Thomas Edison: Vida, Inventos e Hijos del Arquitecto del Mundo Moderno
Thomas Alva Edison nació el 11 de febrero de 1847 en Milan, Ohio (EE.UU.). Inventor y empresario estadounidense, autodidacta, responsable de más de mil patentes, entre ellas el fonógrafo, la cámara de cine o la bombilla incandescente. Fue el más pequeño de siete hermanos nacidos del matrimonio entre Samuel Ogden Edison, un canadiense exiliado, y Nancy Matthews Eliott, una maestra.
Primeros Años y Educación
Nació en Milan, una pequeña población en el estado de Ohio. En 1855, con ocho años, Edison entró a la escuela, pero estuvo un breve periodo de tiempo ya que al cabo de 3 meses fue expulsado, alegando su maestro falta de interés y de inteligencia para seguir las clases. A una edad muy temprana (con tan solo diez años) instaló su primer laboratorio en el sótano de la casa de sus padres y fue autodidacta en materias como la química y la electricidad. Con 15 años de edad rescató a un niño pequeño que se había precipitado a las vías del tren en la estación de Mounts-Clements. Este niño resultó ser el hijo del jefe de la estación James Mackenzie. Edison hizo prácticas durante el verano y se empleó como telegrafista a tiempo parcial en Port Huron.
Es reseñable comentar que Edison sufría de sordera por causas que actualmente no se han aclarado. Sin embargo, Edison siempre percibió su sordera como una ventaja ya que como él mismo escribe: “Desde el principio encontré que la sordera era una ventaja para un telegrafista. Ello suponía una enorme ventaja ya que cualquier persona podía traducir fácilmente y con precisión un código a su propio ritmo.
Primeros Inventos y Éxito Profesional
En primer lugar, patentó en 1868 un contador eléctrico de votos para el Congreso de los Estados Unidos. Se podía colocar en la mesa de cada representante y tenía dos botones, uno para el voto en pro y otro para el voto en contra. Los congresistas de la época calificaron su instrumento de superfluo. El comentario que surgió fue el siguiente: "Joven, si hay en la tierra algún invento que no queremos aquí, es exactamente el suyo. Uno de nuestros principales intereses es evitar fraudes en las votaciones, y su aparato no haría otra cosa que favorecerlos". En segundo lugar, en 1871 patentó un “stock-ticker”, aparato indicador de las oscilaciones de los valores bursátiles, que vendió por 40.000 dólares a una compañía de telégrafos. Hay cierta controversia con la autoría de este invento ya que desde distintos estamentos defienden que la invención del stock-ticker fue realizada por Edward Calahan en 1867 para el Gold and Stock Telegraph Company en New York.
En esta época además Thomas Edison se asoció con el famoso ingeniero y radiotelegrafista Franklin Pope en los experimentos de su nuevo transmisor doble. El transmisor de Edison permitió dos comunicaciones en direcciones opuestas al mismo tiempo en un solo cable. Justo antes del traslado permanente de Edison de Boston al área de la ciudad de Nueva York, Pope y Edison realizaron pruebas y modificaciones al transmisor en Nueva York. Al mismo tiempo comenzó a interesarse por otro sector aun en desarrollo y con grandes posibilidades: el alumbrado eléctrico, diseñando un nuevo receptor telefónico e inventando un método para separación de mineral.
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En el año 1870 Edison ya era considerado en EEUU como el más brillante inventor en el campo de la telegrafía, al que acudían diferentes compañías requiriendo su colaboración. Las nuevas asignaciones trajeron una medida de libertad financiera, y Edison organizó dos nuevas compañías con socios comerciales: Newark Telegraph Works y American Telegraph Works, ambas en 1870. Newark Telegraph Works duró hasta 1872, cuando el socio de Edison se mudó a Nueva York. Dada su bonanza económica y sus ansias de investigar en 1876 dejó de trabajar y creó un centro de investigación industrial independiente, a los que dotó de talleres y laboratorios, en Menlo Park, cerca de Nueva York. En este mismo año Alexander G. Bell, hacía las primeras demostraciones públicas de su teléfono, despertando gran interés en Edison.
