Carretera Puerto Real - Paterna: Un Recorrido por la Historia Gaditana

25.11.2025

Las ventas son, y han sido, uno de los espacios públicos gaditanos con mayor enjundia. Sin ellos el tejido de relaciones humanas de la provincia de Cádiz no podría entenderse. Aún hoy, en nuestros itinerarios por la comarca y por los caminos del interior de la provincia, las ventas se nos antojan como puertos seguros en los que hacer un alto, en los que parar un rato para encontrarnos también, en muchas ocasiones, con la historia, con la geografía y, como no podía ser menos, con la gastronomía.

Como señala Elena Posa, “…el carácter de las ventas también ha ido variando a lo largo del tiempo. Empezaron vendiendo algo más que cosas y mercancías: alojamiento, descanso, calor humano y animal, porque a menudo… no había cosas ni mercancías que vender.

Esta evolución de la fisionomía y las funciones de nuestras tradicionales ventas viene de antiguo. Algunos autores las han llegado a relacionar con las “mansio” romanas, lugares de parada en la red de calzadas donde pasar la noche durante el viaje. También en los siglos de dominio andalusí, los viajeros podían descansar al final de cada jornada en los “manzil” que, a modo de posadas u hospederías, podían encontrarse en las vías de comunicación más importantes.

Para Covarrubias, en su “Tesoro”, el vocablo “venta” designa ya a “la casa en el campo, cerca del camino real a donde los passageros suele parar al medio día y a necesidad hacen noche”, como nos recuerda también E.

Por mencionar sólo algunas de las más celebres, recordaremos como ya en el siglo XVI se da cuenta de la Venta de Casas Viejas, en la que comió y descansó en 1579 el rey de Portugal, Don Sebastián, cuando se dirigía a su corte de Lisboa después de haber desembarcado en Gibraltar, invitado por el Duque de Medina Sidonia.

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En su Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera, Fray Esteban Rallón menciona la Venta de la Vizcayna, entre Jerez y Las Cabezas, que a mediados del s. XVII servía de posada a los viajeros que realizaban la ruta entre Sevilla y nuestra ciudad (4). La carretera de Madrid a Cádiz (conocida también como el “arrecife”), impulsada por Floridablanca a finales del s.

Entre ellas, por citar sólo algunos ejemplos, se encontraba la de Torres de Alocaz y la más cercana y conocida Venta de El Cuervo, célebre casa de postas, cuyo viejo edificio aún se conserva habiendo sido objeto de una reciente restauración. Todas ellas guardan entre sus muros páginas literarias e históricas de las que nos iremos ocupando en próximas entregas. También en el s. XVIII ya era conocida la Venta de Lleja o Ventalleja, ubicada en un paraje situado en las proximidades del Mojón de la Víbora, entre El Cándalo y Garganta Millán, lugar de parada obligada para los viajeros que transitaban los caminos que desde Jerez y Alcalá de los Gazules se dirigían a Ubrique.

Antonio Ponz, Pérez Bayer, Richard Ford, Gustavo Doré, Madoz, Fernán Caballero, Abel Chapman y W.J. Buck o Wilhelm Giese, son algunos de los muchos autores que nos han dejado diferentes escenas sobre cómo eran las ventas de nuestro entorno en los últimos tres siglos.

Entre las ya desaparecidas, citadas por Madoz a mediados del siglo XIX, recordamos aquí la Venta del Zumajo, (cerca del cortijo de Berlanga, junto al arroyo del mismo nombre), la de El Polvorilla, ente Alcalá y Los Barrios (desaparecida hace más una década con la construcción de la nueva autovía), las ventas de Torres de Alocaz y El Cuervo, en el camino real de Jerez Sevilla, la de Los Badalejos, en Benalup, o la Venta del Cantero, en el camino de Jerez a Espera y cuyo antiguo edificio se halla hoy oculto a la vista del viajero, entre las viviendas de la actual barriada rural de Gibalbín (6).

Esta última venta, junto a la de la Vizcayna, figura también en el Mapa geográfico de Xerez de la Frontera, de Tomás López (1787) (7). En relación a la Venta del Zumajo hemos de decir que sería sustituida por la de Santa Inés, situada muy cerca de aquella, en el molino del mismo nombre.

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En San José del Valle se cuentan entre las más antiguas la de La Parada del Valle (mencionada ya por los naturalistas ingleses Abel Chapman y Walter J.

Entre nuestras preferidas, por el marco geográfico en el que se enclavan y por la historia que encierran entre sus muros, están también las ventas de Tempul y Puerto de Gáliz, el ventorrillo de Las Cañillas y la venta de la Junta de los Ríos. La de Tempul, próxima al manantial del mismo nombre, se enclava desde mediados del siglo pasado en un edificio colindante con la Casa de las Aguas que vino a sustituir al del antiguo ventorrillo, situado al otro lado de la carretera y cuyas estancias presentan en la actualidad estado ruinoso.

