Videoclips para Bebés: Beneficios y Riesgos

24.10.2025

El uso de las nuevas tecnologías se ha convertido en un quebradero de cabeza para muchas familias que se ven incapaces de desenganchar a sus hijos de los móviles, tablets o el ordenador. Los menores españoles tienen su primer móvil a los 10 años y su primer Smartphone a los 12.

Uno de los primeros aspectos a tener en cuenta sobre el uso de las nuevas tecnologías en los niños es que éstas han llegado para quedarse y que se debe asumir que su uso será imprescindible en un futuro para ellos. Así, los padres deberán, en primer lugar, tener conocimiento sobre ellas y todo lo que les pueden aportar a sus hijos. Solo así podrán enseñarles sus peligros o sus beneficios.

Redes sociales y niños

Hoy en día, los niños y las redes sociales van de la mano. Existen actualmente redes sociales especialmente diseñadas para niños y redes sociales de adultos que nuestros hijos/as utilizan desde peques (cada vez más jóvenes, de hecho). Pero, en la versión para adultos puede que terminen viendo vídeos a los que preferiríamos que no tuviesen acceso todavía. YouTube Kids ofrece contenidos específicos para niños divididos en varias categorías: «Programas», «Música», «Aprender» y «Explorar» son las básicas, pero también pueden aparecer otras, como «Fiestas en Navidad».

Los niños/as tienen acceso a internet a la media de edad de los 7 años. De acuerdo a un estudio sobre el uso de las redes sociales, un 12,8% de los adolescentes hacen un uso considerado excesivo de las redes. De esta misma manera, según datos del informe anual sobre hábitos digitales de los menores, elaborado por Qustodio, los niños/as pasan una media de 4 horas diarias frente a la pantalla (excluyendo el tiempo en las aulas), es decir, 1.460 horas al año.

Uno de los peligros de las redes sociales es el acceso de los menores a pornografía online, que constituye, además, una de las mayores preocupaciones de las familias españolas, de acuerdo a Internet Segura For Kids (is4k). Asimismo, el ciberacoso escolar o ciberbullying es una problemática que lleva, lamentablemente, muchos años presente en nuestras vidas. Según expertos de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y Adolescente (AEPNyA), las redes sociales pueden afectar a nuestros niños y jóvenes creando en ellos un alto malestar emocional.

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No obstante, son también muchos los beneficios que aportan tanto la tecnología como las redes sociales en niños, jóvenes y adultos. Entre ellos, a veces las redes juegan un papel de conector social, donde muchos encontramos una representación dentro de alguna comunidad, una conexión o un apoyo en los demás.

Consejos para padres

Si tu hijo quiere abrirse un perfil en una red para adultos, infórmate bien para poder protegerle y asegurar que hace un buen uso de estas plataformas. Antes de darle permiso, ayúdale a configurar su perfil con la máxima privacidad posible (que tenga su cuenta restringida es un básico), explícale los riesgos que tienen y mantén la vigilancia sobre lo que sube a estas redes y cómo interactúa en ellas.

El impacto de la tecnología en la infancia

Las nuevas tecnologías y los servicios digitales emergentes han introducido cambios importantes en las vidas de los niños y las niñas del siglo XXI, siendo, actualmente, sus usuarios/as más frecuentes. Así, los y las menores están creciendo con plataformas digitales como Instagram o YouTube y saben utilizar una Tablet incluso antes de comenzar a hablar.

En este contexto, desarrollar la resiliencia digital es una habilidad importante para el uso de las tecnologías en la infancia, en la que tanto las familias como los centros educativos, desempeñan un papel crucial. Tal y como señala la OECD, en los últimos años, ha habido un aumento significativo en el uso de Internet entre los niños de 0 a 8 años, debido, en parte, “porque comienzan a utilizar dispositivos digitales a edades cada vez más tempranas”.

Algunos estudios señalan que el tiempo que los y las menores pasan conectados online se correlaciona significativamente con el tiempo que los padres pasan también online, así como con la disponibilidad de dispositivos tecnológicos en el entorno doméstico, lo que, a juicio de la Organización, evidencia que “tener dispositivos digitales en casa puede hacer que los niños se familiaricen con la tecnología desde una edad muy temprana”.

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El informe señala que, hoy en día, es más probable que niños, niñas y adolescentes se conecten a Internet a través de dispositivos digitales personales, como teléfonos móviles y ordenadores portátiles. A este respecto, los estudios evidencian que las actividades basadas en pantallas, principalmente, por la tarde y por la noche, están directamente relacionadas con una reducción de la calidad del sueño. Además, el contenido online puede provocar un despertar psicológico y fisiológico, lo que dificulta la conciliación y la duración del sueño.

