Suero para Bebés: Tipos y Usos

20.11.2025

Comprar suero para la higiene nasal de tu bebé es una tarea sencilla si cuentas con la información adecuada. En el mercado encontrarás diversos tipos de suero para la higiene nasal.

Tipos de Suero para Bebés

  • Suero Fisiológico: Es el más recomendado y el más utilizado en bebés.

Puedes encontrar suero en diferentes formatos, como gotas o spray. Revisa que no contenga aditivos innecesarios.

Suero de Rehidratación Oral (SRO)

El suero infantil, también conocido como suero de rehidratación oral (SRO) o sales de rehidratación, es una solución líquida que contiene agua, electrolitos (sodio, potasio y cloro) y azúcares (glucosa) en proporciones específicas.

El suero de rehidratación oral, también conocido como sales de rehidratación, es una fórmula, normalmente líquida que favorece la reposición de líquidos y sales minerales. Contiene sales de sodio, potasio, cloro, glucosa… minerales necesarios para mantener la correcta hidratación. En caso de los sueros infantiles, tienen saborizantes para disimular el sabor salado, y que sea mucho más fácil de tomar para los más pequeños. En la farmacia podemos encontrar diversos formatos y sabores, “el que más suele agradar a los niños es el sabor cola”, apunta el doctor Monroy.

Los electrolitos del suero infantil ayudan a regular el equilibrio hídrico y electrolítico del cuerpo, lo que es esencial para el correcto funcionamiento de los órganos y sistemas corporales. Hidratar a un niño requiere de una mezcla especial que contiene sodio, cloruro, potasio y bicarbonato.

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¿Cuándo es necesario utilizar sales de rehidratación?

Es aconsejable utilizar suero de rehidratación cuando exista una pérdida excesiva de agua.

Suero para la Higiene Nasal del Bebé

El suero para la higiene nasal es una solución salina que se utiliza para limpiar las fosas nasales de los bebés, ayudando a eliminar la mucosidad y mantener las vías respiratorias despejadas. Esta solución es segura y está especialmente formulada para los más pequeños.

Administración del Suero Nasal

Para administrar el suero, generalmente se recomienda usar un cuentagotas o un spray nasal. Puedes colocar unas gotas en cada fosa nasal, esperar unos momentos y luego aspirar suavemente con un aspirador nasal para eliminar la mucosidad.

Frecuencia de Uso

La frecuencia de uso puede variar, pero en general se recomienda su uso varias veces al día, especialmente si el bebé está resfriado o tiene congestión nasal. Sin embargo, si tienes dudas, consulta con el pediatra.

¿Es seguro el suero nasal para bebés?

Sí, el suero nasal es seguro para la mayoría de los bebés. No obstante, siempre es recomendable consultar al médico si el bebé tiene alguna condición médica preexistente o si es muy pequeño.

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El uso del suero nasal en bebés prematuros debe ser supervisado por un médico. Es fundamental que se tomen precauciones adicionales en estos casos, y siempre es mejor consultar con un especialista.

Suero Fisiológico vs. Suero Salino

El suero fisiológico es una solución salina estéril isotónica, mientras que el suero salino puede ser hipertónico o isotónico. En el contexto de la higiene nasal, generalmente se recomienda el suero fisiológico, ya que es más suave y adecuado para los bebés.

¿Es recomendable hacer suero nasal en casa?

Es preferible utilizar suero nasal comercial que esté formulado específicamente para bebés. Hacer suero en casa puede llevar a errores en las proporciones y puede no ser estéril, lo que podría causar infecciones.

Indicaciones para el Uso del Suero Nasal

Si notas que tu bebé tiene congestión nasal, dificultad para respirar, moco espeso o tos causada por obstrucción, el uso de suero nasal puede ser indicado. Siempre consulta con el médico si tienes dudas sobre el estado de salud de tu bebé.

Suero Nasal y Alergias

Sí, el suero nasal puede ayudar a limpiar las fosas nasales y aliviar la congestión causada por alergias. Sin embargo, para el tratamiento de alergias, también puede ser necesario consultar con un especialista sobre otras opciones de tratamiento.

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Almacenamiento del Suero Nasal

El suero nasal debe almacenarse en un lugar fresco y seco, lejos de la luz solar directa. Una vez abierto, es recomendable usarlo dentro de un período específico que generalmente está indicado en el envase.

