Traumatismo Craneoencefálico en Lactantes: Causas, Síntomas y Tratamiento
El traumatismo craneoencefálico (TCE) es la lesión de las estructuras de la cabeza producida por fuerzas mecánicas. El TCE es el traumatismo más frecuente en la edad pediátrica. Representa el 6% de los accidentes infantiles y supone un problema habitual en los servicios de urgencias pediátricos.
Generalmente es leve, aunque es la primera causa de mortalidad entre los niños de 1 a 14 años. A pesar de los avances en las medidas de prevención y tratamiento de los últimos años, continúa siendo una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en la infancia en países desarrollados y un problema sanitario importante, dada su elevada incidencia en niños y jóvenes y la posibilidad de secuelas que origina.
Es una de las patologías más frecuentes en los Servicios de Urgencias Pediátricos, con dos picos de incidencia: niños entre cero y cuatro años y adolescentes. Es más frecuente en varones en todos los grupos de edad. En niños que han sufrido un politraumatismo, entre el 60-80 % presentan TCE, y de ellos, el 10 % un TCE grave.
Es difícil conocer la incidencia exacta de TCE, que probablemente esté infraestimada al no ser una enfermedad que se declara, pero disponemos de algunos trabajos que estiman su evolución en los últimos años: en EE.UU. la incidencia global en todas las edades aumentó en 2013 respecto a 2007, siendo ese año en niños entre 0-4 años de 1.590 por 100.000 y año, y en adolescentes de 1.080 por 100.000 y año.
Causas del TCE en Lactantes
En cuanto a la etiología, las caídas son la causa más frecuente a nivel mundial. Por edades, en neonatos serán los partos traumáticos e instrumentales la principal causa de TCE. En lactantes, las caídas, el maltrato y los accidentes de tráfico.
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En niños menores de dos años, la causa más frecuente que produce un traumatismo craneoencefálico son las caídas accidentales. Estas pueden producirse por descuido de los cuidadores cuando son más pequeños o estar relacionadas con el inicio de la deambulación (fase del desarrollo en la que comienzan a desplazarse por sí mismos) cuando son un poco más mayores.
Los accidentes de tráfico como pasajero o por atropello son la segunda causa más frecuente de traumatismo craneoencefálico en la infancia.
Fisiopatología del TCE
Tras el daño cerebral inicial o primario, existen factores que lo aumentan (daño secundario), muchas veces evitables. Lesiones nerviosas y vasculares producidas inmediatamente por la agresión mecánica, en relación directa con la magnitud de la energía del traumatismo (masa y velocidad al cuadrado). Lesiones cerebrales que se producen después del impacto, tanto a nivel celular como extracelular, favorecidas por alteraciones sistémicas o intracraneales que pueden aumentar la lesión primaria.
El daño neuronal inicial puede liberar neurotransmisores excitadores que producirán: despolarización de las membranas celulares, disrupción mitocondrial, estrés oxidativo y alteración de la síntesis de ATP, al mismo tiempo que se crea un gradiente osmótico que favorece el edema citotóxico celular.
Autorregulación Cerebral y Presión de Perfusión Cerebral (PPC)
La autorregulación cerebral es la capacidad que tiene el cerebro de mantener un flujo sanguíneo cerebral (FSC) constante a pesar de los cambios en la presión arterial media (PAM), gracias a que las arteriolas cerebrales cambian su diámetro en respuesta a los cambios de PAM. De este modo, el aporte de oxígeno y nutrientes se mantiene constante.
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En cualquier órgano, la presión de perfusión es equivalente a la diferencia entre la presión de entrada o arterial y la de salida o venosa, y esa diferencia de presiones es responsable del flujo sanguíneo. En el encéfalo, la presión de entrada es igual a la PAM a nivel de la carótida interna, mientras que la de salida es equivalente a la presión en las venas corticales, que refleja la presión intracraneal (PIC).
De este modo, podemos calcular la PPC mediante la diferencia entre PAM y PIC: PPC = PAM - PIC. En niños con TCE, se aconseja mantener una PPC superior a 40 mmHg en pequeños, 50 mmHg en escolares y, en adolescentes, entre 50-60 mmHg como en adultos.
Diversas alteraciones intracraneales o sistémicas pueden producir daño secundario, exacerbando el daño inicial.
Síntomas del TCE en Lactantes
La clínica tras un TCE es muy variable y, aunque depende en gran medida de la severidad del traumatismo o de la presencia de LIC, no siempre existe una correlación lineal entre ellas. El paciente puede estar asintomático, presentar solo cefalea o algún vómito, o bien clínica de hipertensión intracraneal (HIC) e, incluso, signos de herniación cerebral. La pérdida de conciencia mayor de 5 segundos o la cefalea intensa o progresiva son factores de riesgo de LIC.
