El Arte de Cuidar: El Bebé Recién Nacido en Brazos

12.12.2025

La crianza de un niño despierta inquietudes entre los seres humanos y diversas son las maneras de entender lo que es saludable o no para un niño.

Un tema frecuente de preocupación de los padres es si el bebé debe estar en brazos o esto es mal acostumbrarlo o malcriarlo. Más que dar recetas de cuidado me gustaría transmitir como siente y percibe el recién nacido.

Es cierto que los niños son cargados desde tiempos muy antiguos y existen todo tipo de registros de esta costumbre tan humana y de algunos mamíferos.

Los motivos por los que se cargan los niños pueden variar, pero la necesidad de un bebé de ser sostenido física y emocionalmente permanece inmutable.

Poco aporta un fular o mochila de cargar un bebé sin una madre capaz de anticiparse a las necesidades del niño, identificarse con él, “pensar en él y por él”.

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Puede llevarlo pegado todo el día sin que ello contribuya a incrementar sus sensaciones de sostén emocional, existencia y seguridad.

Por lo tanto hablamos de algo más allá de cargar o sujetar a un bebé, hablamos del modo de conexión emocional entre esa mamá y el bebé al estar en brazos.

La Importancia de la Conexión Emocional

La mamá debe intentar adivinar qué es lo que a ese bebé le puede estar pasando: ¿Será que siente frío?, ¿Será que tiene hambre?, ¿Está incómodo?

Tendrá que empezar a decodificar sus señales y tipos de llanto.

La madre podrá desarrollar esta capacidad empática de entender las necesidades del niño gracias a la sensibilidad y observación en el contacto temprano, continuo y prolongado con su bebé.

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Pero el bebé no sólo tiene necesidades corporales, sino también abrumadoras necesidades afectivas.

Ser cogido en brazos no es un capricho, es una necesidad. Los brazos son fundamentales y no generan dependencia.

El contacto físico entre la mamá y el bebé es un modo de intercambio, un lenguaje que permite conocerse y descubrirse.

Un bebé que ha tenido suficiente tiempo de brazos llegado su momento tendrá que crecer y descubrir el mundo sin brazos que lo retengan.

Irá de la mano, luego irá sólo paso a paso por su camino sabiéndose acompañado y sostenido. Los abrazos no tenidos serán buscados durante toda la vida.

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Durante el embarazo el bebé se encuentra sostenido en un entorno envolvente en el vientre de su mamá que actúa como una gran barrera ante los estímulos ante la luz y los sonidos, el espacio reducido lo mantiene sostenido, el ritmo de su mamá lo acuna.

El nacimiento representa una variación radical, se vivencia un cambio en la fuerza de la gravedad que junto con otras modificaciones, conforman un conjunto de factores amenazantes de la integridad del niño.

La restitución temprana del contacto con el sostén del cuerpo disminuye las consecuencias de discontinuidad producida por los grandes cambios que acontecen al nacer, permitiéndole al niño la continuidad de contactos, con el efecto contenedor que esto tiene.

Ya no es posible una vuelta a la vida orgánica de su madre pero sí a la vida corporal en conexión íntima a través del contacto piel a piel y la transmisión de la leche que, a través de su pecho, la madre le brinda.

Es con ella, con quién el bebé experimenta una relación cálida, íntima y continua, que proporciona satisfacción y goce a ambos.

La contención y sostén emocional de una madre atenta a decodificar sus necesidades básicas de cuidado y amor serán el reservorio de su vida futura.

Estas primeras experiencias de satisfacción y contención fundarán la autoestima y la sensación de no estar sólo en un mundo desconocido.

Consejos para Sostener al Bebé de Forma Segura y Cómoda

Siempre que se coja al bebé o al mecerlo en brazos, la seguridad y la tranquilidad del pequeño son fundamentales.

Para asegurar su confort es importante evitar cogerlo con las manos sucias o frías.

El recién nacido es frágil, y es normal que haya mamás y papás que sientan temor al cogerlo las primeras veces, sobre todo si son primerizos.

Al sostener al pequeño en brazos hay que hacerlo delicadamente y con cuidado de que no se escurra. Dejarse llevar por el instinto puede ayudar.

Al coger a un bebé es esencial sostener con firmeza su espalda y su cabeza. La musculatura del bebé no tiene fuerza suficiente para soportar el peso de su cabeza.

Cuando los bebés son muy pequeños será posible sujetar la espalda y la cabeza con una sola mano, colocando la palma de la mano en la parte superior de la espalda del bebé y sosteniendo su cabeza con los dedos.

Con la mano que queda libre se puede sujetar el culete del bebé.

