Tragedias y Destinos: La Historia de Emilio Ucar Corral, Juan Jerónimo de Vilaragut y María de las Mercedes de Orléans

30.11.2025

Este artículo explora tres historias trágicas: la de Emilio Ucar Corral, un médico que luchó contra el coronavirus; la de Juan Jerónimo de Vilaragut, un noble envuelto en conflictos; y la de María de las Mercedes de Orléans y Borbón, una joven reina cuyo reinado fue breve y doloroso.

Emilio Ucar Corral: Un Médico Frente a la Pandemia

Emilio Ucar Corral siguió los pasos de su padre, sintiendo una gran pasión por la medicina. Su camino hasta el final de sus días fue agónico, cargado de amargura y desesperación. Una impotencia que se reaviva por momentos en su hijo Alfonso, un joven estudiante universitario de 22 años que ha perdido a su padre antes de tiempo.

Desde finales de febrero, Emilio, director médico del Hospital Santa Cristina en Madrid y gerente sustituto, no paraba de tener reuniones, muy preocupado con las informaciones que les llegaban. Trabajaba duro, como hacía siempre, y en casa no se separaba del teléfono. Empezaba a faltar material en los hospitales y el móvil no paraba de sonar.

"Hijos, esto es mucho peor de lo que están contando. No vayas a Málaga, Marta", le dijo a su mujer que tenía previsto viajar a Andalucía. "Quedaos en casa. Esto es un horror, esto va a ser terrible... ¡esto es un horror!", repetía una y otra vez.

El 1 de marzo se trasladó al salón, empezando a dormir en el sofá para no contagiar a su esposa. Tampoco cenaba con sus hijos, lo hacía apartado en otra mesa, por si acaso. Encendía la televisión y se escandalizaba con lo que el Gobierno contaba. "Mi padre nos decía que el Gobierno estaba dando un mensaje que no se ajustaba a la realidad. Asistía perplejo "al no pasa nada" de los informativos televisivos para no alarmar.

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El 18 de marzo dio positivo en coronavirus y se encerró en la habitación de sus hijos a pasar la enfermedad. Emilio cada vez se encontraba más cansado, mareado, no comía. Alfonso llevó a su padre en coche al hospital y el sábado 21 de marzo era ingresado. Pero el alborozo duró poco. El reputado doctor no podía respirar y a los cuatro días le trasladaron a la UCI.

Ese día pidió a sus compañeros sanitarios que le dejaran hablar con sus hijos y su mujer. Sabía que algo iba mal, la idea era que lo sedaran una semana y despertar. Pero Emilio se expresó como si fuera la última vez que hablara con sus hijos en esa videollamada entre tubos respiratorios: "Os quiero, os quiero, hijos, Marta, te quiero, cuidaos". Marta, su amor desde la adolescencia, su esposa y madre de sus dos niños le repetía: "Que no, que no Emilio, que no…", entre lágrimas. Pero él seguía diciendo adiós. ¿Por qué, si había esperanza?

El 1 de abril lo trasladaron de urgencia al Gregorio Marañón. Le detectaron algo que parecía un derrame. Fueron 16 días de una angustia que la familia no logra describir. A los pocos días Emilio empeoró. Se le infectó un pulmón además de tener otras complicaciones. Llamaron del hospital: "Le hemos puesto todo, estamos haciendo todo lo posible.

Justo el día antes, el 11 de abril, los sanitarios les ofrecieron la oportunidad de ir a verlo: "Está estable. Podéis venir, no os preocupéis, él está bien". Pero no era cierto. "Lo hicieron para que no nos matáramos con el coche. A mi padre le quedaba poco, se moría irremediablemente.

Alfonso y su madre se pusieron unos EPI, doble mascarilla y gorro para el pelo. Su padre se encontraba al final del pasillo. Alfonso no quería mirar a ambos lados. Todo estaba lleno de pacientes en cubículos, graves, intentando respirar, intubados. Y llegaron. "No voy a olvidar esa imagen. Mi madre no pudo entrar a la habitación se quedó en la puerta de la habitación en shock, no podía parar de llorar. Era el hombre de su vida y ya no lo conocía. Al día siguiente recibió la extremaunción con un sacerdote vestido de astronauta. Todo está listo para su partida.

