Mi Bebé No Eructa Leche Materna: Causas y Soluciones

01.11.2025

Las regurgitaciones en bebés son normales en la gran mayoría de los casos, y no debes preocuparte. Principalmente, esto se debe a que el aparato digestivo de tu bebé aún está inmaduro y en proceso de desarrollo. Ten paciencia, ya verás que poco a poco tu bebé irá aceptando cada vez mejor las tomas y dejará de regurgitar. Si no es así, cuando tu peque empiece a comer sólidos y pueda mantenerse derecho solito, dejará de tener reflujo y todo volverá a su cauce. Hasta entonces, veamos las medidas que podemos tomar.

Cómo Distinguir entre Regurgitación y Reflujo en Bebés

En el primer caso, el rechazo indoloro de la leche después de una toma se traduce en una subida del contenido gástrico hacia el esófago, sin consecuencias para el crecimiento del bebé. Las causas pueden ser desde que el bebé ha comido demasiado y evacúa lo que le sobra, o que su aparato digestivo es inmaduro (la válvula situada a la entrada del estómago todavía no funciona muy bien).

Muy diferente es si tu bebé vomita la leche en cualquier momento del día o de la noche (separado del momento de las tomas); eso se conoce como reflujo gastroesofágico. Estos episodios se asocian a una inflamación de la mucosa intestinal, a la acidez del estómago o a una posible alergia a las proteínas de la leche de vaca.

En este caso, tu bebé sí siente dolor y su cuerpo está rechazando ese alimento. Es muy importante en estos casos acudir de inmediato al pediatra para una correcta valoración y tratamiento.

¿Qué Causa los Gases del Bebé?

A diferencia de lo que sucede en los adultos, la acumulación de gases en el bebé suele deberse a la ingesta de aire. Esto es lo que se denomina como aerofagia. Por ello, uno de los principales causantes de los gases en el pequeño es él mismo, ya que desconoce la técnica de succión necesaria para su alimentación. Por tanto, el bebé toma mucho aire durante la lactancia, independientemente de que sea lactancia artificial o materna. En cada una de las tomas, el lactante traga una cantidad de aire con la leche que es la que le produce los molestos gases.

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Otra de las causas para los gases en el bebé puede ser que el orificio del biberón (por donde pasa la leche) no tenga el tamaño correcto. Esto provoca que se deje pasar una cantidad de aire superior. En ocasiones, la rapidez con la que coma el bebé puede ser un factor determinante para los gases, que aumentan si el pequeño come demasiado deprisa.

No obstante, el origen de los gases en el bebé no siempre está relacionado directamente con la alimentación del recién nacido. Hay veces que el llanto hace que el pequeño trague más aire de lo normal e incluso los gases pueden surgir cuando el bebé padece algún tipo de estrés. Además, hay bebés que sufren gases si son alérgicos a ciertos alimentos o intolerantes a la lactosa, por ejemplo.

Síntomas en los Bebés con Gases

Reconocer los gases en el recién nacido no siempre es sencillo, ya que la sintomatología puede significar muchas otras cosas y puede incluso darse también en bebés sanos. Sin embargo, entre los indicadores más frecuentes de la presencia de gases en el recién nacido podemos encontrar:

  • Irritabilidad: el bebé llora constantemente con rabia y sin motivo aparente y muestra, además, una expresión de dolor en su rostro.
  • Tripa hinchada: los gases producen cierta hinchazón en el vientre del bebé.
  • Abdomen distendido.
  • Flexión de las piernas hacia el pecho. Esto es una señal de que el bebé, por sí mismo, está intentando expulsar los gases.

Todos estos síntomas muestran el malestar que los gases provocan en el bebé, pero también podrían ser indicativo de hambre, sueño, cambio de pañal, etc. Otras manifestaciones de que el bebé puede tener gases es la expulsión de eructos y ventosidades, así como regurgitación o dificultad para tragar.

¿Qué Hacer en la Práctica?

Si el bebé regurgita a menudo, pueden tomarse diversas medidas. En cuanto a la alimentación, es importante consultar con tu pediatra. Él podrá valorar las necesidades de tu bebé y sugerirte evitar las tomas prolongadas y cambios posturales si tu bebé toma lactancia materna, o en el caso de que tu bebé tome leche infantil, puede sugerirte cambiarla por otra que le vaya a funcionar mejor (leche especial "anti-regurgitación" o "confort digestivo").

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Si tu bebé es un pequeño glotón, disminuye la cantidad de leche/biberón de cada toma y añade una toma adicional durante el día. De este modo, tu bebé no quedará tan lleno y no tendrá problemas de reflujo por exceso.

En cuanto al bienestar del bebé, existen ciertas precauciones que le permitirán sentirse mejor. ¡No es el momento de hacerle volar como un avión! Por contra, un eructo después de cada comida le puede ir bien. Puedes acostarle con la cabeza ligeramente levantada (poniéndole una toalla plegada bajo el colchón, por ejemplo). No olvidemos tampoco que, si tiene el pañal muy apretado, puede comprimirle el abdomen.

