Trastornos del Sueño en Lactantes: Causas y Tratamiento

01.12.2025

¿A tu hijo/a le cuesta coger el sueño al acostarse? ¿Se despierta con frecuencia? ¿Tiene pesadillas con frecuencia? ¿Se levanta con sensación de no haber descansado bien? Actualmente hay un gran porcentaje de consultas pediátricas referidas a alteraciones del sueño en niños y bebés. Este hecho produce un trastorno en la familia, pues afecta a la calidad del descanso de todos sus miembros; algo que tiene consecuencias a la hora de afrontar las tareas del día a día. Si conseguimos averiguar las causas de estas alteraciones, podremos dar con las soluciones más adecuadas.

Aspectos Generales del Sueño Infantil

El insomnio es una patología muy frecuente en edad pediátrica (30% en niños menores de 5 años) que ocasiona una grave repercusión cognitiva, emocional y en el aprendizaje junto con una importante comorbilidad médica y afectación de la calidad de vida del niño y la familia.

Dormir toda la noche necesita 3 requisitos:

  1. Un período continuado de sueño.
  2. Horario de sueño nocturno coincidente con el resto de la familia.
  3. Capacidad de volverse a dormir autónomamente tras los despertares fisiológicos.

La Academia Americana de Medicina del Sueño define el insomnio infantil como: «Dificultad mantenida, a pesar de la oportunidad de dormir y en función de la edad, para iniciar o mantener el sueño o su calidad que provoca alteraciones funcionales en el niño y/o familia». Tardar más de 30 minutos en dormirse y/o despertares de más de 20 minutos de duración pueden ocasionar malestar clínicamente significativo y deterioro en el área social, familiar, académico u otras áreas.

Causas de los Trastornos del Sueño en Bebés

Desde el punto de vista de la terapia manual pediátrica existen varias causas que pueden provocar alteraciones del sueño en niños y bebés. Una de estas causas puede ser la presencia de tensión en la región del cuello y cráneo, causando irritabilidad en el niño y, por lo tanto, dificultad a la hora de conciliar el sueño. Esta tensión puede estar ocasionada por el proceso del parto, ya que se trata de un momento duro tanto para el bebé como para la madre.

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En muchas ocasiones estos niños que presentan dificultad para conciliar el sueño pueden presentar también otros síntomas, como excesiva sensibilidad a la luz y a los ruidos, llanto difícil de consolar, o adquisición de posturas en las que notaremos que el bebé está más tenso de lo habitual. Esta tensión presente en el cuello puede hacer que también se vea alterado el sistema digestivo, ya que éste depende, en gran medida, de la región cervical para su funcionamiento.

Otras causas pueden ser de origen conductual, entendiendo con ello los hábitos que tenga la familia a la hora de irse a dormir, así como las actividades que realicen en las últimas horas del día. Se recomienda, en esas horas, no utilizar pantallas, móviles ni televisiones, pues agitan al sistema nervioso del niño y alteran su sueño. Además, es conveniente seguir un patrón en el horario del sueño que se cumpla de forma diaria y, a poder ser, a unas horas tempranas. No realizar actividades demasiado intensas o excitantes para los niños en estas últimas horas del día, también es una buena práctica.

Deberían valorarse, también, otras posibles causas de origen metabólico. La falta de algunos nutrientes o la existencia de intolerancias, pueden hacer que el sistema endocrino y, por tanto, la regulación del ciclo del sueño se vea alterado. Para esa valoración deberán contar con la supervisión del especialista correspondiente.