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Desgraciadamente, el milagro se esfumó. El 16 de abril el virus acabó con él. Justo en el aniversario de su matrimonio, 27 años hacía desde que se casaron. El buen doctor era muy querido, un médico admirado que se esforzó en buscar material para salvar cuantas vidas pudiera en su hospital. Avisó a los suyos, a sus compañeros, a todo aquel con el que se cruzaba, y no dejó de trabajar pese a presagiar su trágico desenlace.

Juan Jerónimo de Vilaragut: Un Noble en el Valle de Olocau

La Baronía de Olocau pertenecía a los Vilaragut desde el 21 de Enero del año 1368. El Valle de Olocau en 1463 estaba dividido en tres partes, gobernadas respectivamente por tres hermanos Vilaragut:

  • Ramón, hijo primogénito y presunto heredero de Antonio II de Vilaragut, poseía desde el año 1446 el Castillo del Águila y el lugar y palacio de Pardines (Olocau).
  • Antonio, era señor de Marines y la aldea de Olla desde 1460, cuando fue mayor de edad.
  • Violante (en valenciano Yolant, Yolans) de Vilaragut, también por donación de su madre, Beatriz Pardo de la Casta, era señora de Gátova.

Violante de Vilaragut vivía en Gátova desde el año 1460, que fue cuando recibió la herencia, en una casona de ubicación desconocida. El tradicional enfrentamiento entre Segorbe y el Valle de Olocau llevaba años de disputas pues los límites de pastoreo no eran muy precisos en aquella época, los moriscos vasallos de los Vilaragut solían penetrar con su ganado el término de Segorbe con el evidente peligro de que acabaran perdiéndolo, y esto fue lo que acabó sucediendo a mediados de abril del año 1463, cuando los segorbinos decomisaron un rebaño de los sarracenos y lo encerraron en un corral.

Era un martes 26 de abril de 1463. Las campanas de la catedral empezaron a redoblar y el gobernador de la señoría de Segorbe, Juan de Torrellas movilizó a la milicia local. Reunió hasta cuatrocientos hombres armados con lanzas, venablos y ballestas, y fueron a la caza de los sarracenos de Vilaragut. El caballero únicamente estaba armado con una espada envainada.

El ambiente estaba caldeado y Juan Jerónimo intentó ser dialogante y apaciguar los ánimos. Francisco de Medina llegó a golpear salvajemente al esclavo negro, el mismo gobernador Torrellas intentó detener la agresión, fue en ese instante cuando Juan Jerónimo avanzó para defender a su siervo y Juan de Medina sacó una ballesta y, a unos cinco o seis pasos, le disparó. El virote (flecha) se le incrustó en el pecho y le perforó el pulmón, quedando Juan Jerónimo tendido en el suelo gravemente herido.

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Los vasallos moros intentaron auxiliarle y se lo llevaron al poblado de Gátova, el lugar más cercano, pese a que había una hora y media de camino tortuoso que atravesaba empinadas montañas arboladas. Lo llevaron a duras penas a casa de su prima Violante de Vilaragut y ella, desesperada, despachó rápidamente avisos para que llegaran hasta Gátova, de manera urgente, un médico de Segorbe, otro de Valencia y un cirujano de Líria. Cuatro días con sus noches estuvieron los médicos tratando de salvarle la vida a pesar de que sabían que la herida era mortal de necesidad. Tras esta lenta agonía Juan Jerónimo terminó falleciendo el 30 de abril. Tenía 42 años.

Violante de Vilaragut, señora de Gátova, era muy valiente y decidida, además de prima de Juan Jerónimo de Vilaragut, a quien tenía un especial afecto, y removió cielo y tierra para que el crimen no quedara impune. El 9 de mayo, sólo trece días después del suceso, clamó justicia contra Juan y Francisco Medina, la denuncia fue presentada en la Gobernación de Valencia. Se abrió causa criminal contra los dos hermanos y el 13 de mayo se ordenó la detención.

