Impétigo en Bebés Recién Nacidos: Causas, Síntomas y Tratamiento

28.11.2025

El impétigo neonatal afecta a recién nacidos y pueden aparecer los síntomas hasta el mes de vida, pudiendo llegar a ser una enfermedad grave. El impétigo en los neonatales se manifiesta rápidamente en la piel, y es importante pillar la infección a tiempo para evitar problemas mayores. También puede afectar a niños mayores, como una infección más leve.

¿Qué es el Impétigo?

El impétigo es una infección cutánea superficial, relativamente frecuente y contagiosa, que afecta sobre todo a niños y adolescentes. El impétigo ampolloso neonatal es una infección de la piel causada por una bacteria que se llama Staphylococcus aureus. Es una infección superficial y localizada de la piel, producida por bacterias que son habituales en el exterior de la misma: Streptococcus pyogenes y Staphylococcus aureus principalmente.

Existen 2 formas clínicas: ampolloso y no ampolloso, aunque a la hora del tratamiento no se establecen diferencias. El no ampolloso supone la mayoría de los casos (70 %) y en su mayor parte es debido a estreptococos. El ampolloso, está causado habitualmente por estafilococos (S. Aureus).

Suele producirse por excoriaciones o pequeñas heridas de la piel que, al romper la barrera cutánea, permiten a las bacterias introducirse en ella. Afecta con más frecuencia a las zonas descubiertas que son las más expuestas a abrasiones, roces, etc.

Causas del Impétigo

Impetigo es una enfermedad bacteriana de la piel altamente contagiosa que afecta principalmente a los niños, aunque también puede presentarse en adultos. El impétigo es causado por bacterias, principalmente estafilococos y estreptococos. Estas bacterias se encuentran comúnmente en la piel y las mucosas, pero si se rompe la superficie de la piel, pueden penetrar en capas más profundas y causar una infección.

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El conjunto de estos microorganismos patógenos se llama microbiota transitoria y colonizan la piel cuando existe alguna alteración de la misma (por ejemplo, dermatitis atópica). En contraposición está la microbiota residente o saprofita, compuesta por bacterias que soportan bien el medio ácido y seco de la epidermis, como S. epidermidis o Corynebacterium spp; la alteración de esta microbiota cutánea (por ejemplo, tras antibioterapia o alta humedad o temperatura) favorece el desarrollo de microbiota transitoria.

Los factores de riesgo incluyen la edad infantil, especialmente de 3 a 7 años, cuando el sistema inmunológico aún está en desarrollo. La estancia en comunidades como escuelas y guarderías facilita la propagación de la infección.

Síntomas del Impétigo en Recién Nacidos

La infección se manifiesta en la piel como ampollas de color amarillento, localizadas predominantemente en la zona alrededor del ombligo, axilas o zona del pañal. Se manifiesta en forma de costras amarillentas, de aspecto similar a la miel ( Costra melicérica). Empieza con una mancha o un “granito” rojo que se transforma en una ampolla que al romperse deja finalmente la costra.

Clínicamente son lesiones superficiales, irregulares de 1-2 cm de eje mayor, cubiertas por costras amarillentas. Estas ampollas se rompen con facilidad, dejando una zona húmeda. Se extienden con mucha rapidez por la piel del recién nacido.

  • El impétigo no bulloso es la forma más común y se caracteriza por pequeñas ampollas que se rompen y forman costras.
  • El impétigo bulloso es una forma más rara que se caracteriza por ampollas más grandes llenas de líquido claro. Afecta más frecuentemente a recién nacidos y niños pequeños.

No suele haber fiebre y lo que sí es habitual es que los ganglios de la zona aumenten de tamaño en respuesta inflamatoria a la infección localizada. Nuestro cuerpo detecta el agente extraño y los ganglios (nuestros “guardianes”) se ponen a trabajar para defenderse, de ahí que aumenten de tamaño.

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Tratamiento del Impétigo Neonatal

La infección se puede diseminar con facilidad en el neonato. El diagnóstico generalmente se realiza mediante un examen clínico. El tratamiento del impétigo incluye el uso de antibióticos locales en forma de pomadas o cremas. Se trata con pomadas antibióticas y, si es muy extensa, el antibiótico se da vía oral.

Responden bien al tratamiento con fomentos fríos de sulfato de cobre o zinc al 1:1000 (5’, 2 veces al día), frotando suavemente al retirarlos para eliminar las costras y aplicando a continuación una crema o pomada antibiótica (ac. fusídico, mupirocina, etc.), durante 5-10 días.

Antes de nada, lavar las manos con agua y jabón frecuentemente: las nuestras y las del niño. Las lesiones hay que lavarlas también concienzudamente con agua y jabón, sin miedo y a continuación, aplicaremos una pomada antibiótica que os pautará vuestro pediatra (2-3 veces al día, durante una semana): el ácido fusídico o la mupirocina suelen ser los más utilizados. Actualmente contamos además con antibióticos tópicos de última generación con mínimas resistencias como es el ozenoxacino que con una pauta corta de 5 días dos veces al día sería suficiente cuando la lesión es única. Cuando se coge a tiempo, con tratamiento tópico suele ser suficiente.

Sin embargo, cuando el impétigo se ha extendido y aparecen lesiones por el resto del cuerpo y con las cremas/pomadas no mejoran, tenemos que recurrir a antibiótico oral.

Siempre siga el tratamiento prescrito por el médico. Los antibióticos deben ser tomados según las indicaciones del médico, incluso si los síntomas comienzan a mejorar.

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Prevención del Impétigo

Mantener una higiene adecuada es la mejor medida preventiva. La prevención del impétigo consiste en seguir medidas higiénicas básicas. El impétigo puede ser incómodo y estresante, especialmente para los niños y sus padres. Es importante seguir las recomendaciones del médico y monitorear cuidadosamente el progreso del tratamiento.

Si la puerta de entrada es una herida o una picadura y las bacterias responsables son bacterias de la piel, lo único que podemos hacer es lavar las manos habitualmente y por supuesto, lavar las heridas y/o picaduras con agua y jabón varias veces al día y aplicar Clorhexidina como antiséptico. Si observáis que la lesión empeora o que empieza a salir una costra fea, consultad con vuestro pediatra.

Mantenga la higiene, lávese las manos con frecuencia, especialmente después de estar en contacto con las áreas afectadas. Evite tocarse la cara y otras partes del cuerpo para evitar la propagación de la infección. Regularmente desinfecte el entorno. Limpie y desinfecte los objetos que el niño utiliza, como juguetes, toallas y ropa de cama.

Conclusión

El impétigo es una enfermedad cutánea común, pero altamente contagiosa, que se puede tratar con éxito y prevenir siguiendo hábitos básicos de higiene. Ante la sospecha de impétigo, es importante buscar atención médica y seguir el tratamiento recomendado para evitar complicaciones y la propagación de la infección. Seguir medidas preventivas, como lavarse las manos con frecuencia y el cuidado adecuado de la piel, puede reducir significativamente el riesgo de desarrollar esta enfermedad. Un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado son clave para manejar rápida y eficazmente el impétigo y asegurar la salud y el bienestar de sus hijos.

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