Vómito Amarillo en Bebés Recién Nacidos: Causas y Cuándo Preocuparse

24.11.2025

Sois muchas las madres y los padres las que acudís a la consulta preocupados porque vomita tras cada toma ¿Será reflujo? Parece un grifo. Tengo que llevarle ropa de repuesto porque se pone perdido. ¿Será que mi leche no le sienta bien? ¿Tendrá alguna alergia o intolerancia? ¿Le cambio de marca de leche?

A lo que la mayoría de las madres llamáis vómitos o reflujo, nosotros los pediatras llamamos “regurgitaciones”. Las regurgitaciones (el nombre se las trae, lo sé) son NORMALES. Entendemos por reflujo gastroesofágico (RGE) el retorno sin esfuerzo del contenido del estómago a la boca, de forma esporádica y especialmente tras las comidas.

Reflujo Gastroesofágico Fisiológico vs. Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE)

Cuando la comida llega al estómago, generalmente el esfínter esofágico inferior, se cierra como si de unas compuertas se tratase y esto evita que la comida vuelva a subir de nuevo al esófago. Pues bien, en los lactantes, este esfínter que separa esófago de estómago no funciona del todo bien. Digamos que esas compuertas están aún muy blanditas lo que hace que la comida que llega al estómago pueda subir con facilidad hacia el esófago y de ahí a la boca.

Es lo que llamamos REFLUJO GASTROESOFÁGICO en este caso FISIOLÓGICO, es decir, normal para su edad. No lo confundamos con la Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE) que es cuando el bebé tiene tantos síntomas que afecta a su calidad de vida: llanto incesante, rechazo de las tomas, ausencia de ganancia de peso, irritabilidad mantenida en el tiempo, arquemiento en las tomas, trastorno del sueño, etc.

Además, si tenemos en cuenta que durante los primeros 6 meses de vida los niños solo toman leche, entenderéis que es mucho más fácil que estos episodios de reflujo sean más frecuentes. Al estómago no le cuesta casi ningún trabajo “empujar” la leche hacia arriba; cuando empecemos con las papillas y la alimentación sólida, estos eventos no se producirán con tanta facilidad.

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Con el paso de las semanas y los meses, el esfínter comenzará a adquirir tono muscular y las “compuertas” serán capaces de cerrar de forma competente la comunicación entre estómago y esófago. Hasta que esto se produzca (entre los 6 y los 12 meses) es muy normal que los niños REGURGITEN un poco de leche tras las tomas.

Veréis a vuestros hijos expulsar esa leche de forma tranquila, sonrientes incluso, sin llanto y sin gesto alguno de dolor. ¿Verdad? Pues bien, esto son regurgitaciones normales del lactante. El único inconveniente es que no podemos presumir del jersey nuevo que le acaban de regalar porque siempre está con el babero puesto.

Ni la leche le sienta mal, ni vomita lo que le sobra, ni su estómago es pequeño, ni hay que cambiar a una leche antirreflujo. Es normal y con el tiempo se irá.

Cuando estos episodios de regurgitaciones superan la frecuencia e intensidad normal de un lactante, pueden llegar a lesionar la mucosa del esófago y los niños comenzarán a tener síntomas, es lo que llamamos enfermedad por reflujo gastroesofágico.

¿Cuándo Preocuparse? Signos de Alarma

¿Hace falta hacer pruebas para quedarnos tranquilos? Habitualmente no. Cuando no hay ningún signo de alarma no es necesario hacer ningún estudio complementario, ni ecografías, ni radiografías, ni contrastes. Vuestro pediatra os explicará que todo es normal y que no debéis preocuparos.

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Cuándo pedir cita con vuestro pediatra:

  1. Si el bebé llora con el vómito, tiene gesto de dolor.
  2. Si no gana peso adecuadamente o está perdiendo peso.
  3. Si está muy irritable, llora la mayor parte del tiempo
  4. Si al mamar o al tomar los biberones, el niño se echa hacia atrás, se arquea, llora. Se engancha y enseguida se suelta.
  5. Diarrea o estreñimiento importante.

