¿Por qué mi bebé de dos meses no duerme? Causas y soluciones
“¿Por qué mi bebé se duerme y se despierta enseguida?” o “¿por qué mi bebé no duerme?” son algunos de los interrogantes que más inquietan a los padres de niños pequeños. Conseguir que un bebé se duerma y que lo haga durante períodos más largos puede resultar todo un desafío; sin embargo, la tarea no es imposible, solo deben seguirse una serie de consejos y recomendaciones.
¿Por qué mi bebé no duerme?
Son múltiples las causas por las que un bebé no duerme. Te sorprenderá saber que la alimentación juega un papel clave en el descanso de los pequeños. Y es que las tomas, aunque sean las recomendadas, pueden ser muy frecuentes a lo largo del día y, en ocasiones, es posible confundir el hambre con la ansiedad de los bebés. Es por eso que muchas madres, al oírlo llorar, lo alimentan de inmediato. Así, el bebé se acostumbra a llorar y recibir alimento, y si lo hace de día, también lo hará por la noche.
Darle el pecho al niño para que se duerma es también un error muy habitual. Esto hace que el niño asocie el momento de dormir con tomar el pecho por lo que, para volverse a dormir, si despierta a mitad de la noche, llorará y esperará recibir alimento.
Los hábitos también influyen en el descanso de los bebés. El tenerlo todo el día en brazos, aunque puede antojarse mucho a las madres, no es la mejor idea. En realidad es un mal hábito que hará que, por la noche, el bebé también quiera que lo sostengan; en consecuencia, no dormirá ni dejará dormir a sus padres.
Cuando un adulto toma una siesta larga por la tarde es muy posible que le resulte difícil conciliar el sueño por la noche; lo mismo ocurre con los bebés. Es verdad que los bebés necesitan dormir muchas horas durante el día y la noche, pero es más aconsejable que el bebé duerma más por la noche que por el día, por lo que las siestas diurnas excesivas deberían moderarse.
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La mala postura para dormir también hace que el bebé no duerma, siendo un papel clave en su descanso, por lo que colocarlo en una postura incómoda se traduce en no dormir. Colocar a los bebés para dormir parece fácil, pero en realidad encontrar la postura ideal para los pequeños es bastante complejo.
Por último, los nervios también hacen que el bebé no duerma todo lo que necesita; por ello es aconsejable utilizar relajantes como baños calientes o masajes para ayudar a los pequeños a tranquilizarse.
Además de los factores mencionados, existen otras razones comunes por las cuales un bebé de dos meses puede tener dificultades para dormir:
- Hambre: Los bebés de 2 meses suelen necesitar alimentarse cada 2-4 horas, incluso por la noche.
- Está cansado: Los recién nacidos pueden simplemente estar demasiado cansados para quedarse dormidos con facilidad.
- Está sobre estimulado: Los recién nacidos no siempre afrontan bien a las luces brillantes, voces fuertes y mucha actividad.
- Está incómodo: ¿Está el pañal mojado o sucio? ¿Está tu bebé demasiado caliente o demasiado frío? ¿Está enfermo?.
- ¡Te necesita!: Si tu pequeño no está durmiendo y parece muy molesto, trata de abrazarlo piel contra piel contra tu pecho.
¿Cómo dormir al bebé?
Los bebés deben dormir en ambientes que estimulen la tranquilidad y el sueño. Por ejemplo, a muchos les da miedo la oscuridad, por lo que es aconsejable colocar una luz tenue en la habitación y evitar los ruidos fuertes al menos hasta que el bebé haya conseguido dormirse. Una buena alternativa es poner a dormir al bebé en la habitación de los padres, pero no en la misma cama, pues esto resulta peligroso.
Además de generar un ambiente propicio para el descanso, es importante desarrollar un ritmo de sueño. Los bebés recién nacidos tienen ciclos de sueño de 16 horas o más al día que se ven marcados por la alimentación. A medida que el bebé crece, requiere de tomas menos frecuentes de leche, por lo que puede ir estableciéndose un ritmo de sueño. Para cuando el niño cumpla su primer año, ya debería dormir cerca de diez horas por la noche.
