¿Es posible detectar el retraso mental durante el embarazo?
Los trastornos de salud mental durante el embarazo y postparto son prevalentes, y aproximadamente uno de cada cinco embarazadas presentan algún tipo de trastorno de salud mental. En España, la prevalencia se sitúa alrededor del 18%. Dentro de estos, entre los más frecuentes figuran los trastornos de tipo depresivo y/o ansioso. Debido a que en muchos casos son infradiagnosticados, únicamente un 15% de las mujeres con trastornos de salud mental reciben algún tipo de tratamiento durante el embarazo.
Existe bastante evidencia científica que apoya que la depresión durante el embarazo tiene un impacto en la salud materna, puesto que aumenta la probabilidad de que las gestantes adopten hábitos de vida poco saludables (tabaco, drogas, peor alimentación, menos ejercicio). Esto puede afectar al desarrollo del embarazo y aumentar la probabilidad de complicaciones, como partos pretérmino y el nacimiento de bebés de bajo peso o con más riesgo de ingreso en la UCI neonatal. En todo este proceso el estrés, definido como cualquier malestar psicológico, juega un papel fundamental.
El estrés pone en marcha un proceso de activación biológica de regulación que puede favorecer que la placenta libere ciertos factores biológicos que actuarán sobre diversos sistemas en el feto. Y esta es la clave para entender por qué el estrés durante el embarazo se puede asociar a un mayor riesgo de desarrollar ciertas enfermedades en la descendencia. No obstante, actualmente no está del todo claro el que este proceso se asocie con trastornos psico-conductuales en los futuros niños-adolescentes-adultos, y confirmarlo sigue siendo un reto científico.
Durante el confinamiento estricto en la pandemia, en un estudio previo que realizamos en el Hospital Vall d´Hebron en Barcelona, constatamos cómo las mujeres embarazadas presentaban tasas de síntomas depresivos y de ansiedad, superiores a las que se evaluaron antes de la pandemia en población embarazada general, afectando principalmente a las mujeres con menos apoyo social. Existe también evidencia de que un mayor riesgo de depresión durante el embarazo se asocia con mayores tasas de depresión postnatal, que puede conllevar a trastornos del vínculo madre-bebé.
Un reciente estudio de Yuan-Chiao Lu también demuestra que las tasas de síntomas depresivos y de ansiedad fueron superiores en las embarazadas durante la pandemia, en comparación con una cohorte pre-pandemia. Este estudio detecta, además, mediante resonancia magnética fetal, algunos cambios en el desarrollo de las estructuras del sistema nervioso central del feto, como son una disminución en el volumen de la sustancia blanca, el hipocampo y el cerebelo, así como un retraso en la sulcación de la corteza cerebral. Sin embargo, la asociación de estos hallazgos en las estructuras cerebrales con trastornos del desarrollo más adelante en la vida continúa sin conocerse en la actualidad.
Lea también: Lactancia y suplementos de colágeno
Este estudio también concluye que la educación de los padres y su estado laboral se asocia con el desarrollo del cerebro fetal. Esto indica que probablemente las familias con mejor educación y nivel socioeconómico son más conscientes de la importancia de unos hábitos de vida saludables durante el embarazo, que favorecen un menor estrés, para un correcto neurodesarrollo durante el embarazo y los primeros años de vida de sus hijos. Finalmente cabe remarcar que existe numerosa evidencia que apoya que el desarrollo neuronal se extiende desde el periodo embrionario hasta la adolescencia y que, por lo tanto, el ambiente de desarrollo encierra recursos capaces de favorecer la maduración de los circuitos nerviosos cerebrales a través de una combinación de cuidados, relaciones sociales, estímulos cognitivos y actividades motoras.
Esto significa que el periodo de neurodesarrollo es amplio, y hay muchas oportunidades durante la infancia para seguir influyendo de manera favorable en este proceso. Esto es lo que se denomina plasticidad neuronal, de gran importancia en los primeros años de vida. Hay que remarcar la importancia de un diagnóstico precoz de depresión y/o ansiedad durante el embarazo y/o postparto, tanto para un correcto tratamiento como para minimizar los riesgos para el bebé.
A ciencia cierta, hasta el día de hoy no se conocen las causas exactas que originan el TDAH. Sin embargo, es bien sabido que se trata de un trastorno neurobiológico con una fuerte carga hereditaria. Esto quiere decir que si la mujer gestante, el padre del bebé o algún otro familiar directo padecen de este trastorno, entonces las probabilidades de que el bebé también lo padezca oscilan entre el 75% y 80%. Lo anterior ha llevado a que sean cada vez más las madres que se pregunten si es posible prevenir el trastorno de déficit de atención e hiperactividad durante el embarazo.
La buena noticia es que se han realizado diversos estudios e investigaciones que así como intentan dar con las causas de TDAH, también logran afirmar que con un cambio de hábitos en la alimentación y en el estilo de vida es posible reducir el riesgo considerablemente. En este artículo mencionaremos algunas prácticas que pueden ayudar a la prevención de TDAH durante el embarazo.
