Antonio Machado: Biografía y Legado Familiar

02.11.2025

Antonio Machado, uno de los poetas españoles más admirados, no solo destacó por la calidad de sus versos, sino también por su talla humana, siendo definido como un "hombre bueno".

La Saga Familiar

Antonio Machado nació en el seno de una familia cultivada y con raíces liberales, de dilatada tradición intelectual y señalada incidencia en la vida cultural española tanto por la parte paterna como por la materna. De hecho, los dos «Antonio Machado» que le preceden inmediatamente, padre y abuelo, fueron distinguidos hombres de investigación y de pluma, a los que la cultura y la ciencia españolas deben mucho.

Antonio Machado Núñez (Abuelo)

Su abuelo, el doctor Antonio Machado Núñez (1815-1896), intervino en la vida política de su tiempo desde posiciones progresistas, lo que le daría relevancia pública sobre todo a partir de la revolución setembrina (1868). Catedrático en diversas universidades, fue fundador, junto con el krausista Federico de Castro, de la Revista Mensual de Filosofía, Literatura y Ciencia, que se extiende entre la Gloriosa y la Restauración borbónica. Tras el triunfo de la Gloriosa fue nombrado rector de la Universidad de Sevilla, la ciudad donde se desplegó el grueso de su actividad científica. También fue gobernador civil de Sevilla. En 1883, ya en sus últimos compases profesionales, se trasladó a Madrid, en cuya Universidad Central había obtenido una cátedra y donde remataría su carrera docente. Tras él marcharon su hijo y sus nietos, entre los que ya estaban los hermanos Machado más conocidos en el ámbito de la literatura: Manuel y Antonio. Sus notables trabajos sobre Historia Natural sirvieron para la difusión de las teorías darwinistas en España y constituyeron un importante estímulo para los estudios prehistóricos y paleozoológicos.

Elena Cipriana Álvarez Durán (Abuela)

La esposa de Machado Núñez y abuela del poeta fue Elena Cipriana Álvarez Durán, hija de José Álvarez Guerra, escritor y filósofo con ciertos rasgos de socialismo utópico, y sobrina del polígrafo Agustín Durán. A Durán, que perteneció a la Real Academia Española y fue director de la Biblioteca Nacional, se debe, entre otras obras, la magna compilación y edición del Romancero general.

Antonio Machado Álvarez "Demófilo" (Padre)

Antonio Machado Álvarez (1848-1893), más conocido por su pseudónimo Demófilo, era hijo de los anteriores y padre del poeta Antonio Machado. Estudió Filosofía y Derecho, y se formó dentro del ámbito intelectual krausista, bajo la guía de su padre y de Federico de Castro. En la ya citada revista fundada por ellos publicó sus primeros trabajos sobre literatura popular. Abogado, profesor y escritor, en 1873 se casó con Ana Ruiz Hernández. De sus numerosos hijos, los que sobrevivieron al primer año de nacimiento fueron Manuel, Antonio, José, Joaquín, Francisco y Cipriana, que moriría a los diez años, en 1900. En el Ateneo sevillano se ocupó Machado Álvarez de la sección de literatura popular, específicamente del flamenco, y su fruto granado fue Colección de cantes flamencos (1881). Esta obra puede considerarse el umbral de los estudios folclóricos que, hundiendo su raíz en las indagaciones románticas sobre el alma popular, tendrían amplio desarrollo, tanto científico como creativo, en la España de las primeras décadas del siglo XX. Demófilo es considerado la primera autoridad de su tiempo en los estudios sobre el folclore, que, desde la sede de Sevilla y Andalucía, sirvieron de modelo para investigaciones acerca de las tradiciones populares de otras regiones españolas.

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La herencia intelectual de Demófilo está clara en sus dos hijos mayores. Resulta muy evidente en Manuel, «medio gitano y medio parisién -dice el vulgo-»: un autor en que la veta acanallada de sus mejores acordes surge de la síntesis entre los tintineos verlainianos y el sedimento popular del flamenco.

Del Patio de Sevilla a las Aulas Madrileñas

Antonio Machado Ruiz, segundo de los hermanos del matrimonio formado por Antonio Machado Álvarez y Ana Ruiz Hernández, nació el 26 de julio de 1875 en el palacio de las Dueñas, propiedad de los duques de Alba, de la que Demófilo era administrador y donde disponía de una de las viviendas en alquiler. Distanciado algunos años de sus hermanos menores, su formación se produjo al alimón con la de Manuel, el primogénito y espejo en que mirarse, de carácter extravertido y alegre. Ambos acudieron al parvulario de Antonio Sánchez Morales, el «señor Sánchez», bajo la mirada controladora de doña Cipriana, la abuela paterna, y doña Ana, la madre, a la que siempre estuvo muy unido.

