Medicamentos Seguros Durante el Embarazo: Guía Completa

06.11.2025

El uso de medicamentos a lo largo del embarazo requiere un control, ya que podría afectar a la salud fetal. Además, muchos de los medicamentos son capaces de atravesar la barrera placentaria y llegar hasta el feto. Los cambios típicos del embarazo a nivel fisiológico pueden causar modificaciones en la eficacia y la seguridad de los fármacos.

La situación ideal sería que las mujeres no tomaran ningún tipo de medicamento durante todo el embarazo. Sin embargo, las estadísticas muestran que la mayoría de las embarazadas consumen algún fármaco durante el periodo de gestación. Si fuera necesario administrar algún medicamento durante la gestación, es fundamental estudiar su seguridad tanto para la madre como para el feto. De esta forma, se minimizan los posibles riesgos y se asegura el bienestar.

Primeros Meses de Gestación

El primer trimestre del embarazo es un momento bastante crítico para el desarrollo fetal. En los primeros meses de embarazo ocurre la formación de los órganos fetales (organogénesis), por lo que la exposición a determinados fármacos podría causar defectos congénitos o incluso ser teratogénico. Por lo tanto, entre la primera y la octava semana de embarazo aproximadamente es preferible no tomar ningún fármaco. En caso de tener que tomar algún medicamento, es recomendable consultar con el médico antes y después de haberlo tomado.

Sin embargo, este riesgo de malformaciones fetales se reduce a partir del segundo trimestre de embarazo. En esta etapa del embarazo será fundamental evitar tomar medicamentos que alteren el sistema nervioso o el crecimiento celular.

¿Cómo se Clasifican los Medicamentos?

Teniendo en cuenta la clasificación de la FDA, la administración de alimentos y medicamentos de los Estados Unidos, los medicamentos se dividen en 5 categorías que se detallan a continuación:

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  • Categoría A: fármacos seguros durante el primer trimestre de embarazo. Algunos ejemplos de este tipo de medicamentos sería el hierro, el calcio, el potasio, el colecalciferol, la levotiroxina, etc.
  • Categoría B: medicamentos sin estudios en embarazadas, pero sí en animales. Los fármacos de categoría B son bastante seguros, pero no están exentos de riesgo por completo. Sería el caso de la amoxicilina, la ampicilina, la azitromicina, la cefalotina, el clotrimazol, el diclofenaco o la insulina.
  • Categoría C: los estudios en animales indican que pueden causar efectos adversos en el feto. Sin embargo, su uso está permitido siempre y cuando los beneficios superen los riesgos. Se trata del tramadol, el albuterol o la fluoxetina, por ejemplo.
  • Categoría D: evidencia de riesgo fetal, pero beneficio importante para la salud materna. Un ejemplo sería el antibiótico tetraciclina o el antiepiléptico fenitoína.
  • Categoría X: causan anomalías fetales como, por ejemplo, el estradiol, la atorvastatina, la isotretinoína o el misoprostol.

Por tanto, durante el embarazo sería conveniente utilizar medicamentos incluidos en la categoría A, pero no los fármacos de la categoría X.

Fármacos No Recomendados en el Embarazo

Como se veía anteriormente, entre los fármacos más comunes que pueden afectar el desarrollo fetal encontramos los de la clase C, D y X.

A continuación, se enumeran algunos ejemplos de fármacos prohibidos durante el embarazo para evitar riesgos en el feto:

  • Antiinflamatorios no esteroideos (AINES): como el ibuprofeno, el naproxeno y la aspirina. Este tipo de medicamentos deben evitarse durante todo el embarazo, pero especialmente en el tercer trimestre del embarazo, ya que pueden alterar el flujo sanguíneo del feto y causar hemorragias, especialmente la aspirina.
  • Antihipertensivos: destacamos los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECAs) y los antagonistas del receptor de angiotensina II. Se deben evitar especialmente a partir de la semana 14 de gestación, es decir, a partir del segundo trimestre de gestación.
  • Estatinas: aunque son ampliamente usadas para regular el colesterol en sangre, en el embarazo se asocian con posibles malformaciones en la tráquea, esófago, corazón y ano en el feto y, por ello, no se recomiendan tomar.
  • Antibióticos: como, por ejemplo, la doxiciclina y la tetraciclina.
  • Ansiolíticos: el diazepam puede aumentar el riesgo de malformaciones congénitas. Además, Flurazepam, Quazepam o el Triazolam son otros tipos de ansiolíticos que están contraindicados durante el embarazo.