Factores Condicionantes

En el insomnio intervienen diferentes factores:

  • Factor circadiano: melatonina y luz. El comienzo de la secreción nocturna de melatonina en condiciones de luz tenue precede aproximadamente 2 h al inicio del sueño. Los niños obligados a dormirse en un momento excesivamente cercano o lejano a su DLMO presentan latencias de sueño más largas y mayor resistencia a acostarse.
  • Factor homeostásico: siestas tardías. A mayor número de horas de vigilia previas, mayor facilidad para dormirse.
  • Factor ambiental: luz, sonido y temperatura. La exposición a la luz durante la noche, unida a la escasa exposición a la luz durante las mañanas, lo favorece. El porcentaje de supresión de la secreción de melatonina en presencia de luz antes de acostarse en los niños alcanza el 88%.
  • Factor educativo: hábitos de vida saludables. La rutina del sueño muestra relación directa dosis-respuesta entre hábitos de sueño y percepción de problemas.
  • Factor neuroendocrino: cortisol. El déficit de sueño favorece niveles vespertinos elevados de cortisol.

Criterios Diagnósticos

Según la Academia Americana de Medicina del Sueño, se deben cumplir los siguientes criterios:

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  1. Dificultad para iniciar el sueño.
  2. Dificultad para mantener el sueño.
  3. Despertar antes de lo deseado.
  4. Resistencia a irse a la cama a un horario apropiado.
  5. Dificultad para dormir sin la intervención de los padres/cuidador.

Además, deben observarse uno o más de los siguientes:

  1. Fatiga/malestar.
  2. Alteración de la atención, concentración o memoria.
  3. Alteración del rendimiento social, familiar, laboral o académico.
  4. Alteración del humor/irritabilidad.
  5. Somnolencia diurna.
  6. Problemas de conducta (p. ej., hiperactividad, impulsividad, agresividad).
  7. Disminución de la motivación, energía, iniciativa.
  8. Predisposición para errores/accidentes.
  9. Preocupación o insatisfacción con el sueño.

Estos síntomas no pueden explicarse simplemente por una inadecuada oportunidad para dormir o circunstancias inadecuadas para dormir. La alteración del sueño y los síntomas diurnos asociados se producen al menos 3 veces por semana y han estado presentes durante al menos 3 meses.

Manifestaciones Clínicas

Existe insatisfacción con la cantidad o calidad del sueño referida como resistencia a acostarse, despertares frecuentes y/o dificultad para dormirse de forma independiente. La repercusión clínica se debe a la pérdida de sueño e incluye tanto alteraciones nocturnas como diurnas:

  • Nocturnas: latencia de sueño mayor de 30 minutos, vigilia intrasueño mayor de 60 minutos, más de 3 despertares nocturnos o despertares de más de 20 minutos (que exigen atención de los cuidadores).
  • Diurnas: somnolencia, dificultades en la atención y memoria, cambios en el humor, problemas conductuales (hiperactividad, impulsividad) y peor rendimiento escolar. También puede afectar al sistema cardiovascular, inmunológico y metabólico, con mayor riesgo de obesidad y alteración del crecimiento. Y, además, el insomnio infantil afecta a la calidad de vida familiar.

A menudo, el insomnio es el resultado de una asociación inapropiada o de unos límites inadecuados:

  • Insomnio por asociaciones inapropiadas con el sueño: Resultado de dependencia a una estimulación específica con objetos o determinados ajustes para iniciar el sueño o volver a dormirse tras un despertar. Dormirse se asocia con una forma de estimulación (mecimiento), objeto (biberón) o ambientes (habitación iluminada, padres en la habitación o dormirse en la cama de los padres). Su ausencia condiciona las dificultades y su restablecimiento facilita el sueño. Se manifiesta como despertares frecuentes durante la noche, temores nocturnos o ansiedad para dormir solo.
  • Insomnio por ausencia de límites: Negación a acostarse reforzado por un inapropiado uso de límites. Puede producir despertares nocturnos, dependiendo de la respuesta de padres/cuidadores durante la noche.
  • Insomnio por higiene inadecuada de sueño: El niño o los padres/cuidadores realizan actividades incompatibles con un sueño de buena calidad y una alerta normal por el día. Por ejemplo, siestas diurnas tardías, horario irregular, sustancias estimulantes, actividades mentales, emocionales o físicas excitantes y perturbadoras próximas a la hora de acostarse, ambiente inadecuado para dormir (ruidos, estimulación luminosa, TV, ordenador, etc.)
  • Insomnio psicofisiológico: Niños mayores y adolescentes pueden presentar alteraciones del sueño derivadas de una hipervigilancia y/o asociaciones de experiencias previas. Tienen una preocupación exagerada con el sueño, miedo a dormir o a no ser capaces de dormir, temor a elementos de su habitación o recuerdos de experiencias negativas previas. Estos niños duermen mejor fuera de su entorno.