Cuándo acudir a urgencias:

  1. Si los vómitos se presentan de repente, muy abundantes y violentos, con mucha ansia por comer y empeoran de forma brusca en 2-3 días.
  2. Si además de vomitar presenta lesiones en la piel, eccemas, ronchas en la cara o alrededor de los labios sobre todo inmediatamente después del biberón o del pecho.
  3. Si está decaído, apático, febril, y con poca actividad.
  4. Si los vómitos son biliosos (verdes).

En estos casos no pensaríamos en regurgitaciones fisiológicas del lactantes y habría que descartar patología como puedan ser infecciones, alergia a la proteína de leche de vaca, estenosis hipertrófica de píloro, invaginación intestinal y otras entidades que aunque poco frecuentes, en ocasiones se presentan. Así que la próxima vez que vomite tu hijo, si lo hace con una sonrisa de oreja a oreja, si el resto del tiempo está contento y feliz y si gana peso adecuadamente, ya sabes a qué se debe.

Cómprale unos cuantos baberos porque serán su prenda más habitual en los próximos meses.

Vómitos en Bebés: Causas Adicionales

El vómito y la diarrea en bebés generalmente se deben a una infección que afecta al estómago, aunque puede haber otras causas. Cuanto más pequeños son, mayor es la facilidad que tienen los niños para vomitar y también aumenta el número y variedad de trastornos que pueden ocasionar estos vómitos.

El significado de los vómitos repetidos depende mucho del contexto y las circunstancias que los acompañan. Son uno de los síntomas principales de muchas enfermedades del metabolismo, también pueden deberse a una otitis, infecciones de orina, meningitis, invaginaciones intestinales (deslizamiento de una parte del intestino) y apendicitis.

Aunque es menos probable en bebés, sobre todo si no se desplazan por sí mismos y solo se alimentan de leche, los vómitos también pueden estar causados por comer alimentos contaminados o en mal estado, o por una intoxicación.

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En general, un vómito aislado no tiene trascendencia ni suele responder a nada grave. En su primer día de vida es muy habitual que el recién nacido vomite las mucosidades y secreciones que han llegado a su estómago y, más adelante, si comen demasiado o con tanta avidez que tragan mucho aire, es lógico que devuelvan la toma. En ese momento, es posible que el bebé se ponga algo pálido y parezca mareado, pero si no hay otro problema, debe recuperar rápidamente su buen aspecto.

Es urgente que consultéis con un o una profesional si el vómito es amarillo-verdoso o contiene sangre. El color verde es debido a la presencia de bilis, y aunque en un niño eso no es tan alarmante, en el recién nacido obliga a descartar una obstrucción intestinal.

Si observáis un vómito con sangre en el recién nacido, quizás se deba a que tragó un poco en el parto o proceda de un pezón con grietas, pero también podría indicar una hemorragia en el tubo digestivo del bebé, por lo que conviene consultarlo con el profesional de pediatría.

Causas de Vómitos en Bebés por Edad y Tipo

Las causas de los vómitos en bebés variarán dependiendo de la edad del infante. Durante los primeros meses, los bebés sufrirán más regurgitaciones debido a que aún no tienen maduro el sistema digestivo. Esto provoca que el alimento (leche materna) no se quede por completo en el estómago, sino que vuelva a subir. En el caso de los vómitos, pueden estar producidos por un engrosamiento del músculo en la salida del estómago. Esto es conocido como estenosis pilórica hipertrófica y causa que la comida no pase a los intestinos.

  • El bebé come más de lo que debería: Muchos bebés toman más alimento del que su organismo puede acumular, de ahí a que acaben echándolo fuera.
  • Alergia alimenticia: Es posible que haya una alergia alimenticia que sea necesaria tratar.
  • Nerviosismo: El nerviosismo también puede influir en los vómitos de los bebés.
  • Infecciones estomacales: Estas infecciones pueden desencadenar fiebre o diarreas, además de vómitos.
  • Alimentación de la madre: Ten en cuenta que todo lo que comas tú pasará al bebé a través de la lactancia materna.
  • Cambio de biberón: Un cambio de biberón, por ejemplo, también puede producir vómitos en bebés. Si tu bebé toma leche de fórmula y consideras que no le sienta bien, será necesario probar otras marcas hasta dar con la adecuada.

Además, vigila la posición a la hora de comer y no dejes que el bebé llore para darle de comer, ya que estará mucho más nervioso.

¿Qué es la Regurgitación?

