Tilda Swinton: Biografía, Trayectoria y Legado
Katherine Matilda Swinton, más conocida como Tilda Swinton, nació el 5 de noviembre de 1960 en Londres, hija de Judith Balfour y Sir John Swinton, general mayor retirado en el ejército británico.
Su familia, la familia Swinton, es una antigua familia anglo-escocesa que puede remontar su linaje a la Edad Media. Su bisabuelo paterno fue un político y heraldo escocés, George Swinton, y su tatarabuelo materno materno fue el botánico escocés John Hutton Balfour.
La actriz asistió a tres escuelas independientes, entre ellas West Heath Girls' School, un costoso internado que más tarde ha criticado alegando que era un entorno muy solitario y aislado. En 1983, Swinton se graduó en New Hall, en la Universidad de Cambridge, con un título en Ciencias Sociales y Políticas.
Mientras estuvo en Cambridge, se unió al Partido Comunista y más tarde se unió al Partido Socialista de Escocia. Fue en la universidad donde Tilda Swinton comenzó a actuar en el escenario.
La intérprete se unió a la Royal Shakespeare Company en 1984, apareciendo en 'Measure for Measure'. Su primera película fue 'Caravaggio' en 1986, dirigida por Derek Jarman. También trabajó con el Traverse Theatre en Edimburgo, como protagonista en 'Mann ist Mann por Manfred Karge' en 1987. En televisión, apareció como Julia en la miniserie de 1986 'Zastrozzi: A Romance'.
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Continuó protagonizando varias películas de Jarman, incluyendo 'The Last of England' (1987), 'War Requiem' (1989) y 'Edward II' (1991), por la que ganó la Copa Volpi a la Mejor Actriz en el Festival de Cine de Venecia celebrado el mismo año.
En 1988 fue miembro del jurado en el 38º Festival Internacional de Cine de Berlín y un año más tarde actuó en 'Volcano Saga'. También tuvo el papel principal en 'Orlando'. En 1989 se casó con John Byrne, artista y dramaturgo escocés, con el que tuvo dos hijos gemelos, Honor y Xavier Swinton Byrne. En 1996 apareció en el video musical de 'The Box' de Orbital.
Después, Tilda Swinton se movió hacia proyectos más generales, incluido su papel principal en la película estadounidense 'The Deep End' en 2001, en la que interpretó a la madre de un hijo gay que sospecha que mató a su novio. Por esta actuación, fue nominada para un premio Golden Globe.
También ha aparecido en las películas británicas 'The Statement' y 'Young Adam' en 2003, mismo año en el que colaboraba con los diseñadores de moda Viktor & Rolf, siendo en centro de atención de 'One Woman Show', en el que hicieron que todas las modelos parecieran copias de Swinton y leyó un poema propio. En ese mismo año se divorciaba de su marido, casándose al siguiente año con Sandro Koop, pintor alemán.
En 2005, Swinton actuó como White Witch Jadis en la versión cinematográfica de 'Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario'. Más tarde, tuvo apariciones en las secuelas de Narnia: 'Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian' y 'Las crónicas de Narnia: El viaje de Dawn Treader'. En agosto de 2006, abrió el nuevo centro de producción de Screen Academy Scotland en Edimburgo.
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En 2007, la actuación de Swinton como Karen Crowder en 'Michael Clayton' le hizo conseguir un premio BAFTA a la Mejor Actriz de Reparto y el Oscar a la Mejor Actuación Actriz en un Papel de Apoyo en los 80 Premios de la Academia 2008.
En ese mismo año, apareció en la película 'Burn After Reading' y fue elegida para el papel de Elizabeth Abbott en 'El curioso caso de Benjamin Button', junto a Brad Pitt. Además, en julio de 2008 fundó el festival de cine Ballerina Ballroom Cinema Of Dreams. En 2009, Swinton y Mark Cousins se embarcaron en un proyecto donde montaron un cine portátil de 33,5 toneladas en un camión grande, creando un festival de cine independiente itinerante. El festival se repitió en 2011.