Diagnóstico

Fundamentalmente clínico, mediante información obtenida de padres/cuidadores y el niño.

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  • Historia clínica y exploración física: Para valorar causas orgánicas y evaluar globalmente al niño y familia, con análisis del patrón de sueño y la vigilia durante las 24 h, horarios y cantidad de sueño, eventos del sueño, condiciones del entorno, educación, contexto familiar, etc.
  • Agenda o diario de sueño: Representación gráfica del ritmo de sueño-vigilia durante, al menos, 15 días. Es recomendable recoger la información con horario libre de sueño para objetivar el patrón de sueño “ideal”.
  • Escalas y cuestionarios: Diferentes cuestionarios realizan un cribado general de sueño, alguno de ellos validado en español. Incluye el Brief Infant Sleep Questionnaire (BISQ), BEARS, Sleep Disturbance Scale for Children (SDSC).
  • Polisomnografía (PSG) y actigrafía: Estas pruebas son exploraciones complementarias y nunca sustitutos a la historia clínica. La PSG está indicada ante la sospecha clínica clara de trastorno respiratorio del sueño (apneas), parasomnias atípicas, movimientos periódicos de las piernas, epilepsia nocturna o hipersomnias. La actigrafía monitoriza los movimientos corporales y evalúa el ritmo sueño y vigilia en el entorno natural del paciente durante varios días.

Tratamiento

Aunque la farmacología ha sido muy utilizada, la terapia conductual (estrategias que ayuden a favorecer conductas adecuadas) tiene mayor aceptación y efectos más permanentes. Se aconseja un enfoque progresivo del insomnio:

  • Higiene de sueño: establecer rutinas estables previas al sueño con horarios regulares para acostarse y levantarse. No castigar al niño con irse a dormir, a la cama o a su cuarto. Favorecer la actividad física, evitándola a última hora del día. Evitar las pantallas durante la hora previa al sueño. Temperatura adecuada. Ambiente silencioso. No comer media hora antes del inicio del sueño, no tomar bebidas estimulantes y excitantes después del mediodía. Los hidratos de carbono y alimentos ricos en triptófano favorecen el sueño.
  • Tratamiento psicológico: intervención sobre toda la familia, analizando las conductas y las expectativas familiares.
  • Tratamiento cognitivo-conductual: evidencias científicas señalan que es el más efectivo y más utilizado en los programas de tratamiento del insomnio, con diferentes estrategias.
  • Tratamiento farmacológico: hay poca evidencia científica de su eficacia y seguridad a medio y largo plazo aunque se recomienda seguir ciertas reglas generales. Se debe considerar el uso de suplementos nutricionales (melatonina de liberación inmediata y de liberación prolongada, triptófano, hierro) y fármacos (antihistamínicos, otros). Su uso debe ser el más corto posible y a la dosis menor eficaz. El producto empleado se elige según las características del insomnio, la tipología del paciente y su entorno. El momento de la administración es importante. Control estrecho de los efectos secundarios, especialmente durante su retirada. Puede agravar otros problemas del sueño coexistentes (apneas). Precaución ante posibles interacciones con otros fármacos.

Si estos no son eficaces, se debería derivar a unidades especializadas. Respecto al uso de productos de fitoterapia, su uso está basado en la tradición, con escasas evidencias científicas.

Intervención de la Terapia Manual Pediátrica Integrativa (TMPI)

Mediante la terapia manual pediátrica integrativa (TMPI) utilizamos técnicas específicas que nos permiten tratar ese problema disminuyendo la tensión que pueda haber en columna y cráneo. De esta forma disminuye, también, la irritabilidad, mejorando la calidad del sueño y la alimentación.

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