El Fonógrafo y la Lámpara Incandescente
Edison notó que el teléfono de Bell no permitía transmitir la voz a distancia e intensificó su investigación para resolver esta limitación. En 1879, la Bell Telephone Company, con más de 150.000 abonados, adquirió las patentes de Edison del micrófono de carbón, que posibilitó llamadas a largas distancias. Mientras trataba de perfeccionar el teléfono de Bell observó un hecho que le llamó poderosamente la atención: «Acabo de hacer una experiencia con un diafragma que tiene una punta embotada apoyada sobre un papel de parafina que se mueve rápidamente. Las vibraciones de la voz humana quedan impresas limpiamente, y no hay duda alguna que podré recoger y reproducir automáticamente cualquier sonido audible cuando me ponga a trabajar en ello».
«Yo proporcionaré luz tan barata -afirmó Edison en 1879- que no sólo los ricos podrán hacer arder sus bujías.» La respuesta se hallaba en la lámpara de incandescencia. Se conocía hasta el momento que existían determinados materiales que podían convertirse en incandescentes cuando en un entorno exento de aire se les aplicaba corriente eléctrica, pero faltaba encontrar el filamento más adecuado. Edison investigó con filamentos de distintos materiales y características hasta encontrar el filamento adecuado para sus fines: platino, carbón, hollín y otros materiales. El primer prototipo estuvo finalizado el 21 de octubre de 1879. Se trataba de una bombilla de filamento de bambú carbonizado, que superó las cuarenta horas de funcionamiento ininterrumpido.
Este invento le dio el impulso en su carrera para el desarrollo del alumbrado eléctrico y constituyó la Electric Light Company. Continuando con los progresos del alumbrado eléctrico, Edison patentó un canal de distribución de energía eléctrica en 1889. En 1880 descubrió el llamado “efecto Edison” buscando solucionar la razón por la cual se rompían los filamentos y por qué se oscurecía el cristal de sus lámparas incandescentes y sentando las bases de la válvula de la radio y, en general, de la electrónica. Dos años más tarde abrió en Nueva York la primera estación eléctrica, que en menos de un año abastecía de luz a más de 10.000 bombillas y 500 clientes.
Otros Inventos y Empresas
La capacidad inventiva y emprendedora de Edison era ilimitada y abarcaba campos tan dispares como la construcción además de los mencionados anteriormente. Fundó, varias empresas dedicadas al tratamiento de minerales (1879 y 1881) y la fabricación de cementos tipo Portland (1889) e introdujo por primera vez en los EE.UU. Entre los años 1873 y 1903 Edison patentó a su nombre 83 inventos en España. El primero fue un aparato telegráfico-impresor (priv. nº 5.050). El proceso creador de la luz eléctrica quedó registrado entre los años 1878 y 1880 (pats. nº 128, nº 477, nº 707, nº 727, nº 920, nº 943, nº 1.277, nº 1.284, nº 1.295). En 1888 introdujo el fonógrafo (pat.
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Vida Personal y Familia
A los 24 años se casó con Mary Stilwell, una joven empleada de 16 años de su laboratorio. La pareja tuvo tres hijos: Marion (apodada «Dot» por el código morse), Thomas Jr. («Dash») y William. Sin embargo, el matrimonio sufrió por la obsesión laboral de Edison, que pasaba días enteros en su taller descuidando el hogar. Tras la muerte de Mary, Edison encontró un nuevo comienzo con Mina Miller en 1886. Mina, 20 años más joven e hija de un inventor adinerado, le dio estabilidad emocional. Juntos tuvieron tres hijos más: Madeleine, Charles y Theodore. A diferencia de su primer matrimonio, Edison hizo esfuerzos por equilibrar trabajo y familia, aunque seguía siendo un padre ausente la mayor parte del tiempo. La relación con sus hijos fue desigual. Mientras William siguió sus pasos en la industria eléctrica, Thomas Jr. vivió a la sombra del apellido, probando suerte en negocios fallidos que dañaron la reputación familiar. Edison llegó a pagarle un subsidio con la condición de que cambiara su nombre a «Burton Willard» para evitar asociaciones.
