Urea Suero Bajo en el Embarazo: Causas, Implicaciones y Tratamientos

25.09.2025

La urea es un compuesto químico, el producto final del metabolismo de las proteínas en las personas. Es soluble en agua, y el cuerpo la utiliza para transformar el nitrógeno en urea y excretarlo por la orina a través del ciclo de la urea. También se puede sintetizar artificialmente para diversos usos, como cosméticos, fertilizantes o para la industria química.

Valores Normales de la Urea

La urea se puede medir directamente, y dependiendo del laboratorio, sus cifras normales se encuentran entre 5 y 22 mg/dL (según la edad y el sexo). Sin embargo, es más habitual medir el nitrógeno ureico en sangre (llamado BUN por sus siglas en inglés) y emplear esta medida para valorar la función renal.

¿Qué Indican los Valores de Urea Bajos o Disminuidos en Sangre?

La hipoazoemia (valores de urea en sangre por debajo de lo normal) no es frecuente. Puede deberse simplemente a una mala nutrición con poco consumo de proteínas y exceso de consumo de líquidos. También puede deberse a problemas en el hígado, pero no suele utilizarse para diagnosticar problemas en el mismo, ya que otros parámetros son más significativos y proporcionan mayor información.

Los niveles de urea suelen proporcionarse en mg/dl, que son sobre los que está basada esta información.

Niveles Ligeramente Bajos (10 - 20 mg/dl en adultos):

Los valores de urea ligeramente por debajo de lo normal no suelen ser motivo de preocupación. Normalmente suele deberse a una dieta baja en proteínas o a una sobrehidratación (consumo elevado de agua y líquidos). Es frecuente niveles bajo de urea en personas vegetarianas debido al bajo consumo de proteínas.

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Niveles Excesivamente Bajos (< 10 mg/dl en adultos):

Los valores de urea muy por debajo de lo normal pueden indicar un problema en el hígado. Sin embargo, es necesario aclarar que cuando se trata de enfermedades que afecten al hígado suelen existir otros parámetros alterados más significativos y concluyentes.

¿Qué Puede Producir una Disminución de los Valores Urea en Sangre?

  • Consumo bajo de proteínas
  • Embarazo (durante el segundo y tercer trimestre)
  • Exceso de hidratación
  • Hemodiálisis
  • Malabsorción
  • Tabaco

¿Qué Enfermedades Pueden Producir un Valor Disminuido de Urea en Sangre?

Los niveles disminuidos de urea en la sangre pueden indicar:

  • Insuficiencia hepática
  • Síndrome nefrótico
  • Enfermedad celíaca
  • Acromegalia
  • Insuficiencia pancreática
  • Eclampsia
  • Fibrosis quística

¿Qué Puedo Hacer Para Aumentar los Valores de Urea?

Si su urea está ligeramente baja puede:

  • Aumentar el consumo de proteínas. Las carnes, el pescado, la leche y los huevos son alimentos con alto contenido en proteínas. Si usted es vegetariano los frutos secos (nueces, avellanas, almendras, cacahuetes, etc.) y la soja pueden ser una fuente alternativa de proteínas.
  • Disminuir el consumo de agua y líquidos. Un consumo excesivo de agua puede ser contraproducente.

Valores de Urea en Sangre Considerados Bajos

Se consideran valores bajos de urea los que aparecen en la siguiente tabla:

IMPORTANTE: Estos valores medidos en mg/dl son un ejemplo orientativo basado en el prototipo de un hombre varón de mediana edad (45 años) que no presenta enfermedad conocida, sigue una dieta saludable con consumo adecuado de proteínas y que no está tomando ninguna medicación.

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La urea es el principal residuo de la descomposición de las proteínas y está directamente relacionada con la cantidad de proteínas que comemos y con las que el propio cuerpo descompone, lo que depende de la masa muscular.

Desde Rioja Salud se incide en su web en este último aspecto, a lo cual se añade que, aunque “de forma habitual”, los riñones filtran la urea, cuando estos no funcionan bien “la cantidad de urea filtrada disminuye y aumenta en sangre, lo cual puede producir malestar digestivo -náuseas, vómitos-, y si los niveles son muy altos, puede haber alteración del nivel de conciencia”.

