La Maternidad y la Amistad Verdadera: Un Viaje de Cambios y Perspectivas

22.11.2025

Te advierten de que los padres a veces pierden amigos después de tener hijos.

Hay un montón de artículos sobre amistades que se desvanecen cuando llega el bebé, sobre lo incómodo que llega a ser hacer amigos que también son padres y sobre la soledad de los padres.

Todo eso es cierto, desde mi experiencia, pero no es así de simple. Yo no perdí amigos, sino que me alejé de algunos.

Yo fui la primera persona de mi círculo de amigos que tuvo un bebé, algo que no fue sencillo a la hora de recibir apoyo, pero muchos hicieron un esfuerzo.

Seis semanas después del nacimiento de mi hijo, por ejemplo, mi marido me organizó una fiesta sorpresa de cumpleaños.

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Doce de mis amigos sin hijos, gente con la que llevo años quedando para tomar algo, ir al campo, a conciertos y espectáculos de arte, acudieron al restaurante que eligió mi marido porque estaba a solo tres minutos en coche de mi casa (y de mi bebé, que estaba con mi madre).

Escucharon atenta y pacientemente la historia de mi parto y comentaron con entusiasmo las fotos de mi recién nacido colorado y lleno de arrugas hasta que las tetas se me hincharon y tuve que ir a casa a dar el pecho.

Me sigo emocionando al recordar que consiguiera venir tanta gente y no guardo ningún rencor por haber sido esa la última vez que vi a algunos de esos amigos.

Yo cambié después de tener un hijo y también cambiaron mis amigos. Ya no puedo quedarme hasta tarde tomando algo, pero tampoco quiero.

La falta de sueño hace que ya me sienta de resaca todos los días de mi vida sin necesidad de tomar alcohol.

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Además, necesito toda mi atención para evitar que mi hijo se meta con la bici en el tráfico, para que no meta los dedos en el enchufe o para que no salte como Superman por las escaleras al grito de: ”¡Estoy volando!”.

Pero si os apetece tomaros una copa de vino en mi sofá a la luz del monitor de mi bebé y dar la noche por terminada a las 21:30, soy toda vuestra.

¿Y sabéis qué? Tengo un par de amigos que ya lo han hecho muchas veces. Bendita sea la pareja que pasó Nochevieja comiendo comida china en nuestro sofá en silencio mientras nuestro hijo dormía arriba.

Otra amiga sin hijos aceptó hace poco mi oferta de venir a las 5 de la tarde a tomar algo aprovechando que alguien había llevado a mi hijo a cortarse el pelo.

Aunque esta sea la única forma que tengo de estar disponible a veces, comprendo que no es lo que la gente considera una noche de diversión.

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A mí me gusta pasar tiempo con mi hijo y no pienso pedir disculpas por ello.

Por eso, si no te apetece pasar el fin de semana en la zona de juegos acuáticos del parque, visitando una granja o un parque cubierto infantil donde seguramente entrarás en contacto con el virus de la enfermedad de manos, pies y boca, es probable que no vayamos a vernos mucho.

Ya no me gustan las fiestas, probablemente porque no tengo nada de lo que hablar aparte de los avances de mi hijo aprendiendo a ir al baño, porque ahora me visto como si acabara de salir del parque infantil y porque a las 21:15 ya estoy cansada.

Tampoco me resulta sencillo desplazarme a casas rurales; rara vez me verás en un concierto (aunque conseguí entradas para ver este otoño La Patrulla Canina ¡En vivo!) y los buenos canguros no caen del cielo como Mary Poppins cada vez que necesito uno.

Los Desafíos de la Maternidad y la Amistad

Quedar con gente ya no es tan simple como ponerte los zapatos y pedir un Uber.

Digamos que un día consigo quedar para cenar. Por mi parte, eso requiere coordinarme con mi marido con varios días de antelación para encontrar una noche que nos viene bien a ambos, preparar una comida que le guste al bebé y que se pueda recalentar y explicarle a mi hijo que mamá no va a estar en casa para darle las buenas noches.

Si después de todo eso me envías un mensaje 10 minutos antes de la hora de quedada para preguntarme si puedo cambiarla a otro día porque sí, mi respuesta probablemente será: “No, adiós”.

Valoro mucho a los amigos que comprenden que criar a un hijo no es algo que pueda dejar en pausa para salir un día.

Una amiga que no tiene hijos, educadora de primera infancia, suele enviarme artículos para padres que piensa que me gustarán e incluso me ayudó en una ocasión a organizar el cuarto de juegos de mi hijo.

Estas personas son diamantes, pero, al igual que los diamantes, son escasas. (Por desgracia, esa amiga se mudó a otra ciudad hace poco).