Según datos de PISA, se ha registrado un aumento significativo en la proporción de niños/as y adolescentes en los países de la OCDE, que utilizan con frecuencia Internet para actividades de ocio. Esta última actividad es la más popular entre los y las menores, con diferencias en función del género: el 75% de los niños de 15 años participan en juegos de un solo jugador con regularidad y más del 13% juegan todos los días; el 70% juega regularmente a juegos colaborativos online, y casi el 20% lo hace todos los días.

De acuerdo con la OECD, los factores psicológicos también influyen en el uso excesivo de Internet: los niños y niñas que experimentan ansiedad, depresión, angustia psicológica o tienen síntomas de trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) o trastorno del espectro autista (TEA) tienen más probabilidades de ser “usuarios extremos de Internet”.

En función del nivel socioeconómico, se observa que los/as estudiantes con ventajas socioeconómicas tienen más probabilidad de acceder a la Red para obtener información y aprender, mientras que aquellos/as desventajas socioeconómicas, lo utilizan para jugar más y chatear online.

Este uso de Internet puede tener un coste: un número cada vez mayor de niños se sienten mal cuando no pueden estar conectados online, lo que puede impactar negativamente en su bienestar psicológico.

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Oportunidades y riesgos de Internet

La OECD recuerda que cuanto más tiempo pasan conectados en Internet, mayor es su exposición, tanto a las oportunidades y beneficios que conlleva como a los posibles riesgos que entraña. Así, Internet brinda a los niños acceso a información global. No sólo la cantidad de información disponible ahora es mucho mayor y más accesible, sino que también está diversificada en una amplia variedad de formatos y tipos (por ej., el correo electrónico, los mensajes de voz, sitios web tradicionales, blogs y wikis).

La expansión de productos y servicios online en el sector educativo está brindando a los y las estudiantes más y mejores oportunidades de aprendizaje. La revolución de las TIC ha reducido de forma importante los costes asociados con estas oportunidades: ahora se puede acceder de forma gratuita a muchos recursos educativos online (por ej., cursos, libros de texto, material de vídeo e instrucciones).

Según los datos de este informe, los principales riesgos online que se encuentran los niños y niñas de 9 a 16 años de toda la Unión Europea son, por orden aparición:

  1. Dar información personal
  2. Ver imágenes sexuales/pornografía online
  3. Ver contenido violento o de odio
  4. Ser acosado/recibir comentarios sexuales no deseados

Estos riesgos, aumentan con la edad: los/as adolescentes presentan más probabilidad de riesgos online que los/as niños más pequeños. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, aunque estos últimos están menos expuestos al riesgo online, pueden experimentar más daños como resultado del riesgo, ya que son menos capaces de afrontarlo.

Un riesgo importante para los niños y las niñas es el posible acceso a contenidos agresivos, sexuales/pornográficos o peligrosos. Así, los y las menores pueden encontrar involuntariamente contenido pornográfico online, por ejemplo, al recibir correos electrónicos no deseados, anuncios emergentes, al escribir mal una URL o al realizar búsquedas en la Web.

Por otro lado, participar en redes sociales se ha convertido en una actividad común entre los niños y las niñas. El mayor acceso a dispositivos móviles les permite estar en conexión permanentemente con sus redes sociales, recibiendo mensajes de forma ininterrumpida, revisando sus noticias sociales o publicando actualizaciones personales.

Sin embargo, múltiples investigaciones coinciden en que las redes sociales pueden tener un efecto positivo en el capital social de los y las menores: las relaciones entre iguales se benefician de las redes sociales “con sentimientos más fuertes de conectividad”.

Según el informe de la OECD, los y las adolescentes utilizan las redes para desarrollar su identidad: al tomarse “selfies”, por ejemplo, descubren cómo los ven sus compañeros y compañeras. Esto no está exento de riesgos y puede tener consecuencias negativas para el bienestar de los y las menores: esta comunicación más cuantitativa (por ej., los “me gusta”), puede hacer que los/as adolescentes estén cada vez más preocupados/as por el número de “me gusta”, “favoritos” o “retweets” que obtienen en sus publicaciones.

Una preocupación importante entre padres y educadores es el ciberacoso, definido aquí como “un acto agresivo e intencional llevado a cabo por un individuo o un grupo de individuos, utilizando formas electrónicas de contacto, repetidamente y a lo largo del tiempo contra una víctima que no puede defenderse fácilmente”.