Si hagas lo que hagas, tu bebé regurgita siempre y llora mucho, existen tratamientos que pueden reducir su disgusto. La regurgitación en los bebés es bastante habitual, especialmente durante el primer año de vida, ya que su cuerpo y su organismo aún no están del todo formados. En cualquier caso, siempre es importante diferenciar las regurgitaciones del pequeño de los vómitos.

Recomendaciones para Reducir la Regurgitación

Algunas de las recomendaciones para expulsar los gases del pequeño pasan por utilizar distintas posturas tras la toma o incluso, si el bebé es propenso a tener gases, es recomendable proceder a la expulsión de los mismos en la mitad de la misma. Algunas de las posturas que pueden ayudar a que el bebé expulse los gases son las siguientes:

  • Tumbar al bebé boca abajo y darle suaves golpecitos en la espalda.
  • Sentar al bebé sobre las piernas, inclinado un poco hacia adelante, y frotarle la espalda con cuidado.
  • Colocar al bebé sobre el pecho y darle palmaditas en la espalda. Además, la cabeza del bebé debe estar apoyada sobre el hombro.
  • Dar un suave masaje en la tripita del bebé y, si es posible, sin pañal.
  • Tumbar al bebé boca arriba y mover sus piernas haciendo la bicicleta o ejerciendo una ligera presión hacia el vientre. Esto ayudará a que la expulsión de los gases se produzca por el recto.

Aunque los eructos en los bebés son bastante habituales, no todos los ellos lo hacen igual. Si el bebé no ha tragado aire mientras comía, no eructará. El eructo se produce cuando la leche llega al estómago del bebé y el aire se queda arriba. Con la lactancia materna suelen tragar menos aire que con la artificial, ya que el biberón contiene, además de la leche que le alimenta, aire. En el caso de la lactancia artificial la inclinación del biberón es muy importante para evitar que el bebé no trague demasiado aire.

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La tranquilidad de los padres ante el llanto desesperado del bebé es fundamental para ayudarle a expulsar los molestos aires. Normalmente, los padres entran en cierto estado de nerviosismo ante el llanto desesperado del bebé y este nerviosismo provoca a su vez estrés en el pequeño.

Trucos para Aliviar los Gases en el Bebé

Además de las recomendaciones en relación a la postura, existen otras técnicas que pueden servir para ayudar a que el bebé expulse los gases. A continuación, se enumeran algunas de ellas:

  • Realizar masajes suaves con movimientos circulares sobre su tripa.
  • Aplicar calor local para reducir el dolor causado por los gases y facilitar su expulsión.
  • Bañar al bebé con agua tibia.
  • Porteo.

Existen también remedios caseros para aliviar los gases del bebé. El más conocido es el uso de infusiones de anís estrellado. Sin embargo, este remedio popular contra los gases no se aconseja en los bebés puesto que podría tener efectos negativos sobre el mismo y provocarle daños neurológicos.

Otra opción como posible solución para los gases en el bebé es recurrir a fármacos específicos. Sin embargo, nunca se debe automedicar al bebé sin consultar previamente con un especialista.

Reflujo Silencioso en Bebés

¿No te suena de nada el reflujo silencioso en un bebé? Se trata de un problema frecuente que conviene conocer. En ocasiones, sus síntomas no son del todo evidentes, por lo que hay que prestar atención a algunas formas en las que el bebé manifestará su malestar. El reflujo silencioso en bebés, también conocido como reflujo gastroesofágico, sucede cuando la comida que se encuentra en el estómago de los niños pequeños regresa a la boca, pero no acaba vomitándola. Si bien al no haber vómito es difícil identificar el reflujo silencioso en un bebé, hay algunos síntomas a los que sí se pueden prestar atención.

Tal vez lo anterior sea todavía más complicado de observar en recién nacidos. Estos síntomas no hay que pasarlos por alto y es crucial ponerlos en conocimiento del pediatra lo antes posible. La principal causa del reflujo silencioso es que el músculo del esfínter esofágico todavía es prematuro y no está totalmente desarrollado. Es por esto por lo que el hecho de que tanto la leche como la comida que llega al estómago acaba, con mayor facilidad, regresando al esófago o la boca.

El diagnóstico del reflujo silencioso en bebés se realiza haciéndoles una entrevista a los progenitores y detectando patrones, como el hecho de que los cólicos, arqueamientos de espalda, etc., se produzcan siempre después de dar el pecho o el biberón. Monitorear el pH esofágico con la ayuda de un tubo delgado que se introduce por la nariz hasta el estómago. A pesar de estas pruebas tan molestas, en muchas ocasiones no son necesarias. Los profesionales de pediatría tienen la experiencia suficiente como para detectar un reflujo silencioso en un bebé con tan solo entrevistar a los padres.

