menstruación de la mujer y puede durar varios años. Generalmente, la premenopausia empieza cuando la reserva ovárica de la mujer comienza a disminuir. La mayoría de mujeres experimentan este agotamiento folicular a partir de los 40 años de edad.
  • Perimenopausia es una etapa más corta y concreta, que abarca desde 2-3 años antes de la última menstruación hasta 1 año después de este último sangrado. Esta etapa se caracteriza por la aparición de los síntomas premenopáusicos.

Cabe recordar que la menopausia propiamente dicha es lo que hace referencia al último sangrado menstrual en la vida de la mujer, hecho que sucede a la edad de 51 años de media. Para confirmarse que esta menstruación es definitivamente la última, deben pasar 12 meses sin ningún otro sangrado. Este momento supondrá el fin de la premenopausia y el inicio de la etapa postmenopáusica de la mujer.

Trastornos de la fertilidad

El inicio de la etapa premenopáusica viene determinado por las hormonas que regulan el ciclo menstrual: los estrógenos y la progesterona. Estas hormonas son producidas por los ovarios desde que empiezan a funcionar en la pubertad. Conforme se acerca la menopausia, la cantidad secretada de estas hormonas va disminuyendo de forma progresiva debido al envejecimiento ovárico, lo cual ocasiona fluctuaciones en el periodo menstrual. La reducción del estradiol es la principal causa de la premenopausia y lo que provoca los síntomas más característicos.

Otros cambios que experimenta el sistema reproductor femenino con la llegada de la perimenopausia, además de la disminución de la producción hormonal, son los siguientes:

  • Los ovarios secretan óvulos con menor regularidad.
  • Disminuye la fertilidad y de la reserva ovárica.
  • Los ciclos menstruales se acortan.
  • La testosterona también disminuye.

Síntomas de la perimenopausia

Los signos y síntomas que puede presentar la mujer con la llegada de la menopausia son múltiples y muy variados. No obstante, las manifestaciones clínicas más características de la perimenopausia, es decir, la etapa previa, son los siguientes:

  • Menstruación irregular: los ciclos menstruales se alteran, tanto en su duración como en la cantidad de sangrado. En este sentido, se diferencian dos tipos de perimenopausia: temprana, cuando la menstruación se adelanta o atrasa más de siete días; y tardía, en la que se ausentan al menos dos periodos y hay un intervalo de 60 días entre reglas.
  • Alrededor del 65% o 75% de las mujeres experimenta sofocos, siendo más intensos durante la perimenopausia tardía.
  • Trastornos del sueño ocasionados por los sofocos y sudores nocturnos, lo cual deriva en fatiga, irritabilidad, insomnio, etc.
  • Pérdida del deseo sexual debido a la falta de estrógenos, lo que provoca sequedad vaginal, irritabilidad y picores en la zona íntima.
  • Cambios en el estado de ánimo: la alteración hormonal también desemboca en un desequilibrio emocional muy fuerte. La mujer puede llegar a sentirse triste, depresiva, angustiada e irritable.
  • Síntomas similares a los experimentados en el síndrome premenstrual, como dolor de senos, hinchazón abdominal y dolor de cabeza.
  • Escapes de orina al toser o estornudar debido a un suelo pélvico debilitado.

Hay que tener en cuenta que cada mujer puede manifestar estos síntomas de forma diferente, con mayor o menor intensidad.

Tratamiento para la perimenopausia

Ante la aparición de los síntomas de la premenopausia comentados en el apartado anterior, es recomendable que la mujer haga una visita al ginecólogo para empezar a tomar las medidas oportunas. En caso de ser necesario, si la mujer es todavía joven o los síntomas muy acusados, el médico aplicará una terapia hormonal sustitutiva (THS) para suplir el déficit hormonal y aliviar las molestias asociadas a esta etapa premenopáusica.

Por otra parte, también es recomendable que la mujer haga unas pequeñas variaciones en su estilo de vida para sentirse mejor a partir de esta nueva etapa. Las comentamos a continuación:

  • Hábitos alimenticios: llevar una dieta equilibrada con aporte de fibra, comidas bajas en grasas, alimentos antioxidantes y ricos en vitamina C, vitamina B, potasio, magnesio, hierro y calcio. Algunos de los alimentos más recomendados son los siguientes: mango, pescado, huevos, nueces, leche, yogur, brócoli, espinacas, manzana, banana y piña.
  • Deporte: mantenerse activa es muy importante para evitar la depresión, conciliar el sueño y ayudar a descansar lo suficiente. Además, es recomendable practicar ejercicios para fortalecer el suelo pélvico y evitar las pérdidas de orina.
  • Remedios naturales: algunos alimentos vegetales o legumbres contienen fitoestrógenos naturales, como la soja y el lúpulo, que ayudan a equilibrar los niveles hormonales. Muchos de ellos son hierbas que pueden tomarse en forma de infusión o como suplemento, como el ginseng, el ñame silvestre, las isoflavonas de soja, la raíz de Valeriana, el dong quai o el cohosh negro.