Dieta de la madre durante la gestación
Según un estudio publicado en el año 2019 por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), una mayor proporción de ácidos grasos Omega 3 y Omega 6 en la dieta de la madre durante la gestación, puede aumentar el riesgo de padecimiento de TDAH en infantes.Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron distintas muestras de plasma extraídas del cordón umbilical de niños con TDAH. Estos habitan en 4 regiones diferentes de España (integrantes del proyecto INMA). El objetivo es cuantificar la cantidad de Omega 3 y Omega 6 que llegaron a estos durante la gestación.
Lea también: Lactancia materna y Fluimucil: Lo que debes saber
Tras los estudios realizados, pudieron constatar que a los 7 años de edad, los síntomas asociados con TDAH aumentaron en un 13% en aquellos niños cuya proporción de ácidos grasos en el plasma del cordón umbilical era más elevada. Lo anterior deja en evidencia la importancia de la dieta de las mujeres durante el embarazo para prevenir este y otros trastornos. En este caso, se recomienda una dieta con una proporción equilibrada de Omega 3 y Omega 6, ya que ambos son ácidos grasos fundamentales para el correcto desarrollo del sistema nervioso central del feto en la última etapa de la gestación.
Paracetamol en el embarazo y el riesgo de TDAH
Hay un estudio publicado en el año 2020 por el Departamento de Ciencias y Salud de la Universidad de Columbia. Este revela que los niños cuyas madres consumieron paracetamol de manera constante durante el embarazo, tienen un riesgo de 9.6% de padecer TDAH.Para este estudio se analizó el meconio de 345 niños de entre 6 y 7 años de edad. En el meconio de 199 de ellos había presencia de paracetamol. 33 de estos niños fueron diagnosticados con TDAH. Estableciendo así una relación entre este analgésico y el riesgo de padecimiento de este trastorno.
Otro estudio más reciente publicado en 2021 por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) también indica que el consumo de paracetamol durante el embarazo está directamente relacionado con el TDAH en infantes. Para esta investigación se analizaron casi 74.000 niños.
Pruebas prenatales
Puede realizarse a partir de las 10 semanas de gestación. Para realizar la prueba es conveniente una ecografía, a fin de confirmar la fecha exacta de embarazo y descartar posibles anomalías que modifiquen la indicación del test, y una visita con alguno de nuestros médicos del Servicio de Medicina Fetal, en caso de que no controles tu embarazo en nuestro centro.
Además de las trisomías y alteraciones de los cromosomas sexuales, el nuevo test prenatal ampliado permite detectar otras alteraciones genéticas conocidas como microdeleciones. Un ejemplo es el Síndrome de DiGeorge: Está causado por una pérdida de material genético procedente del cromosoma 22. Aunque la sensibilidad y especificidad de este test es muy elevada, su valor predictivo positivo (probabilidad de que el feto esté afecto cuando el resultado es de alto riesgo) depende de la prevalencia de la condición, por lo que debe individualizarse en cada caso y según la condición de cribado.
Lea también: Guía sobre lactancia y embarazo
Los resultados estarán disponibles al cabo de 2 semanas tras la extracción de sangre materna. Para poder llevar a cabo la prueba es necesario obtener al menos un 4% de ADN libre fetal. Aquellas muestras que presenten menor cantidad no podrán ser analizadas y no obtendrán resultado. Esto ocurre en el 3% de las muestras. En estos casos se repetirá la prueba sin coste adicional. El resultado se expresa en porcentaje de riesgo que oscila entre 0,01% y el 99%.
Encefalopatías prenatales
Consideramos encefalopatías prenatales las que tienen datos clínicos o prenatales de encefalopatía antes del nacimiento. Afectan a un número importante de niños controlados en las consultas de neuropediatría. Pueden ser disruptivas (por problemas vasculares durante el embarazo, drogas, tóxicos o infecciones congénitas), y genéticamente determinadas. Incluimos casos de trastorno del espectro autista y retardo mental sin historia de sufrimiento perinatal o postnatal.
El proceso asistencial más frecuente del neuropediatra empieza con un motivo de consulta, a partir del cual trata de establecer un diagnóstico que puede tener hasta cuatro diferentes niveles:
- Ubicación topográfica del problema: encefalopatía (que, a su vez, puede ser con afectación exclusiva o asociada de hemisferios cerebrales, cerebelo, línea media, etc.); debe plantearse siempre la posible afectación vías visuales y auditivas; mielopatía; trastorno de la unidad neuromuscular (afectación de asta anterior, nervio periférico [axonal o mielínica]), unión neuromuscular o músculo.
- Localización temporal del origen del problema: problemas prenatales (genéticamente determinados o disruptivos), perinatales o posnatales (accidente, infección…). Algunos problemas no tienen una localización temporal concreta: algunos casos de determinadas enfermedades metabólicas hereditarias (EMH) y síndromes neurocutáneos asocian alteraciones del sistema nervioso central que ya empiezan intraútero.
