La tierra que vio nacer el blues: Un viaje a las raíces de la música afroamericana
El blues, un género musical que cambió para siempre la historia de la música de raíces y luego la popular, tiene sus orígenes en un duro entorno para la población afroamericana.
En este contexto, Alan Lomax (1915-2002), etnomusicólogo y productor, emprendió una aventura por el Delta del Misisipi, un ingente trabajo de campo, cuando aquellas músicas se encontraban en plena progresión, en su edad dorada, los años 30 y 40 del siglo pasado.
En 1942, Lomax partió hacia Mississippi con el encargo de realizar grabaciones de campo de música folclórica afroamericana para la Biblioteca del Congreso.
Su libro "La tierra que vio nacer el blues", publicado en 1993 y galardonado con el Premio Nacional de la Crítica estadounidense, es una crónica musical, pero también de vocación antropológica y sociológica, sobre la tradición cultural de este género.
Se ha dicho del trabajo de Lomax -reconocido folclorista, etnomusicólogo, productor de discos y locutor de radio- que no solo fue una fuente para conocer cómo cambió la forma en que toda la nación escuchaba su propia música, sino también la propia forma de ver y entender su país.
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En "La tierra que vio nacer el blues", Alan Lomax nos sumerge en las raíces del blues a través de las crónicas que escribiera en los años treinta en un viaje a lo largo del Delta del Mississippi, documentando y grabando el acervo musical de la región.
Lomax dio voz por primera vez a las grandes figuras de este género musical, desde los precursores Leadbelly, Fred McDowell o Muddy Waters, a músicos legendarios como Woody Guthrie, Pete Seeger o Burl Ives.
La intención de su libro sobre el blues es un noble alegato contra la opresión, y la desigualdad de la sociedad capitalista.
Lomax emprendió esta particular aventura suya por el Delta del Misisipi, un ingente trabajo de campo, cuando aquellas músicas se encontraban en plena progresión, en su edad dorada, los años 30 y 40 del siglo pasado.
Siempre atento a las escasas oportunidades de captar el momento, consciente de que eran cantos vivos, su prosa logró recoger con buen pulso una serie de conversaciones -on y off the record-, reportajes y semblanzas de músicos, trabajadores de la tierra, granjeros, outlaws… a los que unía su condición de hijos de la esclavitud, y que compondrían la base de esa otra cultura norteamericana que a menudo ha sido negada o despreciada, como sus propios artífices.
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"Cuando por la noche estás acostado y no paras de dar vueltas de un lado a otro, y nada te apacigua, hagas lo que hagas, eso significa que el viejo blues te ha echado el guante", le confesaría Leadbelly, uno de los gigantes del blues temprano que se dan cita aquí junto a otros como Woody Guthrie, Muddy Waters o Pete Seeger.
Era la primera vez que alguien los grababa, y gracias a Lomax el mundo les prestó oídos: los Beatles, Dylan, los Stones, la Velvet… todos reconocieron la trascendencia de su legado.
Alan Lomax comprobó la baja presencia femenina: «En contadas excepciones, solo aquellas mujeres de la industria del espectáculo, de dudosa reputación o que alardeaban de vidas disolutas, interpretaban públicamente el blues… No cantaban en la calle ni en garitos y bares donde, sin duda, estarían a merced de lances sexuales de todo tipo, desde los correctos hasta los que podían poner en peligro su vida».
El estudioso tejano explica el origen rítmico de aquellas músicas como salido de los golpes del mazo en la roca y otros instrumentos de trabajo, las cadenas arrastrándose y el lamento de las gentes explotadas o presas.
Su libro es un viaje por la Highway 61, la Ruta del Blues, que el autor prologa explicando que «es el descubrimiento paulatino de ese manantial de tradiciones africanas que fluye por la vida del Delta lo que da forma a las experiencias narradas en estas páginas.
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Una música creada desde «la experiencia de la clase obrera negra del Sur en el periodo que sigue a la abolición de la esclavitud, que fue, en cierto sentido, tanto o mas amarga que la propia esclavitud».
Y la definió como una respuesta a «la sensación, diriáse de anomia y de alienación, orfandad y desarraigo; la convicción de haberte convertido en mercancía en lugar de ser humano; la pérdida del amor, la familia y tus raíces.
Ese síndrome moderno que era ya la norma para los jornaleros de las plantaciones de algodón y demás temporeros del Sur Profundo hace poco más de cien años… Porque nuestra especie nunca ha sido más poderosa y rica, pero jamás ha estado tan indolentemente enferma».
En 2016 la fundación que lleva su nombre, presidida por su hija Anna Lomax Wood, anunció la digitalización del mayor archivo de música folclórica mundial con más de 17.000 grabaciones.
Lomax hizo varios viajes en los años treinta-cuarenta y sesenta, con el intervalo de una estancia en Europa parece que huyendo de la presión policial.
Se asentó en Londres y desarrolló su especializada labor de campo por el Estado español, Irlanda, Italia, Rumanía y hasta la India.
Le acompañó a veces su hijo mayor, especialistas de su equipo universitario, la antropóloga y novelista afroamericana Zora Neale Hurston o el también compositor y folclorista John Wesley Work III.
Se realizaron grabaciones en plantaciones y otros lugares de trabajo, iglesias rurales, locales de ensayo, reuniones familiares, bares oscuros, caminos y hasta once cárceles donde la población era mayoritariamente negra.
En 1942 rebuscó al misterioso Robert Johnson que según la leyenda vendió su alma al diablo.
Dio con la choza donde vivía su madre quien le explico que había muerto. La anciana recordó al «niño enclenque», que no daba problemas, «escuchando siempre al viento o las gallinas» y asiduo a la iglesia.
Hasta que creció lo suficiente como para irse lejos «con chicos mayores que tocaran la armónica, mandolina o guitarra».
En aquella búsqueda, el musicólogo descubrió al muy joven Muddy Waters (McKinley Morganfield). La primera canción que le grabó fue “Country Blues” y escribió que «cantaba con tal sutileza, con un vínculo tan sensible entre voz y guitarra, y expresaba tal ternura en la forma de tratar las letras, que sobrepasaba con creces a todos sus predecesores».
Alan Lomax comparó el blues con el flamenco: «el cante jondo americano, con poco que envidiar a ese arte español en materia de habilidad vocal e instrumental, más fresco, si cabe, en lo tocante al sentimiento y de alcance más amplio, si se quiere».
| Nombre | Instrumento | Contribución |
|---|---|---|
| Leadbelly | Guitarra, acordeón | Uno de los gigantes del blues temprano |
| Fred McDowell | Guitarra | Blues del Delta |
| Muddy Waters | Guitarra | Figura clave en la transición del blues rural al blues eléctrico |
| Woody Guthrie | Guitarra, armónica | Músico folk y compositor de canciones de protesta |
| Pete Seeger | Banjo, guitarra | Músico folk y activista social |
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