“La concentración de urea en sangre empieza a aumentar cuando la capacidad de filtrado de los riñones es una cuarta parte más baja de lo normal. Según el experto, “habitualmente se puede excretar por el túbulo proximal el 50 por ciento de la urea, independientemente del estado de hidratación de la persona”. El otro 50 por ciento se reabsorbe en los túbulos colectores -parte distal-, “donde la reabsorción de urea depende del volumen urinario”.

Además del estado de hidratación, la concentración plasmática de la urea depende del aporte de nitrógeno proteico y de su metabolismo. Al respecto, el médico aclara: “La presencia de enfermedades hepáticas puede asociarse a niveles reducidos de urea en sangre: hay menor producción porque se sintetiza en el hígado.

Sin embargo, Gorriz resalta que “la amplia variabilidad en los niveles de urea en sangre” hacen que este parámetro no acabe usándose comúnmente para la medición de la función renal, “sino para conseguir una mejor aproximación clínica al estado de hidratación, la perfusión renal, la ingesta proteica o la desnutrición, entre otros factores”.

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Valores Normales Orientativos:

  1. Disminución de flujo sanguíneo hacia los riñones (ej.

Enfermedades Hepáticas Propias del Embarazo

La mujer gestante puede presentar cualquier tipo de enfermedad hepática (hepatitis vírica aguda, toxicidad hepática por fármacos, cálculos biliares...). Sin embargo, existen una serie de enfermedades hepáticas propias del embarazo que aparecen con la gestación y desaparecen tras el parto.

La frecuencia de estas enfermedades es escasa, pero en ocasiones pueden revestir gravedad tanto para la madre como para el feto.

Síntomas

Los síntomas que deben hacer sospechar estas enfermedades son el dolor localizado en el cuadrante superior derecho del abdomen o en el área gástrica, acompañado de náuseas y vómitos. Otros síntomas posibles son la ictericia (coloración amarillenta de la piel y de las mucosas) y el prurito o picor generalizado de la piel, pero ninguno de ellos es específico.

Diagnóstico

El diagnóstico de estas enfermedades se basa en los síntomas, el momento de la gestación en el que ocurren y en el resultado de las pruebas de laboratorio y algunas pruebas complementarias; habitualmente una ecografía abdominal. Las enfermedades hepáticas propias del embarazo cursan con aumento de las enzimas hepáticas: transaminasas, bilirrubina y fosfatasa alcalina (FA). En la mayoría de los casos pueden coexistir las tres alteraciones analíticas.

La edad gestacional es el dato que más ayuda en el diagnóstico diferencial de estas enfermedades. En el primer trimestre el cuadro más frecuente es la hiperemesis gravídica. Entre el segundo y el tercer trimestre la colestasis intrahepática, la toxemia gravídica (preeclampsia o eclampsia) y el síndrome HELLP. En el tercer trimestre, aunque infrecuente, destaca por su gravedad la esteatosis aguda del embarazo.

Hiperemesis Gravídica

Habitualmente, se presenta en el primer trimestre y más raramente en el segundo. Aparece en aproximadamente en 1/100 embarazos y es más frecuente en gestantes jóvenes, primíparas y obesas. Cursa con náuseas y vómitos intensos que provocan deshidratación y desnutrición, sin otros síntomas digestivos acompañantes. En la analítica se observa un discreto incremento de los niveles de bilirrubina y de fosfatasa alcalina. El tratamiento consiste en soporte hídrico y nutricional, y sólo en casos graves se requiere alimentación mediante sonda nasogástrica o la administración de un ciclo corto de esteroides. Su pronóstico es bueno.

Colestasis Intrahepática del Embarazo (CIE) o Colestasis Gravídica

Generalmente se presenta en el tercer trimestre y es la segunda causa de ictericia en el embarazo, después de la hepatitis vírica aguda. Afecta a 1/2.000-8.000 embarazos y está relacionada con factores hormonales, genéticos y geográficos (muy frecuente en algunos países como Chile). Esta entidad aparece en mujeres de todas las edades, tanto primíparas como multíparas (especialmente en embarazos múltiples) y en los casos familiares puede reaparecer en gestaciones posteriores.