La regurgitación o reflujo gastroesofágico del lactante, un fenómeno común en casi todos los recién nacidos, es la vuelta del contenido (leche) del estómago hacia el esófago -el tubo muscular que transporta los alimentos y líquidos desde la boca hasta el estómago-. En ocasiones, este contenido puede llegar a la boca del bebé en forma de eructo húmedo, mientras que, en otras, permanece en el esófago sin provocar apenas molestias.

Generalmente, se produce cuando el lactante come en exceso o traga demasiado aire mientras es alimentado, debido a que su sistema digestivo no está completamente desarrollado.

La regurgitación es algo común hasta el sexto o séptimo mes de vida y empieza a disminuir después. Este fenómeno se suele resolver por sí solo entre el año y el año y medio de edad y no necesita tratamiento, pues no afecta al bienestar del bebé.

Por tanto, lo normal es que no constituya motivo de preocupación y tampoco significa que el bebé tenga una intolerancia o alergia alimentaria. Solo en muy pocos casos existe enfermedad por reflujo gastroesofágico, que sí debe tratarse.

¿Cuáles son sus causas?

En un sistema digestivo que está totalmente maduro y funciona con normalidad, la abertura o anillo muscular que separa el estómago y el esófago -el esfínter esofágico inferior- se cierra por completo tras el paso de los alimentos para mantener en su lugar los contenidos estomacales.

En los bebés de pocos meses este músculo está inmaduro, por lo que puede abrirse fácilmente, haciendo que el lactante regurgite la leche, especialmente cuando está lleno. También puede haber regurgitación si ha tragado demasiado aire al alimentarse, ya que este ocupa un gran volumen de espacio en el estómago. Por otra parte, es más fácil regurgitar alimentos líquidos como la leche que sólidos.

¿Cómo diferenciar la regurgitación de los vómitos?

Cuando el bebé vomita, el contenido del estómago sale disparado con fuerza por la boca, consecuencia de la contracción vigorosa de los músculos del abdomen y el diafragma. En cambio, cuando regurgita, este contenido fluye por la boca con suavidad, sin esfuerzo por parte del niño. En este caso, además, no hay contracciones musculares y el lactante no sufre malestar o dolor.

Además, la regurgitación está frecuentemente acompañada de eructos y suele tener lugar tras las tomas, cuando el estómago del lactante está lleno, así como cuando el niño está acostado, postura en la que es más fácil que el contenido del estómago ascienda al esófago.

En la regurgitación, la leche sale de la boca con suavidad.

¿Cuándo debo consultar al pediatra?

Si el lactante no tiene molestias, come bien y aumenta de peso, la regurgitación no debe constituir motivos de preocupación. Solo será necesario contactar con el pediatra en caso de que se observen síntomas como los siguientes:

  • Vómitos con esfuerzo de color verdoso, marrón o con sangre en vez de blanquecinos.
  • La cantidad de leche expulsada es grande.
  • El bebé no aumenta de peso.
  • Rechaza el alimento.
  • Está cansado y/o irritable, sobre todo, al tumbarle.
  • Llora más de tres horas al día.
  • Tiene hipo excesivo o produce demasiada saliva.
  • Padece dificultad para respirar después de regurgitar o hay apnea durante el sueño.
  • El número de pañales mojados es menor de lo habitual.
  • Hay tos de difícil control y recurrente.
  • Hay laringitis repetidas, diarrea, estreñimiento o distensión abdominal.

¿Es necesario tratar las regurgitaciones de alguna manera?

Si la regurgitación no afecta al bienestar del bebé, no es necesario ningún tratamiento. El reflujo se resuelve normalmente por sí solo entre el año y año y medio de edad, ya que, a partir de aproximadamente los seis meses, el niño empieza a ingerir alimentos más sólidos y a permanecer más tiempo sentado. Ello lleva a que las regurgitaciones vayan reduciéndose paulatinamente hasta desaparecer.

Por tanto, no es necesario realizar cambios en la dieta. Sí puede ser útil aplicar medidas preventivas como mantener al lactante en posición vertical durante veinte o treinta minutos después de las comidas, así como las que se desglosan en el apartado de CinfaConsejos.

