Mi Bebé Se Despierta Gritando: Causas y Soluciones

01.12.2025

Los terrores nocturnos en bebés y niños son episodios que pueden causar gran angustia, tanto en los pequeños como en los padres. Si tu peque ha experimentado terrores nocturnos, es importante que sepas cómo actuar y qué medidas preventivas puedes tomar. En este artículo, te ayudaré a entender qué son los terrores nocturnos, sus causas, y cómo puedes calmar a tu hijo durante un episodio.

Además, como asesora del sueño infantil, te compartiré consejos prácticos para establecer una rutina de sueño que ayudará a reducir la frecuencia de estos episodios, asegurando así que tu hijo tenga un descanso reparador y tú puedas estar más tranquila.

¿Qué son los terrores nocturnos?

Los terrores nocturnos son uno de los trastornos del sueño conocidos como parasomnia o experiencia no deseada durante el descanso. Los terrores nocturnos son episodios de terror, de auténtico pavor que se producen en fase No-REM del sueño, generalmente en el primer tercio de la noche en el que, de pronto, oiréis a vuestro hijo gritar de forma súbita.

Muy frecuentes en la infancia, son episodios que se producen durante la fase más profunda del sueño. Se caracterizan por episodios en los que el niño parece estar completamente despierto, llorando, gritando o incluso moviéndose, pero en realidad no está consciente de lo que está ocurriendo. Estos episodios suelen durar entre 5 y 30 minutos y, al contrario de lo que muchos padres piensan, es muy difícil despertar al niño durante un terror nocturno.

En ellos, el niño sufre episodios de miedo intenso, gritos y agitación del cuerpo mientras duerme. En ocasiones, se despierta de manera brusca, aterrorizado y confundido. Al día siguiente, no suele recordar nada de lo que ha sucedido.

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Es importante tener en cuenta que, aunque los terrores nocturnos pueden ser muy perturbadores para los padres, los niños no suelen recordar el episodio al despertar. Este fenómeno es más común en niños de entre 2 y 6 años, y tiende a desaparecer a medida que crecen. Si tu peque ha tenido terrores nocturnos, no es motivo de alarma, ya que son parte del desarrollo normal del sistema nervioso infantil.

Diferencias entre pesadillas y terrores nocturnos

Las pesadillas y los terrores nocturnos son dos fenómenos diferentes del sueño que a menudo se confunden. Sin embargo, tienen características distintas:

  • Pesadillas: Las pesadillas ocurren durante el sueño REM, generalmente en la segunda mitad de la noche. El niño puede despertarse asustado, pero está consciente de su entorno y recuerda lo que soñó. Las pesadillas suelen ser causadas por preocupaciones o estrés durante el día, y es posible calmar al niño tras una pesadilla hablándole o abrazándolo.
  • Terrores nocturnos: En contraste, los terrores nocturnos ocurren durante las primeras horas del sueño profundo, en la fase no REM. Durante un terror nocturno, el niño parece estar despierto, pero en realidad no lo está, y no recordará nada al día siguiente. Es crucial no intentar despertar al niño durante un terror nocturno, ya que puede agravar la situación.

En resumen, mientras que los terrores nocturnos son episodios que no se recuerdan y ocurren en las fases profundas del sueño, las pesadillas suceden durante la fase REM del sueño y suelen dejar un recuerdo claro del malestar. Entender estas diferencias te ayudará a calmar a tu peque de la manera más efectiva en cada situación.

¿A qué edad suelen aparecer los terrores nocturnos?

Los terrores nocturnos suelen iniciarse entre los 4 y los 12 años, aunque son más frecuentes de los 3 a los 6 años y en los niños que en las niñas. Los terrores nocturnos en bebés y niños suelen comenzar a manifestarse entre los 2 y 6 años, aunque pueden aparecer antes o después, dependiendo de diversos factores.

Estos episodios están relacionados con el desarrollo del sistema nervioso central, que en los más pequeños aún no está completamente maduro. Durante este proceso de desarrollo, es común que los niños experimenten interrupciones en su ciclo de sueño, especialmente durante las fases más profundas del sueño no REM.

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Aunque pueden ser alarmantes para los padres, los terrores nocturnos son relativamente comunes y tienden a desaparecer a medida que los niños crecen. Sin embargo, algunos factores, como la falta de sueño, el estrés o cambios en la rutina diaria, pueden aumentar la frecuencia de estos episodios.

