Síndrome del Niño Zarandeado: Consecuencias y Prevención
“Zarandear a un bebé sólo unos segundos puede dejarlo ciego o provocarle secuelas neurológicas irreversibles o incluso la muerte”. Es fundamental crear conciencia sobre este grave problema y cómo prevenirlo.
¿Qué es el Síndrome del Niño Zarandeado?
Se trata del conjunto de lesiones cerebrales que se producen en un niño al sacudirle vigorosamente. Es relativamente frecuente (20/25 casos por cada 100.000 niños menores de 2 años), produciéndose en la mayoría de los casos antes del año de vida.
Zarandear a un bebé no es la violencia física más frecuente que se ejerce contra los niños, pero sí la que causa más muertes y más secuelas. El niño de síndrome zarandeado se engloba dentro de lo considerado como maltrato físico, cuya definición engloba cualquier acción realizada de forma voluntaria que provoque o pueda provocar lesiones (no siempre intencionadas, en ocasiones, el origen del síndrome está relacionado con la ignorancia sobre las consecuencias de este tipo de maltrato)
¿Cómo se Produce?
Al zarandear al bebé, la cabeza sufre movimientos de aceleración y desaceleración rápidos, haciendo que el cerebro golpee contra las paredes del cráneo produciendo inflamación o sangrado en el cerebro y sus envolturas, sangrado en la retina (parte posterior del ojo) y lesiones en la médula espinal a nivel del cuello.
¿Por Qué se Produce?
La cabeza de los bebés es mucho más grande en proporción a su cuerpo que la de los niños mayores y los adultos. Además, los músculos del cuello son débiles e incapaces de sujetar bien la cabeza; su cerebro es más bando y con vasos sanguíneos más frágiles, siendo más vulnerable.
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¿Cuánto Tiempo se Necesita para Producir Síntomas?
Con menos de cinco segundos de zarandeo se pueden provocar daños de un gravedad importante, que será mayor si termina con un golpe contra el colchón de la cuna o el sofá.
¿Qué Síntomas Presentan los Niños Zarandeados?
Secundario al traumatismo craneal abusivo aparecen síntomas derivados de hemorragias cerebrales y retinianas, fracturas óseas y secuelas neurológicas. El 40-70% debutan con crisis epilépticas.
Puede presentarse como una manifestación súbita de convulsiones, deterioro neurológico agudo (somnolencia y/o irritabilidad marcada), problemas cardiorrespiratorios (apneas, bradicardias, etc.), que obligan al cuidador a buscar atención sanitaria. Tradicionalmente la triada de alerta sobre un niño con posible síndrome del zarandeo consiste en la hemorragia subdural o subaracnoidea, hemorragia retiniana y ausencia de trauma cerebral externo.
¿Cómo se Realiza el Diagnóstico?
Lo principal es realizar una correcta historia clínica del paciente y una correcta exploración, tras lo que sacaremos información muy valiosa. Ante un niño con la sintomatología descrita arriba, en el que sospechemos un síndrome de niño zarandeado, se procede a realizar pruebas complementarias de imagen (ecografía, TAC, RNM, RX) y pruebas oftalmológicas para la detección de hemorragias retinianas.
No obstante, hay que tener en cuenta las consecuencias emocionales y legales que un diagnóstico de maltrato equivocado puede suponer para la familia, por lo tanto, será imprescindible realizar un adecuado diagnóstico diferencial.
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El maltrato infantil se debe sospechar ante traumatismos craneales o clínica neurológica no explicados por los eventos banales relatados por los cuidadores, teniendo en cuenta que en lactantes la presencia de hemorragia subdural, hemorragias retinianas y encefalopatía deben plantear la posibilidad de maltrato, especialmente si aparecen asociadas, aunque siempre deben descartarse otras posibles etiologías que pueden producir manifestaciones similares.
Tabla 1. Diagnóstico diferencial del hematoma subdural
La causa más frecuente de hematoma subdural es el TCM. Otras entidades cuyos hallazgos se pueden confundir con el TCM son los traumatismos accidentales, el trauma del parto, los trastornos de la coagulación y los trastornos metabólicos.