El 2 de Junio el Gobernador sentenció a muerte a los hermanos Medina, degollados y descuartizados en cuatro partes. La sentencia también incluía las costas judiciales, junto con la remuneración de los médicos y cirujanos que atendieron a Juan Jerónimo en Gátova y los gastos por las medicinas y cordiales (brebajes) y diez sueldos entre “pollastres i gallines” con las que trataron de alimentar al moribundo caballero.

En el libro de Abel Soler también cuenta que aparece un testamento que presuntamente dictó Juan Jerónimo de Vilaragut en Gátova el 17 de abril, unos días antes de ser herido por la ballesta. En él nombra heredera universal a Violante de Vilaragut.

María de las Mercedes de Orléans y Borbón: Un Reinado Efímero

El destino y el error médico convirtieron el reinado de María de las Mercedes de Orléans y Borbón en el más breve desde la época de los Reyes Católicos: 154 días exactamente. Enamorada hasta el tuétano de su esposo y primo el rey Alfonso XII, con quien contrajo matrimonio el 23 de enero de aquel mismo año en la madrileña basílica de Atocha, la reina Mercedes se apagaría sin remedio como una vela.

Al principio se pensó que su palidez y los mareos y vómitos que la confinaron en sus aposentos privados eran consecuencia del embarazo. Poco después, el doctor Tomás Corral y Oña, marqués de San Gregorio y médico de cabecera del rey, intentó detener en vano la amenaza de aborto. Nuevamente, los médicos sospecharon que podía tratarse de otro embarazo, dadas sus persistentes náuseas y vómitos.

De hecho, el marqués de San Gregorio firmó en la «Gaceta» el primer parte facultativo el 18 de junio: «Viene aquejada desde fines del mes anterior de las molestias que anuncian algunas veces el principio del embarazo. En estos últimos se ha observado en S. M. una fiebre poco intensa de forma intermitente y tipo irregular, que ha desaparecido en virtud de los medios apropiados; pero persiste la predisposición al vómito y la inapetencia, con el malestar y debilidad consiguientes».

Una semana después, el mismo periódico reproducía otro parte oficial anunciando que la vida de la reina corría grave peligro tras producirse una hemorragia.

Al día siguiente, 26 de junio de 1878, sobrevino el fallecimiento del cual daba noticia así el marqués de Gregorio, en la «Gaceta»: «Cumplo el dolorosísimo deber de poner en conocimiento de V. E. que S. M. la Reina nuestra Señora doña María de las Mercedes Orleáns y Borbón ha fallecido a las doce y cuarto del día de hoy a consecuencia de una fiebre gástrica nerviosa, acompañada de grandes hemorragias intestinales».

Pero María de las Mercedes pudo haber conservado la vida si no hubiese sido por el error de los médicos. Una vez más, los doctores no acertaron con el tratamiento de la grave enfermedad, disfrazada ante el pueblo para evitar comentarios, dado que en realidad se trataba de un tifus, como tal, contagioso. El falso diagnóstico fue, recordemos: «fiebre gástrica-nerviosa».

La suerte de María de las Mercedes pudo haber cambiado si la reina hubiera sido tratada exclusivamente por el padre de Jacinto Benavente, el primer pediatra que hubo en España. Su hijo, el ilustre Premio Nobel de Literatura, al menos estaba convencido de ello: «Yo estoy seguro -decía don Jacinto- de que si mi padre se hubiera encargado de la asistencia de la Reina, pero él solo, sin intromisiones de otros médicos, la reina Mercedes no hubiera muerto en plena juventud. Mi madre, que sentía plena simpatía por la pobre reina, cuya muerte fue muy sentida en toda España, se lamentaba muchas veces de que no se hubiera llamado a mi padre, y no ciertamente por presumir de señora de médico palatino, sino porque siempre creyó que los médicos no habían entendido la enfermedad».

Y no sólo no la entendieron, sino que la falsearon a los ojos del pueblo entero para evitar el escándalo.

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