¿Es seguro que mi bebé duerma solo con pañal? Riesgos y beneficios
Es una de los temas más polémicos que hay en el mundo de los padres y los hijos. La práctica del colecho, que supone que los progenitores duermen en la misma cama que los bebés durante meses o incluso años, tiene tantos defensores como detractores, cada grupo con sus propias razones para posicionarse en uno u otro bando.
Colecho: Beneficios y riesgos
Ahora, un estudio asegura que dormir con los bebés hasta sus tres años de vida es muy beneficioso para el desarrollo neurológico de los niños. Una razón de peso para aquellos que defienden el colecho, que no ven problemas en el hecho de compartir cama con sus hijos, en comparación con los beneficios que reciben.
El estudio de la Universidad de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, señala que dormir con sus padres mejora el ciclo del sueño de los bebés, al mismo tiempo que reduce sus niveles de cortisol, la hormona asociada a la generación tanto de estrés como de miedo. Pero, además, facilita la eliminación de toxinas a nivel cerebral.
Colecho hasta los tres años
Los investigadores que llevaron a cabo ese estudio recomendaron a los padres disfrutar del colecho hasta que los menores cumplían los 3 años, ya que esa es la fecha en la que el niño debe comenzar a dormir solo para desarrollarse completamente y dar paso a su proceso de independencia paternal.
Sin embargo, en el otro punto de vista se encuentran aquellos que no quieren oír hablar del colecho y que solo piensan en los peligros de esta práctica, sobre todo porque ya se han dado casos de muerte por aplastamiento del bebé y también por asfixia e, incluso, por muerte súbita derivada de compartir cama.
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Pero un informe del Comité de lactancia materna y Grupo de trabajo para el estudio de la muerte súbita infantil de la Asociación Española de Pediatría, se posiciona del lado de los defensores del colecho. En ese informe se señala que no hay pruebas que asocien la práctica de dormir con los hijos con el hecho de que se produzca una muerte súbita.
La muerte súbita en bebés es la primera causa de muerte neonatal en los países industrializados, por lo que estamos ante un problema más que importante. Sin embargo, la revisión que llevó a cabo el grupo de la Asociación Española de Pediatría no encontró factores de riesgo que predispongan a la muerte súbita por el hecho de practicar el colecho.
Beneficios para padres e hijos
Los defensores de dormir junto a sus bebés aseguran que la comunicación entre padres e hijos es mucho más fuerte gracias al colecho, además de que la madre que da de amamantar a su hijo puede darle de comer de una forma mucho más cómoda que si tuviera que levantarse a mitad de la noche y trasladarse a otra habitación.
Lo que sí recomienda el Comité de lactancia materna es disponer algunas precauciones: por ejemplo, desaconseja la presencia de peluches en la cama, para no confundirlos con el bebé, así como el uso de almohadas de gran tamaño, ya que se corre el peligro de que el pequeño quede atrapado en alguno de los movimientos que hagamos.
Pero más allá de guardar esas precauciones, el hecho de dormir junto a los bebés es muy positivo, sobre todo para ellos. Además de esos datos que hablan de los beneficios para el desarrollo neurológico de los hijos, se ha demostrado que “la lactancia materna tiene un claro efecto protector frente al síndrome de la muerte súbita del lactante”.
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Eso significa que si la madre decide amamantar a su hijo, le estará protegiendo frente a la muerte súbita; y dormir con el bebé es beneficioso para la lactancia; por tanto, al practicar el colecho se estará protegiendo al bebé contra la muerte súbita, siempre que se tomen las debidas precauciones para evitar posibles aplastamientos o asfixias.
Contacto piel con piel: Un poderoso comienzo
El contacto piel con piel entre un recién nacido y su madre o padre es una de las prácticas más beneficiosas en los primeros momentos de vida. Numerosos estudios han demostrado que el piel con piel favorece la adaptación del recién nacido al mundo exterior, regula su temperatura y reduce los niveles de estrés.
El contacto piel con piel es una práctica en la que el bebé, sin ropa y con solo un pañal, es colocado sobre el pecho desnudo de la madre o del padre.
- El contacto piel con piel durante la primera hora tras el nacimiento es mucho más que un momento emotivo.