Precauciones al Usar Suero Nasal

Siempre asegúrate de utilizar un producto adecuado para la edad del bebé y de seguir las instrucciones del fabricante. Limpia bien los utensilios que utilices para evitar infecciones y no introduzcas el gotero en la nariz del bebé.

Efectos Secundarios del Suero Nasal

En general, el suero nasal es seguro y no produce efectos secundarios. Sin embargo, si notas irritación o malestar después de su uso, consulta con el pediatra.

Suero Nasal y Resfriados

Sí, el suero nasal es especialmente útil cuando los bebés tienen un resfriado, ya que ayuda a mantener las fosas nasales limpias y facilita la respiración.

Suero Nasal para Mejorar el Descanso

Sí, usar suero nasal antes de dormir puede ayudar a despejar las vías respiratorias, facilitando un mejor descanso para el bebé. Esto puede ser especialmente útil si el pequeño está congestionado.

Deshidratación en Bebés y Niños

La deshidratación en bebés y niños puede llegar a ser bastante peligrosa. Sobre todo, en edades tempranas. Es una complicación muy frecuente en pediatría, no solo por pérdida excesiva de líquidos, como es el caso de la gastroenteritis, sino también por falta de ingesta de agua o alimentos.

Para evitar que la deshidratación empeore, lo más eficaz es utilizar sales de rehidratación oral (SRO). La deshidratación es una complicación muy frecuente en pediatría.

Síntomas de Deshidratación

Junto a estos síntomas, también podemos observar que el niño está decaído, falto de ánimo y con un aspecto ojeroso. Llorar sin lágrimas o tener la boca seca son síntomas de deshidratación.

Gastroenteritis o Deshidratación en Lactantes

Los casos de deshidratación en bebés muy pequeños, es preciso acudir al médico para que evalúe al pequeño. Generalmente, en lactantes estos casos suelen resolverse aumentando la frecuencia con la que se alimenta. Si existe gastroenteritis, la lactancia materna debe mantenerse durante todo el periodo.

Las bases científicas que apoyan el uso de las SRO parten de los estudios que muestran que los sistemas de transporte de glucosa y electrolitos a través de la membrana de los enterocitos permanecen relativamente intactos en la diarrea aguda causada por virus o por las bacterias habituales. Además, la rehidratación oral tiene menos complicaciones, es más fisiológica, más barata, más segura, reduce el número de ingresos y favorece la introducción precoz de la alimentación, por lo que las SRO son el tratamiento de elección en niños con deshidratación leve y moderada.

La SRO fue diseñada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1977 para el tratamiento de los niños deshidratados por diarrea en los países en vías de desarrollo. Posteriormente, la Asociación Americana de Pediatría (AAP) en 1985, la propia OMS en 2002 y la Sociedad Europea de Nutrición y Gastroenterología (ESPGHAN) en 1992, han publicado otras guías donde establecen con claridad el contenido óptimo de cada componente.

Se recomiendan SRO en las que la relación sodio/glucosa debe ser 2/1 o inferior para el correcto funcionamiento de los enterocitos y la concentración máxima de glucosa no debe exceder los 150 mmol/L por riesgo de diarrea osmótica. Por tanto, las SRO recomendadas actualmente deberán tener concentraciones de sodio entre 60-70 mmol/L y osmolaridad entre 200-250 mOsm/L, se denominan SRO hiposódicas o con bajo contenido en sodio (Na <60 mEq/L) en contraposición a las SRO recomendadas inicialmente por la OMS (Na 90 mEq/L).

Por otro lado, algunas de las SRO presentan en su composición algún probiótico (microorganismos vivos que cuando se administran en cantidades adecuadas confieren un beneficio para la salud del hospedador). La evidencia científica es limitada para la mayor parte de los probióticos, de manera que la ESPGHAN recomienda el uso de aquellos con mayor evidencia como adyuvante en la terapia de rehidratación oral y nunca como sustituto de ésta, ya que administrados a la dosis adecuada han demostrado disminuir la duración del cuadro en aproximadamente un día.

A continuación, describimos las distintas presentaciones de las SRO disponibles en nuestro medio con sus composiciones. Es necesario una correcta preparación de las mismas siguiendo las indicaciones de cada una de ellas. Se recomienda entregar por escrito estas instrucciones, citando el nombre comercial exacto y asegurando la correcta comprensión por parte de los padres.

