Riesgos de Infecciones Virales Durante el Primer Trimestre del Embarazo
El embarazo es un período en el que se debe tener mucho cuidado con la salud, ya que se producen cambios que afectan al sistema inmune. Afecciones que son leves en cualquier otro momento pueden aumentar en gravedad cuando se está esperando un bebé.
Infecciones Maternas y Cardiopatías Congénitas
Se ha sugerido que las infecciones maternas desempeñan un papel en el desarrollo de cardiopatías congénitas (CC). Una revisión sistemática y meta-análisis identificó estudios que investigaban la infección materna durante el primer trimestre y la CC en los hijos, publicados hasta el 30 de septiembre de 2024.
Se identificaron 30 estudios (24 de casos y controles, 3 de cohortes y 3 transversales) con 1.732.295 embarazos. Los estudios evaluaron el estado infeccioso de la madre mediante cuestionarios autoinformados (66,7 %), pruebas de laboratorio (23,3 %) o historiales médicos (10,0 %).
En general, cualquier infección materna durante el primer trimestre se asoció con un mayor riesgo de cardiopatías congénitas en los hijos, con una odds ratio (OR) combinada y un intervalo de confianza (IC) del 95 % de 1,63 (1,41, 1,88). Entre los tipos específicos de infección, el virus de la rubeola, el virus Coxsackie, las infecciones respiratorias y la gripe presentaron un mayor riesgo de cardiopatía congénita en los hijos, con OR (IC del 95 %) de 2,78 (2,08, 3,72), 1,57 (1,12, 2,19), 1,57 (1,25, 1,96) y 1,50 (1,20, 1,87), respectivamente.
Las infecciones maternas durante el primer trimestre se asocian con un mayor riesgo de cardiopatías congénitas en los hijos y parecen ir más allá de las infecciones que se suelen detectar en las pruebas de rutina durante el embarazo.
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Riesgos del Citomegalovirus (CMV) durante el Embarazo
El caso del citomegalovirus y el embarazo es especial. El citomegalovirus o CMV es un tipo de virus común que pertenece a la familia de los “herpesvirus”. La mayoría de las personas que se infectan con el CMV no presentan síntomas o son muy leves.
Las personas embarazadas pueden no notar ningún síntoma o percibir los síntomas leves. Si bien en la mayoría de los casos, la infección con el virus será inocua, un pequeño porcentaje de bebés infectados durante el embarazo pueden nacer ya gravemente enfermos, con fiebre alta y problemas en algunos órganos, especialmente los oídos.
Si estás en tu primer trimestre de embarazo y te contagias de citomegalovirus, hay un 20% de probabilidades de que se lo transmitas a tu bebé. Es importante consultar con un médico si se sospecha de una infección por citomegalovirus, especialmente si se pertenece a alguno de los grupos de riesgo mencionados.
El tratamiento dependerá de la gravedad de la infección y de los síntomas presentes y debe ir siempre recetado por un médico, para asegurarse de que los medicamentos no interfieran con el embarazo ni la lactancia materna. También se recomienda seguir algunas medidas de prevención, como lavarse las manos con frecuencia, evitar el contacto con los fluidos corporales de las personas infectadas y usar preservativos durante las relaciones sexuales. Ante todo, la premamá debe cuidarse al máximo para asegurar la máxima calidad de vida a su bebé.
Aunque su nombre sea poco conocido, el citomegalovirus (CMV) es un virus muy común. Pertenece a la familia del herpes virus y afecta a personas de todas las edades, especialmente a los niños de entre 1 y 3 años, por ello en las guarderías se transmite con facilidad. En los adultos esta infección suele pasar desapercibida, ya que no siempre presenta síntomas.
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Pero precisamente por eso, debes estar atenta si estás embarazada, porque contraer esta infección durante el primer trimestre de gestación -antes de las 14 semanas- puede tener consecuencias graves para el bebé, como pérdida auditiva y problemas de desarrollo. Por ello, si tienes otro hijo menor de 3 años debes extremar las precauciones y las medidas de higiene, ya que el virus se transmite a través del contacto directo con fluidos corporales, como la sangre, la saliva, las lágrimas, la orina, el semen y la leche materna.
Hace unos años no se hacía ningún test, pero ahora se puede hacer un cribado en el primer trimestre para saber si existe inmunidad, es decir si la madre tiene anticuerpos. Las guías internacionales no recomiendan el cribado de forma estandarizada en todas las gestantes. Por ello, en general, el test solo se aplica cuando la madre presenta síntomas, ha estado expuesta a un contacto de riesgo identificado o se detectan hallazgos ecográficos de sospecha durante la gestación.
Si te hacen la prueba y el resultado es positivo, existe un tratamiento farmacológico que reduce significativamente los riesgos de que el virus tenga un efecto negativo sobre el bebé. Consiste en tomar un antiviral por vía oral.
Si la amniocentesis confirma que el bebé se ha infectado, es importante realizar controles ecográficos para evaluar si ha afectado al bebé y en qué grado. En estos casos y si es necesario, el tratamiento con el antiviral se puede mantener hasta el parto. Se ha observado que su toma disminuye la aparición de síntomas en el bebé en un 43%-82% de los casos.