Terrores nocturnos en bebés

En los bebés, los terrores nocturnos son menos frecuentes que en los niños mayores, pero aún pueden presentarse. Los bebés pueden comenzar a experimentar estos episodios a partir de los 18 meses, aunque es raro que ocurran antes de los 2 años. Cuando un bebé experimenta un terror nocturno, puede llorar o gritar repentinamente, con los ojos abiertos, pero no estará completamente consciente.

En estos casos, es fundamental no intentar despertarle y, en su lugar, mantener un entorno seguro y tranquilo hasta que el episodio pase. Los padres deben tener en cuenta que, aunque despertar a los niños durante un terror nocturno puede ser instintivo, es contraproducente y puede prolongar el episodio. Lo más importante es mantener la calma y permitir que el bebé vuelva a un estado de sueño profundo de manera natural.

Terrores nocturnos en niños pequeños

Los terrores nocturnos en niños pequeños, de entre 2 y 6 años, son mucho más comunes. En esta etapa, el desarrollo del sistema nervioso central sigue en proceso, lo que puede generar interrupciones en el sueño profundo, especialmente cuando el niño está muy cansado o estresado. Estos episodios suelen ocurrir durante las primeras horas del sueño, cuando el niño está en la fase no REM.

En estos casos, los padres deben asegurar un entorno seguro y evitar estímulos adicionales que puedan agravar el episodio. Los terrores nocturnos suelen durar entre 5 y 15 minutos, y después de este tiempo, el niño volverá a dormirse sin recordar nada del episodio al día siguiente. Mantener una rutina de sueño constante y evitar actividades estimulantes antes de acostarse puede ayudar a reducir la frecuencia de los terrores nocturnos en niños pequeños.

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¿Qué causa los terrores nocturnos?

Aunque se desconoce qué causa los terrores nocturnos, se piensa que podrían estar relacionados con el desarrollo inmaduro del cerebro, que lleva al niño a tener dificultades para salir por completo de la fase de sueño profundo y despertarse. Así, la alteración parece relacionada con la transición entre la fase de sueño profundo (lento) y la fase de sueño REM (en la que se producen los sueños).

Los terrores nocturnos en bebés y niños pueden ser desencadenados por una combinación de factores físicos y factores emocionales. Estos episodios son una respuesta del sistema nervioso central del niño, que aún está en desarrollo, y suelen estar relacionados con cambios en el ciclo de sueño, el estrés o la sobrecarga sensorial.

Sí se sabe que existen desencadenantes como estar viviendo periodos de estrés o tensión emocional. Otros desencadenantes son la privación de sueño o interrupciones en este (por fiebre, viajes o enfermedades médicas -como la apnea obstructiva del sueño o el síndrome de piernas inquietas-), mantener horarios irregulares de descanso o el cansancio extremo.

Igualmente, aumenta el riesgo de sufrir terrores nocturnos que existan antecedentes familiares, ya que este problema puede heredarse.

Algunos medicamentos pueden hacer más profundas todavía las fases de sueño profundo, lo cual favorece el inicio de los episodios. Por último, en adultos, los terrores nocturnos se asocian a trastornos como la depresión y/o la ansiedad y también el consumo de alcohol puede influir.

Factores físicos

Los factores físicos juegan un papel importante en los terrores nocturnos. Uno de los más comunes es la falta de sueño o el cansancio extremo, que puede sobreestimular el sistema nervioso y hacer que el niño experimente interrupciones durante el sueño profundo. Cuando el niño no duerme lo suficiente o su rutina de descanso se ve alterada, el riesgo de sufrir terrores nocturnos aumenta.

Además, otros problemas físicos como la fiebre o ciertas enfermedades pueden desencadenar estos episodios. Cuando un niño está enfermo o tiene la temperatura corporal elevada, su ciclo de sueño se ve afectado, lo que puede llevar a la aparición de terrores nocturnos. Del mismo modo, trastornos del sueño como la apnea del sueño o el reflujo gastroesofágico también pueden ser un factor contribuyente.