En septiembre de 2009, la intérprete se unió a una petición de las estrellas de Hollywood en apoyo de Roman Polanski y pidió su liberación de la custodia. En febrero de 2013, interpretó el papel de la esposa de David Bowie en el video promocional de su canción 'The Stars (Are Out Tonight)'. En 2015, protagonizó la película de suspense 'A Bigger Splash', y un año más tarde tuvo un papel en 'Ancient One'.
En 2013, The Guardian la nombró como una de las cincuenta mejores vestidas de más de 50 y con frecuencia aparece en las listas internacionales mejor vestidas.
Relación con Pedro Almodóvar
El día que preguntamos a Pedro Almodóvar por Tilda Swinton nos dijo que era su alma gemela. Cuando se lo contamos a ella se emociona y dice: "Qué maravilla escuchar eso porque yo lo siento así también". Y a la pregunta sobre qué chica Almodóvar le habría gustado ser lo tiene claro: “Penélope en ‘Volver’. Con esa falda y ese culo”.
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Swinton (1960) nació en Londres y vivió su lado más underground de los años 80 y, de alguna manera, siente que eso la hermanó con el cineasta que hacía lo propio en Madrid. Uno de sus primeros trabajos artísticos fue meterse en una urna de cristal y quedarse allí varios días como parte de una exposición en la Serpentine Gallery, en lo que era una declaración de principios sobre su manera de entender su profesión, alejada siempre de lo convencional.
Recientemente ha codirigido un documental sobre inteligencia artificial y nuevas formas de aprendizaje y en el momento de atender nuestra llamada por Zoom se encuentra en Taipéi realizando una performance artística. Dentro de este universo heterodoxo, pocos proyectos la han entusiasmado tanto como ‘La habitación de al lado’, segunda colaboración con Pedro Almodóvar tras el corto ‘La voz humana’ (2020).
“Es una película ambientada en Nueva York, rodada en inglés y, aun así, es puramente Almodóvar. Es el territorio de Pedro, y no me refiero a la geografía. Con esta película demuestra que conoce ese paisaje como la palma de su mano y que es capaz de pasar página mientras todo eso permanece”.
Tuve mi primer encuentro con Pedro cuando era estudiante y me encapriché con él. Por un lado me resultaba muy exótico: yo no hablaba español, nunca había estado en España ni desde luego en La Mancha. Era otro planeta. Al mismo tiempo lo sentí tremendamente familiar por dos razones. Una tiene que ver con la época. Yo estaba en Londres haciendo películas con Derek Jarman rodeada de amigos que vivíamos de una manera parecida a como veía en sus películas que él vivía en Madrid.
La otra razón es que soy de un pueblo de Escocia y conozco el ritmo de los sitios pequeños y de la vida entre mujeres. ‘Volver’ podría ser escocesa: la conexión con la mortalidad, con la historia, la relación entre las madres, las hijas, las tías y las abuelas. Eso es lo que hace la gente en los sitios pequeños porque no han construido su mundo fuera de ahí, seguimos viviendo con nuestros fantasmas y nuestros ancestros. Conozco eso bien. Ahora que lo conozco y he entrado en su marco veo esa conexión como algo muy natural.
Interpretas a una enferma terminal que decide organizar su muerte y afrontar su final de forma muy consciente. ¿Te ha removido manejar un material tan sensible?
Ha sido un reto muy particular. No sé tú, pero yo creo que es importante pensar en la propia muerte, vivir sabiendo que un día vas a morir para apreciar la vida. En los últimos años yo he tenido el privilegio de acompañar a varias personas queridas a hacer el mismo viaje en el que Ingrid acompaña a Martha. Así que ha sido algo muy personal, muy íntimo, cercano, y aunque suene extraño, hacer este personaje me ha resultado fácil porque no es producto de mi imaginación.
No soy corresponsal de guerra ni tuve una hija siendo adolescente de la que me he alejado con el tiempo. No comparto el precipicio biográfico al que se enfrenta ella, pero de alguna manera no me resulta lejano, no he tenido que maquillar ni adornar tanto.