Si sigues los controles médicos pautados, el cribado permite detectar la infección a tiempo y también tratarla.
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¿Cómo se transmite el citomegalovirus?
El citomegalovirus, también conocido por sus siglas CMV, es un virus común de la familia Herpesviridae que se relaciona con los virus causantes de la varicela o de la mononucleosis.
Este virus se elimina en la orina, la saliva, el semen y otras secreciones. La forma más frecuente de transmisión de una infección por CMV a mujeres embarazadas es por el contacto de sus ojos, nariz o boca con la orina o saliva de otros niños pequeños.
¿Qué síntomas causa el CMV?
Lo más habitual es que las personas contagiadas por citomegalovirus sin ninguna otra patología o con un sistema inmune débil no presenten ningún síntoma aparente. Sin embargo, algunas manifestaciones clínicas relacionadas con la infección por CMV son las siguientes:
- Erupción de la piel.
- Piel y ojos amarillos, es decir, ictericia.
- Inflamación de la retina.
- Hipertrofia o agrandamiento del hígado y del bazo.
- Bajo peso al nacer.
- Calcificaciones en el cerebro.
- Lento crecimiento cerebral.
Los bebés contagiados por CMV durante su etapa fetal tienen más probabilidad de padecer alteraciones auditivas, visuales y neurológicas. Si existe sospecha de posible infección congénita por CMV, se puede hacer una prueba de saliva, orina o sangre pasadas 2-3 semanas de vida.
Diagnóstico del citomegalovirus
Existen varias pruebas diagnósticas para detectar una posible infección por citomegalovirus. En primer lugar, se puede realizar una serología para detectar anticuerpos frente al CMV. Gracias a esta prueba es posible conocer si la mujer ha estado o estuvo expuesta en algún momento al virus en función de los resultados de las IgM e IgG respectivamente.
Durante el cribado de primer trimestre de gestación se realiza una serología a las embarazadas donde se podrá conocer si hay infección por CMV.
Tratamiento de la infección por CMV en embarazadas
Si se ha diagnosticado una infección por CMV en la madre durante la gestación, es importante establecer un tratamiento adecuado. Además, será conveniente realizar una amniocentesis para conocer si hay infección fetal también.
Del mismo modo, si el bebé nace con infección por CMV será necesario establecer un tratamiento temprano para evitar posibles secuelas. Por ello, es importante administrar antivirales de manera controlada para reducir la posibilidad de efectos adversos.
Pese a todo ello, es fundamental tomar medidas para evitar el contagio por CMV. A continuación, se enumeran algunas de ellas:
- Evitar el contacto con la orina o la saliva, en especial de los niños pequeños.
- Lavarse las manos con agua y jabón especialmente después de: cambiar pañales, alimentar a un niño, limpiarle la nariz o la baba y tocar sus juguetes.
- No compartir con los niños pequeños alimentos, bebidas ni cubiertos.
- Limpiar con productos caseros los juguetes, mesas y otras superficies que entren en contacto con la orina o la saliva del niño.
- Otro de los consejos para reducir el riesgo de transmisión del citomegalovirus es mantener relaciones sexuales seguras utilizando métodos anticonceptivos como el preservativo.
Hepatitis Viral Crónica y Embarazo
La incidencia de hepatitis viral aguda durante la gestación es baja, cobrando especial relevancia las hepatitis crónicas, causadas por el virus de la hepatitis B (VHB) y el virus de la hepatitis C (VHC).
Hepatitis Crónica por Virus de la Hepatitis B (VHB)
A nivel mundial se estima que existen unos 350 millones de portadores crónicos del virus de la hepatitis B (VHB). La infección crónica por VHB es responsable de entre 500000 y 700000 muertes anuales debidas a cirrosis hepática y carcinoma hepatocelular (cáncer hepático).
La mayor parte de casos de infección crónica por VHB son asintomáticos. En ocasiones pueden aparecer síntomas inespecíficos como fatiga o molestias en hipocondrio derecho. En casos evolucionados de alteración de la función hepática o cirrosis, afortunadamente poco frecuente entre la población gestante, puede aparecer ictericia o signos de hepatopatía crónica (arañas vasculares, eritema palmar, aumento del tamaño del bazo).
La infección crónica por VHB se define como la persistencia de antígeno de superficie (HBsAg) positivo en sangre durante más de 6 meses. Para la correcta valoración de la actividad y saber en qué fase está la infección se solicita también antígeno e del virus de la hepatitis B (HBeAg) y cuantificación del virus en sangre (carga viral VHB), además de las transaminasas.
A toda gestante se realizará una analítica para conocer su estado en relación con la infección por VHB antes del parto, para poder aplicar las medidas adecuadas de prevención de transmisión vertical. Por lo que, se recomienda la realización de esta analítica idealmente en el primer trimestre.
