¿Qué vitamina no contiene la leche materna?
La leche materna es el mejor alimento para los lactantes. Permite alcanzar un óptimo estado nutritivo, evita alteraciones metabólicas y trastornos digestivos, porque la composición de la dieta no representará en ningún momento una sobrecarga de la capacidad funcional del aparato digestivo.
Además, suministra protección antiinfecciosa y antialérgica. El efecto antiinfeccioso obedece a que el lactante no sólo recibe nutrientes por la leche. En su composición existen una serie de sustancias que, por diferentes mecanismos, van a proveerle de una defensa local frente a agentes infecciosos (inmunidad pasiva prestada por la madre), mientras maduren los mecanismos que le permitan contar con su propia inmunidad activa.
Aunque la composición varía de una mujer a otra, de un día a otro, incluso dentro del mismo día y de la misma toma y también según la edad de gestación del hijo, existen unos rasgos comunes destacados en su composición que la hacen única. Como los requerimientos del lactante no son siempre los mismos y varían sobre todo en función de la madurez, la leche materna modifica sus características de acuerdo a las demandas del niño, a su capacidad para digerir y metabolizar los distintos nutrientes, y a la mayor o menor necesidad que tenga de recibir protección pasiva, circunstancias sometidas a una permanente evolución.
La leche materna se adapta a los requerimientos nutricionales. Tanto el volumen de leche, como la calidad de los nutrientes y de otros factores con misión defensiva, van a encontrarse en la leche de la madre en perfecta concordancia a las necesidades exigidas en cada momento. El volumen de leche producido por la madre aumenta progresivamente a partir de los pocos centímetros cúbicos segregados el primer día.
Este crecimiento alcanza los 700 ó 900 ml/día que por término medio suele producir la mujer en un estadio de lactancia plenamente establecido. Además, la leche materna se adapta al apetito y a la madurez. Su cantidad y su composición varía según el grado de madurez del hijo. También se adapta a la capacidad digestiva y metabólica.
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Sin embargo, aunque la leche materna es el mejor alimento para los lactantes, tiene una limitación conocida: no contiene suficiente nivel de vitamina D para un metabolismo fosfocálcico adecuado.
Estudios científicos han demostrado que, entre la variedad de vitaminas y minerales que ambos necesitáis durante la lactancia, hay nueve nutrientes clave que pueden influir en la calidad de tu leche.
En casos especiales, la vitamina D puede ser insuficiente, por lo que en estos bebés no serán olvidados los suplementos de vitamina D (los biberones de fórmulas adaptadas la llevan ya incorporada).
Sabiendo que la deficiencia materna en vitamina D conduce a una disminución de sus niveles en la leche, podría pensarse que si suplementamos a la madre con vitamina D podríamos aumentar sus niveles en la leche.
En este estudio se incluyeron lactantes y madres con LM a las 4-6 semanas de vida y que pretendiesen continuar con la misma durante seis meses más. Los lactantes debían tener una edad gestacional al nacimiento mayor de 35 semanas y estar sanos. En cuanto a los niños, no se observaron diferencias entre los dos grupos al final del estudio, con unos niveles de vitamina D alrededor de los 110 ng/ml.
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Un 70% de los niños parte de una situación de deficiencia de vitamina D que se resuelve en los dos grupos a los cuatro meses. Hay que tener en cuenta que el estudio tiene dos limitaciones importantes desde el punto de vista metodológico. El primero es la alta tasa de pérdidas durante el seguimiento, lo que hace que el tamaño muestral final sea menor que el calculado previamente, con la consiguiente pérdida de potencia estadística y, por tanto, menor capacidad de detectar diferencias entre los dos grupos.
El segundo es la alta prevalencia de mujeres obesas, en las que la suplementación puede ser menos eficaz. Los resultados de este estudio son superponibles a los de otros realizados previamente, en los que también se observan niveles de vitamina D similares en ambos grupos, óptimos y por encima del nivel de suficiencia.