En varios momentos de la película pareces un espectro. ¿Has trabajado esto con el director de una forma premeditada?
Mucho, hemos manejado esa idea del fantasma de manera práctica porque para Ingrid ese estado es una manera de visualizar cómo va a recordar a su amiga, mi personaje. Yo he estado en esa situación, no sé si otra gente estará de acuerdo pero a mí me ha pasado, y es una forma de prepararse para el momento de la partida.
Imaginas cómo será todo dentro de unos meses o un año, cuando esa persona ya no esté. Es una especie de juego que anticipa el duelo.
El cine de Almodóvar ha explorado a menudo las relaciones entre madres e hijos y el vínculo entre amantes y exparejas. Pero pocas veces ha hablado como ahora de la amistad. En este sentido no puedo decir que sea una continuación, pero sí que tiene mucho que ver con ‘Dolor y gloria’ por la manera en que habla de la vieja amistad, de los reencuentros y de la importancia tan profunda que cobran en ciertos momentos de la vida. Aquí lleva eso a otro nivel porque ese reencuentro es una bendición para estas dos mujeres.
Trabajaste ya con Pedro Almodóvar en ‘La voz humana’, que para él fue una especie de entrenamiento de cara a este primer largo en inglés. ¿Cómo lo has visto evolucionar desde entonces?
Solo he hecho dos películas con él y ambas son muy diferentes. 'La voz humana' la rodamos durante la pandemia, creo que fue primera que se filmó, y la hicimos rapidísimo, en solo nueve días. Yo creía que porque era un corto y porque estábamos en pandemia. Pero resulta que es igual de rápido y decidido cuando hace un largometraje. Así que no sé si puedo realmente hablar de una evolución.
Bueno, ha hecho ya tres películas en inglés, dos cortos y este largo, y ha ganado mucho en confianza, lo que es bastante impresionante en esta etapa de su vida y después de tantas películas rodadas en español. Ha demostrado, como siempre le dije, que maneja un lenguaje universal que es el cine. Su inglés ha mejorado muchísimo, porque cuando rodamos ‘La voz humana’ no siempre nos entendíamos en términos de idioma y entonces hablábamos en términos de cine: "Esto es un poco ‘La dama de Shanghái’', o esto es más ‘Eva al desnudo’, o esto podría parecer ‘Persona’". Este idioma le sostiene, y da igual si su próxima película decide rodarla en taiwanés.
Hay una serie de directores con los que repites una y otra vez: Luca Guadagnino, Joanna Hogg, Jim Jarmusch, Wes Anderson… ¿Entrará Almodóvar a formar parte de esta selecta lista?
Eso depende de él, pero nada me haría más feliz. Lo siento como una nueva familia, alguien muy cercano que forma parte de mi vida, nos escribimos cuando no estamos juntos. Así que, ¿qué puedo hacer para que eso pase? Rezar y esperar.
La Hija Eterna
Desentrañar los recuerdos más felices y también los más duros puede ser un proceso laberíntico, angustioso, triste y duro, pero también reconfortante e inspirador, especialmente cuando se logra salir del pasillo angosto que no deja ver a nada ni a nadie más allá del trauma que uno vive. Y algo así, con muchos matices y mucha escenografía fantasmagórica y espectral, le ocurre a la protagonista de La hija eterna, encarnada por Tilda Swinton, al buscar junto a su madre algunos secretos de su pasado.
La británica Joanna Hogg, uno de los referentes más relevantes del cine europeo actual, dirige este drama familiar, que se acerca al género fantástico lo suficiente como para desconcertar a un espectador intrigado por lo que intuye pero nadie le muestra. La protagonista es una cineasta que viaja con su madre a un solitario hotel que, tiempo atrás, fue la casa familiar en la que se crio la progenitora. Esta es una historia de madres y de hijas, o de hijas que a aferran a sus madres ante el inexorable paso del tiempo, pero en la nueva película de Joanna Hogg no hay ni una gota de sensiblería, sino cierta fascinación ante sentimientos desconocidos que, por sí mismos, resultan inquietantes.