En cualquier caso, únicamente se deben tomar medicamentos bajo prescripción médica y siguiendo sus instrucciones independientemente de si se está embarazada o no.

Manejo de Enfermedades en Embarazadas

Hay mujeres que padecen ciertas enfermedades crónicas que no pueden dejar de lado su medicación pese a que estén embarazadas. En estos casos, los especialistas deberán adaptar el tratamiento para que sea compatible con el embarazo y, por tanto, no suponga un peligro ni para la madre ni para el feto:

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  • Diabetes: las mujeres que presenten diabetes durante el embarazo, bien porque ya la tuvieran anteriormente o porque hayan desarrollado diabetes gestacional, deberán administrarse insulina. Este medicamento es considerado seguro durante el embarazo, ya que pertenece a la categoría B.
  • Hipertensión: se aconseja como tratamiento farmacológico el uso de metildopa. En cambio, como hemos comentado anteriormente, no se recomienda utilizar inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina (IECA) ni antagonistas de los receptores de la angiotensina II (ARA-II) a partir de la semana 14 de embarazo, es decir, cuando comienza el segundo trimestre de gestación.
  • Epilepsia: aquellas mujeres que padecen epilepsia, deberán consultar con su especialista qué tipo de tratamiento pueden seguir durante el embarazo para evitar el riesgo de sufrir una crisis. Sin embargo, el uso de antiepilépticos durante la gestación no está aconsejado, especialmente el ácido valproico y la carbamazepina por presentar un elevado riesgo de defectos en el tubo neural.

En el caso de que la embarazada sufra náuseas, vómitos o sea diagnosticada de hiperémesis gravídica, se recomienda en primer lugar optar por un tratamiento no farmacológico. Si fuera necesario, se podría administrar de manera combinada doxilamina y piridoxina para reducir las náuseas y los vómitos durante el embarazo.

Alternativas al Uso de Medicamentos en el Embarazo

Como hemos visto a lo largo de este artículo, el uso de medicamentos durante el embarazo puede resultar de riesgo para la salud materna y fetal. Por ello, siempre y cuando la situación lo permita, la primera vía de abordaje va a ser recurrir a alternativas no farmacológicas durante la gestación.

Existen condiciones de salud que pueden notar una mejoraría con un simple cambio de estilo de vida y llevando una dieta balanceada rica en frutas, verduras, etc. Otras de las alternativas no farmacológicas durante el embarazo serían las terapias naturales basadas en practicar yoga prenatal, salir a caminar, hacer ejercicio, etc. De este modo, se reducirá el riesgo de hipertensión arterial y mejorará el estado de ánimo de la embarazada. Las sesiones de fisioterapia también pueden ser útiles para aliviar, por ejemplo, los dolores de espalda típicos del embarazo. Además, las técnicas de relajación y meditación durante el embarazo ayudarán a reducir el estrés, la ansiedad y mejorar la calidad del sueño.

Por último, existe también la opción de tomar algún suplemento vitamínico, pero siempre bajo indicación médica.

Preguntas Frecuentes

¿Qué medicamento se puede tomar para la fiebre durante el embarazo?

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El fármaco aconsejado para tratar los procesos febriles durante la gestación es el paracetamol.

Las enfermedades inflamatorias inmunomediadas (IMID) son un grupo de enfermedades consecuencia de una inflamación crónica sistémica, causada por una alteración del sistema inmune que puede afectar a distintos órganos. Tales enfermedades incluyen la artritis reumatoide (AR), la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa, la psoriasis, la espondilitis anquilosante (EA), la artropatía psoriásica, la hidradenitis supurativa, el lupus y la uveítis.