Otro aspecto físico que influye es el desarrollo del sistema nervioso central, que está en proceso de maduración en los primeros años de vida. Durante este tiempo, es más probable que el cerebro del niño tenga dificultades para manejar las transiciones entre las fases del sueño, lo que puede llevar a la aparición de estos episodios.

Factores emocionales

Los factores emocionales también juegan un papel importante en los terrores nocturnos. El estrés y la ansiedad pueden ser desencadenantes comunes. Situaciones que causan inseguridad o cambios en la vida del niño, como mudanzas, el inicio de la escuela o la llegada de un nuevo hermano, pueden generar emociones fuertes que se manifiestan durante el sueño en forma de terrores nocturnos.

La sobreestimulación antes de dormir también es un factor relevante. Las actividades intensas o el uso excesivo de pantallas poco antes de irse a la cama pueden excitar al niño y dificultar que entre en un sueño profundo de manera tranquila, lo que aumenta el riesgo de interrupciones nocturnas.

Por último, las rutinas de sueño inconsistentes o inadecuadas, que no permiten que el niño tenga un horario regular y predecible para irse a dormir, también pueden aumentar la probabilidad de episodios de terrores nocturnos. Establecer un ambiente calmado y relajante antes de dormir es fundamental para reducir estos factores emocionales y promover un descanso adecuado.

¿Cómo se manifiestan los terrores nocturnos?

Habitualmente, los terrores nocturnos tienen lugar durante el primer tercio de la noche. Los terrores nocturnos suelen darse entre los 4 y los 12 años. El niño puede llegar a gritar, a llorar de manera inconsolable, patear o golpear con violencia a su alrededor. También puede llegar acompañado de episodios de sonambulismo.

Suele ser difícil despertarle, y, cuando por fin lo hace, puede ser incapaz de responder si se le habla. Otros síntomas habituales y muy característicos son la transpiración excesiva, el rostro ruborizado, frecuencia cardiaca irregular y pulso acelerado, aumento de la frecuencia respiratoria y pupilas dilatadas.

Los terrores nocturnos suelen durar unos pocos minutos, habitualmente, menos de veinte, y después, el niño se vuelve a dormir y no suele recordar el episodio al día siguiente.

Síntomas de un terror nocturno

Los terrores nocturnos en bebés y niños pueden ser episodios alarmantes, pero es importante reconocer los síntomas característicos para saber cómo manejarlos. Durante un terror nocturno, el niño está en un estado de sueño profundo no REM, lo que significa que no es consciente de su entorno y es difícil despertarlo. Los síntomas varían de un niño a otro, pero tienden a seguir un patrón similar que puede durar entre 5 y 30 minutos.

Conductas durante el episodio

Durante un terror nocturno, los padres pueden notar comportamientos que son diferentes a los de una simple pesadilla. Estas son algunas de las conductas más comunes:

  • Gritos y llantos intensos: El niño puede empezar a llorar o gritar de forma repentina y muy fuerte, lo que puede ser angustiante para los padres.
  • Movimientos bruscos o agitados: Es común que el niño se mueva de forma descoordinada, agite los brazos o incluso parezca que intenta defenderse de algo.
  • Ojos abiertos, pero sin reconocimiento: A pesar de que el niño puede tener los ojos abiertos, no estará consciente de lo que sucede a su alrededor, lo que puede hacer que los padres piensen que está despierto.
  • Sudoración y respiración acelerada: Los terrores nocturnos suelen ocurrir con síntomas físicos evidentes como sudoración excesiva, respiración rápida y, en algunos casos, un aumento del ritmo cardíaco.

Es importante recordar que, aunque estas conductas pueden parecer alarmantes, los terrores nocturnos son episodios que el niño no recuerda al día siguiente.

Reacciones después del episodio

Una de las características distintivas de los terrores nocturnos es que, después del episodio, el niño suele volver a dormir sin recordar nada de lo ocurrido. A continuación, algunos de los comportamientos comunes después de un terror nocturno:

  • Calmarse y volver a dormirse: Tras el episodio, el niño normalmente se calma por sí solo y vuelve a entrar en un sueño profundo sin necesidad de intervención.
  • No recuerda nada al despertar: A diferencia de una pesadilla, donde el niño puede despertarse asustado y recordar el sueño, los terrores nocturnos no dejan rastro en la memoria. Esto significa que al día siguiente el niño no mostrará signos de haber tenido un episodio.
  • Conducta normal al día siguiente: Tras un terror nocturno, el niño actúa con total normalidad al día siguiente, sin signos de estrés o miedo residual.