Según el informe, el ciberacoso tiene un impacto significativo en la salud física y psicológica de quien lo sufre, disminuyendo la satisfacción con la vida y aumentando la posibilidad de desarrollar síntomas de depresión y de consumir drogas y alcohol.

Resiliencia digital: Un objetivo clave

Dado que los y las menores son más vulnerables a los riesgos en Internet en comparación con las personas adultas, la OECD pone de relieve la necesidad de enseñarles resiliencia digital, un objetivo para el cual son fundamentales tanto las familias como los centros educativos.

Con respecto a las familias, a medida que los niños se conectan a Internet a edades cada vez más tempranas, los padres y cuidadores están desempeñando un papel más importante en su educación tecnológica. Una mediación eficaz (maximizando las oportunidades online y minimizando los riesgos) reduce la posibilidad de que estos niños y niñas sufran daños por los riesgos online o se conviertan en “usuarios extremos de Internet”.

Por su parte, los centros educativos tienen un papel clave apoyando en el uso seguro y responsable de Internet de su alumnado. El desafío radica en su capacidad para eliminar los usos negativos de Internet y los dispositivos digitales, a la par que mantienen sus contribuciones a la enseñanza, el aprendizaje y la conexión social.

Para adoptar este enfoque, es necesario formar y capacitar al personal docente y de apoyo en tecnología digital, riesgos online y sus implicaciones. De igual modo, es fundamental contar en el centro escolar con políticas y procedimientos eficaces que promuevan prácticas responsables y seguras tanto para el alumnado como para el personal educativo.

A nivel legislativo, el informe recuerda la necesidad de diseñar políticas que aborden los riesgos y aprovechen al máximo las oportunidades que ofrecen las tecnologías para beneficiar a todos los y las menores.

Asimismo, es necesario estimular a niños y adolescentes “para que se conviertan en creadores de contenidos y no solo en receptores”. En este sentido, la OECD lamenta que, aunque Internet ofrece muchas oportunidades para la creatividad y el compromiso cívico, pocos niños/as (20%) aprovechan estas oportunidades. La mayoría todavía utiliza Internet para acceder a contenidos producidos en masa, como escuchar música o ver videoclips online.

El papel de los padres y la programación televisiva

Las relaciones de los menores con la televisión se ve mediada, por una parte, por la que se establece con sus padres y, por otro, por la relación que estos tienen con la televisión; todo ello enmarcado en un modelo familiar que estructura las relaciones con esta pantalla.

Diversas investigaciones han abordado la relación entre la familia y los estilos de consumo televisivo de sus hijos. En 1992, se describieron tres modelos de mediación paterna frente a la televisión: restringida, valorativa y desenfocada. En la primera, los padres determinan el tiempo y el tipo de programas que ven sus hijos; en la valorativa, los padres comparten tiempos de visión y aprovechan para ayudar a sus hijos en la comprensión de los mensajes que reciben; en la desenfocada, no existe ningún control, actuando los menores con total libertad frente a la pantalla.

El uso del ordenador e internet en la infancia

El ordenador se encuentra en la gran mayoría de los domicilios de niños y adolescentes, superando a los presentes en las viviendas españolas en general; de la misma manera ocurre con las conexiones a Internet.

El uso del ordenador en la infancia está muy extendido y aún más el uso de la red. Esta pantalla es utilizada por los menores desde edades muy tempranas incrementando sus conexiones a Internet a lo largo de la infancia, desde el 43,6%, entre los tres y seis años, hasta superar el 90% en la adolescencia, momento en que las conexiones a la red superan al visionado de la televisión.

Las principales actividades diarias en Internet son: la mensajería instantánea, la visualización de videoclips y escuchar música; les siguen: la búsqueda de información, los juegos en solitario o en línea, las tareas escolares y las visitas a un perfil social.

Videojuegos: beneficios y riesgos

La mayoría de niños y adolescentes utiliza los videojuegos a diario, dedicando más tiempo a ellos los fines de semana; los varones son los más consumidores, aunque las diferencias de género se van estrechando.

Según datos de sus fabricantes, los videojuegos son utilizados en España por 15 millones de jugadores, mayoritariamente entre la población infantil y juvenil, siendo el 56% varones. La temática más demandada es la deportiva, seguida por acción y aventura, estrategia y rompecabezas.

Los videojuegos se clasifican mediante códigos de autorregulación creados por los propios fabricantes. En Europa, el sistema “PEGI” (Información paneuropea sobre juegos) califica los videojuegos valorando su idoneidad en relación al contenido, para mayores de 3, 7, 12, 16 y 18 años, independientemente de su nivel de dificultad y con unos iconos que indican la causa por la que fue incluido para determinadas edades (violencia, lenguaje soez, drogas, escenas de miedo, contenido sexual y discriminación).

