La Religión, Lengua y Derecho en la Antigua Roma: Una Visión Detallada

29.10.2025

A lo largo de los más de 1000 años de historia de la Roma antigua, la religión fue un elemento esencial en la cultura romana. Ya en sus orígenes los romanos fueron asimilando creencias y divinidades de otras culturas, como la etrusca. Por todo ello, el politeísmo definió la religión romana.

Las Divinidades Romanas: Públicas y Privadas

Existían dos tipos de divinidades, las públicas y las privadas. Las primeras celebraban rituales para contentar el favor de los dioses con ofrendas, fundamentalmente sacrificios. Estos ritos eran oficiados por sacerdotes. Las segundas rendían culto a aspectos particulares como la protección del hogar y el recuerdo a los antepasados. El pater familias era el encargado de celebrar los actos religiosos.

En la época imperial, y ya con Octavio Augusto, los emperadores se convirtieron en dioses que recibían culto.

El Latín: Lengua de Cultura y Derecho

La literatura, la historia, la filosofía y el resto de disciplinas de la cultura romana tienen algo en común: la lengua que se utilizó, el latín. Gracias al latín llegó hasta nosotros el pensamiento del filósofo hispano Séneca o la oratoria de Cicerón. También la literatura romana tuvo en Ovidio y en Virgilio, autor de la Eneida, a sus principales autores en cuanto a poesía se refiere, y a Plauto como ejemplo máximo de la comedia (clara influencia griega). Gracias a ellos el latín alcanzó el culmen de la belleza.

El latín era hablado por la mayoría del pueblo romano, si bien las capas populares hablaban una versión más coloquial y que recibía influencias de las lenguas que se usaban en los lugares conquistados; de ahí la expresión de latín vulgar. Por último, no hay que olvidar que el latín de un modo u otro perdura hoy en día, gracias al hecho de que lenguas como el castellano, catalán o gallego en España, o el italiano, francés o rumano en el resto de Europa, son fruto directo del latín.

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El Derecho Romano: Base de la Legislación Moderna

En todas las facultades de Derecho de España hay una asignatura (o dos) llamada Derecho Romano. Hasta tal punto fue importante el derecho romano en su momento que muchos aspectos del mismo han perdurado hasta la actualidad. El derecho romano supuso por primera vez una compilación de leyes y normas que regulaban prácticamente todos los aspectos de la vida en Roma, estableciendo los derechos propios de los ciudadanos o las relaciones entre individuos o de éstos con el estado. Se regulaba prácticamente todo, con lo que existió una repuesta legal a cualquier problema cotidiano: desde la propiedad, la herencia, las actividades económicas, las deudas, la participación en la vida política, las obligaciones del estado o el matrimonio. En definitiva, todo y a todos. Excepto a los esclavos.

El derecho romano fue resultado de un largo período de tiempo de recopilación y se fue extendiendo por todas aquellas zonas geográficas que los romanos fueron conquistando. La romanización consistía en algo bien sencillo: los pueblos conquistados y sometidos a Roma fueron asimilando los aspectos culturales de la civilización romana, sustituyendo poco a poco sus costumbres, creencias, leyes e idioma, por los que trajeron los conquistadores, especialmente el latín y el derecho. En aquellos pueblos que poseían una cultura más desarrollada o avanzada o con largo arraigo en el tiempo, la romanización fue más complicada o lenta de llevar a cabo, e incluso inexistente. No ocurrió lo mismo en áreas con cierto retraso cultural.

Por último, conforme la autoridad romana fue menguando con el paso del tiempo y especialmente en la parte final del imperio, el proceso de romanización se fue degradando hasta desaparecer.

Los Etruscos y los Orígenes de Roma

Los etruscos fueron un pueblo itálico prerromano cuyos orígenes fueron planteados y discutidos por la historiografía antigua (griega y romana). Autores griegos propusieron dos tesis migracionistas: la pelasga (Helánico de Lesbos) y la lidia (Heródoto), ambas basadas en relatos míticos vinculados a movimientos coloniales hacia la península Itálica.

La Tesis de los Orígenes «Orientales»

La tesis «migracionista» se basa en dos tradiciones distintas recogidas en el siglo V a. C.

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Origen Pelasgo

Según el testimonio transmitido por Dionisio de Halicarnaso, Helánico de Lesbos identificó en su Phoronìs a los pelasgos como los fundadores del pueblo tirreno.

Como consecuencia, los pelasgos cruzaron el mar Adriático y después de alcanzar el golfo Jónico, desembarcaron en la desembocadura del río Po. Allí, una parte de la expedición se quedó para custodiar las naves allí abandonadas, mientras que el resto se dirigió a Crotona y colonizaron toda la región de Tirrenia.