Las bebidas energéticas, los refrescos o los líquidos destinados a deportistas no son adecuados por lo que no deben recomendarse en el tratamiento de la diarrea y la deshidratación.

La deshidratación es un cuadro clínico caracterizado por un balance negativo de agua y de solutos en el organismo. Se produce por un aumento de las pérdidas de agua y sales o por una disminución en la ingestión de agua. El metabolismo hidrosalino de los niños tiene características específicas que lo diferencian significativamente del de los adultos. Cuanto menor es la edad del niño, mayor es el riesgo de deshidratación. La deshidratación es más frecuente en los niños pequeños y el 90% ocurre en menores de 18 meses.

En nuestro entorno, las causas más comunes son: gastroenteritis aguda, enfermedades que cursan con vómitos persistentes (infecciones graves, obstrucción intestinal, hipertensión intracraneal) y procesos intestinales crónicos que pueden presentar episodios agudos de diarrea (enfermedad inflamatoria intestinal, síndromes malabsortivos). En los niños con lactancia materna, puede producirse deshidratación en los primeros días de vida, por problemas de adaptación (falta de aporte). Los lactantes con fibrosis quística, en los meses calurosos del verano, pueden presentar cuadros de deshidratación, debido a la pérdida excesiva de sales por el sudor.

La deshidratación isotónica es la forma más frecuente (65%) y está causada por la gastroenteritis aguda. La deshidratación hipotónica es la menos frecuente (10%), suele estar producida por la gastroenteritis aguda asociada a pérdidas importantes de sales y por algunos tipos de insuficiencia suprarrenal.

Cuanto menor es la edad del niño, mayor es el porcentaje de agua corporal. En los recién nacidos, el agua supone el 80% de su peso; en los lactantes, el 70-65%; y en los niños mayores, el 60%. El agua corporal total se distribuye en dos grandes compartimentos, el volumen extracelular (20-25% del peso corporal) y el volumen intracelular (30-40% del peso corporal).

La concentración de solutos es distinta en cada uno de estos compartimentos, pero en condiciones normales, el volumen y la osmolaridad se mantienen constantes mediante el paso de agua y solutos de un compartimento a otro. Cuando se producen alteraciones en los volúmenes o en la composición de los espacios corporales, se ponen en funcionamiento mecanismos reguladores (sed, barorreceptores, eje renina-angiotensina, hormona antidiurética), con el fin de mantener la homeostasis.

  • Deshidratación Hipotónica: Afecta fundamentalmente al espacio extracelular. Se produce cuando existe proporcionalmente una pérdida mayor de sodio que de agua, por lo que la osmolaridad plasmática y el espacio extracelular estarán disminuidos. La disminución de este espacio provoca un descenso del volumen circulante, de la volemia y de la perfusión tisular y renal. En los casos graves, se produce insuficiencia renal y shock.
  • Deshidratación Hipertónica: Afecta principalmente al espacio intracelular. Se produce cuando la pérdida de agua es proporcionalmente mayor que la de electrolitos, provocando un incremento de la osmolaridad plasmática y un paso de agua desde la célula al espacio extracelular como mecanismo compensatorio. Es la forma más grave de deshidratación debido a la afectación de las células del sistema nervioso central. Debe tenerse en cuenta que, aunque los niveles plasmáticos de sodio estén elevados, en realidad existe una disminución de la cantidad total de sodio del organismo.
  • Deshidratación Isotónica: En estos casos, se produce una pérdida de agua y electrolitos de forma proporcional, por lo que la osmolaridad y los niveles plasmáticos de sodio se mantendrán normales. Las variaciones del potasio y del cloro en estos tipos de deshidratación son muy variables y estarán relacionados con el grado de función renal. El potasio es un ion intracelular, por lo que los niveles plasmáticos no siempre son reflejo del contenido celular de potasio.