Únicamente quedarían por definir dos puntos para recomendar esta práctica de manera generalizada. El primero sería estudiar qué pasa con las madres obesas, ya que la suplementación con vitamina D en este subgrupo no se ha mostrado tan eficaz como en la población sin sobrepeso. El segundo sería definir la dosis de vitamina D que debe ser utilizada. Aunque hay estudios que avalan la seguridad de hasta 10 000 UI/día, la dosis diaria máxima recomendada por el Instituto de Medicina de EE. UU.
La leche materna contiene normalmente cantidades suficientes de las vitaminas hdrosolubles, es decir, vitaminas del grupo B y vitamina C. La vitamina A es necesaria para el crecimiento y el desarrollo, para una piel sana, una buena vista y un funcionamiento eficaz del sistema inmunológico.
Hay algunas características de las vitaminas D3 y K (que son importantes para el desarrollo de los huesos) que deben tenerse en cuenta. Nuestra fuente natural de vitamina D3 es la luz solar. En los meses de invierno (de noviembre a febrero) solo producimos pequeñas cantidades de vitamina D3, debido al bajo nivel de radiación UV, y además la piel no es capaz de almacenarlo.
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La deficiencia de vitamina K puede desarrollarse en los primeros días de vida por varias razones: La cantidad de vitamina K en la leche materna es relativamente baja: El bebé tiene bajas las reservas de vitamina K al nacimiento La flora intestinal Bifidus-dominante de los niños amamantados- parece que sólo puede elaborar cantidades pequeñas de vitamina K.
En casos excepcionales: la leche materna tiene poca vitamina K. Actualmente se da un suplemento de vitamina K en todos los recién nacidos para prevenir la llamada enfermedad hemorrágica del recién nacido.
Ventajas de la lactancia materna para el niño
Todo son beneficios. Obtiene un mejor estado digestivo y metabólico, mejor estado nutritivo, mayor protección inmunológica, menor riesgo de sensibilización alérgica, mejor evolución psicológica, menos enfermedades y menos mortalidad infantil y prevención de trastornos posteriores.
¿Qué contiene la leche materna?
- Bajo contenido en proteínas (0,9-1,1 gr/100 ml), aunque adaptada a su velocidad de crecimiento. El cociente caseína/seroproteínas es de 10/90 al comienzo de la lactancia, pasando a 40/60 en la leche madura.
- Importante cantidad de nitrógeno no proteico y de presencia de ciertos aminoácidos esenciales para el recién nacido (como la fenilalanina y la tirosina).
- Elevado contenido de lactosa, fuente de galactosa necesaria para la maduración cerebral, que mantiene un bajo pH a nivel intestinal, y que favorece el desarrollo de una peculiar flora intestinal con indudables beneficios defensivos.
- Ácidos grasos monoinsaturados de cadena larga, de mayor rendimiento calórico, fácil absorción, y sin efecto aterogénico.
- Abundan los ácidos grasos poliinsaturados, esenciales para el ser humano, e imprescindibles para la formación de numerosa estructuras (cerebro, retina, o membranas celulares entre otras) o para la síntesis de prostaglandinas, tromboxanos y otras sustancias biológicas.
- Bajo contenido en sales minerales, y un cociente de calcio/fósforo que favorece la absorción del calcio y que facilita la mineralización ósea.
- Contenido suficiente en vitaminas y presencia de enzimas y hormonas.
La leche materna permite alcanzar un óptimo estado nutritivo, evita alteraciones metabólicas y trastornos digestivos, porque la composición de la dieta no representará en ningún momento una sobrecarga de la capacidad funcional del aparato digestivo. También suministra protección antiinfecciosa y antialérgica.
La leche humana procedente de mujeres sanas contiene la proporción óptima de ácidos grasos omega 3 y omega 6. La leche humana contiene pequeñas cantidades de proteínas, sólo 8,10 g / L. Las proteínas consisten en el justo equilibrio de las caseínas y las proteínas del suero de leche. Se detectan en cantidades bajas en muestras de leche humana.
Podemos imaginar la leche materna como una emulsión especial de composición compleja: Incluye más de más de 200 componentes, carbohidratos principalmente, pero lípidos de alta calidad, proteínas y glóbulos grasos disueltos en una base acuosa. La leche materna es un 87,5% agua. La lactosa es importante para el desarrollo del sistema nervioso y del cerebro.