Antes de empezar a consumir cualquier complejo de vitaminas o tratamiento herbal, es importante consultarlo con el médico, ya que éste es quien mejor puede orientar a la mujer en cómo mejorar su calidad de vida.

Embarazo en la perimenopausia

Como ya hemos indicado, la entrada en la menopausia no puede confirmarse hasta que hayan pasado al menos 12 meses sin la menstruación. Durante la perimenopausia, tienen lugar ovulaciones esporádicas y aleatorias difíciles de predecir. Por tanto, el embarazo natural no está 100% descartado todavía si la pareja mantiene relaciones sexuales desprotegidas.

No obstante, es complicado que la mujer pueda quedarse embarazada debido a la baja reserva ovárica y el envejecimiento de su sistema reproductor. De hecho, aquellas mujeres que acuden a una clínica de reproducción asistida para ser madres a una edad materna avanzada o entrando en la perimenopausia deben recurrir a una ovodonación en la gran mayoría de casos.

Otras Causas de Sudores Nocturnos

Además de los cambios hormonales, existen otras causas que pueden provocar sudores nocturnos, tanto en hombres como en mujeres:

  • Estrés y ansiedad: Los nervios, el estrés y la ansiedad son los peores compañeros para tu descanso. Dormimos menos horas, nos despertamos más frecuentemente y el sudor puede aparecer de forma inesperada. Y es que cuando estamos estresados hacemos que nuestro corazón bombee sangre más rápido y se produzca una mayor oxigenación y un mayor consumo de energía que nos produce la sudoración.
  • Hipoglucemia: Eso es frecuente en personas con diabetes. En su caso, la hipoglucemia se da cuando los índices están por debajo de los 70mg/dL. En el resto, en cambio, los valores tendrían que estar por debajo de los 55mg/dL para decir que estamos sufriendo una hipoglucemia. En ambos casos, además de sudores pueden aparecer otros síntomas como mareos, vértigos o pesadillas durante el sueño.
  • Apnea del sueño: Los sudores nocturnos son un efecto secundario que aparece con frecuencia en las personas que padecen apnea del sueño. Si además de sudores por las noches aparecen los ronquidos, el dolor de cabeza y te pasas el día cansado puede que debas tratar la apnea del sueño antes de que derive en otras afecciones.
  • Hipertiroidismo: El hipertiroidismo conlleva un aumento del metabolismo, lo que a su vez incrementa la temperatura del cuerpo. Por ello, la sudoración nocturna, la intolerancia al calor y las palmas de las manos húmedas son síntomas comunes de esta condición.
  • Infecciones: La infección por VIH se clasifica en 3 fases: aguda, crónica y síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). Los sudores nocturnos son comunes en la fase aguda del cuadro y se acompañan de otros signos clínicos similares a los de una gripe, como fiebre, escalofríos, diarrea e inflamación de los ganglios linfáticos. La sudoración nocturna también puede ser indicio de SIDA, pero no se tiene por qué llegar a esta etapa si se toma la medicación adecuada y la infección se detecta pronto. De todas formas, la distinción es clara: no importa la fase o el momento, que los sudores no van a ser el único síntoma de infección por VIH.
  • Consumo de alcohol: El consumo crónico de alcohol se asocia a más de 200 enfermedades y trastornos diferentes. Se estima que hasta el 5,3% de las muertes globales anuales están relacionadas con el alcoholismo, una cifra para nada desdeñable. Las bebidas alcohólicas afectan al sistema nervioso, provocando una fluctuación en la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la temperatura corporal.
  • Medicamentos: Algunos antidepresivos, esteroides y analgésicos pueden tener como efecto secundario la producción excesiva de sudor durante la noche.

Consejos Generales para Reducir los Sudores Nocturnos

Independientemente de la causa, existen algunas medidas que pueden ayudar a reducir la frecuencia e intensidad de los sudores nocturnos:

  • Ropa holgada: procura no abrigarte en exceso al meterte en la cama y que el pijama que elijas no te quede totalmente pegado al cuerpo. De esta forma no solo permitirás que el aire corra por dentro de la ropa, también, que en el caso de sudar, las prendas mojadas no se te queden pegadas al cuerpo.
  • Opta por tejidos naturales: el algodón, el lino y la seda serán tus aliados. Asegúrate de que tanto la ropa con la que duermes como tu ropa de cama está fabricada a partir de estos materiales y no de otros tejidos sintéticos como el poliéster. Además de que son mejores para tu piel, conservan el calor mejor y por más tiempo.
  • Ventilación: puede parecer algo evidente, pero suele ser uno de los pasos que más olvidamos, sobre todo, si estamos en invierno.
  • Evita ciertos alimentos: del mismo modo que hay alimentos que nos ayudan a dormir, otros, como el alcohol, las comidas excesivamente calientes o los alimentos picantes deben evitarse porque desencadenan los sofocos.

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