Signos de Deshidratación

  • Signos de Deshidratación Extracelular: Los signos son propios de la pérdida de volumen circulatorio, por lo que serán precoces y llamativos, consistirán en: frialdad de la piel, relleno capilar lento, taquicardia, pulsos débiles, hipotensión arterial, signo del pliegue, ojos hundidos, mucosas secas, fontanela deprimida en los lactantes y oliguria.
  • Signos de Deshidratación Intracelular: Las manifestaciones clínicas son expresión de la afectación celular, fundamentalmente del sistema nervioso central. Se producirá: irritabilidad, hiperreflexia, temblores, hipertonía, convulsiones y coma. Los niños tienen sed, las mucosas están “pastosas” y pueden tener fiebre de origen metabólico.

El diagnóstico de la deshidratación es clínico. La pérdida de peso es el mejor indicador para estimar el grado de deshidratación. El diagnóstico de la deshidratación es eminentemente clínico, basado en la historia clínica y en los signos y síntomas que presenta el paciente.

En la anamnesis, es importante tener en cuenta: el tiempo de evolución del cuadro, el tipo y el volumen de las pérdidas producidas (vómitos, deposiciones), el grado de diuresis, el tratamiento recibido y la existencia de otros signos asociados, como fiebre, sudoración y sed. La pérdida de peso es el dato más importante y el patrón de referencia para estimar el grado de deshidratación. Cuando no se dispone del peso previo, es necesario recurrir a los hallazgos de la exploración física.

Ningún signo de forma aislada tiene suficiente especificad ni sensibilidad para estimar el grado de deshidratación. En una revisión publicada en la revista JAMA en 2004, los autores encontraron que los tres signos con mayor especificidad y sensibilidad para detectar una deshidratación del 5% o superior fueron: el relleno capilar prolongado, la disminución de la elasticidad de la piel y la alteración en el patrón respiratorio. Por otra parte, la ausencia de mucosas secas, la apariencia normal y la ausencia de ojos hundidos se asociaban a una deshidratación menor del 5%(7).

En los niños deshidratados, es importante hacer el diagnóstico de la causa de la deshidratación, ya que si esta no se trata, el cuadro puede perpetuarse. El diagnóstico etiológico se basa fundamentalmente en la historia clínica. Cuando se trata de una gastroenteritis aguda o de un cuadro de vómitos, el diagnóstico etiológico es sencillo, pero en ocasiones, la causa puede ser más difícil de objetivar.

En los lactantes, debe preguntarse por el tipo de alimentación, comprobar que el establecimiento de la lactancia materna es adecuado (falta de aporte) o que la preparación de los biberones de fórmula adaptada se hace correctamente (fórmulas hiperconcentradas). Si los pacientes están recibiendo soluciones de rehidratación oral, debe asegurarse que la administración es adecuada.

La deshidratación es un diagnóstico clínico, por lo que las pruebas complementarias no deben realizarse sistemáticamente. Estarán indicadas en las deshidrataciones graves y en las moderadas cuando se va a instaurar tratamiento con sueroterapia intravenosa. El objetivo es valorar de forma más precisa el tipo de deshidratación (natremia) y el estado metabólico (equilibrio ácido-base, función renal).

No existe ninguna determinación bioquímica con sensibilidad y especificidad suficiente para establecer el grado de deshidratación. El bicarbonato es el parámetro bioquímico cuyos valores se han relacionado más estrechamente con el grado de deshidratación. Las determinaciones de laboratorio más importantes en plasma son: hemograma, pH y gasometría (bicarbonato, CO2), iones (Na, K, Cl), osmolaridad, glucosa, urea y creatinina.

Tratamiento de la Deshidratación

El tratamiento de la deshidratación consiste en la administración de líquidos y electrolitos, con el fin de neutralizar el balance negativo. En nuestro medio, la rehidratación oral debe hacerse con soluciones de rehidratación oral “hiposódicas” (Na < 60 mEq/L). La rehidratación oral es el tratamiento de elección en los niños con deshidratación leve y moderada. Consiste en la administración de soluciones de rehidratación oral (SRO) para restablecer el equilibrio hidroelectrolítico.

La SRO fue diseñada inicialmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1977 para el tratamiento de los niños deshidratados por diarrea en los países en vías de desarrollo. Su composición tiene una concentración de sodio de 90 mmol/L y una osmolaridad de 330 mOsm/L. Posteriormente, la Asociación Americana de Pediatría (AAP)(9) en 1985, la propia OMS10(10) en 2002 y la Sociedad Europea de Nutrición y Gastroenterología (ESPGHAN)(11) en 1992, han publicado otras guías en las que recomiendan SRO con concentraciones de sodio entre 60-70 mmol/L y osmolaridad entre 200-250 mOsm/L.