- Tras pasar 9 meses en el útero, el bebé necesita adaptarse a un entorno completamente nuevo.
- El recién nacido pierde calor corporal rápidamente al salir del útero, y si no se regula adecuadamente, puede sufrir hipotermia.
- Durante el contacto piel con piel, el ritmo cardíaco del bebé se vuelve más estable.
- También favorece la colonización del cuerpo del bebé con las bacterias beneficiosas de la piel de su madre, lo que ayuda a desarrollar su sistema inmunológico.
- Para las madres, este contacto favorece el vínculo emocional e influye directamente en la recuperación física y emocional tras el parto.
Además, los beneficios no se limitan a los minutos posteriores al nacimiento. La oxitocina, conocida como la hormona del amor, se libera en grandes cantidades durante esta práctica, ayudando a la madre a vincularse con su bebé. Uno de los efectos más estudiados es su impacto en la lactancia. Cuando el bebé se coloca sobre el pecho materno, sus reflejos de búsqueda y succión se activan de forma instintiva.
Al liberar endorfinas y oxitocina, se reduce el nivel de cortisol, la hormona del estrés, consiguiendo un efecto ansiolítico y calmante en la madre. El padre que lo practica experimenta una descarga de oxitocina similar a la de la madre. Este contacto directo permite que el padre participe en el cuidado directo del bebé como figura de apego.
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Cuando la madre no puede sostener al bebé por sí sola, una enfermera o el padre puede ayudar a mantener el contacto. El piel con piel es especialmente importante en bebés prematuros. Numerosos hospitales en todo el mundo ya han incorporado esta técnica como parte de los cuidados neonatales estándar.
Desde el mismo momento del nacimiento, siempre que el estado de salud lo permita. Lo ideal es al menos 1 hora tras el parto y varias veces al día en las semanas siguientes. No debe hacerse dormido/a o tumbado en la cama. Si se realiza en un entorno controlado y con vigilancia, es seguro. El contacto debe ser directo sobre la piel desnuda del adulto. No hay una edad límite.
Método Estivill y sus controversias
En realidad, este método fue ideado en 1985 por el pediatra estadounidense Richard Ferber, director del Centro Pediátrico para los Trastornos del Sueño del Hospital Infantil de Boston. Este método para lograr que los niños duerman solos, también denominado "llanto controlado", se basa en el principio de "extinción gradual" que propone la educación conductista.
Cuando el niño comience a llorar, los padres pueden acudir pero solo pueden consolarle durante un corto periodo de tiempo y no deben cogerle en brazos. De hecho, se aconseja hablarle con voz tranquila pero a cierta distancia.
Esa rutina se conoce como "espera progresiva" ya que los padres deben ir espaciando el tiempo de espera antes de acudir al llanto del bebé. El primer día deben atender al niño después de 1 minuto, hasta postergar la espera por 5 minutos.
El propio Estivill afirma que el secreto radica en la constancia, en la capacidad de los padres para resistir el impulso de acudir inmediatamente al escuchar el llanto del bebé. Sin embargo, lo cierto es que el vómito está provocado por los niveles elevados de cortisol y serotonina.
De hecho, cuando el bebé llora aumentan los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y para contrarrestarlos se liberan otras sustancias, como la serotonina y los opiáceos, que son las que hacen que el bebé caiga rendido y se duerma.
La ciencia ha desvelado que cuando los bebés lloran y no se atiende su llamada, experimentan un estado de ansiedad y pánico que provoca que su cerebro se inunde de adrenalina y cortisol, las hormonas del estrés. De hecho, se ha apreciado que los bebés que son separados de forma estresante de sus padres con frecuencia presentan niveles anormalmente altos de cortisol, así como niveles muy bajos de la hormona del crecimiento.
Este desbalance hormonal inhibe el desarrollo de algunos tejidos cerebrales, retarda el crecimiento y afecta el sistema inmunitario.
Psicólogos de la Universidad Estatal de Pennsylvania también han descubierto que cuando los bebés lloran excesivamente durante sus primeros meses de vida tienen más dificultades para controlar sus emociones y se muestran más difíciles de consolar a los 10 meses.