A medida que el bebé crece, pasados los primeros días tras su nacimiento, la manera más habitual de coger al bebé es apoyar su cabecita en la parte interna del codo, dejar que su espalda repose sobre tu antebrazo abarcar con la palma de la mano abierta las nalgas del pequeño.

El brazo que queda libre puede cruzarse por encima del cuerpo del bebé para dar soporte al peso (apoyando la mano debajo del antebrazo sobre el que descansa la espalda del bebé o bien sobre la mano con la que se le sujeta el culete).

Es frecuente que algunos padres primerizos tengan la inercia de coger al bebé en modo bandeja, es decir, ofreciendo los dos brazos doblados a la altura de los codos para sujetar la cabeza del bebé con uno de ellos y el culete con el otro.

Sin embargo, esta postura podría resultar incómoda para el adulto transcurridos unos minutos con el pequeño en brazos.

Para tener más confort, una postura cómoda es colocar al bebé boca abajo, sostener su abdomen con el antebrazo y dejar que su cabecita se apoye en la parte interna del codo, rotada, con la cara mirando hacia afuera.

Si lo que se desea es asir al bebé en posición vertical hay que hacerlo con ambos brazos.

Primero se ha de flexionar uno de los brazos de modo que el antebrazo y la mano sirvan de asiento al culito del bebé.

La parte baja de la espalda del pequeño ha de recostarse sobre el codo del brazo contrario, con la mano sujetando suavemente la cabeza del bebé, que estará apoyada en el hombro del adulto con la cara mirando hacia afuera.

El Apego y el Contacto Físico: Claves para el Bienestar del Bebé

El contacto físico madre-hijo o padre-hijo no solo transmite al pequeño la sensación de protección y seguridad, sino que también le proporciona salud.

El apego es una herramienta indiscutible para garantizar el bienestar del pequeño desde su nacimiento, y una fuerza vital esencial en su desarrollo.

El amor es el mejor estímulo para crear vínculos afectivos con el bebé. Estimular este apego desde el mismo instante de su nacimiento hace que el bebé pueda reconoceros a través de la cercanía y las sensaciones placenteras que le proporciona el contacto físico.

Las caricias, los arrullos, los besos y los abrazos hacen que su organismo segregue endorfinas, conocida como la hormona de la felicidad.

Posturas Adicionales para Cargar al Bebé

  • Pegado contra ti, su cabeza sobre tu hombro y su cuerpo contra tu torso. El sostén se hace detrás de la nuca del bebé y bajo sus nalgas. En esta posición, el bebé se calma directamente.
  • Acostado sobre la espalda, sostenido por un antebrazo para el tronco y el brazo opuesto para las nalgas.
  • Acostado sobre la barriga sobre un antebrazo, sus piernas a horcajadas y una mano para sostener su vientre. Esta posición tiene una virtud fisiológica: calma al bebé en caso de dolores de barriga debidos al cólico.

Coger al bebé en estas posiciones no es complicado. A esta edad, el bebé tiene los ojos bien abiertos a todo lo que le rodea. Es curioso y reconoce su entorno.

  • La espalda del bebé apoyada contra tu torso manteniéndolo a la vez bajo las nalgas con una mano y pegado contra ti con la otra. En esta posición, los bebés disfrutan del panorama.
  • Acostado sobre la barriga, desliza tu antebrazo hasta su entrepierna, luego mantén su abdomen gracias a la otra mano. El bebé se dejará cargar y mecer fácilmente en esta posición.

Por supuesto, puedes seguir cogiéndole en brazos como hacías durante sus primeros meses, pero estas dos posturas estimulan o tranquilizan a tu bebé.

Obviamente, hay que tratarlos con cuidado, pero también con movimientos seguros y decididos.

Otra parte del cuerpo que hay que cuidar es la espalda: la del bebé y la propia.

En el caso del pequeño, siempre debe estar bien apoyada en el brazo que lo sostiene.

Hay muchas formas de coger a nuestro bebé en brazos. La postura más clásica es la de poner al bebé recostado en el antebrazo. Con tu mano sujetas su trasero y el ángulo del brazo le sirvirá para recostar la cabeza.

Mientras, el otro brazo, reforzará por debajo la sujeción.

Otra forma es con su cabecita apoyada en tu hombro mientras que con un brazo sujetas el “culete”.

Por último, es igual de importante aprender a soltar a nuestro bebé, ya que no se puede hacer de cualquier modo.

Por ejemplo, cuando vamos a acostarlo en la cuna, debemos inclinarnos todo lo posible sin despegarlo de nuestro cuerpo y sin dejar de sostenerle la cabeza.

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