El Legado de Thomas Edison
Aunque no fue su idea original, Edison perfeccionó el diseño con un filamento de carbono que duraba hasta 1,200 horas, haciendo la luz eléctrica práctica y accesible. Mejoró las baterías existentes para automóviles eléctricos, aunque el mercado optó por el motor de gasolina. En Pearl Street (Nueva York), Edison inauguró la primera red comercial de energía, alimentando 400 lámparas en Wall Street. Para monetizar su sistema, inventó un dispositivo que medía el consumo en «amperios-hora», estableciendo el modelo de pago por servicio que aún usamos hoy.
Thomas Edison fue mucho más que un inventor: fue un arquitecto del mundo moderno. Su genio no radicaba únicamente en crear dispositivos revolucionarios, sino en su capacidad para transformar ideas abstractas en sistemas prácticos que cambiaron la forma en que la humanidad vive, trabaja y se comunica. Pero más allá de sus contribuciones técnicas, Edison nos dejó una lección perdurable: el progreso nace de la combinación entre creatividad, perseverancia y visión comercial.
Hoy, en una era dominada por cambios tecnológicos acelerados, el espíritu de Edison sigue siendo un faro. Nos inspira a cuestionar lo establecido, a trabajar con pasión y, sobre todo, a persistir incluso cuando el éxito parece esquivo.
Thomas Alva Edison Jr.
Thomas Alva Edison Jr. nació en 1876 fruto del matrimonio de Edison con su primera mujer, Mary Stilwell. Tom Jr. fue un estudiante mediocre y, por esa razón, pronto comenzó a trabajar para su padre, un lugar en el que intentó siempre deslumbrarle. En 1897 presentó su modelo de lámpara incandescente "mejorada", pero la prensa la siguió asociando con su padre. Con todo, Tom Jr. rechazó una oferta de inversión de 25.000 dólares porque temía perder el control de sus patentes.
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Mientras tanto, comenzó a acumular deudas, y pronto terminó cobrando dinero simplemente por ceder su apellido a embaucadores que comercializaban todo tipo de dudosos productos medicinales y de consumo con el nombre de "Edison", lo que los convertía en un éxito porque el público pensaba que habían surgido de la mente de su padre, gracias a eslóganes como: "¡El cerebro de Edison ha conseguido un nuevo triunfo!". Privado de recursos, Tom Jr. cayó en picado: en 1899 se casó por sorpresa con una corista que únicamente buscaba sacarle dinero, un matrimonio que sólo duró unos meses (ella continuaría utilizando el apellido Edison hasta su misteriosa muerte en 1906, con 27 años de edad). Como mal menor, acordó una asignación para mantenerle y le hizo ingresar en un psiquiátrico. Sin embargo, siguió buscando sacar adelante inventos, como un carburador, que fracasaron una y otra vez.
Tras la muerte de Edison, sus hermanos le hicieron un hueco en el consejo de administración de varias de las compañías de la familia. En 1935, fue encontrado muerto de nuevo bajo nombre falso, y en circunstancias no aclaradas, en un hotel en Springfield (Massachusetts): según unos, suicidio; según otros, un ataque al corazón. En todo caso, una muerte llena de sombras, propia de quien llegó a escribir que "si mi nombre fuese Smith, hoy sería un hombre rico".
Los Últimos Días de Edison y su Visión sobre la Muerte
El 18 de octubre de 1931, Thomas Alva Edison abrió sus ojos por penúltima vez. Según Hubert Howe, su médico personal, el inventor de 84 años llevaba once semanas sumido en una especie de coma intermitente del que sólo despertaba para murmurar extrañas frases sobre el más allá. Aquella fría mañana de otoño, temprano, Edison cabeceó en su mecedora, inhaló todo el aire que pudo y fijó sus ojos azules en el techo del dormitorio. Dejó que una sonrisa iluminara su rostro cansado y, con la mirada perdida en ninguna parte, murmuró algo que impactó al doctor: “Allí hay mucha belleza”. Al poco, su corazón se detuvo. Su reloj de pulsera también.