Este traslado supuso el inicio de la escolarización de los hijos mayores en la ILE, la Institución Libre de Enseñanza (calle de las Infantas; luego mudaría de lugar), fundada en 1876 por don Francisco Giner de los Ríos. Es probable que empujara al traslado de toda la cadena familiar el deseo de una educación para los niños como la que representaba la ILE de don Francisco, amigo de la familia, con cuya sustancia liberal y krausista concordaban abuelo y padre, quienes, además, debieron de ver en Madrid un lugar de mayor proyección para sus respectivas investigaciones. La Institución conformó el espíritu de Antonio Machado en la sobriedad de su carácter, la hondura de su pensamiento, la laicidad y moralidad de su talante, el franciscanismo de su actitud y la postura crítica ante los dogmas heredados. De ello quedaría testimonio en «A don Francisco Giner de los Ríos», poema que escribió en 1915, en Baeza, a raíz de la muerte del maestro. La composición es una sintética exposición doctrinal, una emotiva etopeya del muerto y, quizá por encima de todo, un autorretrato en que el autor registra las condiciones de su propia propuesta ética, reflejada en aquel «santo laico» al que tanto admiró y quiso.

Concluido su paso por la Institución, se matriculó como alumno libre en el Instituto de San Isidro (mayo de 1889), de donde al siguiente curso pasó al Cardenal Cisneros. Su relación con la enseñanza reglada, frente a la de la ILE, fue siempre de rechazo, según manifiesta en una nota de 1913: Me eduqué en la Institución Libre de Enseñanza y conservo gran amor a mis maestros: Giner de los Ríos, el imponderable, Cossío, Caso, Sela, Sama (ya muerto), Rubio, Costa (D. Joaquín -a quien no volví a ver desde mis nueve años-). Pasé por el instituto y la universidad, pero de estos centros no conservo más huella que una gran aversión a todo lo académico.

Entretanto, los trabajos de Demófilo no fructificaban comercialmente, y la amplia saga de los Machado pasó en Madrid importantes apuros económicos, que obligaron a cambios de domicilio y causaron interrupciones en los estudios de Antonio. Probablemente fue ello lo que empujó al padre a embarcar en 1892 para Puerto Rico, donde ejerció como letrado y donde, al poco de llegar, enfermaría gravemente. Su apresurado regreso no impidió su muerte en Sevilla, el 4 de febrero de 1893, sin haber logrado reunirse con el grueso de su familia, asistido tan solo por doña Ana. Las zozobras familiares se agravaron cuando, en 1896, murió el abuelo. Manuel y Antonio, los varones mayores, no parecían en disposición de tomar las riendas de una familia que sería gobernada de hecho por las dos mujeres fuertes de la casa, la abuela y la madre.

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Bohemia, Teatro, Literatura

La vocación de Antonio por la literatura y específicamente por el teatro fue muy temprana. Además de trabajar un tiempo en el Diccionario de ideas afines, por invitación de Eduardo Benot, comienza a publicar con pseudónimo en La Caricatura, lo mismo que su hermano Manuel, con quien también escribe alguna colaboración, asimismo bajo pseudónimo, y asiste a tertulias de café con los literatos del momento; entre ellos, Valle. Hacia final de siglo, y luego de las borrascas ideológicas y políticas del Desastre de 1898, inició la escritura de los poemas de Soledades.

Entre junio y octubre de 1899 vivió en París, adonde marchó siguiendo los pasos de Manuel, que estaba allí desde marzo. Los dos hermanos trabajaron como traductores en la editorial Garnier y pudieron familiarizarse con los ambientes de la bohemia y las corrientes estéticas del momento. Además, tuvieron oportunidad de asistir a los enconados enfrentamientos provocados por el «caso Dreyfus», que activaban en Francia la polémica del compromiso de los intelectuales y la capacidad terapéutica de la literatura. Antonio entró en contacto con las ideas filosóficas de Henri Bergson, por quien se sintió hondamente impresionado.