La niebla, el gesto hierático de una Tilda Swinton que encarna tanto a la anciana madre como a la hija adulta, así como las conversaciones son solo la guinda de una historia llena de penumbras y también de ternura. Esta es una historia de madres y de hijas, o de hijas que a aferran a sus madres ante el inexorable paso del tiempo, pero en en la nueva película de Joanna Hogg no hay ni una gota de sensibleríaTambién hay aquí grandes dosis de enigma y de misterio, incluso un terror que uno a menudo siente infantil, como si la directora fuese consciente de provocar pavor desde la nada absoluta, la misma oscuridad que atemoriza a los niños cuando pasan delante de la puerta abierta de un cuarto oscuro.
Desde la primera escena, en un taxi que lleva por una vía arbolada a la protagonista y a su madre, uno observa el misterio de las miradas que no se cruzan jamás.Uno sabe pronto que se encuentra en una película llena de misterios, y aunque no quedan claras cuáles son las ausencias y cuáles las presencias, lo importante es descubrir qué ocurre en la mente de su protagonista, que recorre sin parar los pasillos y las escaleras en busca del ruido que atormenta su cabeza, probablemente, un sinfín de preguntas sin respuesta.
Las perspectivas imposibles en el laberinto de peldaños y puertas que a medida que avanza la película parecen desafiar las leyes de la gravedad, se suman a los juegos de espejos, y uno no sabe si lo que le muestra es la imagen real o una simple ensoñación.
La hija eterna llega con el aval del Festival de Venecia, donde compitió por el León de Oro, y después de participar también en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Además, recientemente el D'A Film Festival Barcelona de cine de autor le ha dedicado una retrospectiva en la que se han proyectado las seis películas de esta prestigiosa directora, también su díptico Souvenir y Souvenir II, basado en su biografía y con las que conecta La hija eterna.
Puede que esta sea una película imperfecta, puede que en esa búsqueda del misterio la realizadora haya encontrado, sin tenerlo previsto, cierto sopor, incluso que el metraje resulte excesivo para una repetición de ideas que no tienen mayor recorrido, que su personaje principal muestre todo lo que tiene que decir demasiado pronto. Sin embargo, y a diferencia de otros cineastas en quienes pronto se advierte el ensimismamiento -sin ir más lejos, Alejandro González Iñárritu y su Bardo, o Ari Aster y su reciente Beau tiene miedo-, Joanna Hogg es tan comedida y delicada en su ejercicio de estilo que se le puede perdonar todo.
Isla de Perros
El pasado viernes se estrenó en los cines españoles Isla de perros, que supone el retorno a nuestra cartelera de Tilda Swinton después de año y medio de sequía (su último estreno en cines fue el 28 de noviembre de 2016 con Doctor Strange). Como bien sabéis, no estuvo de brazos cruzados, sino que participó en dos de los títulos más esperados de Netflix del 2017: Okja y Máquina de guerra. Aunque fueron papeles secundarios, brilló (sobre todo en la primera). Esta es una frase que podría resumir buena parte de la filmografía de la aclamada actriz, pero brillar no es su única faceta, pues hay mucho a explorar detrás de su enigmática figura… y este el reto que nos proponemos hoy.
Tony Gilroy la definió como una «actriz Halloween». Es verdad que su fama proviene mayoritariamente de estos papeles donde se camufla y hechiza la pantalla con sus breves apariciones; no obstante, esto cambia cuando coge el rol de protagonista. En esas ocasiones lo que busca en las páginas de guion es diferente. Sus protagonistas se caracterizan por experimentar una transformación vital durante el filme como consecuencia de una decisión personal (que ella reivindica como acto político). Sus viajes personales siempre consisten en escapar de un uniforme (metafóricamente) para ser más libre.
Para ella actuar implica generalmente jugar con pelucas y vestidos tal y como lo hacían su hija e hijo. Evidentemente este comentario que suelta recurrentemente en entrevistas es una exageración, pues su trabajo es mucho más elaborado, pero sirve para entender su filosofía como actriz. Al no ser una actriz de método, ella estudió para ser guionista; y al no tener unas técnicas preestablecidas, sus interpretaciones son mucho más espontáneas y libres.