Los signos que debemos tener en cuenta durante las 24 horas posteriores a un TCE y ante los que acudiremos a urgencias para que el niño sea valorado por un pediatra son los siguientes:
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- Pérdida de conciencia en el momento del traumatismo o posteriormente.
- Somnolencia excesiva, dificultad para despertar.
- Confusión, desorientación.
- Llanto persistente, irritabilidad.
- Dolor de cabeza continuo o de gran intensidad.
- Vómitos repetidos que no van precedidos de náuseas (puede ser normal vomitar justo después de darse el golpe).
- Convulsiones.
- Movimientos anormales, debilidad o adormecimiento de cualquier miembro del cuerpo.
- Dificultad para hablar o caminar.
- El niño ve mal o tiene las pupilas de diferente tamaño.
- Aparición de sangre o de un líquido claro por la nariz o los oídos.
- La herida se ha producido en la cabeza y no para de sangrar.
- Hematoma muy grande en la cabeza o si notamos que se puede hundir el hueso al tocar con nuestros dedos.
- Hematoma alrededor de los párpados o las orejas.
- La caída ha sido desde más de un metro de altura.
Respecto a los vómitos, síntoma que genera más controversia en cuanto a la indicación de una prueba de imagen, se ha visto que la mayoría de los pacientes con vómitos aislados, sin otro factor de riesgo acompañante, no tienen LIC. Las convulsiones pueden ser inmediatas tras el traumatismo, precoces (en los primeros 7 días) o tardías.
Si hay HIC o una LIC con efecto masa, puede haber desplazamiento de zonas del cerebro a través de distintas estructuras, provocando una herniación cerebral. Aquí podemos encontrar: hemiparesia, midriasis uni o bilateral, descenso rápido del nivel de conciencia, parálisis de pares craneales o posturas de decorticación o descerebración. La tríada clásica de Cushing (hipertensión arterial, bradicardia y bradipnea) no siempre está presente y, además, suele ser tardía.
El paradigma del daño lesional primario por aceleración/desaceleración es el daño axonal difuso, donde se alteran el citoesqueleto y los axones tras la activación de la cascada inflamatoria, sobre todo, a las 24-48 horas del trauma.
Diagnóstico del TCE en Lactantes
Los objetivos principales en la valoración de un niño con TCE son la estabilización inicial para prevenir el daño secundario y descartar LIC que precise intervención neuroquirúrgica urgente.
Anamnesis
Historia detallada del episodio, mejor por los testigos del accidente: lugar y tiempo transcurrido, mecanismo y trauma de alta energía (atropello; accidentes con muerte de otro pasajero, vuelta de campana o eyección; impacto severo; caída mayor de 1 metro en lactantes o mayor de 1,5 metros en mayores de 2 años). Recoger la evolución desde el traumatismo: pérdida de conciencia y duración, amnesia del episodio, convulsiones, nivel de conciencia, etc. Recabar antecedentes personales y familiares (enfermedades, coagulopatías o fármacos anticoagulantes, malformaciones vasculares, válvula de derivación ventrículo-peritoneal, etc.).
Exploración Física
Exploración neurológica completa, recordando siempre la posibilidad de lesión de la columna cervical, explorando las apófisis espinosas (movilidad, dolor) y déficits motores o sensitivos. Evaluar: nivel de conciencia, tamaño y reactividad de pupilas, pares craneales, reflejos y movilidad. Exploración de la cabeza buscando hematomas, heridas, crepitación o depresión de huesos y signos de fractura de base de cráneo. Los hematomas pueden ser subcutáneos, subgaleales sin respetar suturas y blandos, o subperiósticos respetando suturas y duros.
Neuroimagen
Además de realizar una analítica completa con: hemograma, bioquímica, gasometría, coagulación y pruebas cruzadas, la neuroimagen es fundamental, siendo la TC la prueba gold estándar. No se recomienda realizar radiografía de cráneo en niños con TCE. La sensibilidad para detectar fracturas lineales es solo del 63 %, y no detecta LIC. Además, si se sospecha la existencia de una fractura por la exploración física, estaría indicado realizar TC. Sí que estaría indicado hacer una serie ósea, si sospecha de maltrato.
En lactantes pequeños, se puede realizar una ecografía transfontanelar para detectar lesiones hemorrágicas precozmente, pero su sensibilidad para otras lesiones no es buena, por lo que no exime de realizar una TC, si se considera indicado.