De nuevo en España, se reintegró en la vida teatral madrileña, esta vez como actor, y concluyó sus interrumpidos estudios de Bachillerato, título que obtuvo en 1900 en el Instituto Cardenal Cisneros. Su aparición como poeta público tuvo lugar en 1901, en la revista Electra -título vinculado a la obra teatral homónima de Galdós-, de la que su hermano Manuel era jefe de redacción y en cuyas páginas se difundieron los poetas simbolistas franceses. A partir de ahí, su vida literaria se despliega en diversas revistas de aquel tiempo, varias de ellas vinculadas a la corriente modernista, como Helios, Blanco y Negro, Revista Ibérica y Alma Española. El Modernismo era el movimiento estético que predominaba en España, aunque aún tenía un aire muy afrancesado, proveniente de Prosas profanas (1896), de Rubén Darío, quien encontró en España un lugarteniente y verdadero apóstol del movimiento: Francisco Villaespesa.

En enero de 1903 se produjo su verdadero estreno poético con la publicación de Soledades (en realidad impreso en 1902). Sus poemas son anteriores a 1900 en su casi totalidad, y reciben del Modernismo su contenido más simbolista, lejos de la exultación cromática y los esplendores sonoros del Darío parnasiano. El libro le granjeó el reconocimiento de importantes escritores del momento; entre ellos, Miguel de Unamuno, a quien siempre tuvo por maestro.

Pero los versos, la bohemia teatral y las tertulias de los cafés -El Gato Negro, Fornos, Lion d'Or...- no solventaban su precariedad económica, por lo que, rebasada ya la treintena, decidió preparar oposiciones para cátedras de francés en institutos (aun sin ser licenciado universitario, algo que era posible entonces). Conseguida la plaza en abril de 1907, eligió la vacante de Soria. A comienzos de mayo se personó en el Instituto General y Técnico para tomar posesión. Apenas tuvo tiempo de conocer a sus compañeros de claustro, pues regresó enseguida a Madrid hasta el inicio del curso siguiente. Así daba comienzo a su andadura docente como profesor de francés y, de paso, al periodo soriano, que él mismo consideraría el más dichoso de su existencia.

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Soria, el Lugar del Idilio

El comienzo del curso coincidió con la publicación, en octubre de 1907, de Soledades. Galerías. Otros poemas. El título evidencia que se trata de una reedición muy ampliada y enriquecida de su primer libro. Pronto conoció a Leonor Izquierdo, una niña todavía (había nacido el 12 de julio de 1894). Leonor era hija de Ceferino Izquierdo, guardia civil retirado, y de su esposa Isabel Cuevas, quienes se acababan de hacer cargo de la pensión donde se terminó hospedando el poeta, en la calle de los Estudios. Prendado el profesor recién llegado de Leonor, en cuanto esta cumplió el requisito de edad para la celebración del matrimonio, Federico Zunón, compañero de claustro y actuando en nombre de doña Ana, pidió su mano para el impaciente Antonio Machado. El 30 de julio de 1909 se casaron en la iglesia de Santa María la Mayor.

En una población de siete mil habitantes, el matrimonio de un profesor proveniente de la corte, de treinta y cuatro años, con una muchacha humilde de apenas quince suscitaba curiosidad pública y no pocas murmuraciones: el trayecto de los contrayentes desde la casa a la iglesia supuso para el poeta un auténtico martirio.

La compenetración del poeta con Soria fue total. La intimidad y el recogimiento acentuaron la comunión paisajística, que lo llevó a una revelación de las honduras castellanas, con sus luces y sus sombras. Súmese a ello la relación amorosa con Leonor, de la que solo se pudo tener noticia clara en los poemas escritos tras su muerte, integrados en la reedición de Campos de Castilla dentro de Poesías completas (1917).

Pensionado por la Junta para Ampliación de Estudios, viajó con Leonor a París, donde se instaló a comienzos de 1911, concretamente en el Hotel de l'Académie, en el Barrio Latino. Allí asistió a varios cursos del Collège de France, impartidos por Bédier, Meillet y A. Lefranc, y como oyente a algunas conferencias del prestigioso Henry Bergson. También concluyó allí «La tierra de Alvargonzález», que envió a Gregorio Martínez Sierra para que complementara el volumen de Campos de Castilla que le había ya entregado para su edición en Renacimiento.

La tarde del 13 de julio, víspera de la Fiesta Nacional francesa, sufrió Leonor una violenta hemoptisis de origen tuberculoso. Internada un largo periodo en una clínica, y tras solicitar a Rubén Darío ayuda económica para regresar a España, el 15 de septiembre se reinstalaron en Soria. Desde entonces, su vida se centró en atender a su esposa, con intermitentes esperanzas en una recuperación que pudieran propiciar los aires sorianos, para lo que alquiló una casita en el camino del Mirón, por donde paseaba empujando la silla de ruedas que hizo fabricar para Leonor. Todo fue en vano: Leonor falleció el 1 de agosto de 1912.

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