Como ya mencionamos, el reflujo gastroesofágico en bebés se suele resolver solo. No obstante, conviene anotar las indicaciones individualizadas que dé cada pediatra para que esta situación mejore con el tiempo. Mantener al bebé en posición vertical, al menos, durante una media hora después de cada comida. No olvidarse de hacer eructar al bebé después de cada toma. Conviene no sobrealimentarlo para que su estómago no esté tan lleno. El reflujo silencioso en un bebé se cura solo, pero sí es verdad que si genera muchas molestias en el bebé hay formas de tratarlo.

Regurgitaciones: ¿Cuándo Preocuparse?

En los primeros meses de vida, para tu bebé todo es nuevo: el entorno, los sonidos, las formas, los colores… y, por supuesto, ¡la alimentación! Su cuerpo se tiene que adaptar a todas estas novedades poco a poco y, a veces, sufre algunos desajustes que pueden alarmarte. Las regurgitaciones son uno de estos achaques propios de su edad que hacen que parezca que tu bebé vomita todo lo que come.

Las regurgitaciones del bebé se deben a que la válvula que impide que el contenido del estómago vuelva a su esófago no está lo suficientemente desarrollada todavía. Así que la comida rebosa por la boca del bebé al poco de terminar sus tomas o incluso unas horas después. A ese retorno del alimento al esófago se le llama reflujo gastroesofágico y, como explica la Asociación Española de Pediatría (AEP), “muchas veces queda en el esófago y apenas produce molestias”. Sin embargo, “en unos pocos bebés, el reflujo les provoca problemas de salud. Como siempre explicamos, el pediatra es la persona indicada para determinar si lo que tu bebé tiene son regurgitaciones o hay algún problema mayor.

Las regurgitaciones no son lo mismo que los vómitos. En las regurgitaciones el alimento rebosa suavemente, como una especie de babeo. Hasta los seis meses, el bebé normalmente toma solo leche materna y suele estar tumbado, lo que facilita la regurgitación del alimento. Por otro lado, hacer eructar a tu bebé mientras se alimenta y al terminar, también puede resultar de ayuda. Si el pediatra lo considera necesario, podría recomendarte cambiar algunos elementos de la dieta de la madre mientras está dando el pecho. En cuanto a la alimentación de tu bebé, la AEP señala que los bebés con regurgitaciones que toman pecho “no precisan realizar cambios en la dieta, ni tampoco si toman biberón y por lo demás están bien”.

También explica que hay preparados para alimentar a los bebés que contienen espesantes: “Se llaman fórmulas antirregurgitación. Al ser más espesas, es más difícil que las bocanadas lleguen a la boca, aunque no impiden que el reflujo se siga produciendo”. Así es, si tu bebé regurgita porque su esfínter esofágico todavía no está maduro -se trata de un reflujo gastroesofágico fisiológico-, el problema desaparecerá a los meses, cuando esta válvula ya haya aprendido a funcionar. Además, a medida que vayas incorporando a su dieta alimentos más sólidos, también irán disminuyendo las posibilidades de que estos vuelvan a la boca de tu bebé.

Las regurgitaciones son muy comunes en los primeros tres meses de vida. A partir de los seis meses comienzan a disminuir y suelen desaparecer definitivamente entre los 12 y los 14 meses. Según la AEP, “no es preocupante que en algún momento parezca que las regurgitaciones vuelven a empeorar, sobre todo coincidiendo con infecciones u otras enfermedades.

En el caso de que el pediatra vea síntomas de que puede haber una enfermedad por reflujo gastroesofágico, podría solicitar algunas pruebas para diagnosticarla. A pesar de todo, recuerda que lo más habitual es que las regurgitaciones desaparezcan a medida que el sistema digestivo de tu bebé evolucione, sin mayor problema.

Consejos Adicionales

  • Responde a las señales tempranas de hambre, sin esperar a que llore: el llanto es una señal tardía de hambre.
  • No pensar que el bebé está lleno o que es imposible que tenga hambre porque ha comido demasiado. Tu bebé necesita mamar con frecuencia porque la leche materna se digiere con mucha facilidad, así que nunca limites las toma o pienses en darle menos leche.
  • Olvídate los horarios o limitaciones para darle de comer. Tu bebé comerá cuando tenga hambre y no cada 3 horas o 4 horas como se decía antiguamente. Tampoco le pongas el chupete para que aguante más tiempo sin comer.

Tabla Resumen: Diferencias entre Regurgitación y Vómito

Característica Regurgitación Vómito
Expulsión Suave, sin esfuerzo Fuerte, con contracciones
Malestar Ninguno Puede haber dolor y malestar
Cantidad Pequeña Puede ser grande
Color Blanquecino Puede ser verdoso, marrón o con sangre

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