Saber reconocer estos síntomas y reacciones es clave para que los padres puedan gestionar estos episodios con calma y sin despertar innecesariamente al niño, ya que esto podría prolongar el episodio o causar más confusión.

¿Cuánto dura un terror nocturno?

La duración de un terror nocturno puede variar, pero generalmente los episodios suelen durar entre 5 y 30 minutos. Durante este tiempo, el niño puede parecer muy agitado, gritar o moverse de forma brusca, pero es importante recordar que no está consciente de lo que ocurre a su alrededor.

Aunque el episodio puede parecer interminable para los padres, en la mayoría de los casos, el niño volverá a un estado de sueño profundo una vez que el terror nocturno haya terminado. En ocasiones, los terrores nocturnos pueden durar un poco más si el niño ha experimentado factores que agravan el episodio, como la falta de sueño, la sobreestimulación, o el estrés emocional.

Sin embargo, lo más común es que los episodios sean breves y que, una vez superados, el niño no recuerde nada de lo sucedido. Lo más importante durante un terror nocturno es no intentar despertar al niño, ya que esto podría prolongar el episodio o causar más confusión. Mantener la calma, asegurarse de que el entorno es seguro y permitir que el niño se calme y vuelva a dormirse por sí solo es la mejor manera de manejar la situación.

¿Cómo actuar si un niño sufre terrores nocturnos?

Por todo lo anterior, cuando un niño sufre episodios de terrores nocturnos y se despierta durante uno de ellos, conviene encender solamente una luz tenue en la habitación y tratar de tranquilizarlo hablándole suavemente y abrazándole o cogiéndole de la mano hasta que vuelva a dormirse. De esta forma, podemos contribuir a evitar que asocie la oscuridad al desasosiego y la luz con el bienestar, y que no se condicione así el desarrollo de un miedo a la oscuridad.

Los progenitores han de mentalizarse de que estos episodios no hacen sufrir al niño y mucho menos están relacionados con trastornos psicológicos. En muchos casos, el consuelo de sus padres es el único tratamiento que necesita el niño, ya que los terrores nocturnos suelen desaparecer por sí solos.

Si se presentan después de los once años, suponen un riesgo para la seguridad, impiden un descanso suficiente, afectan al rendimiento en la escuela o el trabajo o a las relaciones sociales, sí puede ser necesario consultar a un médico. En algunas circunstancias, puede existir alguna afección no diagnosticada que desencadene los terrores, como la apnea obstructiva del sueño, en cuyo caso el tratamiento será el de dicha condición.

En otras ocasiones, la terapia psicológica puede ser útil, al igual que aprender a gestionar el estrés o a usar mecanismos para afrontar los episodios. En casos severos, puede recurrirse al uso de benzodiacepinas durante una o dos semanas o a ciertos antidepresivos.

Por parte de los padres, es necesario asegurarse de que sus hijos siguen una correcta higiene del sueño, ya que la privación de este o los horarios irregulares de descanso son posibles desencadenantes de los terrores nocturnos. En algunos casos, puede ser eficaz despertar al niño unos 15 minutos antes del momento en que suelen ocurrir los episodios para, posteriormente, retomar el sueño, evitando así que sucedan.

¿Qué hacer durante un terror nocturno?

Cuando tu hijo experimenta un terror nocturno, es completamente natural sentirse asustado o preocupado por lo que está ocurriendo. Sin embargo, es importante saber cómo actuar durante estos episodios para asegurar que tu hijo esté protegido y pueda volver a dormir sin complicaciones. Aquí te explico los pasos más importantes a seguir cuando ocurre un terror nocturno.

Mantener la calma

Lo más importante es mantener la calma. Ver a tu hijo agitado, llorando o gritando puede ser muy estresante, pero los terrores nocturnos son episodios que no representan un riesgo real para el niño. Recuerda que tu hijo no está consciente de lo que está sucediendo, y tu calma puede ayudar a que el episodio pase de manera más tranquila. Mantener una actitud relajada es clave para no agravar la situación.