La lactosa también es de gran importancia para una flora intestinal sana. Ellos están presentes a un nivel de entre 1 y 1,2 g por 100 ml . Son carbohidratos no digeribles que estimulan el crecimiento de bacterias beneficiosas para la salud en el intestino, principalmente bifidobacterias. Los científicos hablan de las «propiedades prebióticas» de los oligosacáridos.
Los hidratos de carbono no digeribles en la leche materna sobreviven completamente intactos al paso a través del estómago, ya que no son digeridos por las enzimas en el tracto intestinal. Estos, s llegan al colon sin digerir y proporcionan allí un sustrato para el crecimiento de las importantes, Bifidobacterias s y lactobacilos.
Una flora intestinal en la que el Bifidus es predominante puede ayudar a proteger frente infecciones y alergias. Las bifidobacterias son capaces de excretar sustancias que inhiben el crecimiento de patógenos (que causan enfermedades) y gérmenes. También son capaces de crear un ambiente ácido, y por ello antibacteriano, a través de la producción de los ácidos acético y láctico.
Con un promedio de 4,03 g de grasa por cada 100 gramos, la leche materna madura tiene un contenido de grasa muy alto. El contenido de grasa de la leche materna sirve para satisfacer la elevada necesidad de energía y calorías de los bebés a partir de un aporte relativamente pequeño de líquido. La composición de ácidos grasos de la leche materna depende de la dieta de la madre.
La leche materna tiene una mayor proporción de ácidos grasos insaturados que la leche de vaca. El ácido graso esencial -ácido linoleico-constituye el 10% del total de ácidos grasos en la leche materna, mientras que la leche de vaca contiene sólo un 2% de ácido linoleico. Además, la leche materna contiene una gran cantidad de ácido alfa-linoleico, así como otros ácidos grasos a los que se hace referencia conjuntamente como ácidos grasos poliinsaturado s de cadena larga (LCPs).
Los más conocidos y los que representan mayor proporción, son el DHA (ácido docosahexaenoico) y AA (ácido araquidónico). Los LCPs son la base de todas las membranas celulares. Los LCPs están involucrados en la formación de sinapsis (conexión entre las células nerviosas) y son fundamentales para el desarrollo cerebral.
Esto progresoa de forma especialmente rápida durante el último trimestre del embarazo y en los primeros meses de vida del niño. Después del nacimiento, el cerebro crece a un ritmo de 2 g al día - esto equivale a 60 gramos en un mes! Las dos » proteínas «principales presentes en la leche materna son las proteínas del suero de leche y la caseína.
La proteína de suero tiene una consistencia similar al yogur y es fácilmente digerible, garantizando así el vaciado rápido del l pequeño estómago del bebé . La caseína, por otro lado, se coagula en el ambiente ácido del estómago más rápidamente y se digieren más lentamente. La parte nutritiva es la que se descompone en aminoácidos y está disponible para el crecimiento. Las proteínas que realizan una función protectora especial son las inmunoglobulinas (anticuerpos) IgA, IgG, IgM, IgE e IgD, por ejemplo.
Cada madre produce un patrón único de inmunoglobulinas que depende de las infecciones a las que se haya expuesto a lo largo de su vida hasta ese momento. Esta protección especial, se transfiere al sistema inmunitario en desarrollo del niño.
La leche materna contiene normalmente cantidades suficientes de las vitaminas hdrosolubles, es decir, vitaminas del grupo B y vitamina C. La dieta de la madre tiene una influencia limitada en el nivel de minerales y oligoelementos durante los primeros 5 a 6 meses de lactancia.
Los minerales importantes para el bebé son el calcio (Ca) y el fósforo (P), ya que ambos son esenciales para la mineralización ósea. En contraste con la de la leche de vaca, la leche materna tiene una relación de 2.3:1 de Ca: P, que es perfecta para la absorción máxima de calcio.
Los oligoelementos también pertenecen al grupo de los minerales inorgánicos. Se les llama así porque son sólo aparecen y solo se requieren en cantidades mnimas o trazas. El oligoelemento hierro (Fe) es importante para la formación de las células rojas de la sangre y el desarrollo cerebral. Los bebés nacen con una «reserva de hierro» llena, que se ajusta a sus necesidades para 4-6 meses.
