Madres que Matan a Sus Hijos: Causas y Análisis

06.12.2025

El simple hecho de preguntarse por qué un padre o una madre puede matar a su hijo ya nos resulta estremecedor. Nos incomoda. Nos confronta con una de las realidades más inaceptables para cualquier sociedad: la mera idea de que quienes deberían cuidar y proteger a quienes trajeron al mundo también pueden ser quienes los asesinen.

El ambiente comunicativo que vivimos está sobresaturado de violencia. Estamos bien informados sobre una multitud de casos criminales, sean de la naturaleza que sean u ocurran donde ocurran. La información es precisa, diaria y exhaustiva, en lugares principales de los periódicos o en programas de gran audiencia en la radio o la televisión. Qué decir de las redes sociales. Esta presencia masiva en los mass media también pasa con los asesinatos de niños, niñas y adolescentes.

La UNODC (organismo dependiente la ONU para el estudio del crimen y la droga) ha informado que, entre 2008 y 2017, se produjeron unos 200.000 filicidios en el mundo. Estos hechos reciben denominaciones diversas. Los términos más usados son filicidios o infanticidios, en referencia a homicidios dolosos o asesinatos de menores de 18 años. Si la víctima tiene entre 1 y 3 años, se recomienda denominarlos infanticidio y, si el crimen sucede antes de las 24 horas de vida de la víctima, se considera un neonaticidio.

Investigación Científica sobre el Instinto Parricida

La ciencia está cada vez más cerca de conocer qué mecanismo cerebral se activa para que las madres puedan llegar a matar a sus propios hijos e hijas. Una investigación reciente ha descubierto un circuito neuronal desconocido hasta ahora en el cerebro de las hembras de ratón que se activa durante el comportamiento infanticida. No solo eso: esta zona inhibe al mismo tiempo otro circuito que promueve el comportamiento de cuidado materno.

Dado que esta región también está presente en los seres humanos, los autores del estudio publicado en la prestigiosa revista Nature afirman que los hallazgos podrían desempeñar un papel similar para comprender mejor el infanticidio femenino. Se sabe que, antes de dar a luz por primera vez, las hembras de ratón suelen matar a las crías de otras. Pues, según los expertos, este comportamiento puede haber evolucionado para preservar las escasas reservas de alimentos para sus propias crías futuras.

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La relevancia de investigación, desarrollada por científicos de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, reside en las cifras. Y es que el bloqueo químico de esta región cerebral, denominada núcleo principal del núcleo de la estría terminal (BNSTpr), impidió el infanticidio casi el 100% de las veces.

Por el contrario, cuando el equipo activó artificialmente la región cerebral, tanto las madres como las hembras sin crías mataron a los cachorros en casi todos los ensayos. Este brutal ataque se producía en el segundo siguiente a la estimulación. Lo asombroso es que nunca atacaban a otros ratones adultos, sino que se centraban en los bebés, lo que sugiere que la estructura controla específicamente la agresión hacia animales jóvenes.

La investigación también reveló que el BNSTpr parece funcionar en oposición a una región cerebral llamada área preóptica medial (MPOA), conocida por promover el comportamiento maternal. Según los resultados, los ratones que aún no habían llegado a la maternidad mostraban una elevada actividad de la BNSTpr (la parte infanticida), que amortiguaba la actividad en la MPOA (la parte maternal).

Sin embargo la actividad del MPOA aumentó después del parto, lo que con mucha probabilidad suprimía el sistema "parricida", según los investigadores. Así, las nuevas madres tendían a evitar el infanticidio independientemente de que el cachorro fuera suyo o no.

"Nuestra investigación señala por primera vez los mecanismos cerebrales que creemos que fomentan y desalientan el infanticidio en las hembras", afirma el autor principal del estudio, el doctor Long Mei, becario postdoctoral de la Fundación Leon Levy en el Instituto de Neurociencia de NYU Langone Health. El estudio también demuestra que el cambio a comportamientos maternales puede revertirse mediante una presión adicional sobre el BNSTpr, señala Mei.

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Quizá sirva para tratar a las madres que maltratan a sus hijos. "Dado que estas dos regiones conectadas en el centro del cerebro se encuentran tanto en roedores como en humanos, nuestros hallazgos apuntan a un posible objetivo para comprender, y quizás incluso tratar, a las madres que maltratan a sus hijos", afirma el autor principal del estudio y neurocientífico Dayu Lin.

"Quizá estas células permanezcan normalmente inactivas, pero el estrés, la depresión posparto y otros desencadenantes conocidos del maltrato infantil pueden hacer que se vuelvan más activas", añade Lin, profesor de los departamentos de Psiquiatría y Neurociencia y Fisiología de la NYU Langone.