El síntoma principal es el prurito, de predominio nocturno, que afecta sobre todo a las palmas de las manos y las plantas de los pies, aunque puede ser generalizado. La ictericia no siempre está presente y puede acompañarse de orinas oscuras (colúricas). El dolor abdominal, las náuseas y los vómitos son raros. El diagnóstico se basa en la clínica (prurito) y en las alteraciones analíticas (incremento de las concentraciones de ácidos biliares en suero y aumento moderado de la bilirrubina y la FA), que desaparecen tras el parto. El pronóstico materno es bueno, pero la CIE conlleva riesgo de partos prematuros y de pérdidas fetales.

El tratamiento consiste en la mejoría del prurito materno mediante diferentes fármacos (principalmente colestiramina o ácido ursodesoxicólico) y en la inducción del parto a partir de la semana 37. La CIE no contraindica la lactancia materna.

Toxemia Gravídica (Preeclampsia y Eclampsia)

La preeclampsia aparece en 5-7/100 embarazos a partir de la semana 20 de gestación (entre el segundo y tercer trimestre). Se caracteriza por tensión arterial elevada (hipertensión arterial), hinchazón de las extremidades inferiores (edemas) y pérdida excesiva de proteínas en la orina (proteinuria). Cuando evoluciona a eclampsia se asocian además convulsiones y coma debido a la afectación cerebral, y en las formas graves se puede acompañar de afectación hepática.

Aunque no se conoce su causa con exactitud, existen algunos factores de riesgo descritos como la hipertensión, la diabetes y las gestaciones múltiples o en edades extremas. Los síntomas y signos que indican afectación hepática son el dolor abdominal en el cuadrante superior derecho acompañado de náuseas y vómitos; y la elevación de las transaminasas (5-100 veces los valores normales). Las formas graves pueden dar lugar a complicaciones severas como el síndrome HELLP o rotura hepática.

El tratamiento debe ser precoz. En las formas leves se puede intentar el reposo y fármacos para reducir la tensión arterial. En los casos graves se requiere hospitalización e interrupción del embarazo, sobre todo si la gestación ha superado la semana 34.

Síndrome HELLP

Aparece en aproximadamente el 4-12% de las embarazadas con toxemia gravídica. Habitualmente se inicia entre el segundo y el tercer trimestre, pero algunos casos se pueden presentar en el postparto. Los síntomas son similares a los de la preeclampsia, a los que se unen anemia por rotura de glóbulos rojos, elevación de las enzimas hepáticas y descenso en el recuento de plaquetas.

Se trata de un cuadro potencialmente grave que generalmente requiere asistencia en cuidados intensivos. Si la edad gestacional es superior a 34 semanas o aparece fallo de varios órganos, se debe interrumpir el embarazo, ya que existe riesgo fallecimiento de la madre (2-8% de los casos). Si el cuadro no es grave y la edad gestacional es menor a 34 semanas se pueden administrar corticoides durante 48 horas para acelerar la maduración de los pulmones del feto y provocar el parto lo más cercano posible a la semana 34.

Esteatosis Aguda o Hígado Graso Agudo del Embarazo

Es un proceso infrecuente del tercer trimestre del embarazo (1/7.000-16.000 embarazos), pero potencialmente grave para la madre y el feto (mortalidad materno-fetal del 20% aproximadamente). Se debe a una acumulación de grasa en el hígado y suele afectar a mujeres jóvenes, obesas y sin embarazos previos.

Los síntomas iniciales consisten en náuseas/vómitos, dolor en el abdomen superior, cansancio e hipotensión; que evolucionan a alteraciones graves de la coagulación, fallo renal y de otros órganos. En la analítica suele existir anemia, descenso de las plaquetas, aumento de los glóbulos blancos y alteraciones de los parámetros de función hepática y renal.

El tratamiento es similar al descrito en el síndrome HELLP y consiste en interrumpir el embarazo.

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