Por otra parte, un estudio realizado en la University of Hertfordshire desveló que los bebés que sufren episodios de llanto frecuentes tienen 10 veces más probabilidades de desarrollar TDAH durante la infancia, así como conductas antisociales y obtener malos resultados académicos.
Esto se debe a que el estrés crónico sobreestimula el tallo cerebral, una parte del cerebro que participa en la liberación de adrenalina, mientras que las zonas del cerebro encargadas de analizar los estímulos emocionales quedan subestimuladas, por lo que el niño desarrolla un sistema nervioso hiperactivo que segrega constantemente adrenalina.
Las investigaciones también han desvelado que el ignorar el llanto de los bebés afecta negativamente al desarrollo de sus habilidades sociales e intelectuales.
Es importante que los padres sean conscientes de que los primeros años de vida son un periodo sensible para que el niño establezca un apego seguro y desarrolle la confianza. Al contrario, si no se atiende el llanto del bebé, este crecerá creyendo que el mundo es un lugar hostil y desarrollará un sentimiento de desconfianza.
Dejar a los bebés llorar para que aprendan a dormir solos no los hará más independientes sino que contribuirá a generar ansiedad, dependencia y hasta agresividad, además de inhibir el desarrollo de la inteligencia y de sus habilidades sociales.
Recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría (AAP)
La Academia Americana de Pediatría (AAP) acaba de publicar unas recomendaciones para mejorar la calidad del sueño de los bebés y disminuir los riesgos de muerte súbita del lactante.
Gonzalo Pin, miembro del grupo de sueño de la SEPEAP, afirma que “ Richard Grol propuso en 2004 una serie de barreras e incentivos que favorecen los cambios conductuales frente a las prácticas del sueño en la infancia. Para superar esas barreras diseñó una serie de intervenciones a distintos niveles (en la educación de las familias, en la educación de los profesionales, dirigidas a romper barreras culturales, intervenciones focalizadas en la tradición, en la legislación…) Estas recomendaciones de la AAP están en la línea del interesante artículo » SIDS Risk: It´s More than just the sleep environment» que enfatiza la idea de que la reducción del SMSL es el resultado de la combinación de la reducción de factores extrínsecos de riesgo, cambios en la clasificación de las causas de muerte, cambios en factores de riesgo intrínsecos y cambios en factores que afectan tanto a factores intrínsecos como extrínsecos”.
En este informe se recalca la importancia de la colocación del bebé en decúbito supino, la utilización de superficies firmes para dormir; las ventajas de compartir habitación con los padres, pero no la cama; el evitar la exposición al humo, el alcohol y otras drogas.
En EE.UU. mueren anualmente 3.500 niños durante el sueño. El 90% de los casos sucede en menores de 6 meses, y la incidencia se incrementa entre el primer mes y el cuarto.
La recomendación de dormir boca arriba es una medida que ha demostrado que disminuye el riesgo de SMSL. Las dos recomendaciones en las que más se incide ahora son no compartir la cama y la calidad de la superficie de descanso (colchón). Corrientemente se tiene la idea de que las camas blandas protegen mejor a los bebés, pero se corre el riesgo de sofocación. De igual manera sucede al compartir la cama: aumenta el riesgo de aplastamiento y sofocación.
- Coloque a los bebés boca arriba para dormir al menos hasta el primer año de edad.
- Los niños deben dormir en la habitación de los padres, pero en cama separada durante el primer año.
Swaddling: Envolver al bebé para un sueño seguro
Swaddling significa arrullar y es una práctica muy antigua que consiste en envolver al bebé. El swaddle es básicamente una manta con o sin velcros o cierres, destinada a mantener a tu recién nacido envuelto. Esto ayuda a tu pequeño a sentirse seguro y contenido, tal como se sentía en el útero. Es por esto que es capaz de entregar un sueño más reparador y tranquilo.
Al estar en una posición de arrollo, tu bebé experimenta una contención y seguridad muy similar a la que sentía cuando estaba dentro de tu útero. Al incluir un swaddle en la rutina de dormir de tu bebé, puedes establecer una asociación positiva a la hora de acostar a tu bebé.
Además de entregar contención, los swaddles ayudan a tu bebé a permanecer boca arriba mientras duermen. Otro de sus beneficios es que disminuye los sobresaltos, llamado “reflejo moro” que provoca despertares repentinos.
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