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Para un mejor descanso, tanto de los bebés como de los padres, es aconsejable crear una rutina específica para irse a la cama; aquí pueden darse baños calientes a los bebés y otras actividades como cantarles, leerles, etcétera. La rutina debe empezar antes de que el bebé esté demasiado cansado y en una habitación tranquila y con poca luz.
El momento en el que se coloca al niño en la cuna resulta crucial, ya que puede hacer que el bebé no se duerma. Esto debe hacerse cuando esté somnoliento, pero despierto. ¿Por qué hacerlo? Esta estrategia permite que los niños asocien la cuna con el quedarse dormido. Colócalo boca arriba para que se duerma y no olvides retirar peluches, telas y otros objetos blandos que puedan causar asfixia.
Durante la noche, si tienes que entrar a la habitación del bebé, procura hacerlo con cuidado. No enciendas las luces, háblale con suavidad y muévete despacio. Esto evitará que el bebé se despierte por completo mientras lo alimentas.
Enseñar al bebé a dormir puede ser una tarea difícil para los padres, pues requiere de mucha paciencia. Enséñale que las noches son para dormir y no para jugar e intenta adaptarte a sus horarios naturales. Es decir, si se despierta muy temprano o se duerme muy tarde, deberás seguir toda la rutina alrededor de estos horarios.
Consejos Adicionales para ayudar al bebé a dormir
- Alimenta antes de dormir: Asegúrate de que tu bebé esté bien alimentado antes de acostarlo.
- Reacciona con calma: Cuando se despierte, atiéndelo con suavidad, sin encender luces fuertes ni hablar demasiado.
- ¡Sí, es totalmente normal!: Los despertares nocturnos son parte de la etapa de desarrollo.
¿Hay algún trastorno del sueño en bebés tan pequeños?
En los primeros 6 meses de vida son infrecuentes los trastornos del sueño.
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- Muy raramente puede aparecer un trastorno respiratorio del sueño (SAHS), en especial en niños con malformaciones craneofaciales.
- Más frecuentes son los movimientos rítmicos relacionados con el sueño. Son comportamientos motores rítmicos y estereotipados que el bebé hace con la cabeza, el cuello, el tórax o todo el cuerpo. Los repite a la hora de dormirse durante minutos incluso horas. Se consideran benignos y auto-limitados. Aun así los padres deben de adoptar medidas de seguridad en las cunas; chichoneras, barras protectoras, etc. Sólo se tratan los que afectan a la calidad del sueño o persisten más allá de la edad escolar.
- El problema de sueño más frecuente a esta edad es el insomnio conductual por asociaciones inapropiadas a la hora de dormirse. El bebé aprende a dormirse con una serie de rituales y dependencias (los brazos de sus padres, el contacto físico, compañía de sus padres, etc), que se hacen cada vez más difíciles de satisfacer por los padres. Dormirse se convierte en un proceso prolongado y problemático. Esto ocurre con cada despertar, durante la noche o el día, alterando en gran medida la dinámica familiar.
¿Cómo manejar los problemas del sueño a esta edad?
Como ocurre en tantos problemas de salud es mucho más fácil prevenir este tipo de insomnio que tratarlo.
Una vez que se ha instaurado un hábito de sueño erróneo, desmontarlo se hace cada vez más complejo y penoso. Se debe entonces reeducar el sueño del bebé. Para ello, se puede decidir llevar a cabo algunas estrategias de manejo, con rutinas y refuerzo positivo o mediante extinción gradual del hábito erróneo.
- Si los padres han acostumbrado al bebé a dormirse en sus brazos o siempre con dependencia física, pueden cambiar este hábito de sueño dejándolo despierto en su cuna tras relajarlo con unos minutos de caricias y de contacto tranquilo. La actitud de los padres al dejar al bebé debe trasmitirle serenidad y cariño. Así permitiremos que el bebé aprenda a dormirse solo.