Solo en el caso de que exista algún problema de salud sería necesario un tratamiento, que dependería de la causa. En el caso de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), algunos bebés requieren introducir espesantes en su alimentación y, en ocasiones, recurrir a fórmulas hipoalergénicas. También puede ser necesario que tome porciones más pequeñas con más frecuencia.

Solo en algunos casos el tratamiento del ERGE se basa en el uso de medicamentos supresores de ácido como los inhibidores de la bomba de protones o bloqueantes H2. Muy raramente, este problema en bebés requiere de cirugía antirreflujo.

Consejos para tratar la regurgitación de los bebés:

Seguir los siguientes consejos puede ayudar a reducir la regurgitación en los lactantes:

  1. Mantén a tu bebé erguido. Tanto mientras lo alimentas como durante los quince o veinte minutos posteriores, mantenlo incorporado (a 45º aproximadamente). No lo acuestes ni lo dejes en la hamaca o el sueño antes de la media hora después de que tome.
  2. No esperes a que tenga hambre para la toma. De esta manera, evitarás que tenga ansiedad y trague demasiado aire al comer.
  3. No lo alimentes en exceso. Dale solo lo que necesita, tanto si su alimentación es mediante lactancia o con leche artificial. También puede ser beneficioso que tome cantidades más pequeñas con mayor frecuencia. Por otra parte, es conveniente que si la mamá es lactante, vacíe un pecho antes de comenzar con el otro, ya que la leche del final de la toma es más espesa, lo que previene la regurgitación.
  4. Si toma biberón, escoge una tetina con un agujero del tamaño adecuado. Si el agujero es demasiado grande, la leche puede salir demasiado rápido y, si es pequeño, pueden llegar a formarse burbujas de aire que el bebé ingerirá.
  5. Durante la toma y tras esta, hazle eructar. Ayudar suavemente al bebé a expulsar el aire que ha ingerido puede favorecer que no se le acumule en su estómago.
  6. Eleva un poco el cabecero de la cuna. Para ello, puedes poner bajo el colchón una toalla enrollada, una manta o una almohada. También puedes levantar el respaldo del cochecito.
  7. Evita los juegos activos tras la alimentación. Dale tiempo para que su estómago se asiente tras la alimentación, ya que los movimientos bruscos durante los minutos siguientes podrían desencadenar la regurgitación.

Lactancia Materna y Gastroenteritis en la Madre

Hay épocas en las que aparecen brotes de gastroenteritis aguda, que es frecuente que afecte a los bebés y a sus madres, debido a la escuela infantil, o bien a los hermanos mayores, u otras maneras por las cuales os podéis contagiar.

Las madres lactantes se pueden ver afectadas por la gastroenteritis como cualquier otra persona. La madre infectada puede seguir amamantando a su hijo, ya que a través de la leche no se contagia el virus de la gastroenteritis. Lo principal es disponer de ayuda para que alguien cuide al bebé y se encargue de llevarlo con la madre cuando éste tenga hambre.

Si tienes muchos vómitos o diarrea es importante mantenerse hidratada, la recomendación es tomar un solo sorbo de agua cada 15 minutos, para que de esta manera se retenga el agua. Si después de unas horas vemos que retenemos el agua, podemos realizar un sorbo cada 5 minutos.

Si un bebé amamantado de manera exclusiva tiene gastroenteritis, sin duda debe seguir con la lactancia materna. En bebés amamantados este es un proceso que raras veces es grave. Los bebés pueden deshidratarse con mucha facilidad, especialmente cuando tienen menos de seis meses de edad. En caso de de tener un bebé menor de 6 meses afectado por gastroenteritis es muy importante consultar inmediatamente al pediatra.

Signos de Deshidratación

Además de descartar una causa grave en los vómitos y la diarrea del bebé, lo más importante es evitar que se deshidrate. En caso de deshidratación leve, los ojos del bebé estarán poco brillantes, además tendrá la boca seca y habrá una disminución de la orina.

Una deshidratación moderada se manifestará con los ojos hundidos del bebé, episodios de somnolencia o irritabilidad y pérdida de su turgencia cutánea.

Conclusión

Así que la próxima vez que vomite tu hijo, si lo hace con una sonrisa de oreja a oreja, si el resto del tiempo está contento y feliz y si gana peso adecuadamente, ya sabes a qué se debe. Cómprale unos cuantos baberos porque serán su prenda más habitual en los próximos meses.

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