Se ha publicado una revisión sistemática (RS) recientemente, Ibarra 2023, en la que se revisa la evidencia disponible de los diferentes medicamentos utilizados en las enfermedades inflamatorias inmunomediadas en la gestación y lactancia, su influencia en la fertilidad femenina y masculina y las recomendaciones para su posible modificación del tratamiento antes de la concepción.

Los fármacos contraindicados en el embarazo son: retinoides tópicos, pimecrolimus, inhibidores de la ciclooxigenasa 2, metotrexato, micofenolato de mofetilo, leflunomida, acitretina y tiopurinas. Por falta de datos se desaconseja el uso de apremilast, tofacitinib, baricitinib, anakinra, abatacept, tocilizumab y nuevos biológicos, como rituximab, ustekinumab, vedolizumab, risankizumab, secukinumab, ixekizumab, tidrakizumab. Se consideran seguros los salicilatos y los emolientes tópicos. Y de bajo riesgo el paracetamol, la terapia ultravioleta, la hidroxicloroquina y de la terapia biológica los inhibidores de los factores de necrosis tumoral o anti-TNF (infliximab, adalimumab, etanercept, golimumab y certolizumab), siendo el certolizumab el de elección durante todo el embarazo y la lactancia.

Los salicilatos y emolientes son los de elección para su uso durante el embarazo. La absorción sistémica del tratamiento tópico depende de la concentración, del tiempo de aplicación y puede llegar a ser del 10 al 25% de lo aplicado sobre la piel. No se han descrito riesgos teratogénicos o de aborto al utilizar los AINE clásicos durante el primer trimestre de embarazo, pero en el tercer trimestre puede provocar el cierre prematuro del ductus arterioso, hipertensión pulmonar, anuria neonatal, anemia, aumento del riesgo de hemorragia pre y posparto y oligohidramnios.

El Colegio Americano de Reumautologia elaboró y publicó la Guía para el manejo de la salud Reproductiva en Enfermedades Reumáticas Esqueléticas (2020 American College of Rheumatology Guideline for the Management of Reproductive Health in Rheumatic and Musculoskeletal Diseases), que proporciona recomendaciones basadas en la evidencia desarrolladas y revisadas por paneles de expertos y pacientes con Enfermedades Reumáticas y Musculoesqueléticas (ERE). Imposibilidad de incluir recomendaciones para situaciones clínicas poco frecuentes pero importantes.

La solidez de la evidencia sobre temas de salud reproductiva en pacientes con enfermedades reumáticas y musculoesqueléticas (ERME) es moderada en el mejor de los casos, y en general baja, muy baja o inexistente. Debido a que las mujeres con ERME que planean concebir, o que estén embarazadas o amamantando generalmente se excluyen de los ensayos clínicos, también faltan datos a gran escala sobre el uso de medicamentos en estas poblaciones.

Entre los productos biológicos, los mejor estudiados y parecen razonablemente seguros con su uso en el primer y segundo trimestre los inhibidores del factor de necrosis tumoral o anti-TNF (infliximab, adalimumab, etanercept, golimumab y certolizumab).

Los médicos de atención primaria atienden a las mujeres embarazadas y en edad reproductiva, por lo que han de decidir sobre el tratamiento que deben seguir. Para ello, han de enfrentarse a la difícil situación de evaluar el riesgo que las diferentes alternativas terapéuticas pueden suponer para el desarrollo embrionario/fetal. Una evaluación que no es sencilla porque no se pueden establecer normas de aplicación general. De hecho, un mismo medicamento puede ser utilizado en algunas mujeres embarazadas y no ser adecuado en otras. Esto implica que la decisión sobre el tratamiento que se debe aplicar durante el embarazo requiera una evaluación individualizada en cada mujer.