Tabla 2. Diagnóstico diferencial de hemorragias retinianas
Ante la sospecha de TCM se debe realizar hemograma, estudio básico de coagulación (tiempo de protrombina y tiempo de tromboplastina parcial activada), metabolismo óseo (hormona paratiroidea, fósforo y 25-OH-vitamina D), estudio metabólico básico (aminoácidos, acilcarnitinas en plasma y ácidos orgánicos en orina), estudio oftalmológico, estudios radiológicos (serie ósea y neuroimagen).
Se debe realizar neuroimagen en todo niño con sospecha de maltrato y que asocie sospecha de neurotrauma o hemorragias retinianas. El hallazgo de múltiples sangrados (subdurales/epidurales) es bastante sugestivo de maltrato.
¿Se Curan los Niños Zarandeados?
El síndrome del niño zarandeado produce con frecuencia secuelas a largo plazo. Uno de cada diez niños que sufren un zarandeo grave, fallece. De los supervivientes, la mitad queda con secuelas graves e irreversibles, como parálisis cerebral, discapacidad cognitiva, retraso mental, pérdida auditiva y/o visual, ceguera o epilepsia.
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Los niños que han sido sacudidos con menos intensidad, pero de manera repetida, pueden desarrollar dificultades para aprender a hablar, tener falta de coordinación motora o problemas de aprendizaje. Todos estos niños deben recibir seguimiento continuado, ya que la recuperación del trauma inicial no exime de manifestaciones neurológicas a largo plazo.
¿Podemos Prevenir el Síndrome de Niño Zarandeado?
Se puede prevenir en todos los casos: el motivo más frecuente que desencadena el zarandeo del bebé suele ser un llanto inconsolable y prolongado que provoca frustración y/o enfado en el cuidador, quien acaba zarandeando al niño. Otra causa es el intento de reanimarlo cuando el cuidador entiende que el bebé se está “quedando sin respiración”.
Es importante recordar que, a aunque no haya intención de hacerle daño al bebé, la fuerza del adulto resulta más que suficiente para provocar lesiones graves en los bebés.
Los riesgos de zarandear de forma brusca a un lactante todavía son poco conocidos o infravalorados por la población general y la información que reciben las futuras madres o las que han dado a luz recientemente es escasa.
En nuestro país la forma más directa de llegar a la población podría encontrarse en las consultas prenatales o de preparación al parto, o en las primeras consultas postnatales en las revisiones del pediatra.
Los datos donde se debería realizar hincapié serían:
- En caso de que el niño se quede “ sin respiración” (espasmo de sollozo, ataque de tos, etc) hay que cogerlo por los brazos colocándolo boca abajo o manteniéndolo sentado, inclinado hacia delante y sujetando la cabeza; se le puede frotar la espalda o darle golpes suaves con la mano
- Los niños pueden llorar por muchas causas (hambre, cambio de pañales, cansancio, somnolencia, dolor, enfermedad, etc.) y los padres deben buscar la causa, y en cualquier caso, intentar tranquilizarlo cogiéndolo en brazos , acariciándolo, mimándolo,
- En caso de llano prolongado se pueden poner en práctica una serie de medidas que alivien al niño y que ayuden al cuidador a no agobiarse y no perder la calma.
ES MUY IMPORTANTE QUE COMO ADULTOS AJUSTEMOS NUESTRAS EXPECTATIVAS Y SEPAMOS QUE LOS LLANTOS FORMAN PARTE DE UNA ETAPA NORMAL EN EL DESARROLLO DE NUESTROS BEBÉS Y QUE HAY UNA GRAN VARIABILIDAD ENTRE BEBÉS EN SU TEMPERAMENTO, PATRÓN DE LLANTO Y NIVELES DE ACTIVIDAD.
Dada la frecuencia de secuelas de carácter grave (discapacidades, retraso psicomotor, etc.) y la tasa de mortalidad ( 25 %), es IMPRESCINDIBLE una adecuada estrategia de prevención, consistente en una adecuada formación de los padres.
LAS CAMPAÑAS DE PREVENCIÓN EN CUALQUIER MODALIDAD AYUDARÍAN A DISMINUIR LA INCIDENCIA DE ESTE SÍNDROME EN SU TOTALIDAD PREVENIBLE.
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