Mi Bebé Se Queda Mirando a la Nada: Causas y Qué Hacer

13.12.2025

Cuando los pequeños crecen y se desarrollan, es natural que los padres estén atentos a cada detalle de su evolución. Sin embargo, en algunas ocasiones, pueden surgir inquietudes al observar comportamientos inusuales, como que el bebé se quede mirando a la nada, tenga la mirada perdida o presente problemas de percepción.

Es crucial controlar estas situaciones, ya que podrían ser síntomas de alguna condición subyacente. A continuación, exploraremos las posibles causas y qué medidas tomar.

Posibles Causas de la Mirada Perdida en Bebés

La mirada recurrente en los niños puede indicar la presencia de dos tipos de padecimientos: visuales o del sistema nervioso. Por eso, los especialistas recomiendan mantener un control en el comportamiento visual de los pequeños y estar pendientes de cómo evoluciona. Si creemos que no lo hace cómo debería habrá que acudir a un especialista para que realice una pequeña revisión.

Problemas Visuales

Lo primero que debemos saber es que los órganos visuales tienen un tiempo de adaptación para su funcionamiento correcto. Y, por eso, incluso después del parto, cada ojo continúa acostumbrándose a la recepción de los estímulos hasta llegar a su estado más óptimo.

Si tenemos contacto directo con nuestro hijo podemos notar que tiene unos movimientos extraños en los ojos. Esto se notará en el caso de que, por ejemplo, veamos que no enfoca cuando le estamos dando el biberón, y nos podrá indicar que se trata de un problema de estrabismo. Hay que tener en cuenta que una mirada dispersa podrá ser normal, pero hasta cierto punto.

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Cuando los niños son muy pequeños, sus ojos podrán estar un poco desorbitados hacia adentro, lo que indicará que los órganos visuales están aún adaptándose a cumplir su función. En estos casos, los padres podrán desarrollar algunas actividades y ejercicios que ayudarán a los pequeños. No obstante, este contratiempo deberá superarse cuanto antes, principalmente, a partir del sexto mes de vida.

En el caso de que esto no suceda, el especialista podrá diagnosticar una enfermedad e iniciar un tratamiento médico. Además, cuanto más tiempo pase, más complicado será realizar la corrección. También, podrás observar que tu pequeño tiene la mirada perdida y que mire hacia otro lado cuando interactuamos con él.

Otras señales que tendremos que tener en cuenta será si el bebé no fija la mirada. Los niños, a partir de los tres meses, deben ser capaces de fijar y coordinar su mirada. Si no pueden y sus ojos se mueven constantemente probablemente es que hay algún problema. También, puede ser que el niño no siga a los objetos con la mirada, algo que será normal hasta cierta edad y se puede trabajar con ejercicios.

Otra posibilidad podrá ser que el pequeño mueva los ojos hacia una determinada dirección. Este síntoma demostrará poco control de los órganos oculares, así como una falta de alineación. El lagrimeo también podrá ser una posibilidad y se producirá cuando el bebé presente lágrimas constantes en los ojos, incluso cuando no haya llorado. Por eso, podría existir algún fallo en la función del parpadeo.

Un pequeño con un semestre de vida ya debe ser capaz de observar prácticamente como un adulto. Así, como ya hemos comentado, los padres tendrán una labor importante, ya que tendrán que ser los encargados de hacer los ejercicios estimulantes.

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Problemas en el Sistema Nervioso y Autismo

Así, existe la posibilidad de que se trate de un problema en su sistema nervioso y, en la actualidad, esto se relaciona con la presencia de algún grado en autismo de los niños. Por eso, en el caso de que tengamos alguna sospecha, lo mejor será consultar con un pediatra.

Será este quien encargará una revisión oftalmológica para llegar a un buen diagnóstico.

Movimientos Repetitivos: ¿Cuándo Preocuparse?

Durante los primeros años de vida del bebé, es muy habitual que los papás se preocupen porque observan ciertos movimientos repetitivos. Unos de los más comunes son los movimientos de la cabeza.