Por otra parte, la identificación del efecto de los diferentes medicamentos sobre el desarrollo embrionario y fetal humano es muy difícil y, además, está generalmente basada en estudios epidemiológicos observacionales. Esto supone una dificultad añadida porque en muchos casos este tipo de publicaciones no resultan fáciles de entender, lo que dificulta su traslación a la práctica clínica. Esto dio lugar en muchos países a la organización de servicios de información telefónica sobre teratógenos, atendidos por expertos tanto en evaluación de los riesgos para el embrión y feto, como sobre los procesos del desarrollo prenatal.

No obstante, sabemos que hay fármacos que no parecen alterar el desarrollo y que pueden utilizarse durante el embarazo si se necesitan, otros que sí conllevan riesgo pero tienen que utilizarse para controlar la enfermedad materna y, por último se conocen otros cuya utilización en mujeres embarazadas o que planean estarlo está contraindicada. Estos últimos en mujeres en edad reproductiva han de utilizarse siguiendo unas estrictas normas para prevención de embarazos.

En este artículo se ofrece una visión general sobre los tratamientos en mujeres embarazadas o que pueden estarlo, junto con sus potenciales efectos y se ofrece la lista de aquellos fármacos que se consideran seguros de utilizar durante la gestación y los que están contraindicados.

Los médicos de atención primaria atienden a las mujeres en edad reproductiva, por lo que con frecuencia se enfrentan a mujeres embarazadas a las que tienen que tratar, o que les llegan con tratamientos crónicos que les plantean dudas. En situaciones como estas, el médico de atención primaria se suele orientar por las clasificaciones de medicamentos según su riesgo para el desarrollo embrionario/fetal, particularmente la de la FDA. Sin embargo, en la actualidad y debido al avance de los conocimientos científicos, se considera que estas clasificaciones no son suficientes ni adecuadas para hacer una correcta evaluación del riesgo de un determinado tratamiento farmacológico. De hecho, hoy día se acepta que la evaluación del riesgo en mujeres embarazadas, o que planean una gestación, debe ser siempre individualizada en cada paciente, teniendo en cuenta distintos aspectos de la misma que permitan evaluar de forma más adecuada el binomio beneficio materno/riesgo fetal.

Por otra parte, una dificultad añadida a esa evaluación es que la información disponible sobre los efectos de muchos de los fármacos a los que están expuestas las mujeres embarazadas es escasa y cuando la hay, se basa en estudios epidemiológicos complejos que, aparte de publicarse en revistas especializadas, no son fáciles de interpretar por profesionales sin una buena base de las técnicas estadísticas utilizadas. En numerosas ocasiones estos aspectos dan lugar a que se produzcan sobreestimaciones o infravaloraciones de los riesgos de ciertos tratamientos, con consecuencias indeseables tanto para la salud de la madre como para el bienestar del embrión y/o feto.

Para evitar estas situaciones, hace ya un par de décadas, se pusieron en funcionamiento en muchos países los llamados Servicios de Información Telefónica sobre Teratógenos (SIT). El objetivo de estos servicios es que los profesionales dedicados a la investigación (tanto de los fármacos como de otros factores ambientales y de los procesos del desarrollo prenatal), y expertos en evaluación de riesgos pudieran asesorar a los médicos sobre el riesgo para el desarrollo embrionario/fetal de las diferentes alternativas terapéuticas de cada mujer embarazada o que pudiera estarlo.

Por todo lo expuesto, el objetivo de este artículo es ofrecer a los médicos de atención primaria qué medicamentos se consideran totalmente contraindicados en mujeres que planean una gestación o en mujeres que ya están embarazadas, aquellos que se consideran seguros, junto con la información necesaria para la actuación con otros fármacos.