En 1910, Thomas Alva Edison se encontraba en la cima de su carrera. Era el inventor por excelencia en Estados Unidos, una especie de “Steve Jobs” de principios de siglo tenido por héroe nacional. Y con razón: había llevado la luz eléctrica a los hogares. Sus compañías facturaban millones de dólares a través de sus revolucionarias patentes y, por si fuera poco, su vida familiar estaba en paz y sus tres hijos casi criados. Hacía ocho meses que había cumplido los 63 y, como muchos de su quinta, el gran Edison hablaba con cierta frecuencia de la muerte. En una extensa entrevista que concedió entonces a su amigo Edward Marshall para The New York Times con motivo del fallecimiento del prestigioso psicólogo de Harvard William James y de unas supuestas manifestaciones suyas desde el mundo de los espíritus, el entonces máximo referente público del pensamiento científico decidió manifestar su opinión al respecto. Lo hizo como se esperaba de un hombre como él: sin rodeos y yendo directamente al grano.
Según Edison, lo sobrenatural sencillamente no existía, y lo que entonces se vinculaba a los fenómenos psíquicos terminaría encontrando, tarde o temprano, una explicación desde la óptica de lo material. En aquellas declaraciones dio incluso una vuelta de tuerca más a esa idea: despreció el valor del alma, su pretendida inmortalidad e incluso descartó la existencia del cielo. Quizá hoy resulte difícil hacerse una idea de lo mucho que el llamado mundo civilizado le admiraba. Y también comprender el peso que tuvieron aquellas opiniones en una sociedad pacata y tan dependiente de su fe como la norteamericana. “No. Esa idea de una existencia individual más allá de la tumba está equivocada. Para él, el término espíritu carecía de valor.
Pongámonos, pues, en situación. A ojos de sus contemporáneos, el hombre que había inventado el futuro acababa de comprometer su salvación eterna dando alas -eso era lo peor- a la plaga de ateos que en esos días crecía a la sombra de los avances científicos. Incluso predicadores de diverso signo le advirtieron de que no se adentrara en terrenos que no eran los suyos. Pero, contra todo pronóstico, aquella actitud arrogante cambiaría de forma inesperada solo una década más tarde. Edison siempre tuvo una personalidad cáustica, soberbia, lo que hizo más extraño aquel giro en sus creencias. En 1920, en unas declaraciones para la revista Scientific American, el científico reflexionó de nuevo sobre la muerte. De repente, admitió que el ser humano estaba dotado de “algo” que no era material ni químico y que podía trascender al óbito. Imaginó incluso una suerte de “nube” en la que podría almacenarse nuestra esencia una vez que abandonara el cuerpo.
“Si nuestra personalidad sobrevive, entonces es estrictamente científico y lógico asumir que retiene la memoria, el intelecto y otras facultades y conocimientos que hemos adquirido en la Tierra”, declaró. Y añadió: “En consecuencia, si la personalidad existe tras eso que llamamos muerte, es razonable concluir que a aquellos que han dejado la Tierra les gustaría comunicarse con los que se han quedado aquí. Estoy tentado a creer que nuestra personalidad en el más allá es capaz de afectar a la materia.
El impacto de estas palabras en un medio tan aséptico como Scientific American tuvo, claro, consecuencias inmediatas. Y él no solo no lo desmintió, sino que a principios del año siguiente concedió una nueva entrevista, más en profundidad, otra vez a The New York Times. Sus páginas confirmaban la nueva aventura del científico: “Edison ha anunciado su entrada en una nueva esfera, la investigación psíquica”. ¿Era todo aquello una exageración periodística para vender más ejemplares? El caso es que el inventor de la bombilla eléctrica, el otrora escéptico y ateo, reconocía de repente estar trabajando en una máquina eléctrica que permitiría la interacción con personas fallecidas. El origen de su interés había que buscarlo -se justificó- en las terribles cifras de muertos que, entre ambas entrevistas a The New York Times, habían llegado a América desde los frentes europeos de la Primera Guerra Mundial. Millones de personas habían perdido la vida en el conflicto, con lo que habían generado una ola de dolor como jamás se había visto.