- Diagnóstico funcional: problemas motores por disfunciones a cualquier nivel del sistema nervioso central, problemas cognitivos y comportamentales, y epilepsia por disfunciones encefálicas y problemas sensoriales (visión o audición) que obedecen a encefalopatías o a trastornos de los órganos de la vista o de la audición. Los diagnósticos funcionales más frecuentes son parálisis cerebral infantil, deficiencia mental, espectro autista y epilepsia. Todos ellos son consecuencia de encefalopatías, pero pueden obedecer a diferentes etiologías, tanto prenatales como perinatales y posnatales. Un problema motor puro puede deberse tanto a una encefalopatía como a un trastorno de la médula espinal o de la unidad neuromuscular. Una encefalopatía puede manifestarse por alteraciones aisladas o asociadas motoras, cognitivas, comportamentales o sensoriales (déficit visual o hipoacusia). El déficit visual y la hipoacusia pueden deberse exclusivamente a alteraciones de los órganos de los sentidos, que a su vez pueden asociarse a encefalopatía o a alteraciones a otros niveles del sistema nervioso.
- Diagnóstico etiológico. Es el que permite cerrar el proceso diagnóstico, valorar las posibilidades terapéuticas, establecer un pronóstico y un riesgo de repetición en la familia. Los avances en el ámbito terapéutico y de prevención y diagnóstico prenatal se acompañan de una creciente demanda de diagnóstico precoz.
Con frecuencia no es posible identificar todos estos niveles de diagnóstico. Además, los problemas muestran grados diversos de severidad, pueden estar aislados o asociados varios de ellos, y son evolutivos, y las repercusiones pueden ser permanentes o transitorias.
Un número importante de los niños controlados en las consultas de neuropediatría presentan encefalopatías prenatales, entendidas como producidas antes del nacimiento del niño. Pueden ser disruptivas (por problemas vasculares durante el embarazo, por drogas o tóxicos o por infecciones congénitas) y genéticamente determinadas, incluidas las EMH.
En el periodo de estudio de 19 años y 5 meses, en la base de datos de neuropediatría figuran 11.910 niños. Tienen establecido el diagnóstico de encefalopatía prenatal 1.596 (13,5%). De ellos no tienen diagnóstico etiológico preciso 1.307 niños (81,4%). Del total de la base de datos hemos considerado que tienen enfermedad rara 1.480 niños, sabedores de que muchos de los que no tienen diagnóstico establecido también tienen enfermedades raras.
Muchos de los niños incluidos en este estudio (tabla 1 y figs. 1 y 2) están afectados de enfermedades raras, estén o no identificadas. En el momento actual, las enfermedades raras se benefician de un gran ritmo en los avances en su conocimiento y todas ellas poseen unas características generales comunes. Son muy poco frecuentes, incluso agrupadas todas ellas; en su mayoría son hereditarias, lo que implica necesidad de asesoramiento genético y estudio de familiares potencialmente afectados, así como estrategias de diagnóstico prenatal; tienen una gran complejidad diagnóstica; muchas de ellas son muy graves, crónicas y discapacitantes, y existe una gran complejidad de las opciones terapéuticas. Como consecuencia de todo ello se genera una gran exigencia a los profesionales involucrados y la necesidad de equipos multidisciplinarios en su manejo.
Destacamos el elevado porcentaje de niños con encefalopatía prenatal que no tienen un diagnóstico etiológico (81%), pese al elevado número de estudios realizados (figs. 3 y 4). Sin embargo, dichos estudios son necesarios para identificar muchos de los casos con diagnóstico etiológico establecido. Es parte de nuestro trabajo controlar niños sin diagnóstico y no es fácil encontrar un equilibrio entre hacer muchos estudios para obtener pocos diagnósticos y conformarse con la ausencia de diagnóstico.
Las encefalopatías prenatales, genéticamente determinadas y disruptivas, incluidas muchas EMH de inicio prenatal, pueden ser indistinguibles clínicamente. Enfermedades peroxisomales, lisosomales, mitocondriales y defectos congénitos de la glucosilación entre otras EMH, infecciones congénitas, cromosomopatías y genopatías precisan estudios específicos para su identificación.
Dada la inespecificidad de signos y síntomas de muchas encefalopatías prenatales y EMH de inicio prenatal o precoz, un diagnóstico precoz precisa estrategias de estudios sistemáticos de forma escalonada, que deben estar en permanente actualización.
La neuroimagen es útil en el estudio de encefalopatías prenatales; la RM cerebral es la que ofrece mayor rentabilidad. Pese a la necesidad de anestesia, se ha impuesto a la TC craneal además por la ausencia de radiaciones ionizantes, circunstancia tanto más importante cuanta menor es la edad del paciente.
En la sistemática de estudio de las encefalopatías prenatales y EMH de inicio prenatal o precoz se incluye la valoración de posibles alteraciones asociadas a nivel oftalmológico, cardiológico, abdominal, nefrourológico, esquelético, muscular y del sistema nervioso periférico.
tags: #se #puede #detectar #retraso #mental #durante