La Quinta del Biberón: Un Resumen de la Juventud Robada en la Guerra Civil Española
Nos robaron la juventud narra las historias de los biberones que combatieron en el Ebro, de los voluntarios que se alistaron siendo apenas adolescentes (tanto en el ejército republicano como en el de Franco), de los que sobrevivieron y (algunos) continuaron su lucha en la Segunda Guerra Mundial, de los que fueron encarcelados y de los que fallecieron en el campo de batalla.
La Quinta del Biberón cumple cien años, aquellos que nacieron en 1920 fueron reclutados y enviados al frente a luchar y morir en la guerra fratricida que asoló España entre 1936 y 1939. Nos robaron la juventud.
Hacia el final de la Guerra Civil, veintisiete mil muchachos nacidos en 1920 fueron llamados a filas. Se les conoce como la Quinta del Biberón, y muchos ni siquiera tenían dieciocho años cuando perdieron la vida en la sangrienta batalla del Ebro. Los supervivientes acabaron en penales y en cárceles franquistas, en campos de concentración o en batallones disciplinarios, y debieron cumplir luego un largo servicio militar.
Todos conservaron para siempre el terrible recuerdo de esa guerra en la que combatieron en alpargatas y sin cartucheras. La sarna, los piojos, la sed, las caminatas, la metralla. Las voces quebradas de los chiquillos moribundos en el campo de batalla llamando a sus madres. Los compañeros muertos, enterrados a centenares en la Venta de les Camposines. Una pesadilla repetida noches tras noche a lo largo de los años en el momento de cerrar los ojos.
Fueron muchos los hombres que lucharon a muerte en la Guerra Civil. Más de 200.000 hombres enviados a filas en contra de su voluntad entre los años 1936 y 1938. Entre ellos, 27.000 adolescentes nacidos en los años 20 que fueron obligados a luchar con el bando republicano. Con tan solo 17 años, en plena juventud, abandonaron por obligación sus casas y su familia, dejando atrás todo lo que les rodeaba, armados con los pocos utensilios que les servirían para sobrevivir, partiendo hacia un destino claramente desgarrador. Muchos de ellos sobrevivieron. Son conocidos como la quinta del biberón.
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Casi 100 años después tenemos testimonios de muchos de estos jóvenes soldados que, durante mucho tiempo, y sobre todo durante la posguerra, estuvieron callados por miedo a las consecuencias. Todas las historias se recogen en el libro Nos robaron la juventud. Memoria viva de la quinta del biberón del periodista Víctor Amela, que nos lo ha presentado en el programa Solamente una vez.
‘‘Quiero que los jóvenes de hoy lo lean y se den cuenta de que a ellos, a esa edad, podría alguien un día caprichosamente enviarle a una guerra’’, confiesa. Se trata de un libro que Amela lleva escribiendo desde el año 2005, justo después de que su tío Pepe, soldado de la quinta del biberón, muriese. La iniciativa de Amela para relatar estos testimonios comienza al encontrar una caja de zapatos con seis cartas antiguas que su tío había enviado a su madre durante la guerra y es entonces cuando decide contactar con el resto de la quinta del biberón para darles voz.
Testimonios de la Quinta del Biberón
"La posguerra, lo más terrible" Nos robaron la juventud recoge las historias de antiguos soldados como Tario Rubio, Cristóbal Soriano, Andreu Canet -amigo y compañero durante la guerra de su tío Pepe-, y otros como Miquel Morera, uno de los tres combatientes que actualmente siguen vivos.
Miquel Morera también ha charlado con nosotros y nos ha contado cómo ha sido su experiencia en la guerra. "A los 16 años fui voluntario con mi padre, por lo tanto, todo lo que me ocurrió durante la guerra estoy conforme. Es lo que pasé y se acabó", declara con firmeza Miquel, aunque confiesa que con lo que no está conforme es con la posguerra: ‘’Es lo más terrible que vivimos los vencidos’’. Con este libro Víctor no solo quiere contar con "pelos y señales" todo lo que no sabemos de la guerra, sino que pretende hacer un hueco a todos los jóvenes que lucharon en contra de su voluntad y no se les ha rendido homenaje en casi 100 años, "una generación sacrificada para nada’'.
La Batalla del Ebro y el Sacrificio de la Juventud
A lo largo de 115 días los españoles se mataron en el Ebro, donde fueron enviados a luchar por la República 30.000 menores de edad. La batalla del Ebro fue el combate final que determinó de manera incuestionable la derrota del Frente Popular.
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Arturo Pérez Reverte, en su novela «Línea de Fuego», ha puesto de actualidad y transmitido con acierto lo que fue el Ebro, un enfrentamiento que se saldo con más de quince mil muertos y sesenta mil heridos. Por su culpa, de forma literaria, para muchos lectores parece que la batalla ocurrió ayer.
Fue un enfrentamiento entre hermanos cuyos protagonistas más tristes fueron los jovencísimos soldados movilizados a la carrera por la República para evitar una derrota que era ya imparable. La tragedia de la batalla queda bien representada por los soldados que han pasado a la historia como «La Quinta del Biberón».