También influye en esto que se formó en rodajes donde se la incitaba a experimentar y a descubrir los diferentes registros que habitaban en ella. Por eso, es una actriz que conoce mucho sus límites y puede permitirse irse a lo excéntrico sin perecer. Sus creaciones son tan redondas y completas que, en lugar de recibir instrucciones desde la silla de dirección, alteran la historia para ajustarse a lo que ella propone.
En pantalla la hemos visto hablar en inglés americano, inglés británico, acento escocés, alemán, italiano (con acento ruso), italiano (con acento americano) y francés. Su poliglotismo es realmente fascinante y le permite trabajar en Europa, donde le ofrecen papeles que nunca vería en EE. UU., como Yo soy el amor. Además, consigue resultar natural en cualquiera de las lenguas y dialectos anteriores.
Una persona tan importante en su vida que la menciona en cada entrevista que concede. Lo conoció mientras intentaba abrirse camino como guionista en la industria. También había trabajado como actriz apareciendo en algunas obras de teatro amateur, pero estaba perdiendo el gusto por este oficio. Entonces Jarman la convenció para que asistiera a uno de sus rodajes. Lo que Swinton vio allí no tenía nada que ver con lo había hecho anteriormente, y es lo que aún hoy sigue buscando en cada nuevo proyecto.
El ambiente era muy colaborativo (trabajaban en colectividad) y había mucha variedad de naciones de origen. Les dio las herramientas y les incitó a jugar; muchas veces les daba una cámara de 8 mm para que sintieran la cinta en sus manos. Lo que aún no hemos dicho es que esta figura paterna (el primer director que la actriz conoció) es uno de los autores más importantes del nuevo cine queer británico, y sus películas se proyectaban en los cines más importantes.
Jarman murió 17 años después de conocer a Tilda, período en el que tuvieron tiempo de rodar siete películas, empezando por Caravaggio (el debut de la actriz en el cine) y acabando con Blue. Por aquella época, mediados de los 90, hubo mucha mortalidad, y Swinton perdió a buena parte de sus personas más cercanas.
Aunque la definición de este término establece una relación de desigualdad entre artistas, ella busca relaciones de amistad que, con el tiempo, desembocarán en proyectos. Esto es cierto hasta tal punto que la podríamos considerar coautora de muchas de sus películas, ya que varias de ellas han nacido de conversaciones que ella mantuvo. Su aura de misterio y prestigio la rodea de las voces intelectuales más potentes del momento (de músicos como David Bowie a humoristas como Amy Schumer, pasando por pensadores políticos como John Berger).
Swinton nació en Londres, pero creció en Escocia. Ella está muy orgullosa de sus raíces y cree que Escocia es un país. Su familia lleva siglos viviendo en la misma área, y quizá por eso mucha gente cree que tiene un físico de otra época. Ella misma ha confesado que en su casa de la infancia las paredes estaban llenas de cuadros de sus antepasados, quienes se parecían mucho a ella. Así, se acostumbró a verse enmarcada ya desde pequeña, razón por la cual no le incomoda verse en el cine y puede editar sus películas con objetividad.
Somos fans número 1 de la actriz, pero también hay que saber reconocer cuando se equivoca. Durante la promoción de Doctor Strange, un numeroso grupo de personas asiático-americanas comentaron en las redes sociales que el hecho de que Swinton interpretara un personaje que en el pasado había sido asiático era una muestra más de cómo Hollywood lleva años apropiándose de las culturas asiáticas, con casos como el de Marlon Brando interpretando a un japonés y a un indio.
Al ver una actuación de Tilda Swinton, seguramente os habréis dado cuenta de que siempre parece que hay algo detrás, que solo estamos viendo una capa del personaje. A veces también podemos percibir con gran precisión el proceso de pensamiento del personaje al mirar el rostro de la actriz. Todo eso es porque Swinton tiene especial predilección por las escenas que muestran fallos en el sistema de comunicación, personas que no se saben explicar bien, silencios.
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