La TC es la prueba de elección para el diagnóstico y el seguimiento. Sin embargo, no está exento de riesgos a largo plazo, debido a la radiación y el riesgo secundario de cáncer a lo largo de la vida. Mientras que en el TCE moderado (LIC hasta en 27 %) o grave (LIC hasta en 65 %) está indicado siempre (valorar si es necesario TC cervical al mismo tiempo), la controversia surge en el TCE leve, ya que un 5 % de los niños según series, tendrán alguna LIC en la TC. Por los posibles riesgos que supone, no se debe hacer una TC sistemáticamente a todos los niños con TCE leve, sino solo a aquellos con mayor riesgo de tener una LIC.
La resonancia magnética no está indicada como prueba inicial, dadas las ventajas de la TC y, además, tiene menos sensibilidad para fracturas de cráneo. Sin embargo, hay centros que la utilizan de elección, realizando una secuencia rápida de 6-7 minutos.
Tratamiento del TCE en Lactantes
El objetivo principal, tras estabilizar al paciente, será identificar a los niños con TCE leve que tienen factores de riesgo para tener una lesión intracerebral, a los cuales se hará una tomografía craneal. Un TCE leve aparentemente banal y asintomático puede acabar en un cuadro severo.
La evaluación y tratamiento del niño con TCE debe seguir las pautas del manejo del politraumatismo pediátrico: una evaluación inicial siguiendo la secuencia ABCDE, donde el objetivo es identificar y tratar cualquier lesión o situación con riesgo vital inmediato y, tras ella, una evaluación secundaria exhaustiva donde se valoren todas las lesiones del paciente y se inicie su tratamiento.
El tratamiento del TCE grave en niños se basa en las recomendaciones de las guías de la Brain Trauma Foundation, cuya tercera edición se publicó en 2019. El tratamiento es secuencial, con: unas medidas generales y neuroprotectoras: unas medidas de primer nivel, que se van utilizando en función de la clínica y de la PIC, en caso de que esté monitorizada; y otras de segundo nivel, que se aplican si no hay respuesta a todo lo anterior. Aunque se aconseja el tratamiento guiado por la PIC, no hay evidencia de que tenga mejores resultados que guiado solo por clínica y neuroimagen.
Medidas Generales y Neuroprotectoras
- Posición adecuada del paciente: Cabeza en posición centrada y elevada 20-30º, para favorecer el drenaje venoso de la cabeza.
- Evitar la hipoxia, hipocapnia o hipercapnia: Intubación con pauta rápida. Ventilación mecánica protectora. Mantener PaO2 entre 90-100 mmHg (sin monitorización, SatO2 94-98 %). Mantener PaCO2 en torno a 35-40 mmHg (sin monitorización, frecuencia respiratoria en respirador adecuado para la edad).
- Mantener volemia y la PAM: Volumen con soluciones isotónicas (SSF o soluciones balanceadas y hemoderivados secuencialmente).
- Sedación y analgesia adecuadas: Analgesia con cloruro mórfico, fentanilo o remifentanilo. Sedación con midazolam.
- Control de temperatura: Tratamiento agresivo de la fiebre. Evitar hipotermia.
- Control de crisis comiciales: Tratamiento con midazolam. Valorar tratamiento profiláctico en caso de TCE grave, y siempre que se utilice relajación muscular. Levetiracetam o fenitoína.
- Control de la glucemia: Mantener entre 80-200 mg/dL.
- Control de alteraciones electrolíticas y metabólicas.
Rehabilitación
El tratamiento rehabilitador de los pacientes que han sufrido un Traumatismo Craneoencefálico debe comenzar lo antes posible, durante el estado de coma, estando el paciente en la Unidad de Vigilancia Intensiva (UVI). Según el estado del niño, la fisioterapia ya puede formar parte de la rehabilitación desde la fase aguda, sobre todo en pacientes de moderado y alto riesgo.
Dependiendo del estado del niño, se realizan diferentes técnicas fisioterápicas para disminuir el acúmulo de secreciones (sacar los mocos de los pulmones), mejorar la respiración del niño, evitar infecciones respiratorias y ayudamos al niño a que el niño tenga menos trastornos del sueño por mucosidad.
Técnicas Fisioterapéuticas
- Drenaje postural: Adoptando diferentes posturas, facilita a la expulsión de líquidos y mucosidades de los pulmones. En lactantes los cambios posturales se realizan en el regazo del adulto y en los niños mayores se emplean almohadas. El drenaje postural se puede hacer en diferentes posiciones: sentado, acostado boca arriba, boca abajo o de lado.