Tabla Resumen de Hallazgos Neurológicos

Región Cerebral Función Actividad en Madres
BNSTpr (Núcleo Principal del Núcleo de la Estría Terminal) Fomenta el infanticidio Alta antes del parto, baja después del parto
MPOA (Área Preóptica Medial) Promueve el comportamiento maternal Baja antes del parto, alta después del parto

Violencia Vicaria y Filicidio

Muchos de estos crímenes suceden en el contexto de la familia y también en el de la violencia contra la mujer pareja o expareja del agresor. En este último caso se ha generalizado el término de violencia vicaria que, sin ser exclusivo para calificar la muerte violenta de un menor por parte de su padre, se reserva para el caso donde el contexto y la intención del agresor es, por medio de la victimización de los hijos, dañar emocionalmente a la madre que es o ha sido su pareja.

¿Qué lleva a un padre a matar a su hijo o hija para dañar a la madre? La mayoría de los asesinatos, también estos filicidios por violencia vicaria, suelen tener como motivación principal la venganza. Esa motivación tiene, a su vez, diversas razones que la provocan. En el caso de la violencia de género, el deseo de controlar y someter a la mujer, la manipulación y control emocional o la extorsión son también buenos ejemplos.

Otras veces es una explosión de cólera o ira descontrolada la que provoca la agresión mortal sobre los hijos, a veces como daño colateral de un ataque que se realiza sobre la pareja. Otras veces, que no hay que olvidar, es la intención de suicidarse del autor la que se convierte en la motivación directa de matar a los hijos y también a la esposa (a veces a otros miembros de la familia). Todas estas motivaciones son posibles en el contexto de la violencia vicaria.

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La decisión de matar a los hijos, planificada, impulsiva o como parte de un suicidio ampliado, se ve influida por muchas razones y antecedentes que cristalizan en el acto violento y que, por tanto, es deudor de múltiples razones y circunstancias que anteceden al acto criminal. Entre todas esas razones distales destacan los valores e ideologías dominantes, como el patriarcado o el machismo, las influencias comunitarias, como son la presencia de la temática violenta en los medios de comunicación o la tolerancia social con la violencia de género.

También hay factores familiares, como por ejemplo la crisis familiar, las dificultades económicas, la separación conyugal, la pugna por el patrimonio o por la custodia de los hijos. Y, por supuesto, los factores individuales y entre estos destacan el abuso de drogas, los trastornos mentales graves, la obcecación por la fidelidad de la pareja o la paternidad de los hijos, etc. Cada caso, en cada situación y circunstancia, suponen una combinación única de esos factores que van a determinar la decisión criminal por parte del autor.

Independientemente de quién sea el asesino, todos los casos de niños asesinados por sus progenitores deberían enfocarse desde lo que son, “Actos trágicos horribles contra natura” que no se deben justificar ni defender nunca, indistintamente de quien los cometa.

Estudios y Clasificaciones del Filicidio

La aproximación científica sobre las causas, motivos, categorización, etc. sobre los asesinatos de progenitores a hijos, comienza en loa años 60, siendo Philip Resnick, psiquiatra forense canadiense, el científico más destacado. “Para definir la muerte de un niño, el concepto de “Infanticidio” es el que ha sido utilizado mayormente (Resnick, 1969, 1979 y Lambie, 2001), mientras que “Filicidio” es el término genérico para señalar el asesinato de un hijo por parte de alguno de los progenitores (Stanton y Simpson, 2002).

Según Resnick (1969, 1970), en el caso de filicidio por venganza, la personalidad límite (“border line”) y el trastorno de la personalidad dependiente son diagnósticos comunes, estos dos trastornos no están calificados como enfermedades con fines de locura. En el caso del filicidio por venganza, el motivo es racional y no basado en la psicosis.

D’Orban (1979) redefinió la clasificación anterior, elaborada por Resnick (1969), sobre las motivaciones para cometer filicidio, basándose en su estudio de 89 mujeres e intentando identificar el riesgo de matar a sus hijos/as.

En 1973, Scott ideó otro sistema de clasificación basado en el impulso de matar. Este fue el primer sistema de clasificación en la literatura basado únicamente en las acciones de los padres.

En conclusión, dada la alta incidencia de mortalidad y morbilidad en los casos de filicidio, es muy importante comprender todos los aspectos de dicho filicidio. La evaluación de los factores de riesgo durante los períodos de alta dependencia como la infancia y la primera infancia y el conocimiento de las características psicodinámicas y familiares complejas que pueden causar la susceptibilidad al filicidio o al filicidio accidental son muy importantes para la prevención del filicidio.