Origen Lidio

Aproximadamente en los mismos años en los que Helánico difundía la tradición pelasga, Heródoto recogía el relato sobre la fundación del pueblo etrusco por obra del lidio Tirreno que emprende una empresa colonial que llegaría a Italia hacia comienzos del siglo XII a. C.

Los meonios/lidios se dirigieron primero a Esmirna, donde construyeron la flota y embarcaron todos los bienes transportables, y luego, bajo la guía de Tirreno, cruzaron el Mediterráneo hasta llegar al territorio de los umbros, es decir, al valle del Po, donde se establecieron y cambiaron su nombre a “tirrenos” derivado de su líder u oikistés mítico.

La Tesis de la Autoctonía Etrusca

Finalmente, Dionisio de Halicarnaso invalida las versiones anteriores que aún circulaban en su época mediante un razonamiento analítico que fundamenta sobre la base de los siguientes argumentos de tipo lingüístico, cultural y antropológico.

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  • La lengua etrusca no guarda ningún parecido con la lengua pelasga o lidia.
  • La religión y las costumbres de los etruscos no se asemejaban con la religión y las costumbres de los lidios o pelasgos.
  • Los etruscos se llamaban a sí mismos Rasenna con su propia lengua y no con los nombres étnicos (tirsenos/tirrenos o etruscos/tusci) empleados por griegos y romanos para referirse a ellos.
  • La ausencia del origen lidio en la obra de Janto de Lidia, quien hubiera recogido dicha tradición si hubiera sido cierta.

Por todo ello, propone un origen autóctono del pueblo etrusco, es decir, indígena y local, y niega de forma categórica la posibilidad de una descendencia del linaje helénico de los pelasgos quienes fueron sustituidos por los etruscos de forma progresiva en los territorios y ciudades que estos habían dominado en otro tiempo.

La Leyenda de la Fundación de Roma

La historia legendaria de Roma comienza en Troya. Durante la guerra de Troya, un joven llamado Eneas logró escapar de la furia de Aquiles y Ulises ayudado por su madre, la diosa Venus. Ocho generaciones más tarde, una de las descendientes de Eneas, Rea Silvia, mantuvo una furtiva relación amorosa con el dios Marte. De aquel encuentro nacieron dos gemelos: Rómulo y Remo.

El tío de Rea Silvia, el rey Amulio, mandó abandonar a los legítimos herederos en una cesta entre las corrientes del río con la intención de que muriesen ahogados. Pero el canasto quedó varado en uno de los recodos del Tíber y, al oír los llantos, una loba halló a los niños y los amamantó. Los hermanos crecieron y se vengaron matando a Amulio, para regresar luego al lugar que les vio renacer. En aquel recodo del río donde la cesta fue a encallar, Rómulo y Remo fundaron Roma el 21 de abril de 753 a. C.

Los Primeros Romanos: Latinos, Sabinos y Etruscos

Al parecer, latinos y sabinos ya encontraron una pequeña colonia etrusca establecida en el lugar elegido. Lo más probable es que funcionara como punto de avituallamiento para sus embarcaciones comerciales. Mientras, latinos y sabinos comenzaron a construir sus chozas de barro y ramaje sobre la cima del Palatino, a salvo de las crecidas del río. Compartían lengua, costumbres religiosas y, posiblemente, mujeres.

Según la tradición, la ciudad fue dividida en tres tribus: la latina, la sabina y la etrusca. A cada tribu correspondían diez curias, o barrios. Y cada una de estas curias la formaba un grupo de diez clanes, o gentes (cada gens estaba identificada con un antepasado común). Varias familias formaban una misma gens, y a la cabeza de cada familia estaba el paterfamilias, o jefe de la casa. Los romanos profesaban una absoluta devoción por sus antepasados, y la figura del paterfamilias era respetadísima.

La Influencia Etrusca y el Fin de la Monarquía

Llegados de toda Etruria, carpinteros, arquitectos, herreros y mercaderes inundaron la urbe con sus actividades. Las tiendas y negocios se multiplicaron, y los campesinos decidieron trasladarse a la ciudad. Riadas de esclavos también llegaron desde las tierras conquistadas. Nacía así el plenum, la plebe, ingentes masas de extranjeros sin voz ni voto.

Con el apoyo y la riqueza de la nueva “burguesía” etrusca, Tarquino Prisco alcanzó el trono. El nuevo monarca refundó la ciudad al “estilo” etrusco, mucho más refinado. Mandó construirse un palacio y rodeó sus actividades de pompa y fasto. El espacio urbano también cambió. Se ensanchó la ciudad, se efectuó un trazado de las calles delimitando los barrios y echando abajo paulatinamente el enjambre de chozas en que se había convertido la urbe.

En 509 a. C. se instaura la República, que borrará de un plumazo la figura del rex.

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