“Él sabe”, dijo el periódico sobre Edison, “que diez millones de hombres y mujeres que han perdido seres queridos en la Guerra están deseosos de una palabra; quieren creer en la existencia de una vida después de la vida que conocemos. El famoso inventor llevaba trabajando en un aparato para detectar la energía de los difuntos y comunicarse con ellos al menos desde 1917. Según él, esta “máquina del más allá” solo se entendería si antes se aceptaban ciertas conclusiones a las que había llegado. La primera, que cuerpo y mente son el resultado de reacciones físico-químicas más o menos conocidas. La segunda, que la vida debe entenderse como el producto de la unión de una serie de “unidades” infinitesimales impulsadas por las reacciones citadas. Un cuerpo humano -explicó- está integrado por unos cien billones de esas unidades. “Estimo que, grosso modo, en nuestro cuerpo tenemos alrededor de veinte mil millones de células, y cada célula alberga una comunidad de cinco mil unidades”. Algunas de esas unidades, más pequeñas “de lo que la mente humana es capaz de concebir”, son las que configuran nuestra memoria; son las depositarias de nuestras emociones, deseos y tendencias.
Según Edison, cuando una persona muere, toda esa masa de “unidades de vida” se libera y busca otro lugar u organismo en el que acomodarse. “Simplemente, se alejan del cuerpo y dejan poco más que una estructura vacía. Y como son trabajadoras infatigables, buscan algo más que hacer. Esta peculiar idea le llevó a concebir una máquina que fuera capaz de detectar la existencia de esa clase de “unidades” a nuestro alrededor. Pero, pese a que a partir de 1920 se refirió a ella de forma intermitente, siempre fue reticente a describirla en detalle. En su entrevista para The New York Times de 1921, Edison estimó que su invento sería capaz de movilizar a todo un ejército de investigadores que podría resolver el problema en diez años. “Aunque reconoce que pueden pasar doscientos”, aseguró el periodista. Y diez, exactamente, fueron los que transcurrieron hasta que Edison murió… sin encontrar la demostración de sus “unidades de vida”.
Según esta publicación, en el invierno de 1920, justo cuando el científico hizo sus explosivas declaraciones a Scientific American y a American Magazine sobre su “máquina para hablar con los muertos”, convocó a un grupo de científicos a su laboratorio para mostrarles un aparato pensado para captar la esencia de los espíritus. Al parecer, el ingenio consistía en una célula fotoeléctrica, una especie de lápiz de luz que se iluminaba en la oscuridad creando una especie de membrana fina pero muy tupida. El mismo artículo afirmaba que entre los científicos había también algunos espiritistas. A una orden de Edison, estos comenzaron a invocar la presencia de difuntos para que sus “unidades de vida” atravesaran esa cortina, pero tras horas de tensa y atenta espera, allí no ocurrió nada. Por eso, aquella reunión no trascendió.
Entre los amigos más cercanos de Edison estuvo el fundador de la compañía automovilística Ford, Henry Ford. Fue él quien convenció a uno de los hijos del inventor para que, cuando su padre falleciese, atrapara en un tubo de ensayo su último aliento. Ford estaba convencido de que ahí era donde se escondería su alma. Lo cierto es que esa imagen de Edison rodeado de espiritistas tampoco debería sorprendernos demasiado. Sabemos que mucho antes de declararse ateo ingresó en una de las organizaciones ocultistas más importantes de aquel tiempo: la Sociedad Teosófica. Esa institución estaba presidida por una escritora rusa llamada Helena Blavatsky, quien aseguraba tener contactos con una “Gran Hermandad Blanca de Maestros Ascendidos” que regía en secreto el destino del mundo. Edison firmó su adhesión el 5 de abril de 1878 -con 31 años, cuando los seguidores de Madame Blavatsky eran aún pocos-, seguramente atraído por uno de sus objetivos fundacionales: “la investigación de las leyes inexplicables de la naturaleza y de los poderes latentes del hombre” (sic).
Cronología de Eventos Importantes
| Año | Evento |
|---|---|
| 1847 | Nacimiento de Thomas Alva Edison en Milan, Ohio. |
| 1855 | Entra a la escuela y es expulsado a los 3 meses. |
| 1868 | Patenta un contador eléctrico de votos para el Congreso de los Estados Unidos. |
| 1871 | Patenta un “stock-ticker” y lo vende por $40,000. |
| 1876 | Crea un centro de investigación industrial independiente en Menlo Park. |
| 1879 | Desarrolla la lámpara de incandescencia. |
| 1880 | Descubre el “efecto Edison”. |
| 1882 | Abre la primera estación eléctrica en Nueva York. |
| 1886 | Se casa con Mina Miller. |
| 1931 | Fallece el 18 de octubre en West Orange, New Jersey. |
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