La madre filicida se suele percibir a sí misma de manera inadecuada, tiene autopercepción negativa y baja autoestima (Kauppi et al. 2008). En contraste con la estructura psicótica de la personalidad, la psicosis, la depresión y los trastornos mentales que se informan con frecuencia en las madres filicidas, los trastornos de personalidad narcisista y límite se enfatizan en las madres de los casos de FDIA (Factitious Disorder Imposed on Another, Trastorno Facticio Aplicado a Otro o más conocido como Munchausen por Poderes).

Sin embargo, los padres filicidas se reportó que solían generalmente desempleados con un bajo nivel de educación y tendencias a la violencia y sustancia/alcohol (Putkonen et al. 2011, Bourget et al. Esto demuestra que el filicidio paterno no es comparable con el homicidio y destaca la importancia de cuestionar los factores que predisponen a los padres bajo aumento de la carga emocional y el estrés para llegar a tener pensamientos de dañar a sus hijos y cónyuges, tendencias suicidas la ideación y el acto de filicidio (Putkonen et al. 2011, Bourget et al.

Los métodos utilizados por los progenitores para matar a sus hijos difieren de los métodos habituales de homicidio, y también se observan diferencias en relación al sexo. En los casos de filicidio paterno, los padres son más propensos a usar métodos más violentos como golpear, apretar o apuñalar, y también son más propensos que las mujeres a usar armas (Palermo, 2002; Pitt & Bale, 1995).

Violencia Vicaria: Definición y Reconocimiento

La «Alienación Parental» es un tipo de maltrato infantil y consiste en que uno de los progenitores (padre o o madre) se aprovecha de la confianza ciega que depositan sus hijos en él para ir desacreditando al otro progenitor y así crear un sentimiento de rechazo contra éste, incluso contra la familia de dicho progenitor. El resultado es la inestabilidad emocional que esto genera en los niños pudiéndoles crear problemas emocionales de por vida.

Tal como las definen las psicólogas que estudian este tipo de violencias, es una "violencia instrumental", porque "se trata de deshumanizar a los hijos, quitarles la categoría de personas y ponerles la categoría de objeto, de instrumento con el que dañar a la madre en una violencia que causa un dolor extremo. El padre, que usa a esos hijos como instrumento para hacer daño, sabe que el dolor que va a causar a la madre es mucho mayor que si la dañara a ella directamente. Es un dolor que a ella le va a hacer sentir culpa por no haber protegido a sus hijos, sobre todo en el caso de los asesinatos, que es el más extremo de la violencia vicaria. El dolor que inflige es extremo porque durará toda la vida", tal como explicó a Público Marisol Rojas Fernández, psicóloga especializada en violencia machista.

Otra de las características es que se trata de una violencia anunciada, puesto que como parte de la violencia de género amenazan a las mujeres con frases: "Te quitaré lo que más quieres", "no los vas a volver a ver más" o "te daré donde más te duele". Un estudio realizado por Vaccaro y titulado Violencia vicaria: un golpe irreparable contra las mujeres, desveló que de las 400 sentencias revisadas, en 51 de ellas existen menciones expresas de los hombres hacia las mujeres sobre el maltrato a los hijos con amenazas explícitas.

Tal como afirma Vaccaro, "mujeres que atacan a sus hijos por desequilibrio mental o por otra causa las ha habido toda la vida", pero afirma que no se trata de un patrón de comportamiento social, como ocurre en la violencia de género. Esta experta propone que si alguien considera que lo es, que se estudie y se analice con técnicas académicas y que, si encuentra algún patrón, que se nombre.

Para el feminismo, nombrar, es decir, ponerle nombre a las cosas y a las violencias, es una máxima que permite entender la realidad para poder visibilizarla, analizarla y prevenirla.

Su inclusión en las leyes también es aún escaso. Algunas normativas autonómicas contra la violencia de género han comenzado a incluirlo. Es el caso de la ley autonómica de Andalucía, Catalunya o Galicia, es expresamente la nombran y definen. También algunos países de América Latina han avanzado en este sentido.

En nuestro país, el Pacto de Estado contra la violencia de género que aprobó el Parlamento en 2017 lo contempla como violencia de género y da a las madres el reconocimiento de víctimas.

Desafíos en la Investigación y Prevención

Chile tiene, por tanto, una deuda pendiente en la comprensión de estos homicidios, que probablemente figuran entre los más difíciles de detectar y también de investigar. Para fiscales y policías, por ejemplo, no siempre resulta fácil y evidente sospechar de quienes ejercen el rol de cuidadores, precisamente porque la sociedad los concibe como protectores.

Una consecuencia directa de esta falta de comprensión es la existencia de sesgos en la investigación criminal y persecución de estos hechos. También, en la vigencia de tipos penales que debieran considerarse completamente obsoletos en nuestro Código Penal, como es el caso del infanticidio (artículo 394 del Código Penal), que establece que la muerte de un niño de menos de 48 horas de vida puede ser castigada con menor severidad que la de un niño que haya vivido apenas unas horas más.

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