El peso molecular de la gran mayoría de los fármacos es inferior a 600Da y prácticamente nunca superan los 800Da (como excepciones se pueden citar la insulina, la hormona de crecimiento y algunos esteroides conjugados). Por ello, en la práctica clínica hay que asumir que todo tratamiento materno conlleva, inevitablemente, la exposición fetal. A este respecto hay que tener en cuenta que en el tercer mes de gestación, el hígado fetal ya está capacitado para activar/inactivar sustancias químicas a través de procesos de oxidación, si bien la detoxificación de los fármacos y de sus metabolitos se produce más lentamente. Este hecho, junto con la eliminación por vía renal de la mayoría de los medicamentos y la consiguiente reabsorción por deglución fetal de líquido amniótico, hace que con frecuencia se produzca la acumulación en el feto de las sustancias activas. Es decir, niveles plasmáticos más elevados en el feto que en la madre y a unas dosis que son dosis de adulto. Por este motivo, se ha de ser especialmente cuidadoso en mujeres embarazadas, utilizando siempre las menores dosis con las que se obtenga el beneficio terapéutico materno deseado.

Dependiendo del momento en el que tenga lugar la exposición, el efecto de los distintos medicamentos sobre el desarrollo puede diferir. Así, algunos productos farmacológicos son capaces de interferir en el desarrollo embrionario (10 primeras semanas de gestación contando desde F.U.R) y causar alteraciones morfológicas (físicas), que es lo que se ha denominado efecto teratogénico. Sin embargo, durante las siguientes 30 semanas algunos fármacos pueden alterar tanto la maduración de los diferentes órganos como inducir la destrucción de ciertos tejidos (fundamentalmente a través de la alteración del flujo sanguíneo). Este tipo de efectos adversos pueden dar lugar a aparentes «malformaciones» (por destrucción de estructuras o disrupciones), retraso del crecimiento intrauterino, muerte fetal intrauterina, disfunciones de diferentes órganos o sistemas (neurológica, renal, cardiaca…), e incluso, cuando el tratamiento tiene lugar en momentos cercanos al parto, síntomas de toxicidad neonatal o síndromes de abstinencia (sedación, hipoglucemia, alteración de la termorregulación, temblores, convulsiones, etc.).

Se pueden establecer cinco grupos en base a su potencial riesgo para el desarrollo embrionario/fetal humano:

  1. Fármacos sin evidencias de riesgo.
  2. Fármacos teratogénicos cuyo uso está contraindicado durante la gestación.
  3. Fármacos teratogénicos cuyo uso puede estar justificado durante la gestación.
  4. Fármacos con otros efectos adversos.
  5. Fármacos de reciente comercialización.

El primer grupo, los fármacos sin evidencias de riesgo, incluye una amplia gama de productos que se indican en la tabla 1. Es importante destacar que algunos de estos fármacos no solo no suponen un riesgo para el embrión/feto en desarrollo, sino que previenen la aparición de defectos congénitos. El ácido fólico o el yodo, a las dosis adecuadas y en el momento adecuado, o el tratamiento con hormona tiroidea en madres con hipotiroidismo son ejemplos claros de medicamentos que disminuyen el riesgo de defectos congénitos (tanto morfológicos como neurológicos). No obstante, aun cuando se consideren fármacos sin riesgo demostrado, durante la gestación se utilizarán solo aquellos con eficacia terapéutica demostrada y exclusivamente si existe una clara indicación médica. Esto es importante porque no podemos descartar que alguno de ellos pueda alterar algunos procesos epigenéticos cuyos efectos aparezcan a lo largo de la vida del individuo expuesto. Esto ya se ha mostrado para algunos factores ambientales y ciertos fármacos que se han relacionado con diabetes tipo ii, alteraciones de las células T y cánceres, entre otros.

El segundo grupo, el de fármacos contraindicados (tabla 2), está formado por medicamentos para los que no existe justificación alguna de prescripción en mujeres embarazadas o que planean una gestación. Estos fármacos deben cumplir una de las siguientes premisas:

  1. Que se utilicen para el control de enfermedades maternas que si no reciben tratamiento no implican un serio riesgo para la salud de la mujer.
  2. Que se utilicen para tratar enfermedades graves, pero que existen otras alternativas terapéuticas que, controlando la patología materna, no conlleven riesgo para el desarrollo embrionario/fetal, o este sea menor.

