La Maniobra de Hamilton: Riesgos y Beneficios de un Tacto para Inducir el Parto

24.11.2025

Si estás en las últimas semanas de embarazo, es posible que hayas oído hablar de la maniobra de Hamilton. Se trata de un procedimiento catalogado por la SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia) como método de inducción mecánico.

¿Qué es la Maniobra de Hamilton?

Según el Dr. Pedro de la Fuente: "La maniobra de Hamilton consiste en despegar del útero el polo inferior de la bolsa amniótica. El ginecólogo realiza un tacto vaginal, pasando el dedo índice a través del canal cervical hasta tocar la bolsa, y a continuación separa las membranas en la mayor extensión que pueda. Esta maniobra desencadena la síntesis de las prostaglandinas, unas hormonas que provocan contracciones uterinas en 24 horas, que ponen en marcha el parto".

Consiste en introducir un dedo en el cuello del útero y una vez en su interior ir girándolo para así despegar las membranas de la bolsa amniótica de la base del útero. Al despegar dichas membranas se favorece la producción de prostaglandinas, sustancias que ayudan a madurar el cuello del útero. Tal y como indica la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, su objetivo es el de desencadenar las contracciones uterinas para que se produzca el parto natural y esto es posible ya que la maniobra de Hamilton desencadena la liberación de prostaglandinas naturales, sustancias inflamatorias que provocan las contracciones del útero.

Es una intervención ambulatoria, rápida y no requiere preparación previa.

¿Cuándo se utiliza la Maniobra de Hamilton?

"El obstetra la realiza cuando considera que es conviene provocar el parto por motivos médicos o sociales, a partir de la 39ª semana, siempre que la bolsa amniótica esté íntegra y el conducto cervical esté blando", según indica el Dr. Pedro de la Fuente.

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Esta técnica se sugiere cuando es necesario inducir el parto por razones médicas que podrían afectar a la madre o al bebé, como la diabetes mal controlada, preeclampsia, o insuficiencia placentaria. También se recomienda en mujeres que han alcanzado las 40 semanas de gestación sin señales de contracciones.

Es importante que la maniobra se realice después de la semana 39 de gestación, cuando el bebé está completamente formado. Además, se requiere que la bolsa amniótica esté intacta y que el cuello uterino esté blando y dilatado al menos un centímetro.

Para evaluar la madurez cervical y aumentar las probabilidades de éxito, se sugiere realizar previamente el test de Bishop, una herramienta que ayuda a valorar la viabilidad del parto.

Si la maniobra de Hamilton es efectiva, el parto suele iniciarse entre 24 y 48 horas después del procedimiento. Sin embargo, esto varía según el estado de madurez cervical. En algunos casos, la técnica puede no ser efectiva, lo que podría llevar a una segunda maniobra o a una inducción farmacológica.

Riesgos y Beneficios

Los beneficios incluyen la posibilidad de iniciar el trabajo de parto de manera eficiente y evitar complicaciones médicas asociadas con un embarazo prolongado. Sin embargo, como con cualquier procedimiento médico, existen riesgos potenciales, como infección, molestias temporales y, en raras ocasiones, rotura de las membranas amnióticas.

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Riesgos asociados a la maniobra de Hamilton

Como todo procedimiento médico, la maniobra de Hamilton conlleva ciertos riesgos. El más común es un ligero sangrado debido a la rotura de capilares sanguíneos en el cuello uterino. Otros riesgos incluyen:

  • Rotura prematura de la bolsa amniótica y pérdida de líquido amniótico.
  • Riesgo de infección tras romperse la barrera protectora del bebé.
  • Contracciones excesivas, intensas y dolorosas.
  • Expulsión temprana del tapón mucoso.
  • Desprendimiento parcial de la placenta.

El procedimiento puede ser molesto, con incomodidad o dolor leve a moderado que podría durar varias horas después de la intervención.

¿Cuándo se desaconseja recurrir a él?

No se recomienda realizar la maniobra de Hamilton en embarazos que cursan con normalidad y que no han superado las 40 semanas. Tampoco es aconsejable si el cuello uterino no ha comenzado a dilatarse, está demasiado rígido o en una posición alta.

Adicionalmente, no debe realizarse en casos de placenta previa o inserción baja, sangrado vaginal activo, puntuaciones bajas en el test de Bishop, o antecedentes de cirugías uterinas complicadas.

La importancia del consentimiento de la paciente

Es necesario contar con el consentimiento de la embarazada ya que es una práctica que no está exenta de riesgos. Es importante que las mujeres discutan en detalle con su profesional de la salud los riesgos y beneficios antes de optar por la Maniobra de Hamilton.

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Antes de realizarla, el especialista debe explicar a la embarazada por qué está indicada en su caso, en qué consiste esta maniobra y pedir su consentimiento (no es necesario que sea informado por escrito). Si la mujer no está de acuerdo, puede negarse a que se la hagan, y el especialista debe respetar su decisión.

Según la legislación vigente sobre autonomía del paciente, la gestante debe ser plenamente informada sobre el procedimiento, sus riesgos, consecuencias de no realizarlo, y las alternativas disponibles. Solo después de recibir esta información, la mujer puede otorgar su consentimiento, ya sea de manera oral o escrita.

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