- Si los padres no quieren hacerlo de forma radical, dejándolo protestar y llorar en su cuna hasta que se duerma (extinción estándar), pueden optar por dejarlo sólo unos minutos antes de acudir a consolarlo con su presencia, sus palabras y gestos tranquilizadores. Siempre hay que transmitirle su amor y seguridad, pero evitar volver a cogerlo en brazos o sacarlo de la cuna. Esta acción de tranquilizar debe ser breve (un minuto como máximo). Y los tiempos de espera antes de acudir a los requerimientos de su hijo se irán incrementando en las sucesivas visitas. Esta última sería una técnica de extinción gradual.
Es muy importante repetir el proceso en cada despertar que tenga el bebé para conseguir extinguir el hábito de sueño incorrecto y reconstruir el deseado.
Conforme el niño va logrando un hábito de sueño correcto, el refuerzo positivo consiste en repetir en cada ocasión en la que el bebé vaya a dormirse, las acciones y rituales que preceden y acompañan al hábito que queremos afianzar. Los padres transmitirán al niño con su actitud, gestos y palabras lo felices y satisfechos que se encuentran con esta situación.
Los despertares nocturnos en bebés de 2 meses son normales, pero puede ser agotador. Es importante entender que los despertares nocturnos son normales en bebés de esta edad. A los 2 meses, su sistema nervioso y digestivo están en pleno desarrollo, y sus patrones de sueño aún no están regulados como los de un adulto.
Desde antes del nacimiento, los niños tienen neuronas cerebrales con capacidad de ejercer como “reloj biológico” y el control del sueño y de la vigilia está determinado por este reloj biológico, que permite que el niño duerma a ciertas horas y esté despierto a otras. Sin embargo, el funcionamiento de este reloj biológico, también se ve influido por las condiciones medioambientales de luz-oscuridad, de modo que en condiciones de oscuridad, nuestro cerebro segrega una hormona llamada melatonina, que facilita el sueño, mientras esta hormona es inhibida por la luminosidad exterior. Aproximadamente, a partir del tercer mes de vida se aprende a sincronizar estas dos informaciones, de manera que puede empezar a coincidir el ciclo vigilia-sueño con el ciclo día-noche.
¿Cuántas horas necesitan dormir los niños?
Las necesidades de sueño varían considerablemente. No hay un patrón de sueño homogéneo y lo que necesita un niño no tiene porque ser aplicable a otro. Sin embargo, si le cuesta regularmente conciliar el sueño o mantenerlo a lo largo de la noche o si se encuentra cansado y soñoliento durante el día, se debe sospechar la existencia de un problema de sueño o de los hábitos que conducen a éste.
La siguiente tabla muestra las horas de sueño recomendadas según la edad del niño:
| Edad | Horas de sueño diarias | Distribución del sueño |
|---|---|---|
| Recién nacido (0-1 mes) | 16 horas | 6-8 episodios de 4 horas |
| 1-3 meses | Disminuye la duración de los despertares nocturnos | Empieza a dormir de manera continua durante la noche |
| 2-4 años | 10 horas por la noche | Más dos siestas habituales |
| 5-10 años | Variable, pero superior al adulto | Similar al adulto en proporción de sueño REM |
| Adolescencia | 7-8 horas | Puede ser insuficiente |
¿Cuándo debemos sospechar un problema de sueño en un niño?
Las necesidades de sueño varían considerablemente. No hay un patrón de sueño homogéneo y lo que necesita un niño no tiene porque ser aplicable a otro. Sin embargo, si le cuesta regularmente conciliar el sueño o mantenerlo a lo largo de la noche o si se encuentra cansado y soñoliento durante el día, se debe sospechar la existencia de un problema de sueño o de los hábitos que conducen a éste.
Algunas causas conductuales y psicológicas de los problemas de sueño infantiles
Al igual que en el adulto, en los niños pueden producirse dificultades para iniciar o mantener el sueño, aunque raramente se quejan de este problema y suelen estar contentos de permanecer despiertos.
La iniciación del sueño requiere una compleja coordinación de circunstancias biológicas y de conductas aprendidas: Por un lado, el organismo tiene que estar fisiológicamente preparado para el sueño. Por otro lado, las conductas que realizamos en los momentos previos a dormir, se acaban convirtiendo en rituales facilitadores del sueño que cuando faltan, nos impiden dormir.
