La Historia de los Fuegos Artificiales y la Cordà en Paterna

01.11.2025

La preocupación por el disparo de cohetes y la pasión por la pólvora que sienten los vecinos de Paterna, con el máximo exponente de la "Cordà" pasado el último domingo de agosto, se remonta, al menos, a mediados del siglo XIX, según la investigación realizada por el historiador local y trabajador del Archivo Municipal, Félix Gámez, que ha localizado una referencia sobre esta fiesta en el "Diario Mercantil" de Valencia.

El antecedente de la "Cordà" actual era el disparo de cohetes sujetados con una larga cuerda.

Pero el trabajo de Gámez, coordinado por el Cronista Oficial y director del archivo, Camilo Segura, concluye que esta fecha -ni otra referencia en el mismo "Diario Mercantil" de 1963 que contaba que se quemaron más de 1.000 "masclets"- "no debe considerarse como el principio de la 'Cordà', pues, sin duda, las gentes de Paterna ya disfrutaban con el espectáculo del fuego mucho antes, aunque es casi imposible marcar un punto de partida", explica el investigador, al tiempo que Segura apunta que para que pueda hablarse de una "tradición", tanto festiva como sociocultural, deben pasar al menos tres generaciones, por lo que los orígenes de la antigua "Cordà" podrían remontarse hasta el siglo XVIII.

Precisamente, el control de los cohetes y la seguridad ha sido una constante en Paterna, que "siempre ha ido por delante en este asunto", añade Segura, pues la pólvora ocupa un lugar "de primera magnitud en el ámbito festivo, cultural y social de nuestro municipio".

Ya en 1863, según la noticia del "Diario Mercantil", las autoridades locales estaban preocupadas por la seguridad y recomendaban el disparo de los "masclets" en un punto apartado de la población.

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La tradicional "Cordà" de Paterna ya no se puede circunscribir exclusivamente al escenario del siglo XX, como hasta ahora venía sucediendo tras una referencia hallada en el año 1898.

Su pasado es más grande y en él va a indagar el Archivo Municipal que dirige Camilo Segura, quien contribuyó con un exhaustivo informe -en el que se encontraba un suplemento de fiestas de Levante-EMV que explicaba gráficamente el disparo de una "Cordà" en la calle Mayor- a la declaración del evento pirotécnico como Fiesta de Interés Turístico de la Comunitat Valenciana.

Al margen de continuar la investigación sobre los posibles orígenes de la "Cordà", el archivo está en pleno proceso de confección de una monografía sobre el espectáculo pirotécnico, que abordará tanto la historia y los aspectos que han variado o los que han permanecido invariables, como la seguridad que se mantiene con una Comisión Técnica del Fuego -que preside el coeter major Pepín Damián, el máximo experto en el fuego y en el disparo de "cordaes"- que controla y supervisa todo lo relacionado con el disparo de más de 50.000 cohetes.

Se hablará de la eliminación de la quema de borrachos que se hacía en las calles y que desembocó en el "cohetódromo", un gran jaula donde se disparan cohetes por parte de peñas y aficionados antes de la "Cordà", para acabar con las quejas vecinales.

Y también se abordará la figura del tirador, clave por su "amor" al cohete.

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Pero también durante los días de fiestas mayores se ofrece en Paterna una amplia gama de actividades que tienen lugar en torno al fuego: los castillos de fuegos artificiales y mascletaes, los pasacalles de cohetes de lujo infantil y de adultos, etc.

En la estrecha Calle Mayor, llena de cohetes y femelletas, de diferentes clases y modelos, es un tramo de 120 metros de largo por 8 de ancho comprendido entre la Plaza Mayor y la Calle de San Antonio.

En cada cajón se sitúan tres personas, una de las cuales es ya veterana y, según turno, es la encargada de extraer los cohetes de forma que se mantenga un ritmo constante de fuego.

No existe una ortodoxia formal que pueda hablarnos de unos orígenes fidedignos en torno a estas cuestiones, nadie es capaz de asegurar cuando y donde tuvieron lugar las primeras representaciones pirotécnicas y menos aún quien las introdujo en nuestra tierra.

Será a partir de 1.707 cuando surja otra corriente de carácter más autóctono que tendrá como elementos principales, el trueno y el cohete.

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En el año 1.576 acordó el Consejo hacer un pozo entre ambos Portales, junto a una caseta llamada de la Escopetería, porque allí se practicaba con escopetas y arcabuces las pólvoras fabricadas de cuyas mezclas y proporciones la clasificación de «pardas y negras» y, a su vez, de estas últimas salían las llamadas de guerra, de caza y de mina.

“En el año 1.412, el Consejo de la Ciudad ordenó que nadie disparase por la noche «coets corredors» ya que, por ser los preferidos, se hacían de ellos gran consumo; y llegaron a tomar tanto incremento, que en 1.469, los Jurados para evitar los peligros, especialmente incendios, prohibieron su fabricación y venta en el carrer del Trenc, como se menciona en el Manual de Concells de 1.469.

Su origen y elaboración procede de civilizaciones orientales, llegando a Europa por medio de los griegos.

Los efectos que se pretendían producir eran, sobre todo, el olor y el humo.

La verdadera idiosincrasia de nuestros fuegos autóctonos, se remonta al lamentable hecho que propicia la Batalla de Almansa en 1.707.

Cuando Felipe V se propuso borrar de un plumazo las señas de identidad valencianas, también prohibió la pólvora.

“El primer cuerpo de serenos que funcionó en España fue el de Valencia, que se creó en 1.777 y se formó con los coheteros que se quedaron sin trabajo cuando prohibieron las prácticas pirotécnicas por inciviles.

Aunque las verdaderas reseñas vinculadas al fuego no comienzan a hacerse públicas en los medios de comunicación hasta comienzos de siglo XX.

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