A la hora de prescribir fármacos contraindicados en mujeres en edad reproductiva es importante recordar que durante las dos primeras semanas de gestación la mujer difícilmente puede saber que está embarazada. Por ello, la única forma de evitar la exposición durante ese periodo de prerreconocimiento de la gestación es descartar que exista embarazo. Esto implica que en toda mujer en edad fértil a la que se le va a instaurar un tratamiento con alguno de los fármacos de la tabla 2, el médico debe asegurarse que la mujer no esté embarazada. Para ello, es necesario insistir en que una prueba de embarazo negativa no es suficiente para que la paciente inicie el tratamiento con el medicamento contraindicado. Aparte de una prueba negativa de embarazo, se debe indicar a la paciente que el tratamiento lo debe comenzar en el primero o segundo día de la menstruación (cuando ya exista una descamación abundante del endometrio). Además se debe informar a la paciente del riesgo que la medicación conllevaría para defectos congénitos si se quedara embarazada, por lo que debe utilizar uno/dos métodos anticonceptivos seguros y eficaces durante, al menos, todo el periodo del tratamiento. También se informará del plazo durante el cual, una vez finalizado el tratamiento, la paciente deberá evitar un embarazo que, en general suele variar entre uno y tres meses, aunque hay excepciones de medicamentos con una vida media muy prolongada (como metotrexate, etretinato o leflunomida). En el caso del Fluconazol, es necesario insistir en que se considera contraindicado en embarazadas exclusivamente en tratamientos crónicos y a dosis elevadas. De hecho, su uso a dosis únicas de 150mg en el tratamiento de las candidiasis vulvovaginales no se considera una exposición de riesgo para el desarrollo prenatal.

En el caso del tercer grupo, el de los fármacos teratogénicos cuyo uso puede estar justificado, su uso estará en relación con la gravedad de la enfermedad materna (que requiera necesariamente tratamiento farmacológico) y de la inexistencia de alternativas terapéuticas sin riesgo o de menor riesgo. En estos casos la evaluación «beneficio materno/riesgo fetal» es a veces muy compleja y tiene que ser realizada siempre en cada mujer de forma individual. Esto implica que no pueden establecerse reglas generales de utilización, ya que en cada caso la decisión es diferente. Pertenecen a este grupo medicamentos tales como los antiepiléticos (fenitoína, ácido valproico, trimetadiona, carbamazepina, etc.), los antineoplásicos (metotrexate), el litio y la penicilamina. Todos ellos indicados en el control de enfermedades graves que requieren control farmacológico y sin alternativas farmacológicas exentas de riesgo. No obstante, es importante también valorar si el efecto sobre el embrión/feto de cada fármaco se circunscribe a un determinado momento de la gestación, ya que si la mujer que lo requiere no se encuentra en esa fase del desarrollo, la evaluación beneficio/riesgo se modifica sustancialmente.

Respecto a los fármacos con otros efectos adversos, es también de una gran utilidad conocer el momento del embarazo a partir del cual su utilización supone un riesgo, ya que podrán utlizarse en mujeres que responden bien durante el periodo de la gestación en el que no conllevan riesgo. En la tabla 3, se indican la mayoría de los fármacos incluidos en estos grupos, junto con sus efectos y momentos del embarazo en que los producen. Respecto a los glucocorticoides dexametasona y betametasona, es importante resaltar que su uso está indicado para maduración pulmonar fetal, en embarazadas con amenaza de parto prematuro (y un solo ciclo completo).

Por último, en cuanto a los fármacos de reciente comercialización, no se dispone de información en relación con sus potenciales efectos sobre el desarrollo embrionario y fetal en los seres humanos (o la información es escasa) y no hay experiencia clínica suficiente de su uso durante la gestación. En general, el uso de un medicamento de reciente comercialización puede estar justificado solo si se trata de un fármaco con un mecanismo de acción que «a priori» se sospeche que no e...

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