Los rituales de conciliación también son necesarios en los niños, y con frecuencia el problema del insomnio infantil no se debe a despertarse por la noche, sino a no poder volver a dormirse, debido a que los estímulos que asocian al inicio de sueño, no están presentes a mitad de la noche cuando se despiertan (papá o mamá, luz, cuento…).
Los niños necesitan de la rutina para desarrollarse, ya que ésta les ofrece seguridad. Cuando ésta seguridad se encuentra amenazada, los niños reaccionan mostrando su ansiedad a través del llanto, cambios de conducta y resistencia a dormirse por la noche. Se comportan de la misma manera cuando, tras un día excitante se les dice que tienen que acostarse, ya que el dormirse supone un cambio sobre la actividad que tanto están disfrutando. A veces, el problema puede provenir de la existencia de horarios familiares excesivamente irregulares.
Otra causa frecuente de las dificultades para iniciar el sueño es la realización de siestas largas por la tarde, por ello, ante un problema de insomnio infantil, una de las primeras medidas a considerar va a ser la reducción o incluso supresión del sueño diurno (siestas).
Un niño puede tener dificultades para separarse por la noche del resto del mundo o pueden captar cambios sutiles en el ambiente familiar, y ser una causa de problemas a la hora de acostarse. Incluso en la seguridad de un hogar feliz los niños pueden llegar a tener miedo de la oscuridad o de criaturas imaginarias situadas en las esquinas oscuras del dormitorio.
Sea cual sea el caso, la respuesta de los padres tiene que ser siempre de apoyo. Hay que hablar con el niño de sus temores y miedos.
En los niños de más de tres años pueden utilizarse técnicas de refuerzo positivo como premios si su conducta es la apropiada.
Insomnio pediátrico: Algunas causas médicas de insomnio infantil
Algunos problemas médicos que convienen descartar ante un niño con insomnio:
- Alergias: Los niños afectados dormirán de modo fragmentado e interrumpido.
- Dolores: Las otitis y los cólicos son muy frecuentes en los niños. Cualquier cuadro que produzca dolor, molestia o fiebre nocturna interrumpirá el sueño nocturno. Si el cuadro se cronifica, con el tiempo se suele haber condicionado malos hábitos de sueño en el niño, que pueden persistir pese a la desaparición del dolor, probablemente por desajustes en el ritmo de sueño y por la adquisición de malos hábitos.
- Enuresis: Es probable que la enuresis sea el más estresante de los trastornos del sueño para el niño, ya que no solamente es una fuente de pérdida de sueño, sino también de vergüenza. Se considera que existe enuresis cuándo a los cinco años de edad no existe aún control sobre el esfínter de la vejiga. La enuresis afecta a el 15% de los niños y al10% de las niñas, aunque la mayoría de ellos mejora a medida que crecen, conviene acudir al médico para buscar solución y acelerar el proceso.
- Enfermedades crónicas: En principio, cualquier enfermedad crónica es susceptible de causar alteraciones persistentes del sueño. Trastornos tales como dolores de cabeza, asma, diabetes mellitus, reflujo gastroesofágico o crisis epilépticas pueden alterar el sueño de quién lo padece. El problema de insomnio puede ser una consecuencia directa del problema, del tratamiento, o de la ansiedad generada por la enfermedad. Medicamentos relativamente inocuos que son prescritos para tratar enfermedades agudas o crónicas pueden llegar a perturbar el sueño (p.ej. los antibióticos, los bronco dilatadores, etc.)
Una vez localizado el problema (por asociación temporal entre el inicio del tratamiento y del trastorno de sueño), debe de interrumpirse el tratamiento siempre que esto sea posible. Si no lo es, deberá intentarse; cambiar la hora de la toma, modificarla dosis, emplear otro medicamento similar, mantener el mismo fármaco pero utilizar un preparado diferente, variarla vía de administración.
Otras causas médicas que deben ser tenidas en cuenta son problemas dentales, gastrointestinales, alergias y apnea del sueño. También es conveniente descartar la presencia de parásitos.