La transmisión vertical (madre-hijo) del VHB ocurre principalmente en el periparto, por exposición a secreciones genitales y sangre materna. La transmisión intraútero también es posible, aunque con mucha menor frecuencia, sobre todo en caso de procedimientos invasivos (por ejemplo amniocentesis). En los casos de infección crónica por VHB, es necesario conocer la presencia o ausencia de antígeno e del VHB, porque eso influye en la posibilidad de transmisión vertical.
Toda gestante diagnosticada de infección crónica por VHB debe ser remitida a una unidad especializada para manejo específico de estas gestantes. En esa consulta se hará una valoración de la actividad y la fase evolutiva de la infección y se planificará el seguimiento de la gestante. En función de la actividad, la presencia de complicaciones como cirrosis hepática o con riesgo de reactivación por alguna enfermedad de base, el especialista decidirá si la gestante debe recibir tratamiento específico con medicamentos antivirales.
Actualmente una de las medidas más importantes es la prevención de la transmisión vertical de la infección por VHB, porque la tasa de cronificación en el recién nacido, si no se hace nada, es cercana al 90%-95% y además estas medidas han demostrado ser muy eficaces.
Se debe realizar inmunización pasiva-activa neonatal que consiste en la administración de Inmunoglobulina específica contra VHB (HBIG) antes de las 12 horas de vida e iniciar con la primera dosis de vacunación contra VHB antes de las 12 horas de vida. La vacunación debe completarse con dos dosis más adaptado al calendario de vacunas. Esta medida es eficaz en un 85-95% de los casos.
La infección crónica por VHB no debe modificar la vía prevista del parto. Se recomienda evitar procedimientos invasivos durante el parto.
Siempre que se apliquen correctamente las pautas de inmunización pasivaactiva descritas, la lactancia materna no está contraindicada.
Hepatitis Crónica por Virus de la Hepatitis C (VHC)
Aproximadamente 170 millones de personas están infectadas por el VHC. La prevalencia global en el sur de Europa, incluida España oscila entre el 2.5 - 3.5%.
La posibilidad de cronificación del VHC a diferencia de lo que sucede con el VHB puede llegar al 55-85% de los casos. El 20% de las infecciones crónicas por VHC pueden evolucionar a cirrosis, siendo actualmente en Europa la principal causa de cirrosis hepática.
En la inmensa mayoría de los casos la gestante está asintomática y el diagnóstico se hace a raíz del estudio de una elevación de las transaminasas (enzimas hepáticas) detectadas de forma rutinaria. Se realizará una analítica dirigida al diagnóstico de la infección por VHC a todas las gestantes con factores de riesgo: antecedentes de uso de drogas, antecedentes de tranfusión sobre todo antes de 1992, infección por VIH, VHB, pareja infectada por el VHC, portadora de tatuajes, etc.
El riesgo de transmisión vertical en las gestantes con infección por VHC es cercano al 2%, sin embargo en las que además presentan infección por VIH esta posibilidad aumenta hasta el 15-20%. La transmisión es principlamente periparto. Se sabe que la posibilidad de transmisión es mayor cuando se detecta virus en la sangre de la madre, cuando existe ruptura prematura de membranas y si se realizan procedimientos invasivos durante el parto, además de la coinfección por VIH que ya se ha mencionado.
Toda gestante diagnosticada de infección crónica por VHC debe ser remitida a una unidad especializada para manejo específico de estas gestantes. En esa consulta se hará una valoración de la actividad y la fase evolutiva de la enfermedad y se planificará el seguimiento de la gestante. No existe mayor riesgo de complicaciones materno-fetales en las personas infectadas por el VHC. Habitualmente en el 2º y 3º trimestre de la gestación los niveles de transaminasas disminuyen, mientras la carga viral (cantidad de virus en sangre) aumenta. En el postparto generalmente las transaminasas suben y disminuye la carga viral.
El tratamiento con Interferón Pegilado y Ribavirina está contraindicado durante la gestación. La Ribavirina es un fármaco que produce malformaciones cráneo-faciales, esqueléticas y gastrointestinales, por lo que se recomienda suspender 6 meses antes de la gestación tanto si el tratamiento está recibiendo la madre, como el padre. Los nuevos antivirales, Telaprevir no se recomienda durante la gestación y Boceprevir está contraindicado.
Con los datos que disponemos en la actualidad la vía del parto no debe ser modificada por la infección por VHC. Tampoco en los casos de coinfección con VIH se ha demostrado que una cesárea electiva proteja de la transmisión vertical. Lo que si se recomienda es evitar la ruptura prematura de membranas prolongada.
COVID-19 y el Primer Trimestre del Embarazo
Durante el primer trimestre de embarazo se produce un estado pro inflamatorio en el cuerpo de la mujer. Esto la hace más susceptible y vulnerable a las infecciones virales, y con evolución más grave de las mismas.
Un reciente estudio danés presentó análisis serológicos (IgM, IgG) en 1.009 mujeres embarazadas sin factores de riesgo para COVID-19 durante el primer trimestre de gestación. El estudio concluye que no hay diferencias significativas en los resultados del cribado para aneuploidías, que se realiza al final del primer trimestre, entre el grupo que presentó una infección por coronavirus y las embarazadas que no se infectaron.
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