Durante los primeros años de vida, los bebés aprenden a moverse y a relacionarse con el entorno que les rodea. Entre otras destrezas, deben aprender a comunicarse, a mantener la cabeza erguida e, incluso, a dormir correctamente. Mientras aprenden nuevas destrezas, es muy habitual que realicen comportamientos repetitivos. Sin embargo, muchos papás pueden preocuparse y pensar que son extraños. Por ejemplo, es muy frecuente que los padres se pregunten “¿por qué mi bebé mueve mucho la cabeza?”. A menudo piensan que es un comportamiento anormal o que el bebé quiere transmitirles algo.

Las conductas repetitivas suelen aparecer antes del primer año de vida y desaparecen con el tiempo. En muchos casos, los bebés y los niños repiten una acción porque la asocian con algo placentero. En el caso de los movimientos corporales repetitivos no se conocen muy bien sus causas, ya que pueden variar según el niño.

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En los bebés, es muy frecuente el balanceo del cuerpo o el movimiento de la cabeza. Se cree que tratan de mecerse como lo hacen sus papás. Esto les ayuda a relajarse y, finalmente, a quedarse dormidos. Es el principal motivo por el que un bebé mueve mucho la cabeza.

El movimiento de cabeza más común en bebés es el golpeo de la misma con la cuna (head banging). Es un comportamiento repetitivo que aparece en torno a los 8 meses de edad y puede extenderse hasta los 3 años. Suele durar unos 15 minutos y se acompaña de otros movimientos, como el balanceo del cuerpo. El porcentaje de niños en los que aparecen estos movimientos repetitivos no es muy elevado. Sin embargo, se considera un comportamiento normal que aparece en bebés sin ninguna patología.

Otro de los movimientos repetitivos más frecuentes en bebés es el balanceo de la cabeza de lado a lado. Aparentemente, el bebé dice que ‘no’ con la cabeza. Este movimiento se conoce como “head rolling”. Suele durar unos 15 minutos, como en el caso anterior, y lo realizan en la cuna o la cama, justo antes de quedarse dormidos.

Debido a que es un comportamiento normal, no debes preocuparte si el bebé mueve mucho la cabeza. Aún así, si continúas teniendo dudas u observas algún otro comportamiento extraño, es muy importante que acudas a tu pediatra.

El Aleteo de Manos en Bebés

El aleteo de manos es un movimiento repetitivo e involuntario en el que el niño agita las manos de forma rápida, generalmente como respuesta a una emoción intensa (de excitación, nerviosismo o cansancio). Sí, es relativamente común durante ciertas etapas del desarrollo infantil, especialmente en niños menores de tres años.

Debes prestar especial atención si el aleteo es muy frecuente o intenso, si persiste más allá de los 5-6 años sin tendencia a reducirse, o si se acompaña de otras señales como falta de contacto visual, retraso en el lenguaje o comportamientos repetitivos más complejos.

Puede estar presente en niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), pero no siempre indica la existencia de este diagnóstico. También puede observarse en niños con desarrollo típico o con otros trastornos neuroconductuales. Lo más importante es no regañarlo ni presionarlo.

Por lo general no, pero si el movimiento es muy intenso o frecuente, podría generar molestias en muñecas o brazos.

Retraso en el Desarrollo y la Importancia de la Detección Precoz

Valorar el estado de desarrollo de un niño es bastante más complejo, dada la importancia de los primeros años, la intervención temprana es crucial, por ello es fundamental la detección precoz de cualquier síntoma, los más frecuentes del desarrollo suelen incluir casi siempre una “mirada perdida” o “poco despierta”.

Si algo agobia a los padres es una sospecha de que el desarrollo neurológico va mal. Y no es para menos, el peso y la talla pueden afectar al futuro de tu hijo, pero su capacidad intelectual es evidente que mucho más, si tienes sospechas de que el desarrollo de tu hijo no va bien, fíjate en su mirada. Y si su mirada te hace sentir que las sospechas tienen fundamento, consulta al pediatra.