El sueño de los niños con hiperactividad infantil
Son niños generalmente inquietos, tienen dificultades para permanecer y completar las tareas que realizan, están distraídos y frecuentemente molestan a otros niños en el colegio, lloran fácilmente, y tienen oscilaciones en el estado de ánimo. Con frecuencia muestran inquietud e hiperactividad. Se frustran con facilidad ante los esfuerzos y pueden tener conductas destructivas.
Durante el sueño, el síntoma más característico es la presencia de despertares frecuentes y de sueño inquieto.
Los problemas relacionados con el sueño son comunes en estos niños, presentando el 16.5% dificultades de iniciación del sueño y el 39% despertares nocturnos. Es importante el diagnóstico precoz y el tratamiento, ya que el trastorno de hiperactividad y la falta de sueño se retroalimentan mutuamente, de modo que un niño hiperactivo suele tener problemas de sueño, y a su vez, la falta de sueño produce hiperactivación y déficit de atención diurnos.
¿Qué hacer? Plan de tratamiento para el insomnio infantil: El método Ferber
A finales de los años 70, el pediatra norteamericano Richard Ferber publicó un método conductual para el manejo del insomnio infantil que se popularizó en todo el mundo. La base de este método es la extinción del llanto a lo largo de un periodo breve.
Pero este método no está hecho para todo el mundo. Desde el Instituto del Sueño, queremos reconocer que no existe un método universal y único para el tratamiento de todos los tipos de insomnio infantil, y que estos deben de adaptarse en todo momento a las circunstancias de los padres.
En términos muy generales, las recomendaciones que podemos establecer son:
- Si sospechamos que la causa puede ser médica, hay que acudir al especialista con el niño, para resolver el problema.
- Si sospechamos que la causa puede estar en hábitos de sueño mal aprendidos o problemas conductuales, podemos intentar poner en marcha el siguiente plan, acudiendo al psicólogo o al médico especializado en estos problemas si pasada una semana no conseguimos resultados.
La base del tratamiento es tan sencilla cómo hacer que el niño aprenda a realizar la transición entre la vigilia y el sueño sin la participación de sus padres. Todo el tratamiento se debe de realizar en menos de una semana y, si sigue fielmente las instrucciones, las posibilidades de éxito son elevadas.
El niño debe de aprender a dormirse solo, bajo unas condiciones que se puedan reproducir cuando se despierte a media noche.
En algunos casos se producirá un empeoramiento durante los primeros dos o tres días, por lo que es aconsejable iniciar el plan de tratamiento durante el fin de semana, de manera que si los padres no duermen las primeras noches puedan hacerlo al día siguiente.
Colocar al niño en la cama o cuna con sólo aquellos objetos favoritos y que puedan permanecer junto a él durante toda la noche para que se acostumbre a dormirse junto a estos objetos y los asocie con el sueño. Así, si se despierta en medio de la noche, podrá volver a dormirse sin necesidad de nadie.
La habitación debe de estar oscura, tranquila y con una temperatura confortable.
Los padres pueden tranquilizar y confortar al niño hasta que esté tumbado tranquilamente en la cama. Una vez que esté tranquilo en la cama o cuna, la madre/ padre deberá abandonar la habitación.
Si el niño comienza a llorar, no hay que acudir inmediatamente. Pasados unos minutos (al menos 2 minutos) la madre o el padre podrá volver a la habitación a confortar al niño, que no debe moverse de la cama, hasta que esté tranquilo (aunque despierto). Entonces el padre/madre deberá abandonar la habitación.
Si el niño vuelve a llorar, el padre/madre esperará un tiempo ligeramente más largo (p. ej., 2 a 5 minutos) antes de entrar y repetir el paso anterior.
El proceso deberá ser repetido (manteniendo el tiempo de espera en no más de 2 a 5 minutos durante la primera noche) hasta que el niño esté dormido.
Hay que tener en cuenta que durante esta primera noche, el proceso de lloro-respuesta puede durar varias horas hasta que el niño llegue a dormirse. Ahora bien, el plan sólo tendrá éxito si somos persistentes y consistentes con el “tratamiento” y no cedemos a la tentación de coger al niño de su cama. Resulta conveniente involucrar en el plan a todas las personas que cuidan del niño para asegurarse la consistencia en la ejecución del plan.
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