Con la de Puerto de Gáliz sucede algo parecido. Situada en un cruce de caminos serranos vino también a tomar el relevo de un antiguo ventorrillo del siglo XIX cuyas ruinas aún se mantienen en pie junto al Peñón de Ballesteros, frente a la venta actual de mediados del siglo XX. Hace apenas 20 años, aún se mantenía abierta por su último ocupante, el entrañable y recordado “Juan el Igualeja” y Catalina, su mujer, que ofrecían café de pucherete en una modesta estancia, al pie de la chimenea, donde un curioso cartel alertaba al visitante: “Venta de Juan el Igualeja: el que tenga bulla que se vaya” (9).

Para terminar dejamos la Venta de la Junta de los Ríos, una de nuestras favoritas, situada en la confluencia del Guadalete y el Majaceite, junto a los conocidos sifones del canal de la zona regable del Guadalcacín, las populares “morcillas” (10). Esta venta, regentada desde 2001 por Juan Jesús Ramírez Alpresa, cumplió el pasado 2010 su primer centenario. La remodelación de sus instalaciones no ha hecho perder al local su antiguo encanto. A los servicios de bar y restaurante, se suman también los de tienda de recuerdos y de productos de artesanía.

Venta situada en un cruce de carreteras, en concreto entre la autovía Jerez Los Barrios y la carretera que va de Puerto Real a Paterna. La fundaron en 1988 Ana Moreno y José Corchado y ahora son sus hijos José María y Mónica, los que la regentan. El sitio cuenta con un amplio aparcamiento propio.

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Luego con la estética típica de las ventas cuentas con una amplia barra, donde se exponen dulces y mermeladas de elaboración propia que tienen a la venta. En ese mismo salón hay un primer comedor, al que se une un segundo situado justo al lado. Fuera terraza.

Ofrecen desayunos, con diversos tipos de pan y mantecas, bocadillos y luego a la hora del almuerzo ofrecen tapas y también platos de cocina tradicional. Hay guisos de la zona como carrillada o tagarninas. Los postres son también de elaboración propia. Muchas de las verduras que usan son de su propio huerto. Ofrecen menú del día de lunes a viernes.

Un Recorrido Turístico por la Región

Tras desayunar, pusimos rumbo Zahara de la Sierra para, una vez más, disfrutar de las increíbles carreteras que rodean el embalse. En mi opinión, es la mejor carretera de curvas de toda la provincia. Tras visitar esta pequeña localidad, tomamos rumbo norte en dirección a nuestro próximo destino. Así, acabamos llegando a Olvera, una preciosa localidad gaditana con una importante historia detrás, que podéis leer en extensión en la Wikipedia. La localidad tuvo gran importancia desde la época de los romanos, siendo de especial relevancia las sucesivas ocupaciones musulmanas que sufrió la ciudad.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación se encuentra en la Plaza de la Iglesia, justo al lado del castillo de la localidad. Su envidiable ubicación y alrededores se deben en parte a un conjunto de actuaciones urbanísticas llevadas a cabo por el ayuntamiento para construir y acondicionar el mirador de la iglesia, en terreno en el que antiguamente se encontraba la vivienda del sacristán. Además, justo al lado se ubica el Centro Cultural La Cilla, que alberga la exposición permanente «Olvera: La frontera y los castillos».

Tras visitar la exposición, el empleado de la oficina de Turismo nos abre la puerta a la subida al Castillo de Olvera. La subida al castillo tiene varias etapas con diversos miradores. En lo más alto, la vista es de 360º. Y en esta foto, vistas al este.

Una vez terminada la visita, salimos del pueblo tomando rumbo sureste. Finalmente llegamos al último destino turístico de la salida, el popular pueblo de Setenil de las Bodegas, que ya visitamos en otra ocasión. Su nombre proviene de los siete intentos de conquista por parte de las fuerzas cristianas, siendo la séptima la definitiva.

Esta vez, en lugar de zambullirnos entre las típicas casas ubicadas en la propia montaña, decidimos primero subir a las zonas altas para tomar una panorámica de la ciudad. En la siguiente foto se distinguen bien la Iglesia de Ntra. Sra. Este fin de semana se celebraba en la localidad «Setenil: Una villa entre culturas», unas jornadas culturales en las que la ciudad se ambienta con una mezcla de culturas propia de su extensa historia.

El centro histórico estaba lleno de gente, tenderetes y actividades de toda clase, como espectáculos de cuentacuentos y danza del vientre, por la tradición morisca de la localidad. El epicentro de la actividad lo encontramos en la Plaza de la Villa, hogar de la ya mencionada Iglesia de Ntra. Sra. de la Encarnación.

Gastronomía Local en Puerto Real

La mañana empieza por molletes, los de Fernando Damián, saboreados junto al mercado de abastos, el más antiguo de Andalucía. Luego visita al museo del Dique, Piñorera “en dos texturas”, adobo, almejas de chupetón y arró con langostinos. Por la tarde paseo a caballo viendo mar y viendo pinos. Bizcotela.

