Violencia Filio-Parental: Causas y Consecuencias

02.12.2025

La violencia filio-parental (VFP) ha sido objeto de alarma debido a su aumento y a su frecuencia en los últimos años. Los medios de comunicación han tratado este tema a través de la emisión de varios programas televisivos dirigidos a mostrar y dar luz a esta realidad, así como a servir de ejemplo para intentar lograr una mejora en la situación.

Definición de Violencia Filio-Parental

La violencia filio-parental (VFP) es aquella donde “el hijo o hija actúa de forma intencional y conscientemente, con el deseo de causar daño, perjuicio y/o sufrimiento en sus progenitores, de forma reiterada y a lo largo del tiempo” (Aroca, 2010). La violencia filio-parental es una variante de la violencia intrafamiliar.

Mientras que la violencia intrafamiliar puede ser ejercida por cualquiera de los integrantes de un núcleo familiar hacia otro, la violencia filio-parental es aquella a través de la cual un hijo exhibe conductas de maltrato contra sus progenitores (o contra aquellos que ejerzan de progenitores), de forma consciente e intencionada, a lo largo de un tiempo y en repetidas ocasiones que viene a causar daño y sufrimiento en los mismos (aunque este daño no llegue a producirse y el menor no consiga lo que pretende, no puede negarse la existencia del mismo).

La violencia ejercida puede ser psico-emocional, física o económica y consigue causar en los padres una pérdida de autoridad, autoestima y una frustración en sus aspiraciones educacionales. Los hijos suelen llevar a cabo estas acciones con el fin de conseguir control, dominio y poder sobre sus progenitores para conseguir lo que desean.

Existen diferentes formas de ejercer malos tratos. La VFP puede darse de forma verbal, material o psicológica o como mezcla de estas.

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La violencia filio-parental puede adoptar diferentes formas de maltrato:

  • Psicológica: verbal, no verbal y emocional.
  • Física: agresiones.
  • Económica: robar o forzar a pagar deudas de los hijos.

Tipos de Violencia Filio-Parental

  • Violencia Psicológica o Emocional: Es la que los propios padres califican como más grave, pues genera indefensión, pérdida de control y sentimiento de fracaso en su rol parental. Las más habituales en estos hijos son: ignorar o ningunear a los progenitores, humillar, denegar el afecto, expresiones no verbales de desprecio o degradación, retirar el afecto, romper y golpear objetos para amedrentar, amenazar, mentir, insultar, culpabilizar, manipular, ausentarse de casa sin avisar, omisión de ayuda, coaccionar e intimidar (pegar patadas a puertas, pared, lanzar objetos, esgrimir cuchillos o romper cristales).
  • Violencia Económica: Se refiere a conductas que restringen las posibilidades de ingresos/ahorro de los progenitores por medio de robos, venta o destrucción de objetos, generación de deudas (móviles, juegos, compras) y utilización de tarjetas bancarias por parte de los hijos. La violencia económica va acompañada de la psicológica en conductas como: amenazas, mentiras, chantaje emocional, extorsión, coerción y manipulación, básicamente.
  • Violencia Física: Es la más alarmante. Se entiende como violencia física el conjunto de conductas que pueden producir daño corporal causando heridas por medio de objetos, armas o partes del cuerpo para propinar patadas, bofetones, golpes y empujones. Sin olvidar que todo maltrato físico comporta, a su vez, el psicológico emocional (humillación, impotencia, desamparo).

Como resultado de este tipo de violencia, las víctimas ven mermada su autoestima, autoridad y sienten frustración por sus aspiraciones educacionales.

Causas y Factores de Riesgo

Ahora bien, ¿qué causa la aparición de esta violencia en menores, adolescentes, etc.? Es un fenómeno multicausal, en el que influyen las características del menor, familiares, relacionales, ambientales y sociales.

Diversos estudios concluyen que, la mayoría de los hijos menores que ejercen violencia contra sus padres han vivido también situaciones de violencia familiar. Es decir, cuando el menor observa o sufre situaciones de malos tratos o agresiones (tanto físicos como psicológicos), es más propenso a ejercerlas él mismo en el futuro.

Otro de los factores determinantes para la aparición de esta violencia es la falta de límites, supervisión y control y la pérdida de autoridad parental. También influyen factores individuales como:

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  • Una baja capacidad empática.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Baja autoestima.
  • Sentimiento de soledad e insatisfacción vital.
  • Consumo de sustancias.
  • Vínculos sociales pobres o escasos.

En cuanto a los factores sociales que tienen impacto en el desarrollo de conductas violentas hacia los progenitores, destacan:

  • Educación autoritaria-violenta, negligente-ausente, permisivo-liberal.
  • Presencia de conflictos parentales frecuentes e intensos.
  • Baja cohesión afectiva familiar.
  • Ausencia de normas y límites claros.
  • Reducción de la distancia jerárquica entre padres e hijos.
  • Bajo rendimiento escolar, dificultades de aprendizaje.