Tiempo frente a las pantallas

Casi la mitad de los niños y adolescentes entre 9 y 17 años de edad pasan más de dos horas al día delante de todas las pantallas de que disponen, sin tener en cuenta el tiempo de Internet dedicado a las tareas escolares; los días de entre semana, el 49,3% supera este tiempo y, durante el fin de semana, lo hace el 84%.

El estudio de investigación Young Children (0-8) and digital technology, aporta datos sobre el uso que hacen los niños más pequeños de las pantallas en sus hogares. Los datos referidos a España indican que, entre los menores de ocho años, los dispositivos preferidos son la tableta digital y el televisor; son utilizados para jugar, ver vídeos o dibujos animados y, con menor frecuencia, para leer libros digitales.

Redes sociales y mensajería instantánea

El contacto diario a través de las redes sociales con sus pares va aumentando con la edad hasta alcanzar el 71% entre los adolescentes mayores.

El 45% de los menores entre 9 y 16 años declara tener, al menos, un perfil en las redes sociales, es más frecuente entre los poseedores de un teléfono inteligente, en el sexo femenino y aumenta con la edad, llegando al 83% entre los adolescentes mayores.

Beneficios y riesgos del uso de pantallas

Llegadas las nuevas pantallas a la vida de los menores, la televisión pasó a ser un elemento más, acompañando a los videojuegos, al ordenador, a la conexión a Internet y al teléfono inteligente, desde edades muy tempranas.

Las pantallas, de televisión o de las nuevas tecnologías, ofrecen indudables beneficios. Son una fuente inagotable de información, de nuevas ideas y conocimiento, permitiendo así que niños y adolescentes puedan tener contacto con realidades distintas a su entorno. Es una manera más de entretenimiento y diversión y favorecen la socialización y las relaciones interpersonales.

Los videojuegos brindan una serie de beneficios para quienes los utilizan; permiten familiarizarse con las nuevas tecnologías, desarrollar habilidades manuales y de coordinación, ejercitarse en la toma de decisiones y resolver problemas y mejorar la autoestima, además de ser una manera de establecer nuevas relaciones sociales.

Las comunicaciones en línea permiten una fluida relación interpersonal y estimula el diálogo ente los menores, pueden promover compartir inquietudes o acciones e integrar grupos afines.

  • Televisión: los más pequeños pueden tener dificultad para discriminar la realidad de la ficción y un exceso en la exposición a esta pantalla se asocia con retrasos cognitivos, en el lenguaje y en las esferas emocional y social.
  • Sueño: puede verse alterado por un mal uso de los dispositivos electrónicos, estando relacionado con un mayor tiempo de exposición, por disponer de pantallas en sus dormitorios y, probablemente, por la visualización de contenidos violentos en los momentos previos a la hora de dormir.
  • Salud: su uso abusivo implica mayor sedentarismo y está asociado con la obesidad y un mayor riesgo cardiovascular.
  • Exposición a contenidos inapropiados: la exposición al tabaco, al alcohol y a las conductas sexuales de riesgo ante el televisor propicia una iniciación temprana de comportamientos no deseados en la adolescencia.
  • Videojuegos: sus riesgos se centran fundamentalmente en sus contenidos y en el tiempo dedicado a ellos; existe evidencia de que el consumo de videojuegos con contenido violento incrementa los pensamientos agresivos y fuera de control, desensibiliza frente a la violencia y supone un predictor de conductas agresivas entre adolescentes.

El Consorcio europeo EU Net ADB, en el estudio sobre Conductas Adictivas a Internet entre los adolescentes, las define como: “un patrón de comportamiento caracterizado por la pérdida de control sobre su uso, que conduce paulatinamente al aislamiento y al descuido de las relaciones sociales, de las actividades académicas y recreativas, así como en la salud y la higiene personal”.

La Asociación Americana de Psiquiatría ha incluido en la sección 3 de su “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales” (DSM-5), sujeto a futuros estudios, a los Trastornos del juego en Internet (Internet Gaming Disorder) como una adicción; valora para su diagnóstico una “participación recurrente y persistente de juegos grupales sin apuestas con deterioro o malestar clínicamente significativo”.

Publicaciones recientes alertan de un riesgo referido al uso que hacen los padres de las redes sociales volcando información sobre sus hijos en lo que se ha denominado compartir la crianza.

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