La jornada empieza en el centro, en la calle de la Plaza, en el bar Arca Casa Ramón, un sitio centenario. Hay donde elegir, churros, de los gordos y de los finos, los dos crujientitos y bien escurridos. Si vais dos o más, os aconsejo que uno pida lo que es churreteo y el otro un mollete de los de Fernando Damián, una panadería local situada en la calle Real, que hace los molletes muy mulliditos. Lo que le pongas dentro ya depende de ti, pero una mañana que empieza con manteca colorá no es lo mismo.

La plaza de Puerto Real es la más antigua de Andalucía. Se terminó a principios del siglo XIX y sigue conservando su estructura. Es pequeña pero está bien surtida, sobre todo en lo que se refiere a pescados. Suele haber doradas y lisas de estero, difíciles de encontrar en otros mercados, chocos “sucios” y pescado de roca. Merecen también una parada el puesto de aceitunas de Patricio y el ultramarinos de Cosano, con un excelente surtido de quesos de la Sierra de Cádiz.

A la hora de comer vas a tener que elegir… o comer dos veces, que te conozco y eres capaz. En Puerto Real se puede escoger entre cocina marinera o cocina de guisos de interior. Para la primera opción el sorprendente Casa Manolito, un restaurante situado en la calle Francia, en un polígono industrial, pero con un arroz con langostinos de Sanlúcar de polígono gastronómico. Si eres más de guisoteo carnívoro, la Venta Paquete, en el otro extremo de la ciudad, en la carretera de Malas Noches. Allí lo suyo es el cuchareo con menudo o varios tipos de carnes en salsa.

Hayas cogido la opción a o la opción b, hay que pasear para digerir tanta maravilla. Ya que estamos en la ciudad, podemos recorrer algo de su casco antiguo y acercarse hasta el centro de interpretación de la cultura de la ciudad situado en la calle Real y donde se escenifica la historia de la población. Podemos aprovechar para hacer unas compras. En la ciudad funciona una fábrica artesanal de cervezas: “La Piñonera”, que tiene despacho en la calle Real. Llevalé un par de botellitas a tu cuñao y para mamá la otra versión “Piñonera” la de un dulce con ese nombre que elabora la pastelería La Trufa, en la calle Sagasta.

Las seis es la hora de la merienda y no te la puedes saltar porque te esperan todavía horas muy intensas. La Puertorrealeña es una pastelería con historia en la ciudad. Nos quedamos con una de sus creaciones, una bizcotela de merengue crujiente y relleno cremoso. Ya puestos a ponerse blanco el bigote, también interesante su tarta de San Marcos.

Ocio y Naturaleza

¿Qué te parece un paseíto a caballo al atardecer? Pues en Puerto Real se puede hacer y te llevan en un recorrido “mixto” que recorre los bosques que rodean la ciudad pero también te acercan a ver el mar. El recorrido incluye pinos y también los esteros que rodean la ciudad y se prolonga durante una hora y media. Los organiza la empresa Senderalia y su teléfono es el 629547031.

El tiempo justo para refrescarte un poquito y dirigirnos hacia la Ribera del Muelle. Nos encontraremos con el lado gastronómico más salvaje de Puerto Real, el de sus pescados de roca y de estero. Si hace buen tiempo lo suyo es la terraza. Hay que empezar por unos “muergos”, la versión puertorrealeña de las navajas. Son algo más cortas pero están exquisitos. Luego deja que te lleven hasta el expositor de pescados y escoge la pieza. Hay doradas de estero y lubinas de mar. Aquí lo suyo es que te lo hagan frito, a tajaitas. El pescado se come con los dedos… para acompañar te ponen los famosos picos Ye Ye, otro de los productos típicos de la ciudad, unos picos de tamaño muy pequeño, pero de sabor muy grande.

Para alojarse: el hotel Ciudad del Sur, situado fuera de la ciudad, en la carretera que va hacia Paterna.

Radares en la A-408

Precisamente este radar le ha quitado el puesto al de la A-4. Madrid-Cádiz. en el kilómetro 645,4 , sentido decreciente, muy cerca del aeropuerto de Jerez.

Andalucía tiene un total de 382 radares de tráfico repartidos por toda la geografía de la comunidad, según datos de la DGT. La provincia de Sevilla es la que lidera la estadística, con 63 radares en total (33 fijos y 30 móviles), seguida de Cádiz, con 55 (19 fijos y 32 móviles) .

Según el estudio de Automovilistas Europeos, los radares de la DGT formularon en el conjunto del país 2.933.089 denuncias por exceso de velocidad, lo supone un incremento del 13,3% sobre las realizadas en el mismo periodo del año anterior (2.588.125).

Por comunidades autónomas, destaca que los radares más activos se han localizado en Andalucía, con 680.583 denuncias formuladas y que representan el 23,2% del total; en Madrid, con 373.078 denuncias (12,7%) y en la Comunidad Valenciana, con 335.953 (11,4%). Por el contrario, los radares situados en La Rioja (39.024), Cantabria (40.147) y Navarra (48.447) son los que menos denuncias contabilizaron.

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