Merece la pena mencionar a los nucleótidos. Ellos son el pilar de los ácidos nucleicos: el ADN, el portador de nuestra información genética, y el ARN que es responsable de la biosíntesis de las proteínas. En periodos de crecimiento rápido como durante infancia temprana, la producción normal dentro del organismo es insuficiente Por ello el organismo tiene que recurrir a una fuente de alimentación externa.
La leche materna aporta todos los nutrientes que el bebé necesita. A continuación mencionaremos los nutrientes que forman parte de la leche materna y la función de cada uno:
- Agua: La leche materna es 88 % agua. Por ello estos bebés no necesitan beber agua adicional, incluso en países cálidos.
- Carbohidratos: La lactosa es el principal carbohidrato de la leche materna, estando en un 6 %. Se produce en la glándula mamaria a partir de la glucosa. Su principal función, junto a las grasas, es el aporte de energía, necesaria para el crecimiento y desarrollo del recién nacido.
- Grasas: Los lípidos de la leche materna forman el 3-5 % de la misma, siendo el componente más variable. La grasa representa entre un 40 a 50 % del total de calorías, fácilmente utilizables, de la leche materna. Además, es fuente de ácidos grasos esenciales y vehículo de las vitaminas liposolubles.
- Proteínas: Constituyen el 1 % de la leche materna. La leche humana contiene caseína, seroalbúmina y mucinas. Son producidas en la gládula mamaria, excepto la seroalbúmina que proviene de la circulación materna. Estas proteínas son más fáciles de digerir que las de la leche de vaca. Tienen como función principal el aporte de aminoácidos, fósforo y calcio.
- Vitaminas: Su concentración en la leche materna varia según la alimentación de la mamá. El contenido bajo de minerales (principalmente sodio, potasio y cloruros) promueve el buen funcionamiento renal del bebé.
El calostro, la leche de los primeros días, es un alimento rico en proteínas, minerales y vitaminas, contiene elementos (leucocitos y anticuerpos) que protegen al niño frente a infecciones y alergias. Tiene efecto laxante, ayuda a expulsar el meconio y a prevenir la ictericia.
Favorece el crecimiento, acelera la maduración del intestino y previene la alergia y la intolerancia a los alimentos. Es rico en vitamina A, reduce la gravedad de algunas infecciones como sarampión y diarrea y previene problemas oculares por falta de vitamina A.
A partir de los seis días de vida la leche materna va aumentando el contenido en hierro y en grasa según va mamando el bebé. Durante los primeros siete a diez minutos el pecho produce una leche baja en calorías, con proteínas, hidratos de carbono, vitaminas, minerales, anticuerpos, y vitamina D y agua en cantidad suficiente (por lo que el lactante no necesita tomar agua).
Si el bebé sigue mamando del mismo pecho se produce una leche muy grasa, con alto contenido en calorías, rica en hierro y en vitaminas A y B. Con esta leche se logra que el desarrollo y el crecimiento del niño sean satisfactorios. La leche del final de la toma deja al bebé totalmente satisfecho, evita la sobrealimentación y el riesgo de obesidad.
Hidratos de carbono: El hidrato de carbono más importante en la leche humana es la lactosa, que favorece la absorción del calcio y crea un medio ácido en el intestino del niño que impide el desarrollo de gérmenes peligrosos para el bebé.
Minerales: La proporción de calcio y fósforo en la leche de mujer es la adecuada, de modo que su absorción intestinal es inmejorable. Aunque la proporción de hierro y de zinc en la leche humana es baja, la absorción es muy elevada.
Vitaminas: El calostro es muy rico en vitamina A. La leche humana tiene vitamina D (una forma hidrosoluble de vitamina D3, la vitamina D sulfato), que protege del raquitismo a los lactantes alimentados al pecho. La vitamina E es muy abundante, favorece la absorción de las grasas.
Ten en cuenta que la leche materna contiene los elementos y vitaminas que tienen los alimentos que come la madre. Los complementos alimenticios durante la lactancia son necesarios en los casos en que exista una deficiencia justificada (enfermedad materna, dieta restrictiva, déficit nutricional severo) con el objetivo de cubrir las necesidades nutricionales.
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