Estas SRO han sido denominadas “SRO hiposódicas” o con bajo contenido en sodio (Na < 60 mEq/L), en contraposición a la SRO-OMS inicial (Na 90 mEq/L). La razón de disminuir la concentración de sodio es descender la osmolaridad y favorecer la absorción de agua por el intestino(12). Las SRO están compuestas fundamentalmente de agua, sodio, cloruro, potasio, glucosa y una base (bicarbonato, citrato sódico, acetato).

La efectividad de las SRO se basa en la existencia de un sistema co-transportador de sodio y glucosa, localizado en la célula intestinal, que se mantiene intacto en todos los tipos de diarreas. Para que este sistema transportador sea efectivo, la relación sodio/glucosa debe ser 2/1 o inferior. La concentración máxima de glucosa no debe exceder los 150 mmol/L por el riesgo de diarrea osmótica.

Las presentaciones comerciales de estas fórmulas pueden ser en forma de polvo, dispensadas en sobres que deben ser diluidos en cantidades predeterminadas, o bien como soluciones líquidas preparadas para la administración directa. Estas últimas son preferibles a la forma en polvo, ya que con ellas se evitan errores en la preparación. Las soluciones caseras («limonada alcalina») no deben recomendarse, porque también pueden ser peligrosas al prepararlas.

La rehidratación oral está indicada en las deshidrataciones leves y moderadas. Puede utilizarse en todas las edades y en cualquier tipo de deshidratación. Los niños con vómitos también pueden ser rehidratados por vía oral, cuando estos no son muy intensos.

El proceso de rehidratación se divide en dos fases:

  • Fase de rehidratación: Es la que se lleva a cabo en las primeras 4 horas.
  • Fase de mantenimiento: Por lo tanto, el ‘remedio de abuela’ de limonada alcalina que se solía hacer antiguamente no es lo adecuado estos casos. Tampoco las bebidas “para deportistas” o isotónicas, ya que el alto contenido de azúcar en estas bebidas puede favorecer la pérdida de agua y empeorar la situación.

Pautas para la Rehidratación Oral

  • Estimación del déficit: inicialmente, se debe realizar una estimación del déficit de agua y de electrólitos en función de la pérdida de peso y de las manifestaciones clínicas (p.
  • Reposición del déficit: este volumen de líquido deberá reponerse en forma de SRO en 4-6 horas en las deshidrataciones hipo-isotónicas y en 12 horas en las hipertónicas.
  • Valoración del grado de hidratación: una vez completada la primera fase de rehidratación, se realizará una nueva valoración; si la deshidratación persiste, deberá estimarse de nuevo el déficit e iniciar otra vez su reposición, si se ha normalizado se pasará a la segunda fase de mantenimiento.
  • 2ª fase. Mantenimiento. Consiste en la administración de las pérdidas mantenidas que se estén produciendo. Suele realizarse en régimen ambulatorio, indicándoles a los padres la forma y la cantidad de SRO que deben administrar.

Rehidratación Intravenosa

Las nuevas pautas de rehidratación intravenosa “rápida” consisten en la infusión del déficit de agua y electrolitos en un corto periodo de tiempo. Tradicionalmente, la rehidratación intravenosa se ha realizado utilizando las “pautas clásicas”, que consistían en la administración de sueros hipotónicos con diferente contenido en sodio (suero glucosalino 1/3, 1/5) en función de los niveles de la natremia y del déficit de iones. La velocidad para la reposición del déficit también estaba condicionada por el tipo de deshidratación (hiponatrémica: 12 h, isonatrémica: 24 h, hipertónica: 48 h).

En los últimos años, se han cuestionado estas guías y se han desarrollado pautas nuevas de “rehidratación intravenosa rápida”(15). Estas técnicas consisten en la administración intravenosa de gran parte del déficit de agua y de electrolitos en un periodo corto de tiempo, en forma de sueros isotónicos. El objetivo es restaurar lo más rápidamente posible la normalidad fisiológica en el niño y, de forma secundaria, disminuir el tiempo de estancia en el servicio de urgencias y la tasa de ingresos en el hospital.

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