Evita hablarle en un tono de urgencia o mostrar signos de nerviosismo, ya que esto puede hacer que el episodio sea más largo o más intenso.

Evitar despertar al niño

Aunque la reacción instintiva de muchos padres es despertar al niño durante un terror nocturno, es importante no hacerlo. Despertar al niño en medio de un episodio puede aumentar la confusión, prolongar el terror nocturno y hacer que le sea más difícil volver a dormirse. El niño está en una fase profunda del sueño, y forzarle a despertar puede interferir con su ciclo de sueño y causar más malestar.

En su lugar, lo mejor es asegurarse de que el niño se mantenga seguro hasta que el episodio pase por sí solo. Una vez que el niño se calme, volverá a entrar en un sueño profundo sin recordar nada del episodio al día siguiente.

Asegurar un entorno seguro

Durante un terror nocturno, es posible que tu hijo se mueva de manera brusca o agitada, lo que puede ser peligroso si el entorno no está adecuado. Asegúrate de que su espacio de dormir esté libre de objetos peligrosos o que puedan hacerle daño si se mueve o golpea durante el episodio. Si es necesario, puedes colocar cojines o almohadas alrededor de la cama para evitar que se lastime.

¿Cómo prevenir los terrores nocturnos?

Existen algunas pautas que podemos seguir para ayudar a nuestro hijo si sufre terrores nocturnos:

  1. Mantén la calma cuando se produzca un episodio. Háblale con frases sencillas y tono relajado o abrázale hasta conseguir que se tranquilice y se duerma de nuevo, mejor en su propia cama. Si se ha levantado, condúcele con suavidad de nuevo a ella. Es mejor que no intentes despertarle.
  2. Busca un patrón para poder anticiparte. Para ello, lleva un diario de los ciclos de sueño de tu hijo y haz un seguimiento de los episodios: durante varias noches, apunta cuándo se duerme y cuándo se producen los terrores nocturnos. Ello te puede permitir prever cuándo van a producirse de nuevo y despertarle antes de que comiencen.
  3. Crea un entorno seguro. Si se levanta de la cama, puede lastimarse fácilmente, pues puede chocar con algo, caer, salir y perderse… Por ello, asegúrate de que no hay cables, trastos o muebles con los que el niño o niña pueda tropezar. Mantén también fuera de su alcance los objetos con que pueda cortarse, pincharse o quemarse como, por ejemplo, cuchillos y estufas. Evita también que duerma en una cama alta, como, por ejemplo, el piso superior de una litera.
  4. Convierte la habitación en un lugar tranquilo y confortable. Regula la temperatura y asegúrate de que no se cuelen luces o ruidos que puedan alterar el sueño. Conviene que permanezcas junto al niño o niña hasta que se tranquilice, pero también que retome el sueño en su propia cama, para ayudarle a superarlo.
  5. Asegúrate de que duerme las horas suficientes. La falta de sueño puede desencadenar los terrores nocturnos. Para evitarla, puedes hacerle acostarse más temprano o añadir una siesta corta después de comer -no superior a cuarenta y cinco minutos-. Asegúrate también de que mantiene un horario de sueño regular.
  6. No le cuentes qué ha ocurrido al día siguiente. Como él no se acordará, es mejor no revelarle lo sucedido al día siguiente, para que no se resista a acostarse de nuevo cuando llegue la hora.
  7. Intenta reducir su estrés. Habla con tu hijo de lo que le preocupa para identificar si existen cuestiones le estresan. También puede ser beneficioso llevar a cabo una rutina relajante antes de acostarle como leerle un cuento o darle un baño tibio.
  8. Cuida su alimentación. Una dieta equilibrada, rica en frutas y verduras, y reducir la ingesta de productos excitantes como chocolate, bebidas con cola o cacao también puede favorecer un buen descanso.

Por parte de los padres, es necesario asegurarse de que sus hijos siguen una correcta higiene del sueño, ya que la privación de este o los horarios irregulares de descanso son posibles desencadenantes de los terrores nocturnos.

Establecer una rutina de sueño saludable

Establecer una rutina de sueño saludable es fundamental para prevenir los terrores nocturnos en bebés y niños. Una rutina consistente ayuda a regular el reloj biológico del niño, facilitando la transición entre las diferentes fases del sueño y reduciendo la probabilidad de interrupciones.

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