Así pues, no tengo lo que muchos consideráis vida social. Supongo que puedo decirlo: sí, he perdido amigos desde que di a luz.

Sin embargo, lo que he conseguido a cambio es mucho más importante. (No me refiero a mi hijo, que es genial y lo quiero con todo mi corazón).

Ganando Perspectiva y Revalorando las Amistades

Lo que he ganado es perspectiva. Valoro a los amigos que aún tengo por lo que me aportan así como valoro mis antiguas amistades por lo que me aportaron cuando era veinteañera y treintañera.

Sigo dándole a ‘me gusta’ a sus fotos de Instagram y ellos le dan a ‘me gusta’ a las fotos de mi hijo con la cara llena de tarta de cumpleaños, y si ya no nos reunimos por las noches en una terraza para pasarlo bien, no pasa nada por echar la vista atrás y recordar con cariño esos momentos.

Aprecio a los compañeros de trabajo más jóvenes que me preguntan por mi hijo y me gusta que en un fin de semana tengan más vida social que yo en todo un año.

Si ya no nos reunimos por las noches en una terraza para pasarlo bien, no pasa nada por echar la vista atrás y recordar con cariño esos momentos.

Hablar con amigos de otra ciudad para contarnos las travesuras de nuestros hijos de tres años mientras como queso en pantalón de chándal en el sofá es un plan perfecto para un viernes por la noche.

Quedar cada 18 meses con mis antiguos compañeros de universidad porque eso es todo lo que podemos hacer con nuestras saturadas agendas no es lamentable, es algo que espero con ansias.

También tengo a los amigos que he hecho desde que di a luz. Son muchas las etapas de la vida en las que los amigos parecen alejarse, a pesar de que el cariño sigue siendo el mismo.

El Impacto del Embarazo en las Amistades

Sin duda cuando estamos embarazadas podemos llegar a sentirnos más solas que de costumbre. A veces es cuestión de emociones, quizá sea una sensación, pero otras veces es un hecho.

Se nota con mayor intensidad cuando estamos acostumbradas a una vida social activa.

Si salíamos con amigos cada fin de semana, el cambio de rutina puede notarse mucho.

Por mucho que tengamos intenciones de mantener la mayoría de nuestras costumbres, ciertos detalles lo impiden. Por ejemplo, las molestias de las primeras semanas nos dejan sin gran parte de nuestra energía.

No obstante, a veces lo que merma es la solidaridad de algunos amigos. Muchos de nuestros allegados se alejan durante el embarazo. Siendo así, es mejor no preocuparnos más, a la mayoría nos ocurre.

¿Verdaderos Amigos? Reflexiones sobre la Amistad y la Maternidad

Sabiendo que tal vez todos lo hemos hecho también, vale la pena reflexionar sobre esta situación. Si consideras las amistades verdaderas, quizá no te dejes dominar por este sentimiento en particular.

Reflexionemos sobre las veces que dejamos de visitar a esa amiga que está embarazada.

Al parecer, no es costumbre mostrar el compromiso por ayudar a esa persona, tal vez por pensar que no nos necesita.

No obstante, no se trata de una revancha. Es más bien una distancia comprensible en muchos sentidos. ¿Para qué nos buscaban esas amistades? ¿Fiestas? ¿Paseos? ¿Brindis?

La mayoría de tales actividades no suelen realizarse en el embarazo. El alcohol está prohibido, el ajetreo excesivo también, la falta de comodidad no es una opción. Todo cambia cuando estamos pasando este proceso.

Aun así, ¿podemos decir que esa amistad se terminó por esta causa? No, con seguridad, aunque no se haya reforzado la amistad, no ha terminado.

En ciertos casos descubrimos una mejor conexión con algunos amigos. Sin embargo, en lo adelante la maternidad va a limitarnos de muchos modos.

Tener amistad con alguien que no es madre, se complica un poco. De alguna manera las amigas verdaderas han experimentado la maternidad para permanecer unidas.

Podemos mantener una relación de amistad con una mujer que no comprende nuestras emociones, pero no es fácil entendernos.

Un Cambio de Vida y Nuevas Prioridades

Las causas más comunes para perder a un amigo son nuestros propios cambios de vida. Mudarnos de ciudad, casarnos, un nuevo empleo o cambiar de hábitos, son factores que tienden a dejarnos sin amigos.

Cuando la amistad es verdadera las viejas rutinas se pueden retomar, pero la vida se transforma con la llegada de los hijos. Es decir, ciertas costumbres quizá nunca se recuperen.

En gran medida nuestra disposición también se modifica. De ahora en adelante tenemos otras prioridades. Las responsabilidades también son distintas y los intereses varían en relación a un nuevo rol.

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