Nuestra sociedad ha cambiado en los últimos años, de forma esencial: los valores sobre lo que está bien y mal se han difuminado, la cultura del esfuerzo ha ido desapareciendo y ha dado paso al deseo de obtener resultados inmediatos, a la comodidad y la búsqueda de placer. Pocas responsabilidades para niños y jóvenes pero muchos derechos. Se ha colocado a la infancia en un lugar de protección, en el que sus derechos están por encima incluso de quienes les cuidan, padres, profesores, abuelos, vecinos. Los menores muestran baja autoestima, baja tolerancia a la frustración y alta impulsividad.

El Ciclo de la Violencia Filio-Parental

Así, estas situaciones suelen seguir siempre un modelo cíclico, parecido al de otros tipos de violencia, que se caracteriza por seguir las siguientes fases:

  1. Fase de acumulación de tensión: En ella, el hijo acumula tensión debido a la existencia de enfrentamientos con sus padres. Esta tensión es cada vez mayor porque no existen factores que la desactiven.
  2. Fase de explosión: En esta fase es cuando se produce la situación de violencia descontrolada.
  3. Fase de arrepentimiento: Como resultado de la descarga de violencia, se produce en el hijo un falso arrepentimiento que, en muchas ocasiones, no es más que el comienzo de una nueva fase de acumulación de tensión que culminará en otro episodio violento.

Otro punto importante es conocer cuál es la actitud que presenta cada una de las partes en cada uno de estos episodios:

Los progenitores, en la primera fase, muestran una actitud suave y conciliadora. Son conscientes de que hay una situación tensa e intentan reducir el estrés familiar. El hijo, por su parte, interpreta esta actitud como una rendición y sumisión y comienza a exigir de forma agresiva y desmedida su pretensión, dejando sin autoridad a sus progenitores quienes, ante ello, cambian su actitud a una más hostil y severa (que conlleva nuevamente estrés familiar y lleva a la acumulación de tensión).

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Comienza entonces la segunda fase, en la que el hijo lleva a cabo ataques más intensos (y violentos) y con más frecuencia. Como consecuencia se produce la paralización de los padres, que aceptan la pérdida de autoridad y, reafirman inconscientemente la situación de supremacía y triunfo de su hijo, que vuelve a repetir el ciclo.

Características Particulares

Hay varios aspectos particulares que definen este tipo de violencia. Por ejemplo, el hecho de que rara vez es denunciada. Los padres sostienen la situación durante mucho tiempo haciendo que se convierta en crítica antes de tomar la decisión de buscar ayuda externa. Existe, por tanto, una enorme cifra oscura, que no puede ser medida ni controlada.

También, hay que tener en cuenta, que los padres están cada vez más condicionados por el comportamiento abusivo y reiterado de su hijo, por lo que no saben cómo manejar la situación de manera correcta. Otro punto importante es que esta violencia, en ocasiones, deriva en violencia intrafamiliar. El hijo, tras la fase de acumulación, puede llegar a la fase de explosión frente a cualquier estímulo de otro familiar, ya sean hermanos u otro pariente que conviva en el círculo familiar.

Soluciones y Prevención

Una vez analizados los puntos clave de la violencia filio-parental, podemos aportar algunas soluciones. Empezaremos por decir que una de las formas más efectivas de terminar con la violencia es la prevención. Antes de que la situación se produzca, los progenitores pueden orientar la educación del hijo hacia ambientes de no violencia, confianza, diálogo y comprensión, de forma que nunca se llegue a la fase de acumulación por parte de éste.

Afecto, comunicación y disciplina son tres referentes educativos que deben ser equilibrados y aplicados por los progenitores.

Si la prevención no es efectiva y se acaba entrando en el ciclo de violencia, lo importante es intentar modificar las actitudes que hemos estado viendo. Es decir, es necesario romper con la dinámica coercitiva, quebrar el ciclo. Otro punto importante es saber reconocer la situación y buscar ayuda externa antes de que empeore.

Algunas recomendaciones para abordar esta problemática son:

  • Reflexionar sobre nuestro modelo de comportamiento. Madres y padres somos modelos de referencia y nuestra forma de manejar los conflictos va a ser aprendida y muy probablemente repetida.
  • Hablar sobre su estado emocional. En la infancia y la adolescencia, la tristeza en ocasiones se manifiesta en forma de ira, por lo que va a ser muy importante que nos interesemos por sus sentimientos y emociones.
  • Adoptar una actitud de amor incondicional.
  • Establecer pequeñas metas de cambio fácilmente alcanzables en un primer momento, e ir aumentando el nivel de exigencia de forma progresiva.
  • Mantener las normas y decisiones parentales.
  • Dar responsabilidades a los hijos.
  • Qué contenidos ven, qué RRSS utilizan, videojuegos en línea.
  • Somos referentes, enseñamos a través de lo que hacemos: ¿somos empáticos, resilientes, seguros, respetuosos?
  • Trabajamos su inteligencia emocional: Autoestima, reconocimiento y expresión de sus emociones. Empatía y sentimientos de compasión.
  • Modificación del “Locus de control” a uno interno para que asuman sus responsabilidades.
  • Control de impulsos.
  • Reconocimiento de la ira para aprender a frenarla.
  • Reflexión sobre la violencia.
  • Hablar sobre ello con alguien de confianza. Los casos de violencia filio-parental son a menudo un “secreto familiar”. Si quieres saber más o necesitas orientación sobre cómo manejar esta situación con alguna persona cercana, no dudes en contactarnos.

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