Sin embargo no podemos asustarnos al primer síntoma, pues no mirar a los ojos significa que puede tener alguna dificultad o no sea nada más que timidez o inmadurez del niño, es importante observar si nuestro hijo se relaciona con otros niños, los busca o es capaz de jugar con ellos, también si al contar sus hazañas o juegos, mira a cualquier lado menos a la cara de su interlocutor, pero lo relata todo muy bien.

Hipercansancio en Bebés

Es un estado al que llega el cuerpo humano cuando no ha obtenido el descanso que necesita. El hipercansancio es una respuesta natural del cuerpo: luchar contra el cansancio secretando hormonas estimulantes. Esta energía hace que el sistema entre en un estado de alerta que complica mucho entrar en un estado de somnolencia para conciliar el sueño y mantenerlo.

Si tu peque está en edad de dormir siestas, es fundamental que las duerma. Recuerda que si tu bebé “no duerme durante el día, dormirá mejor por la noche” es un mito y no funciona así.

Tics en Niños

De pronto un día comienzas a observar que tu hijo tiene tics; empieza a parpadear rápidamente y nosotros, como padres y sin poder evitarlo, nos empezamos a poner nerviosos.

Los tics son movimientos repentinos, rápidos e involuntarios propios de la infancia y la adolescencia. Pueden ser:

  • Motores: como por ejemplo los oculares, con parpadeo; o encogimiento de hombros o giro de cuello.
  • Fonatorios: con carraspeo, ruidos repetitivos, palabras…

Empeoran en situaciones de estrés, de máxima concentración o ante la exposición a pantallas (televisión, videojuegos, móvil…) y típicamente desaparecen durante el sueño.

Se estima que hasta un 20% de los niños los tendrán, siendo mucho más habituales en niños que en niñas en una proporción de 4 niños por cada niña. Normalmente suelen comenzar hacia los 5-7 años, a veces antes y se pueden acentuar entre los 8-12 años. Aunque en torno a los 15-16 años tienden a desaparecer.

Los niños suelen sentir un deseo irrefrenable de hacerlo y si no lo hacen se sienten mal. Suelen decir que “sienten la necesidad de hacerlo” y refieren sensación de alivio tras llevarlos a cabo.

Hay múltiples causas, con componente genético además del ambiental y/o psicológico.

La inmensa mayoría de las veces tienen un curso benigno y autolimitado, es decir, se van solos en menos de un año. Así que, tranquilos.

Sin embargo, conviene hacer una revisión oftalmológica para descartar patología ocular. No sería el primer niño diagnosticado de tics que lo que realmente tiene es un problema ocular que es lo hace que el niño parpadee incesantemente (defectos de visión, cuerpo extraño, conjuntivitis alérgica…)

Los tics que duran más de un año se denominan tics crónicos y merecen ser estudiados con detenimiento ya que pueden ir asociados a otros trastornos, como puede ser Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDHA) o un Trastorno de Gilles La Taurette.

Para estos niños, ese pequeño avance le ha supuesto un gran esfuerzo, y por ello debe ser reconocido.

¿Qué debo hacer?

  • Antes de nada, tranquilizarte. Son muy frecuentes y la mayoría de ellos tienen una evolución benigna y limitada.
  • Descartar que no tenga un problema de visión, por lo que conviene acudir al oftalmólogo infantil.
  • Eliminar la sobrexposición a las pantallas, videojuegos, estrés…
  • Enseñarle técnicas de relajación, controlar la respiración.
  • Identificar qué le producen los tics para intentar hacer maniobras de distracción.
  • No recriminarle, ni castigarle, ni reñirle. ¡Él no tiene la culpa!
  • Mucho refuerzo positivo cuando consiguen controlar los tics o sustituirlos por otras actividades. Para estos niños, ese pequeño avance le ha supuesto un gran esfuerzo, y por ello debe ser reconocido.

Consultar con el especialista para valorar estudio y tratamiento si presenta alguna de estas características:

  • Duran más de un año.
  • Interfiere con su vida normal, en el colegio, con sus amigos, en casa.
  • Tiene excesivas manías o es muy rígido.
  • Si además presenta otros síntomas: fracaso escolar, cefaleas frecuentes, trastornos del sueño, problemas de visión, cambios en su comportamiento…

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