El Gobierno de Negrín, en la esperanza de que el estallido de la II Guerra Mundial salvase a su república, no tuvo ningún remordimiento en llamar a fila a viejos y a niños. La Quinta del Biberón, las levas de 1938 y 1939, arrastró al combate a 30.000 menores de edad, algunos con poco más de 14 años, que fueron enviados luchar y morir por la República en el último año de la guerra. Al verlos uniformados dicen que Federica Montseny afirmó: «¿Diecisiete años? Pero si todavía deben tomar el biberón». Muchos, muchísimos de ellos, cayeron en la batalla del Ebro.
Testimonios Directos de la Batalla
Arturo Pérez-Reverte relata la batalla del Ebro en su última novela, “Línea de fuego” (Alfaguara), que se publica esta semana. Una narración bélica, de una enorme intensidad literaria, de esas que roban el aliento, donde cuenta con minuciosidad cómo lucharon y murieron nuestros abuelos. Ahí describe, a través de uno de sus personajes, en un párrafo cargado de emoción, cómo eran esos chicos que no alcanzaban en ocasiones los 18 años y a los que ni les había dado tiempo a salir del hogar familiar, y que, de repente, se vieron envueltos en el enfrentamiento más duro que se produjo durante la Guerra Civil española: “En mi compañía tengo ciento treinta y cuatro críos de diecisiete y dieciocho años que hace un mes aún estaban en sus casas: catalanes, valencianos, murcianos... Se les ordenó presentarse con cuchara, plato, manta y calzado. Algunas madres los acompañaban de la mano hasta la puerta misma del cuartel con bocadillos envueltos en papel de periódico”.
Miquel Morera, que goza actualmente de unos saludables 101 años, una cabeza bien asentada y una voz aún fuerte, era uno de esos 30.000 chavales movilizados. Por entonces tenía 16 inviernos recién cumplidos y era un crío listo, despierto, que disfrutaba de un padre arrojado y comprometido, un maestro armero, el encargado de reparar armas y tenerlas a punto. “Estaba en casa y no hacía nada. Mi padre en cambio se encontraba en el frente de Teruel. ¿Te quieres venir de ayudante?, me peguntó. Así de simple. De esta manera, al menos, permanecía junto a él. Aquello era una guerra. Todos sabíamos a qué atenernos. Mire, usted, los 16 años de entonces no eran los de hoy. Nosotros a los 14 ya debíamos salir a trabajar y estábamos aprendiendo el oficio. Teníamos derechos, pero también responsabilidades. Todo evidente. ¿Por qué no íbamos a formar parte de la guerra si queríamos?”.
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Inconscientes Quien sí lo vivió fue Jaume Calbet. Él mismo relata su experiencia: “Tenía 17 años, no era consciente de lo que se me venía encima. Recuerdo que el primer día nos llevaron al Parc Samà de Reus, junto con mis compañeros del pueblo que también fueron llamados. No dormimos en toda la noche, porque estuvimos tirándonos paja unos a otros, jugando”. Para Calbet, ya de noventa y pico años, aquellos momentos resultaron cruciales. “Yo hablo por mí mismo. No sabía lo que podría pasar con mi vida. No sabía nada de nada ni tampoco lo que era un conflicto en el que ibas al frente a matar gente que no conocías. No creo que ningún compañero de mi quinta pensara en las consecuencias derivadas de aquel conflicto. Por mi parte, nunca imaginé que me podrían matar o herir y quedar inválido para toda la vida. En una batalla tienes miedo, disparas sin pensar que puedes matar a otra persona”.
La Cruda Realidad del Frente
La “Quinta del biberón” llegó al frente con apenas entrenamiento y sin saber bien qué iban a encontrar. Allí se toparon con una realidad amarga. En ocasiones eran carne de cañón. Unos sabían reaccionar y se echaban con valor hacia adelante, pero otros quedaban paralizados por el estruendo de las bombas y el ruido de las balas. Nunca ha habido nada romántico en la guerra. Y ellos lo comprobaron enseguida cuando descubrieron que en una solo se pasa sed, hambre, calor y penurias. Y lo peor es que muchos de ellos fueron castigados en la posguerra por luchar, aunque muchos sin quererlo, a favor de la República.
Jaume Calbet se vuelve nostálgico cuando evoca ese tiempo, el futuro que tenía por delante y lo que hicieron con él: “Yo solo tenía 17 años. De lo que realmente tenía ganas era de jugar, de hacer bromas con los amigos, de reírme de todo... Pero me lo quitaron. Me robaron la juventud”, confiesa. La “Quinta del biberón” sufrió en la guerra y después de la guerra.
Tabla Resumen: La Quinta del Biberón
| Aspecto | Detalles |
|---|---|
| Reclutamiento | 27,000 jóvenes nacidos en 1920 |
| Edad | Muchos menores de 18 años |
| Conflicto Principal | Batalla del Ebro |
| Consecuencias | Cárcel, campos de concentración, servicio militar forzado |
| Legado | Recuerdos traumáticos y juventud robada |
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