- Percusión torácica: La percusión ayuda a disminuir el espesor de los mocos. Se trata de un golpeteo repetido con la punta de los dedos en lactantes, la mano hueca en niños mayores o una mascarilla hinchable sobre las distintas zonas del tórax. Se debe oir un sonido hueco, sin que produzca dolor. El tiempo de realización de esta técnica es alrededor de 5 minutos.
- Vibración torácica: Se aplica una mano plana sobre el tórax del niño, sin despegarla se sigue la respiración y se genera una leve vibración durante la espiración (expulsión del aire).
- Tos provocada: El objetivo de la tos provocada es disminuir la acumulación de mocos. Se provoca la tos aplicando una suave presión en la parte inferior de la tráquea al final de la inspiración (inhalación del aire), la otra mano se coloca en la zona abdominal del niño, si el niño puede colaborar se le pide que intente toses a la vez que el profesional ejerce la presión.
- Movilizaciones pasivas: Los objetivos de las movilizaciones pasivas son evitar adherencias, evitar las rigideces, deformidades articulares y relajar los músculos del niño. Se realizarán en los miembros superiores y miembros inferiores, teniendo en cuenta que cada paciente es diferente, por lo que se dará más o menos prioridad a diversas movilizaciones dependiendo del niño y de su estado.
- Estiramientos: Son maniobras manuales que pretenden colocar los músculos en su máxima extensión para evitar o disminuir la rigidez muscular. Se pueden realizar en cualquier músculo del cuerpo, que dependerá de las necesidades del paciente. Los estiramientos que se explican a continuación, necesitan la colaboración del niño.
Prevención del TCE
Es muy importante señalar que el mejor tratamiento del traumatismo craneal es su prevención. En la medida de lo posible es necesario evitar que los niños realicen actividades peligrosas (como escalar o saltar desde lugares muy altos) y llevar siempre el cinturón de seguridad cuando se va en un vehículo o el casco cuando se va en motocicleta o bicicleta.
En niños menores de seis meses:
- Asegúrate de que la cuna, el cochecito, la sillita del coche y la mochila portabebés cumplen con las medidas de seguridad establecidas por los organismos pertinentes.
- Ve adaptando dichos dispositivos al tamaño y el peso del niño a medida que este vaya creciendo.
- Cuando el niño va en el cochecito o la sillita de paseo, debe ir siempre bien sujeto con los arneses y cierres correspondientes, pues cualquier falso movimiento o tropezón puede provocar la caída del niño desde esa altura.
- Nunca dejes al bebé sin vigilancia sobre sillas, camas, sofás, cambiadores, mesas… Son frecuentes las caídas desde cualquier lugar elevado al dejar al niño solo, aunque sea durante unos segundos.
- Ten mucho cuidado al llevar al niño en brazos, porque tú mismo puedes tropezar, resbalar o caerte.
- Es preferible no jugar con los bebés lanzándolos hacia arriba, para minimizar el riesgo de una caída.
En niños a partir de los seis meses:
- Protege con barreras las escaleras de casa y asegúrate de dejarlas siempre cerradas.
- No coloques cerca de las ventanas muebles, sillas, sofás o cualquier objeto al que el niño pueda subirse.
- Es recomendable colocar cierres de seguridad en las ventanas para que no se puedan abrir totalmente.
- Protege también los balcones con puertas de seguridad, barandillas elevadas, etc.
- En tu hogar, evita las superficies resbaladizas y las alfombras que se puedan deslizar.
- En los muebles procura colocar cantoneras acolchadas para evitar golpes con las esquinas, y en las puertas, pon protectores para evitar cierres violentos.
- En el jardín, patio o terraza, plantéate instalar en el suelo una superficie absorbente de impacto en los lugares destinados al juego del niño (tobogán, columpios, etc.).
- Hay que tener mucho cuidado con muebles u otros objetos que se puedan volcar (como la televisión) y con dejar objetos que llamen su atención en lugares elevados.
- Es importante colocar sistemas de protección en los laterales de la cama y evitar literas o camas altas.
- Los andadores también pueden ser peligrosos y están desaconsejados.
En el automóvil, sea cual sea la edad del niño, lo más importante es utilizar siempre los sistemas de retención infantil (SRI) homologados en relación con su peso y talla, aunque sea para trayectos cortos. En este sentido, infórmate bien del SRI adecuado a cada grupo de edad (desde recién nacidos hasta niños de más de 12 años) y asegúrate de que la silla que vas a adquirir puede instalarse en tu vehículo con todas las garantías de seguridad y de que aprendes bien cómo usarla.
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