Vacunas contra el Covid-19 y su relación con abortos espontáneos: Desmintiendo mitos
En la era de la información, es crucial discernir entre hechos y ficción, especialmente cuando se trata de temas de salud pública. En relación con las vacunas contra el COVID-19, han circulado numerosos bulos y desinformación. Uno de los más preocupantes es la supuesta relación entre estas vacunas y un aumento en los abortos espontáneos.
¿Son seguras las vacunas contra el COVID-19 durante el embarazo?
Actualmente no existe evidencia científica de un efecto negativo de las vacunas sobre la fertilidad masculina o femenina. En cuanto a la administración de la vacuna durante el embarazo, las primeras observaciones, especialmente de los datos de EEUU donde hay miles de mujeres inmunizadas durante la gestación, no revelaron un mayor riesgo de efectos adversos para las madres y los recién nacidos.
Es objeto de debate cuál puede ser la influencia de las vacunas en las embarazadas, y aunque a día de hoy en España la vacunación está indicada para este grupo, todavía circulan rumores en Internet en los que se cuestiona la seguridad de las inyecciones.
Estudios y evidencia científica
Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston (EEUU), el primero en evaluar prospectivamente la relación entre la vacunación contra el Covid-19 antes de la concepción en parejas y el aborto espontáneo, ha descubierto que no existe riesgo de aborto espontáneo.
Las participantes en este nuevo análisis incluyeron 1.815 mujeres en los EEUU y Canadá que fueron seguidas en el estudio desde diciembre de 2020 hasta noviembre de 2022, incluidas 1.570 parejas con datos sobre la vacunación de sus parejas masculinas. Entre las mujeres participantes, el 75 por ciento había recibido al menos una dosis de la vacuna COVID-19 cuando quedaron embarazadas. Los investigadores esperan que estos resultados proporcionen información útil para las personas que planean quedar embarazadas, así como para sus proveedores de atención médica.
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Desmintiendo bulos específicos
Recientemente, ha circulado un artículo en el que se afirma que "del 82 al 91% de las embarazadas vacunadas sufrirán abortos espontáneos si el feto tiene menos de 20 semanas", con un enlace a un documento con aspecto de estudio científico llevado a cabo por científicos de Nueva Zelanda que llegan supuestamente a esta conclusión tras unos cálculos matemáticos. Es falso.
Las cifras de este documento están basadas en un estudio que fue rectificado posteriormente por sus autores y el artículo ni siquiera ha sido publicado en una revista científica.
El motivo de esta corrección fue que los científicos apenas incluyeron casos de embarazadas vacunadas durante las primeras 20 semanas de gestación: "En ese documento, la mayor parte de las embarazadas que habían recibido la vacuna estaban de segundo y tercer trimestre, y había muy pocas de primer trimestre", resume Anna Suy, responsable de la sección de Obstetricia del Hospital Universitario Vall d'Hebron (Barcelona).
Tras las quejas recibidas, los CDC incluyeron en octubre también en el estudio (un mes antes de que saliera el estudio de IPAK) a un total de 2.456 mujeres que habían recibido alguna dosis de una vacuna de ARNm justo antes de la concepción o dentro de las 20 semanas de gestación. Además, en septiembre se publicó otro análisis, esta vez en la Journal of the American Medical Association, en el que otro equipo de científicos también comparó al grupo de mujeres embarazadas que habían recibido la vacuna con las que no, para haber si existía alguna diferencia respecto a la tasa de aborto. Para ello, recopilaron datos de aproximadamente 105.000 pacientes que estaban en las primeras etapas de su embarazo (hasta la semana 19) entre diciembre de 2020 y junio de 2021.
El Institute for Pure and Applied Knowledge, quien ha difundido este artículo con un estudio erróneo, se trata de una organización real dedicada a sacar artículos independientes bajo su marca.
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El sistema de farmacovigilancia y la transparencia de los datos
Los datos de vigilancia de los medicamentos son públicos. La EMA publica periódicamente el informe de notificaciones de sospechas de eventos adversos, y también lo hace la Agencia Española del Medicamento con sus informes de farmacovigilancia.
¿Qué es el sistema Yellow Card en Reino Unido?
Según se asegura en este contenido viral, estos “niños no nacidos han perdido la vida como consecuencia de que las madres hayan recibido una de las vacunas COVID-19” en el país. El mensaje se basa en los datos del sistema de monitorización de la seguridad de las vacunas Yellow Card, de la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios de Reino Unido (MHRA).
El sistema Yellow Card de Reino Unido sirve para monitorizar y localizar reacciones adversas a vacunas y medicamentos. Por ello, las notificaciones de esta base de datos no son efectos adversos confirmados de la vacuna, sino sospechas notificadas que posteriormente son analizadas por las autoridades sanitarias.
“La MHRA ha recibido un pequeño número de informes de abortos espontáneos tras la exposición a la vacuna en las primeras doce semanas de embarazo, que estamos siguiendo de cerca. Aunque por ahora no hay evidencias de un mayor riesgo de aborto, hay que insistir en que los datos de la vacunación en embarazadas son limitados y se sigue investigando sobre ello. Esta es nuestra metodología de trabajo.
En este momento oficialmente no se reconoce que las vacunas no sean seguras especialmente al principio del embarazo por lo que lo primero que deberá acreditarse que existe una relación de causalidad entre la administración de la vacuna y el aborto espontáneo que se haya producido .
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Consideraciones legales
1º.- La Ley de Consumidores y Usuarios que en su art. 11.1 establece el deber genérico de seguridad, cuando norma que «los bienes o servicios puestos en el mercado deben ser seguros».
2º.- Podemos considerar a la vacuna como un producto defectuoso. Si la reclamación la iniciamos por vía de responsabilidad patrimonial podemos reclamar cualquier daño que se pueda demostrar ha existido en relación con la inoculación de la vacuna.
Si consideramos la vacuna como un producto defectuoso tendríamos tres años desde la fecha en que el perjudicado sufrió el perjuicio.
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